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La literatura colonial

¿Qué debe entenderse por literatura colonial de Chile? Tal es la pregunta a que debemos responder ántes de entrar al análisis detallado de cada una de las obras que la componen. Es natural i corriente en todos los que han encaminado sus labores al estudio del desarrollo del pensamiento en un pais determinado, comenzar por investigar la formacion del idioma i aun los oríjenes del pueblo de cuyos monumentos literarios se trata. La Harpe, Villemain en Francia, Sismondi, Guinguené respecto de Italia, don Amador de los Rios en España, en una palabra, cuantos han escrito dela historia literaria de las naciones europeas han debido siempre tomar este hecho capital como punto de partida de sus tareas. Mas, estas investigaciones quedan manifiestamente fuera de la órbita de nuestros estudios. El idioma castellano, empleado por los escritores chilenos, estaba ya formado cuando los primeros conquistadores pisaron los valles del sur del desierto. Cervantes aun no habia nacido, pero el instrumento de que hiciera tan brillante alarde en el Quijote iba a llegar con él a la plenitud de su desarrollo. Las palabras literatura chilena no se refieren, pues, como fácilmente se deja entender, sino al cultivo que el pensamiento en todas sus formas alcanzó en Chile durante el tiempo de la dominacion española. Aquella literatura puede decirse que fué una planta exótica trasplantada a un suelo virjen, nada mas que el arroyuelo que va a derramarse en la corriente madre. Trátase simplemente en nuestro caso de averiguari constatar la marcha seguida entre nosotros por los que se dedicaron a las letras, estudiando el alcance de las producciones del espíritu bajo las influencias inmediatas que obraron en nuestro suelo, bien sea a consecuencia de los hombres que la sufrieron, bien sea a causa de las tendencias impresas a su carácter por el pueblo en medio del cual vivieron, o de la naturaleza propia de un pais desconocido i como perdido en un rincon del mundo, estrechado por el océano i los Andes.

¿Qué fué lo que los compañeros de Valdivia encontraron en el territorio que Almagro acababa de esplorar hacia poco tiempo? ¿Cuál era el estado intelectual de los pueblos en cuyo centro venian a establecerse?

Desde luego, cuantos han tenido ocasion de examinar la lengua araucana, unánimes testifican su admirable regularidad, lo sonoro de sus frases, i una sorprendente riqueza de espresiones. «Es cortada al talle de su jénio arrogante, dice, Olivares: es de mas armonía que copia, porque cada cosa tiene regularmente un solo nombre, i cada accion un solo verbo con que significarse: con todo eso, por usar de voces de muchas sílabas sale el lenguaje sonoro i armonioso». Los araucanos no conocian el uso de la escritura; sus mas importantes mensajes apénas si sabian trasmitirlos por groseras representaciones materiales, inferiores aun a los quipos que los súbditos del Inca acostumbraban. Su atraso era notablemente superior a los indios peruanos, ya se examine con relacion a su industria, de la cual dan espléndido testimonio las grandes calzadas labradas en una estension de centenares de leguas, ya con relacion a las concepciones del espíritu que habia sabido elevarse hasta la produccion e intelijencia del drama.

