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atributo de la inmensidad, pues lo hace habitar todo entero en lugares diferentes, lo que es decir, que hay lugares en que cabe

Dios; - ',;

Destruye el atributo de la eternidad, pues introduce la sucesion del tiempo en el pensamiento y en los actos divinos. Destruye el atributo de la omnisciencia, pues segun el catolicismo; Dios llega hasta arrepentirse de haber creado al hombre; un Dios que se arrepiente es un imbécil, y asi lo pintan los libros sagrados de los católicos.

Destruye el atributo de la justicia, pues Dios segun los católicos puede todo, basta que lo justo sea injusto. Y en esta parte el dogma católico. desquicia la base moral de las sociedades, y es por eso que lo calificamos de inmoral. Si Dios puede cambiar las leyes, y como hay un intérprete infalible de los consejos del Eterno, puedo hacer lo que quiera sobre los miseros crejentes. Tal es la teocracia romana, tal es la doctrina católica en su base y consecuencias.— , -" .' 7\

Y es para legitimar el imperio de la teocracia sobre el mundo que casi lo convierten en un irremediable imbécil, pervertida su razon, estraviado su corazon, encerrada su voluntad, esceptopara. ejecutar crueldades.

Bienaventurados, vosotros filósofos, que trabajais por la redencion del género humano procurando «écraser Vinfame.»

EL SEGUNDO ARGUMENTO A FAVOR DE LA
ENCARNACION.

¿Quereis creer mis buenos lectores, que el segundo argumento á favor del mas grande de los absurdos del catolicismo, es . tambien una comparacion?

El P. Ventura toma su argumento de S. Agustín otra vez, y la comparacion argumento se reduce á esto: Yo hablo y tos hombres entienden mi pensamiento sin que se separe de mi.

Helo ahí: pero para mayor asombro de mis lectores voy á transcribir el pasaje tan culto en su lenguaje como sonso en el fondo:

» Antes de comprender como ese mismo verbo de Dios » ha podido hallarse & un mismo tiempo coa su padre en el » cielo, y sobre la tierra en el seno de su madre, comenzad por » esplicaros á vosotros mismos como es que vuestro pensa» miento sin separarse del espíritu que lo enjcndra, se repro» duce exactamente él mismo por la palabra articulada ó escri» ta, en tantos millares de hombres que la oyen ó que la leen, y » convenid en que sois tan ignorantes como, impios al blasfemar » contra el misterio del verbo de Dios, por que decis no poder » comprenderle cuando admitís sin comprenderle mejor el miste» rio de la palabra del hombre; cur verbum Dei contemnis, qui » verbum hominis non comprehendkt

E1 argumenta consta de dos partes.

» !•*? Hay cosas que no comprendeis y no negais. .

» lluego blasfemais no admitiendo el misterio del verbo de » Dios por que decis que no podeis comprenderlo. »

Befutacion. .,.„,,.•„.j.

Pío admitimos.vuestro misterio alegando la razon de que no lo, comprendemos. No^ lo negamos porque no podemos comprenderlo. Lo negamos por absurdo. ... :/[

Admitimos mil cosas,mil hechos, mil fenómenos sin que podamqs esplicarnoslos, pero es porque no vemos el absurdo, , No Cqhprendo como mi^eyo mi brazo, y admito el hecho por que nada tiene de absurdo. Pero si me decis que el movimiento de mi brazo conmueve las esferas, entonces os niego hasta la posibilidad <lel hectio.

Sucede lo mismo en h»encamacion. El Infinito no puede ser finito. Dios no puede ser Jesus. Si Jesus es Dios es el Infinito, 7 entónces tendriamos dos Infinitos lo que es un absurdo. Si Jesus no es otro Infinito sino el mismo Dios Infinito, entónces no hay encarnacion, no hay dos naturalezas, y entonces Jesúk es una máscara que le plujo al áer-Süpremó, tomar un dia . para nacerse oir de los mortales. Todo eso es pues, el absurdo , que mana & torrentes de la teologia católica.

2. a parte del argumento.

» Vuestro pensamiento, sin separarse del espíritu que lo « engendra se reproduce exactamente él mismo por la palabra » en millares de hombres. . Luego Dios puede hallarse al mismo ii tiempo en el cielo y en el seno de su madre. » • .

