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ciones cultas, i en desprecio de las leyes sancionadas por todos los pueblos, disuelve los vínculos mas respetables, i conservando el comercio directo con Chile, medita un desembarco en la preciosa provincia de Concepcion. Lo ejecuta de sorpresa el gobernador de Chiloé D. Antonio Pareja el 26 de Marzo último con tropa armada de chilotes, i valdivianos. El puerto de Talcahuano casi indefenso cede a la superioridad de fuerzas del enemigo : la ciudad de la Concepcion es entregada por la perfidia de algunos vecinos, i oficiales traidores a la patria, que les ha dado el ser, ia cuyas expensas viven. La provincia sufre el yugo intolerable de la opresion, antes que pudiesen salir de sus cuarteles los guerreros de la capital.

Al mismo tiempo, el Marques de Medina, cerciorado del momento en que debia verificarse la invasion, navegaba de Montevideo a posesionarse de la presidencia , i capitanía jeneral de Chile, a que lo elijió la emprendedora rejencia de Cádiz. Pero la mano omnipotente, que en las ocasiones mas desesperadas liberta al oprimido , i desbarata los proyectos del despotismo, antes de tocar el término de su viaje, cortó la vida a aquel, que obrando de acuerdo con el sangriento virrei, seguramente hubiera sacrificado víctimas ilustres a su venganza i temeridad.

En estas críticas circunstancias se hallaba el estado expuesto a padecer su total exterminio, i ver aniquilada su constitucion política por un tirano usurpador , cuando el capitan Costa, i sobrecargo Munró de la fragata Fama principiaban en el puerto de Valparaiso con entera libertad la compra de los trigos.

Conociendo el gobierno que es de primera necesidad

atacar por tierra, i arrojar de la Concepcion al enemigo, hace marchar sus mejores tropas dejando guarnecida la capital, i reforzados diversos puntos de la costa en la extension de 200 leguas. Estas medidas de seguridad, las mas bien convinadas, las mas prudentes i análogas al estado i situacion de Chile, no calman la inquietud del pueblo, que sabe cruzan los corsarios sobre las costas, i teme prudentemente un desembarco de las tropas de Lima. No se oculta al gobierno el peligro, ni desconoce su único, su forzoso remedio. Consiste en equipar una escuadrilla, que escarmiente para siempre a los corsarios , limpie el mar de Chile, de esta odiosa clase de malvados, asegure todos sus puntos contra cualquier desembarco, proteja el comercio i libre acceso a sus puertos de las embarcaciones inglesas, portuguesas, i de las naciones neutrales, obstruido por las órdenes del virrei; corte la comunicacion de Lima con los invasores de Concepcion, e impida el reembarco de estos cobardes, que atacados por el valor, i enerjía de unos pueblos, que no han dejenerado de sus heroícos projenitores, cargarian seguramente con los despojos de aquellos infelices habitantes en caso contrario.

Los buques del comercio de Lima , detenidos por derecho de represalias en el puerto de Valparaiso, no satisfacen a la necesidad de Chile, en la indispensable expedicion marítima. Solamente la fragata Fama, armada en guerra con otras mercantes, llena las grandes miras del Poder Supremo, salva la patria, i afianza sus derechos. El pundonor, la buena fé i delicadeza, que caracterizan al gobierno, no le permiten decidirse por sola la utilidad, i ventaja, antes de examinar con nimia escrupulosidad la justicia de los recursos. El sabe, que el derecho natural, i de las jentes, superior a todos los establecimientos humanos, ha esculpido en el corazon de los mortales el sagrado teorema de que el fin de las sociedades es su propia conservacion. A este objeto deben dirijirse las acciones de los individuos que la componen ; a él los desvelos de sus gobernantes. La menor omision, el mas pequeño descuido en materia de tanto interes, los constituiria reos de lesa patria , indignos del elevado rango que ocupan, execrables a los ojos de la posteridad; i el oprobio los acompañaria al sepulcro. No se conoce en la sociedad medio alguno justo de que no deba usar una nacion para repeler cuanto se encamine a causar su ruina.

