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los únicos objetos del gobierno de Chile desde el momento feliz de su instalacion, La razon apoyó su justicia, ahogó en ambos emisferios la voz impotente del capricho interesado, i el voto uniforme del mundo político condenó al oprobio en el mismo curso de sus triunfos sangrientos a los ajentes del despotismo. Entre estos D. José Fernando Abascal i Sousa, virrei de Lima, aspirando a ocupar un lugar distinguido en la triste historia de la desolacion de la América meridional, rompe el muro sagrado, que limitaba su poder, sopla el fuego devorador de la discordia en los espíritus turbulentos, i jénios incultos que ignoran los verdaderos intereses de la nacion; introduce la guerra civil en las deliciosas provincias del Alto Perú i Quito, i las inunda de sangre. La carniceria no perdona sexo, ni edad ; se sacrifican víctimas inocentes sin número; i la iniquidad protejida del engaño, de la perfidia, i de la fuerza, arranca los laureles consagrados al mérito i a la virtud. Este conjunto de extragos, que llorará la América por mucho tiempo, es obra digna del corazon del virrei Abascal, a quien colocará la posteridad en la nomenclatura odiosa de los devastadores de la especie humana. Los primeros ensayos del virrei en la embriaguez de sus triunfos contra el pacífico i tranquilo Chile, son insultos groseros, calumnias, epitetos odiosos, retos ultrajantes. El gobierno evita comprometer su dignidad en contestaciones indecorosas, i despreciando las injurias que trazan el carácter de su autor, reclama solo sus lejítimos derechos. No merecen estos la menor consideracion al que a semejanza de los bárbaros, que inundaron el Imperio Romano, no reconoce otros que los de la fuerza. Atribuye el verei la moderacion del prudente pueblo chileno a cobardia, bajeza, e impotencia; i aumentando por momentos los insultos i las usurpaciones, se apropia sesenta i ocho mil libras de tabaco en polvo pertenecientes a este reino, i recarga el precio fijo del de rama, que consume el pueblo: se erije en árbitro de un estado independiente de su autoridad subalterna: cubre las costas de Chile de Flibusteros inhumanos: bloquea sus puertos, al mismo tiempo que recibe Lima i su territorio el principal alimento de este feraz suelo. Ingrato a la Gran Bretaña, a esa nacion jenerosa, que con asombro del universo ha agotado sus caudales, i prodigado la sangre de sus hijos en defensa de la España, i a la nacion Lusitana, digna por tantas relaciones i respetos de la mayor consideracion, les impide el comercio en el estado de Chile; ordena a los corsarios apresar los buques mercantes de las naciones aliadas i neutrales: las presas se declaran por buenas, sin que las liberte de esta injusticia la bandera neutral anglo-americana que enarbolan, los pasaportes de la corte del Brasil, ni las recomendaciones del respetable Lord Strangford para este gobierno, como sucedió con la fragata americana Borriska destinada del Janeiro a comprar trigos en Chile. Tal es el derecho de las jentes del virrei Abascal. El fin a que se dirijen estos procedimientos atentatorios es la total destruccion del estado. Para completarla, el virrei, usando de su acostumbrada política, siembra con destreza la seduccion, i desconfianza por sus emisarios: proteje abiertamente el partido revolucionario del puerto de Valdivia, i agrega al virreinato de Lima este punto interesante. Sin anterior declaracion de guerra, sin ninguna de las formalidades acostumbradas entre las naciones cultas, i en desprecio de las leyes sancionadas por todos los pueblos, disuelve los vínculos mas respetables, i conservando el comercio directo con Chile, medita un desembarco en la preciosa provincia de Concepcion. Lo ejecuta de sorpresa el gobernador de Chiloé D. Antonio Pareja el 26 de Marzo último con tropa armada de chilotes, i valdivianos. El puerto de Talcahuano casi indefenso cede a la superioridad de fuerzas del enemigo: la ciudad de la Concepcion es entregada por la perfidia de algunos vecinos, i oficiales traidores a la patria, que les ha dado el ser, i a cuyas expensas viven. La provincia sufre el yugo intolerable de la opresion, ántes que pudiesen salir de sus cuarteles los guerreros de la capital. Al mismo tiempo, el Marques de Medina, cerciorado del momento en que