Refutacion. . , ,

La comparacion, sin ser una razon,es además inexacta. Cuando hablo, cuando transmito mi verbo á millares de hombrea, erictretítro otros tantos de verbos que lo escuchan. Y esos vérbiis estaban creados y vivian con el.goce de sus inteligencias ó diestra cómparacion equivale á está otra: La cuerda soñor'a transmite sonidos á muchas partes, luego la cuerda está en toda* partes. . •

:]Péro decir qué el necho de la transmision de Ta palábra es lo" mismo que el engendramiento de esa palabra en eí vientre de uñisendra, es absurdo. '• ,

'Segun los católicos el verbó Infinito éngélidrá y se éngéhárá. Pero al engendrar su hijo Jesus, olvidan, que Dios no le transmite la palabra, pues Jesus "es la misma palabra, el mismo yerbó, que quiere eátár éh tíos partes al mismo tiempo, .en eí cielo y en ef sento de kai.Hr. La1 comparacion és pues falsa. Cuando' hqblo me dirijo á títtb. Cuando bioá se encarna, tiene que cjéjír ese otro en quien se encarna. Y si no crea ese tiix'o, fló hhíy tal ehe'árnaelbll, ni'tal transmision: del yerbó, y la comparacion , e-vi áBsárdá. 1 Üícrea ese btro, Jesus es créádo, f rio $á efi Dios. ;°. ',.' *r.,: , •',

Kéasdmimos."'"

Hemósf exkmiüááo la' Mi, Migtií y ja mas móáerna1 argu¿| níe'nlocíóÍB' éatolica sobre \k enctonatBbn1, y nos ííémós sórpren- ¡i dido de la espantos» variedad que encierra. Solo dos ornamentos, que soa dos comparaciones inexactas, bé ahí el resultado de diez y ocho siglos de la sabiduria de la iglesia.

Hemos querido tocar la argumentacion católica, temiendo que el triunfo consecutivo del raciocinio nos hiciese olvidar algo; pero .no : si antes negabamos á priori ahora negamos apoyados en la impotencia manifiesta de los Agustines, Gregorios, Atanacios, Hilarios, Petavios, etc.—y Venturas. Jamas habiamos, encontrado ma^or pobreza para sostener tanto absurdo.

Pero qué I La inteligencia extraviada del ere} ente no tiene acaso prot stas interiores! Es tanta la seguedad de esa fé, que ninguna vislumbre de rozon se percibe en e.ca lucha contra la razon, en esseaos de servilismo que ilumine al desgraciado á quien agobia el peso del absurdo! O la humanidad puede recibir impunemente el flagelo de la mentira y acostumbrarse a venerar la mano que la humilla y la autoridad qua la embrutece? Varias veces nos han asaltado estas dudas en el curso de la polémica, hasta que al Cn mi presentimiento encontró su comprobante. Oigamos al mismo P. Ventura. Ha sido sincero. AI terminar su conferencia sobre la encarnacion, quiere hacer un resúmen de los términos contradictorios que contiene, Dice:

« En cuanto á mí, os confieso que cuando me detengo a consi » derar en Jesu-Cri¡-to al Dios-hombre, es decir, al infinito en » lo finito, la grandeza en la pequenez, la majestad en la miseria, » el ser en la nada, (esto es lo mejor) el Dios vivo en el hom» bre sin ser degradado por él, el hombre vivo en Dios sin ser » por él destruido, el Dios permaneciendo siempre Dios en la » humanidad (lo mismo dicen los pantheistas) «que lo encubre; » el hombre permaneciendo hombre en la divinidad que se. ha » apoderado de él, (como Genimedes en Júpiter); el Dios que » sufre, que muere en cuanto hombre (entónces no hay Dios cru» cificado); el hombre que es todo poderoso, que resucita, que » sube al cielo en cuanto Dios (si sube no cttá en todas partes). v estos extremos tan separados, estas distancias tan lejanas, » estos términos tan contradictorios, estas dos naturalezas, estas » dos voluntades tan diversas en la misma persona (dos volunta» des son dos personas y aquí viene la confesion, el arranque » sincero del alma del P. Ventura): cuando considero todo esto, » mi raion desvanecida, magullada, humillada, abatida; quisiera rftfcfó&fMe e^Míak^^pU explicados; anti

Qué mayor satfsnicclon'' nl bnén s^hlíáfo!—fto sV púeáe creer ésb"s absurdos, quéfei 1^'Ventura ÍVanYá' bdffikt sin des

vanecer la razon, sin multarla, si&'^nnmíifária; W Mtitíii! Que" más prueba, qué mayor justificación dé nuestra causa! 'f &» n'rks Qúe Abatia Ea Sazón íara SevcatÓlicós', esto os lo aT^ «en vuestros sábios, vuestro dogma, vuestra Iglesia. Teneis que abatir la razon para Creer incomprensibilidades inaccesibles. Tenéis éfue desvanecerla para creer en el miiagro, en la encarnacion y én et absurdo. Y qué doctrina es esa que asi contra la razon jr conel cinismo del absurdo se presenta? Será razonable—No humillaria á la razón. ¿Será veriladera? No abatiria á la razon. Es lá doctrina de la obediencia servil en el absurdo para fundar en el mandola teocracia. Hé ahi el catolicismo, madre de toda esclavitud, padre fecundo de todo despotismo, fuente de toda hiprcrecia, legitimador como Bossuet de todo crimen.—Y no quereis que libertemos á la América del infame, cómo lo calificó Voltaire?—-«.Ecrasons Vinfdmeif

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