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Os mandais con el viento voluptuosos
Pensamientos de amor, flores queridas.

Talvez amándoos en union divina
Miéntras la frente vuestros pies halaga
Resbala la existencia peregrina
I en las alas de amor tranquila vaga.

Si es cierto que abrigais, cándidas flores, La blanca luz de hermosa fantasía, Si mucho gozareis, tambien dolores Vendrán a atormentaros dia a dia.

Mil veces mirareis al ronco viento
Tronchar el tallo de la flor querida,
I enredarla en sus pliegues turbulentos
I verla ai tristel para siempre ida.

Otras veces vereis hoja por hoja
Arrancar el revuelto torbellino
I la flor bella a quien el viento arroja
Ir a ocupar el polvo del camino.

I así tendréis en la existencia amarga Eternos dias de tristeza i llanto... Eternos, sí, porque la vida es larga Si la angustia lo envuelve con su manto.

Mas si esperanzas, oh flores, os asiste, Talvez en el sufrir tendréis la calma Esperar i sufrir, cualidad triste Del sér que siente porque abriga un alma.

Bosquejos

Al Paraguai.

Estendidas i fértiles llanuras

con jigantescos bosques seculares,
profundas hondonadas

llenas de entretejidas espesuras
en que se ocultan misteriosas hadas;
rios competidores de los mares,
que en olímpica marcha se deslizan,
i al sol enrojecido haciendo guerra,
calman la sed perenne de la tierra
i en lucha con el sol, la fecundizan.

Allí, en tiempos lejanos, teocrático poder sentó su planta, i, uniendo en su redor seres humanos, con próspera fortuna, ante sumisa grei la cruz levanta... i de un pueblo viril surjió la cuna.

Ese pueblo, mas tarde, sencillo i vigoroso, aislado crece i, de su independencia haciendo alarde, ante los otros pueblos aparece;

su vigor atestigua

encerrado en selvático aislamiento;
se alzan allí tiranos a la antigua
que, siguiendo la lei de los tiranos,
matan la libertad del pensamiento
para formar serviles ciudadanos.
Inerte bajo el yugo, llegó un dia
en que fuerte invasor pisó esa tierra

i el pueblo aquel que al parecer dormia, como por chispa eléctrica tocado, unísono lanzó grito de guerra i empuñando el fusil, se hizo soldado.

Con sangre, en el lidiar, tiñó sus rios; COIl sangre, en el lidiar, inundó el suelo, bravo luchó sin amenguar sus brios; i de amor patrio en el sublime anhelo, fué aquel pueblo en virtudes tan fecundo, defendiendo a la madre amenazada, que al fin de la titánica jornada, le admiró el invasor i asombró al mundo.

Cayó como cae el fuerte: desangrado i tenaz cayó luchando... quien logró dominarle fué la muerte.

Hoi en aquellos campos que la guerra cubrió de horror i duelo, con luces de alborada, en suaves lampos, brillante porvenir ofrece el cielo.

Como en resurreccion, hoi se levanta aquel pueblo viril a nueva vida i hácia la libertad mueve su planta seguro de una Tierra Prometida.

Serena libertad su faro encienda para tí, Paraguai, en tu camino. Tu pasado es una épica leyenda digna del gran poeta florentino.

1902

El Poeta i el Vulgo

Al altanero i encumbrado pino
Preguntó un dia la rastrera grama:
«¿Por qué tan orgulloso alzas tu rama
Cuando no alfombras como yo el camino?»

I él respondió: «Yo doi al peregrino
Sombra, cuando su luz el sol derrama,
I cobijo tus flores cuando brama
El ronco i desatado torbellino».

Así el vulgo al poeta gritó un dia:— «¿Por qué mirais indiferente el suelo? ¿Qué haceis? ¿quién sois?» I el bardo respondia:

«Soi mas que vos, porque, talvez, recelo Que solo de mi canto a la armonía Comprendeis que hai un Dios i que hai un cielo».

Soneto

Fugaces brisas de la fresca tarde Que dais mil besos a la flor naciente Hijas mimadas del verano ardiente, Si de sentir i amar haceis alarde;

Ved a ese junco que dobló cobarde
Sobre la onda fugaz su esbelta frente,
Miéntras resbala la lijera fuente
Burlando al triste que en amores arde.

Vedlo, i lijeras detened un tanto
De esa fuente veloz la incierta huella,
Que si la flor al contemplar su encanto,

Con su alba frente la corriente sella,
Siempre a vosotras alzaré mi canto
Que ese junco soi yo, la fuente es ella.

Mi Horóscopo
SONETO

No estaba el Diablo, al nacer yo, de buenas,
Por no sé que doméstico altercado;
Vióme, levantó el eco i dijo airado:
«Chico, en mala hora la existencia estrenas.»

«La pobreza, compendio de las penas,
Irá siempre famélica a tu lado;
Harás versos, serás enamorado,
Igustarás de blancas i morenas.

Al fin te casarás; pero presiento Que tu mujer tambien»... aquí ¡oh desgracia! Diole al Diablo una tos i acabó el cuento.

Os ruego mi lector, con eficacia
Si adivinas del Diablo el pensamiento
Que me lo reveleis, i me hareis gracia.

Deseos

Si yo fuera la brisa pasajera, Aliento perfumado de las flores, Enredado en tu suelta cabellera Murmurara a tu oido mis amores.

Quisiera ser alguna flor nacida Entre las flores del jardin ameno, ANTOLOJIA CHILENA 4

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