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PASTORAL.

NOS el Dr. D. Mariano Jose de Escalada y Bustillos Zcballos, por la gracia de Dios y de la Santa Sede Apostólica, Obispo de est i Diocesis de la Santísima Trinidad de Buenos Aires, etc. etc.

Á TODOS LOS FIELES DE «li'ESTKA DIÓCESIS.

Acaba de publicarse en esta ciudad porD. Francisco Bilbao, un folleto con el titulo: La América en Peligro, cuyo autor parece imaginarse ser él, el único que conoce la causa, y el remedio de este mal, atreviéndose a asegurar que la inteligencia de los Americanos se resiste a ello, y que hay una conjuracion de los que se llaman pensadores, letrados, y políticos para no tocar estas materias.

Este nuevo maestro de la América atribuye todos los males de esta al Catolicismo,queriendo fundarse en que esta Religion es opuesta á la forma Republicana, por negar, segun él dice, el principio fundamentil de la República, que es la soberania de la razon en todo hombre. Tan soberano, como se ha imaginado que es, ignora que en la forma de la República, la ley es Bobcr.ina, y su fundamento es la justicia y la obediencia. Ignora que si todos fuesen soberanos, como él se imagina que lo son, la República seria imposible, porque no puede haberla en el caos y en el desorden. Es estraño, que el que asegura que escucha lospasos de legiones estrangeras, hollando el suelo de la patria, no haya escuchado la voz de la Constitucion, los preceptos de la ley, y los mandatos de la Autoridad, que no faltan en República alguna, sin embargo de que ante ellas no se presenta como soberano el individuo.

Debia haber escuchado el desgraciado autor de la America en Peligro la oposicion que en todas partes han encontrado susaecias doctrinas; y en Chile, que es su patria, debia haber oido los bellos discursos, y sólidos escritos con que se rebatieron *us errores.

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Conviene que en Buenos Aires se sepa que allí se le sujetó á juicio, se reprobaron sus producciones, y se le impusieron graves penas, que nos abstenemos de espresar. Allí se le dijo entre otras cosas: Es sobremanera infundada la opinion de aquellos que, exaltados por el fuego republicano, juzgan que la Religion Católica es enemiga de las instituciones democráticas. La falta de nociones fijas acerca de sus doctrinas es lo que puede inducirlos á semejante engaño. Si seaplicasen á conocerla como es en si, y no como la pintan sus detractores, si no se limitasen únicamente á la lectura de un Colín, un Tindal, y ahora diremos como sus queridos maestros, Quinety Michelet, sino que leyesen las famosas apologias del Catolicismo, se convencerian hasta la evidencia de que nada tiene este que se oponga á los principios democráticos. iNi en sus máximas hay condenacion alguna á este respecto. La mejor base de la democracia es la Religion Católica, porque nos dá las mas sublimes nociones sobre la dignidad, la libertad, la igualdad del hombre, porque esta prescribe todas las virtudes, que religiosamente practicadas forman la felicidad, la gloria y el espíritu de una buena República. Bien lo acredita asi la historia de la poco há floreciente República de Norte América.

Ella demuestra hasta la evidencia que la Religion Católica no es incompatible con la democracia; que es, al contrario la mejor base de sus instituciones; y el testimonio de Tocqueville, testigo de vista, y á quien no podrá tacharse defan itico ó preocupado, es irrecusable. Él dice, que masdeun millon de católicos que ya existia allí en su tiempo, al paso que muestran gran fidelidad en las practicas de su culto y rebosan en ardimiento y celo por sus creencias, con todo eso forman la parte mas republicana, y mas democrática que existe en los Estados-Unidos; hecho que sorprende á primera vista; pero cuyas verdaderas causas descubre con facilidad la reflexion. •

