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La literatura en Chile puede dividirse en tres períodos históricos. El que comprende la independencia, el movimiento intelectual de 1842 i el que produjo la evolucion política de 1870. La época colonial se circunscribe a una literatura embrionaria, que aun cuando marca un punto de partida intelectual, no comprende todos los elementos de cultura de una sociedad i de un pais. Fué un período de iniciacion de la civilizacion chilena. Se refleja en las manifestaciones del pensamiento el espíritu batallador de la conquista i la raza nativa araucana que defiende su soberanía. Este es el sentimiento dominante en los poemas i en los libros de historia que se escribieron durante ese tiempo. Alonso de Ercilla, el poeta peninsular caballeresco, canta la Iliada del pueblo araucano en su epopeya heróica. A su vez los poetas netamente chilenos, Pedro de Oña i Francisco Núñez de Pineda, describieron, en poemas de la misma índole lejendaria, la historia de la raza nativa en el Cautiverio Feliz i Arauco Domado. Fernando Alvarez de Toledo compuso el poema Puren Indomito, que es la odisea del pueblo araucano invencible. A esta tradicion épica se encamina la poesía inacional de la colonia en Chile. La otra faz de la literatura colonial chilena, es la de la crónica i la historia de los sucesos militares i políticos, a la vez que los relijiosos, que se produjeron desde Pedro de Valdivia hasta los prolegómenos de la independencia. Comienza la historia escrita de la colonia en Chile con el viejo capitan español Alonso de Góngora i Marmolejo, i continúa con Pedro Mariño de Lovera, tambien soldado de la conquista; el padre jesuita Bartolomé de Escobar, Cristóbal Suárez de Figueroa, Juan de Cárdenas que, con el seudónimo de Jerónimo de Vivar, escribió una relacion histórica desde el viaje del capitan jenoves Juan Bautista Pastene. Historiadores coloniales fueron tambien el jesuita Alonso de Ovalle, hijo de Chile; su compatriota i cofrade Miguel de Olivares, Pedro de Córdova i Figueroa, el abate Juan Ignacio de Molina, Vicente Carvallo i Goyeneche, militar, i Fidel Gomez de Vidaurre. El mas ilustre de los historiadores de ese período memorable, es el jesuita Diego de Rosales, que escribió la Historia Jeneral del Reino de Chile. Luis Tribaldo de Toledo, Jerónimo de Quiroga i José Basilio de Rojas, pertenecieron al mismo rol i cerró el ciclo de la literatura colonial José Pérez i García, que compuso la historia jeneral de su tiempo.

II

El movimiento insurreccional separatista de 1810, encarnó un nuevo período literario de faces patrióticas i revolucionarias. Prepara el desarrollo de la revolucion como precursor ilustre, el eminente filósofo Juan Martínez de Rozas, a quien denomina el historiador de la independencia Frai Melchor Martínez «el fundador i maestro de la revolucion chilena». Escribió como obra de propaganda, El Despertador Americano, i con el seudónimo de José Amor de la Patria, el Catecismo Político Cristiano. El fraile chileno Camilo Henríquez, fundó La Aurora de Chile, primer periódico que inicia la revolucion con las campañas emancipadoras. A partir de ese momento histórico, la prensa periódica i política ocupa el primer lugar en la historia de la literatura de la independencia. El Semanario Republicano, El Monitor Araucano, El Censor, constituyen las tribunas de propaganda de los escritores revolucionarios que impulsan la sociedad nueva hácia un período de reforma fundamental. Manuel José Gandarillas, Diego José Benavente, Antonio José de Irizarri, i otros, forman la opinion pública con sus escritos. Pero esa literatura se resiente de las inquietudes i la falta de uniformidad de un réjimen que se organiza i de una sociabilidad que funda sus primeras instituciones. Ese período se prolonga en medio de las zozobras de una política vacilante i azarosa que se impregna con el humo de la pólvora de los combates.

La polémica política se hace tan ajitada como las batallas i la patria vacila bajo la planta de los combatientes. Arreboles de sangre cruzan el espacio cargado de nubes i estalla el rayo de las tempestades políticas i sociales. En 1825, el padre Silva publica su famoso panfleto. titulado Los Apóstoles del Diablo, en el que anatematiza el espíritu innovador de los revolucionarios de la pluma i de las letras. El Mercurio, aparece impreso en una hoja de papel de carta, en 1827, redactado por el publicista don Pedro Félix Vicuña, que funda una literatura de controversia i una estirpe intelectual histórica. En 1839, lanza como bandera de combate en medio del fragor de la batalla de la política reaccionaria. El Diablo Político, el fogoso tribuno popular i periodista Juan Nicolas Alvarez, cuya celebridad ha cruzado los tiempos con ese famoso nombre de gueI"1"a. La literatura periodística revistió caractéres trájicos, fundándose periódicos como El Hambriento, cuyo título define toda una situacion de polémica i de combate escrito. Se vió envuelto en la vorájine de la prensa, tambien como periodista el ruidoso estadista don Diego Portales, que representó el réjimen dominante de su tiempo.

III

En 1842 sacude la sociabilidad chilena el movimiento literario que inicia el verdadero desarrollo intelectual de Chile.

Fué un estallido del pensamiento nacional, en me

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