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CECIA。

COLECCION DE ARTÍCULOS ESCOJIDOS DE LA MISMA DESDE

EL PRINCIPIO DE LA REVOLUCION HASTA LA

ÈPOCA PRESENTE.

Por P. G.

TOMO SEGUNDO,
80000000000000000000000000000000000

LaIPRENTA DEL COMERCIO, cañada arriba núm. 38.

Agosto de 1847.

Harvard College Library

Gift of Archibald Cary Coolidge

and Clarence Leonard Hay

April 7, 1909.

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MARA tan natural i tan justa la revolucion de Amé

rica despues de las últimas tiranías de la España, que los mismos españoles no han podido dejar de confesar nuestra justicia, al mismo tiempo que pretendian acriminar nuestra conducta. No hablo yo de aquellos españoles, que se criaron entre la miserable chusma de los pueblos de la Península , a quienes les negó la naturaleza la luz de la razon con mas rigor que a ningun otro populacho: yo hablo de aquellos hombres mas literatos, i de consiguiente mas despreocupados. Entre estos, D. J. M. Blanco, i D. Alvaro Flores Estrada son los que con mayor empeño i mas ilustracion han

procurado en sus escritos defender los derechos de su patria sobre las Américas. Ellos eran demasiado sábios para alegar en su favor el derecho de conquista, que es lo mismo que la fuerza; porque en tal caso se hubieran hecho el escarnio de toda la Europa, que tiene los ojos fijos sobre nuestra contienda. Por esto tomaron el único medio que podian, para hacer su defensa con mas visos de racionalidad, o menos escandalosa: este medio era recurrir al sofisma, que aunque no sea bastante para hacer buena una mala causa , al menos suele proporcionar los medios de salir del paso.

El primero de estos escritores , hombre elocuente, astuto, i acérrimo defensor de su patria , confesó siempre que los gobiernos de España se habian empeñado en irritar a los americanos, i apurarles la paciencia : lo mismo dijo por la Junta Central, que por las Cortes i la Rejencia. Esta confesion , aunque en boca de un español sabio sea un gran documento en favor de la causa americana, no por eso nos era indispensable para asegurarnos de nuestra justicia ; pues si un solo hombre justo hubiese sobre la tierra, i ese fuese nuestro mayor enemigo, ese mismo dejaría de ser tal, si no dijese que los americanos habian pecado de sufridos. Por este principio el Sr. Blanco no se atrevió a negar lo que ven hasta los ciegos, i sienten los mismos insensibles; pero quizo atarnos para siempre al carro español, que es peor que el carro de la muerte, persuadiéndonos, que no podiamos romper nuestras cadenas, i que por tanto solo debiamos esperar el consuelo por la piedad de nuestros inhumanos enemigos. Ciertamente nos daba un gran consejo, para que viviesemos eternamente sumerjidos en la esclavitud. ¿I por qué no aconsejaba lo mismo a los españoles sus

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paisanos? ¿Por qué no les decia-es cierto que los franceses os destruyen, pero como ellos son mas fuertes que vosotros, solo debeis tratar de consiliacion? ¿Será creible que el Sr. Blanco sea mas amigo de aborrar la sangre americana que la española? No sé lo que respondería a esta pregunta , pero creo que nada le queda que decir para probar su parcialidad por la España, despues de haber confesado en su número 28 del Español, que ha hecho por su patria mas que lo que el amor a la verdad le permitia. Sobre todo, este enemigo de nuestra causa no pudo sostener por mucho tiempo una defensa, que interiormente le argüia de injusto i de inconsecuente. Cedió como sábio a la fuerza de los argumentos hechos por un americano con tanta claridad i solidez , que viéndose en el compromiso de pasar por un loco, si persistía en su manía, o de confesar su delito a la faz del mundo, elijió el partido de acreditarse buen español a costa de la verdad i de la buena fe debida a los pobres americanos, que dice son los únicos que se muestran inclinados a oirle. ¡Pobres Americanos! Hasta de vuestros amigos debeis desconfiar, si son europeos. No olvideis jamas esta leccion que os dan esos mismos hombres que solo trabajan por voso tros, que solo escriben para que vosotros leais. Es menester que ellos se comprometan tanto como vosotros, para que podais creer sin algun siniestro fin sus palabras i sus acciones. Demasiadas pruebas teneis de que el mayor número de los españoles, por ser fieles a su patria, no temen ser criminales para todo el jénero humano; o mejor diré, ningun derecho respetan para dominar a sus semejantes.

D. Alvaro Flores Estrada, procurador jeneral de Asturias, que es el otro escritor contra nuestra revolucion,

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