debia verificarse la invasion, navegaba de Montevideo a posesionarse de la presidencia, i capitanía jeneral de Chile, a que lo elijió la emprendedora rejencia de Cádiz. Pero la mano omnipotente, que en las ocasiones mas desesperadas liberta al oprimido, i desbarata los proyectos del despotismo, antes de tocar el término de su viaje, cortó la vida a aquel, que obrando de acuerdo con el sangriento virrei, seguramente hubiera sacrificado víctimas ilustres a su venganza i temeridad. En estas críticas circunstancias se hallaba el estado expuesto a padecer su total exterminio, i ver aniquilada su constitucion política por un tirano usurpador, cuando el capitan Costa, i sobrecargo Munró de la fragata Fama principiaban en el puerto de Valparaiso con entera libertad la compra de los trigos. Conociéndo el gobierno que es de primera necesidad atacar por tierra, i arrojar de la Concepcion al enemigo, hace marchar sus mejores tropas dejando guarnecida la capital, i reforzados diversos puntos de la costa en la extension de 200 leguas. Estas medidas de seguridad, las mas bien convinadas, las mas prudentes i análogas al estado i situacion de Chile, no calman la inquietud del pueblo, que sabe cruzan los corsarios sobre las costas, i teme prudentemente un desembarco de las tropas de Lima. No se oculta al gobierno el peligro, ni desconoce su único, su forzoso remedio. Consiste en equipar una escuadrilla, que escarmiente para siempre a los corsarios, limpie el mar de Chile, de esta odiosa clase de malvados, asegure todos sus puntos contra cualquier desembarco, proteja el comercio i libre acceso a sus puertos de las embarcaciones inglesas, portuguesas, i de las naciones neutrales, obstruido por las órdenes del virrei; corte la comunicacion de Lima con los invasores de Concepcion, e impida el reembarco de estos cobardes, que atacados por el valor, i enerjía de unos pueblos, que no han dejenerado de sus heroícos projenitores, cargarian seguramente con los despojos de aquellos infelices habitantes en caso contrario. Los buques del comercio de Lima, detenidos por derecho de represalias en el puerto de Valparaiso, no satisfacen a la necesidad de Chile, en la indispensable expedicien marítima. Solamente la fragata Fama, armada en guerra con otras mercantes, llena las grandes miras del Poder Supremo, salva la patria, i afianza sus derechos. El pundonor, la buena fé i delicadeza, que caracterizan al gobierno, no le permiten decidirse por sola la utilidad, i ventaja, antes de examinar con nimia escrupulosidad la justicia de los recursos. El sabe, que el derecho natural, i de las jentes, superior a todos los establecimientos humanos, ha esculpido en el corazon de los mortales el sagrado teorema de que el fin de las sociedades es su propia conservacion. A este objeto deben dirijirse las acciones de los individuos que la componen; a él los desvelos de sus gobernantes. La menor omision, el mas pequeño descuido en materia de tanto interes, los constituiria reos de lesa patria, indignos del elevado rango que ocupan, execrables a los ojos de la posteridad; i el oprobio los acompañaria al sepúlcro. No se conoce en la sociedad medio alguno justo de que no deba usar una nacion para repeler cuanto se encamine a causar su ruina. A esta lei fundamental de la conservacion, la primera en el órden de la naturaleza, i de la sociedad, a esta inspiracion de la divinidad, ceden i se someten los derechos de segundo órden, la propiedad, i el dominio; cuando sin quebrantarlos no pueden desempeñarse los deberes, que impone aquella. A la voz imperiosa de la necesidad mudan de aspecto los crímenes, se purifican los delitos, o con mas propiedad, no son criminosas, ni reprensibles en tal caso las mismas acciones, que ejecutadas sin la fuerza irresistible de la necesidad, heririan forzozamente los derechos de los particulares, o de las naciones. Una serie no interrumpida de ejemplos memorables en todos los pueblos desde la mas remota antiguedad justifica la exactitud de estos principios. Autorizado de la necesidad Moises, el lejislador del pueblo Hebreo, conduce a los irraelitas a la tierra de promision por el pais de los Amorreos a pesar de las prohibiciones i resistencia de su monarca Sichen. Ajesilao regresa de la Asia con sus

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