Los pobladores de Arauco tenian sus poetas, que en el entierro de algun muerto, en medio de la jeneral borrachera, declamaban composicion es en verso, que los parientes remuneraban con chicha. «La poesía de esta lengua, dice Olivares, hablando en términos mas jenerales, si no tiene aquellos conceptos altos, alusiones eruditas i locuciones figuradas que se ven en obras poéticas de otras naciones sábias, por lo ménos , es dulce i numerosa, y aunque sea soberbísimo el juicio de los oidos que condena sin apelacion todo lo que no le cuadra, con todo, el mas delicado no hallará cosa que reprender en la cadencia i numerosidad de sus metros». Pero, puede decirse que de todos los jéneros literarios el único que cultivaban era el de la oratoria. Guerreros por excelencia, conocian perfectamente las grandes determinaciones que en sus reuniones bélicas estaba destinado a producir el uso elegante o apasionado de la palabra, que los llevaba a la pelea prometiéndoles la victoria. «Como en lo antiguo los griegos y romanos tenian i ahora los que profesan las buenas letras usan cotidianos ejercicios de la oratoria, i así estos indios ejercitan, se puede decir, a todas horas los bárbaros primores de que son capaces unos injenios destituidos de toda ciencia i dejados a la enseñanza de la naturaleza, porque en este particular no hai nacion que tenga semejanza con ésta, que practica como moda cortesana lo que entre los escitas fuera la mayor impertinencia. Nada, pues, tuvieron los invasores que aprender del pueblo que venian a conquistar. Al reves de lo que sucedió en Europa cuando el imperio romano a segregarse en diversas nacionalidades, en que los conquistadores, encontrando en su camino pueblos mas civilizados que ellos, adoptaron sus costumbres, se impregnaron de la civilizacion mucho mas adelantada que halla, i, poco a poco, su bárbaro idioma fué trasformándose para dar oríjen a las diversas lenguas de las naciones modernas; los españoles nada recibieron de los hijos de Arauco, a no ser una que otra voz que vino a aumentar el castellano. Pero, en cambio, la lucha constante en que vivieron, el peligro diario en que sus vidas se hallaron por la indomable resistencia de un pueblo salvaje, vino a imprimir a los escritos que se elaboraron durante todo el curso del período colonial una fisonomía especial. Interesados en recordar las esperiencias del pasado para resguardarse de los peligros del porvenir, se dedicaron con afan a escribir la crónica de los sucesos de la guerra araucana. Bajo este aspecto, puede asegurarse que, a escepcion de los libros teolójicos i de otros de menor importancia, toda la literatura colonial está reducida a la historia de los hijos de Arauco. Ellos inspiraron a los poetas, ellos dieron asunto a los viajeros, ellos, por fin, ocuparon la pluma de los polítitos. Este contínuo batallar, imprimiendo a las letras un carácter diverso del que asumieron en el resto de los dominios españoles de América, constituye precisamente su orijinalidad i su importancia, pues en ese período se escribieron en Chile mas obras históricas que las que los literatos de todas las colonias restantes pudieron fabricar, siendo cierto, como dice M. Moke, que «en las muestras de la literatura de un pueblo es donde se reflejan sus sentimientos i sus ideas, porque ella es la que ofrece la espresion mas viva, mas pronunciada i mas intelijente». Así, al paso que en otros lugares se trabajaba con mas holgura i sobre temas acaso mas variados i abstractos, pero siempre mucho mas frívolos, entre nosotros, limitado el horizonte de produccionr por la necesidad de la conservacion propia, nos. han quedado, por ese mismo motivo, obras que interesan en alto grado a la posteridad. ¿Quién irá hoi a leer la vida de místicos personajes, los abultados volúmenes, las recopilaciones de versos disparatados que en la metrópoli del virreinato se escribieron en aquel tiempo? I, por el contrario, un libro cualquiera de entre los numerosos que se redactaron sobre Arauco, ¿no será siempre un monumento digno de consultarse? Prescindiendo de este rasgo capital, hai otra circunstancia que concurre a dar a la literatura colomial de Chile cierto sello distintivo, i es el doble papel de actores i escritores que representaron los hombres de quienes vamos a ocuparnos. Este estudio nos revelará, pues, al mismo tiempo que el conocimiento de las obras que la componen las líneas personales de los que la formaron. Tal hecho fué siempre anómalo en los anales literarios de cualquier pueblo, pero entre nosotros la escepcion la constituye el sistema contrario. Refiriéndose Voltaire a este preciso caso, decia con razon, que punto de vista tan nuevo, debia tambien orijinar nuevas ideas. En nuestra época es difícil esplicarse como aquellos hombres ansiosos de dinero i dotados de intelijencia muchas veces cultivada, se lanzaban en pos. de lo desconocido i del ignorado mas allá con tanta fé i entusiasmo que nunca admiraremos bastante sus esfuerzos de jigantes. Para ellos, ajenos siempre a las fatigas, las distancias fabulosas, interrumpidas por inmensos desiertos ielevadas cumbres, eran devoradas en momentos; las acciones mas sorprendentes se veian realizadas como la cosa mas vulgar,

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