A esta lei fundamental de la conservacion, la primera en el orden de la naturaleza, i de la sociedad, a esta inspiracion de la divinidad, ceden i se someten los derechos de segundo órden, la propiedad, i el dominio; cuando sin quebrantarlos no pueden desempeñarse los deberes, que impone aquella. A la voz imperiosa de la necesidad mudan de aspecto los crímenes, se purifican los delitos, o con mas propiedad, no son criminosas, ni reprensibles en tal caso las mismas acciones, que ejecutadas sin la fuerza irresistible de la necesidad, heririan forzozamente los derechos de los particulares, o de las naciones. · Una serie no interrumpida de ejemplos memorables en todos los pueblos desde la mas remota antiguedad justifica la exactitud de estos principios. Autorizado de la necesidad Moises , el lejislador del pueblo Hebreo, conduce a los irraelitas a la tierra de promision por el pais de los Amorreos a pesar de las prohibiciones i resistencia de su monarca Sichen. Ajesilao regresa de la Asia con sus tropas por los estados del rei de Macedonia, sin esperar su consentimiento. No de otro modo Cimon , jeneral de los atenienses, vuela al socorro de sus aliados los lacedemonios por el territorio de Corintho. La lei de la necesidad dió derecho a Xenofonte en su admirable retirada con los diez mil griegos a echar mano de embarcaciones ajenas para salvar su ejército. Si se consulta la historia moderna, se reconocerá que la práctica de toda la Europa ha respetado relijiosamente los fueros de la extrema necesidad.

Cuando la España en el tratado de paz con la Francia el año de 1660, en los de comercio con la Holanda en Utrech en 1714, en los que celebró sobre el mismo objeto con la Inglaterra, artículo 17, i con el imperio en 1725, estipuló, “que de una i otra parte no podrian los mercaderes i maestres de navios, sus bajeles, i otros bienes, ser arrestados o embargados por cualquiera causa, ni bajo pretexto de quererse servir de ellos para la conservacion i defensa del pais sin el consentimiento de los propietarios, i pagándoles de contado lo que se deseare tomarles,” no fué, ni pudo ser su ánimo disminuir en la mas pequeña parte los invariables derechos de la necesidad urjente i verdadera. Las potencias contratantes aspiraban a garantir mútuamente a sus vasallos de las vejaciones, perjuicios i agravios que recibian en los paises extranjeros a pretexto de la necesidad inventada por la política poco escrupulosa de los ministerios, que no es la que observa Chile. La verdadera necesidad, esa lei suprema , recurso de la debilidad humana, no sufre restricciones por la fuerza de los tratados particulares. No hai una sola nacion en el antiguo mundo, que desconozca el derecho de servirse

en una necesidad urjente de las embarcaciones, efectos, i bienes de los extranjeros, no siendo igual la de éstos , i pagando el precio del uso, o del servicio.

Con estos conocimientos el gobierno de Chile resuelve armar en guerra la fragata Fama. Ofrece sueldo a los oficiales, el prest acostumbrado a toda su marineria por el tiempo de la detencion, libertad de derechos al cargamento, i otras recompensas jenerosas constantes de documentos, que rehusó el capitan. Resultando del reconocimiento prolijo de la fragata su mal estado, la necesidad de carenarla, i erogar gastos costosísimos en su habilitacion, se ciñó el gobierno al extremo indispensable de completar con su artillería, i pertrechos el armamento de la fragata Perla, i bergantin Potrillo para acomeler un corsario que no desamparaba la boca del puerto.

El desgraciado éxito de la expedicion lo causó la perfidia del malvado italiano Antonio Carlos, i de otros marineros de la Fama, que se admitieron para tripular a la Perla, quienes en el mismo momento de dar caza al corsario, sublevaron la tripulacion, hiriendo, i prendiendo al capitan : quitaron la vida a varios, i uniéndose al enemigo, acometieron al bergantin Potrillo, cuya suerte se ignora hasta el dia ; dando la Perla despues de esta alevosia la vela al puerto del Callao a celebrar el infame triunfo, i recibir el premio de una accion, que condenaran los mas impudentes bárbaros, pero que el virrei Abascal recompensará con mano jenerosa, i colmará de elojios en los papeles públicos de Lima manchados mil veces con vergonzosas apolojías de maldades inauditas contra los americanos.

Un hecho de tanta criminalidad, la resistencia del co

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