La doctrina que enseña el Catolicismo es la mas favorable para la igualdad de condiciones, pues ella pone en el mismo nivel á todas las inteligencias, sujeta á los pormenores de las mismas creencias tanto al sábio como al ignorante; impone las mismas prácticas al rico y al pobre, las mismas austeridades al poderoso que al, débil; no se compone con ningun mortal, y aplicando á cada uno de los humanos la misma medida, le gusta confundir todas las clases de la sociedad al pié del mismo altar, asi como están confundidas á los ojos de Dios. Si el Catolicismo dispone los fieles á la obediencia, no les prepara pues á la desigualdad. Ojalá que todos las hombres nivelasen siempre su conducta por los principios de esa Religion Santa! Entonces dejarian de existir esos dos monstruos los mas temibles de toda sociedad humana: el despotismo y la anarquia, bajo cuyo imperio es imposible que haya paz ni goce alguno social.

La Religion Católica obtiene el doble privilejio de garantir á los pueblos contra las vejaciones de los mandatarios, y poner á estos a cubierto de los terribles atentados de la insurreccion. Al paso que dulcifica y modera el ejercicio penoso y grave de la Autoridad, alijera tambien y ennoblece la humilde austeridad de la obediencia. Ella infunde en los Magistrados las ideas mas puras y sublimes sobre la naturaleza de las funciones públicas, y los deberes que deben llenar para con el pueblo. Ella les hace entender, que no son mas que unos cooperadores de la Divina Providencia, y que a su imitacion deben gobernar á los hombres de un modo desinteresado, generoso y benéfico. Desde su tribuna sagrada clama sin cesar á los depositarios de la Autoridad para hacerles entender, que no están constituidos sobre sus demás conciudadanos, sino para establecer la felicidad pública á espensas de su reposo, placeres, salud, y aun de su propia existencia. ¿Y qué otra Religion que no sea la Católica pugde conducir asi á las sociedades humanas á la felicidad verdadera, que no solo nos promete para la otra vida, sino que nos procura tambien en esta?

Solo un espíritu de error y libertinage puede inventar calumnia tan injusta contra nuestra Santa Religion Católica como la que pretende persuadir el desgraciado autor del folleto que reprobamos: sus tendencias no son otras que proteger la impiedad, y el desenfreno de costumbres, entronizar el vicio, y perseguir la virtud, abriendo así un vasto campo á la licencia, á la blasfemia, y ú la inmoralidad, como si solo tuviese por objeto la ruina y trastorno de la sociedad.

No pudiendo. por tanto, mirar con indiferencia tan graves males, sin faltar á los deberes de nuestra conciencia, que nos impone nuestro Ministerio Pastoral, os hacemos conocer el mortífero veneno que contiene ese infame libelo, para que os precabais de él; y en el ejercicio de nuestra Divina Autoridad, en el nombre de Dios Todo-Poderoso, por la civilizacion de la América, que es eminentemente Católica, por la paz j prosperidad de la Répubüca, prohibimos la lectura del panfleto intitulado La America en Peligro. y os exhortamos á que por todos los medios que estén á vuestro alcance, impidáis la¡ circulacion de ese escrito, capaz de seducir á los ignorantes y á los espíritus noveleros. Confiamos en vuestra fidelidad á la Relijion Santa que profesais, que os mostrareis celosos por su honor y por su gloria; mereciendo asilas miséricordias, de Dios en cuyo santo nombre os bendecimos con la bendicion del Padre, del Hijo, y del Bspiritu Santo. Amen.

Dado en nuestro Palacio Episcopal, i 24 de Septiembre de 1867.

MARIANO JOSÉ,
a ° Obispo de Buenos Aitet.

Por mandato del Illmo. Sr. Obispo,

Federico AseirosSecretario.

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Francisco Bilbao, racionalista republicano, ciudadano de la ciudad universal, apostolica y humana, ele. etct

AtODOS LOS PIELES A LA CAUSA DEL LIBRE PEKSAMIENTO—SA

Él señor Escalada, Obispo por la gracia de Dios, y de la Sania Sede (es decir, súbdito y agente del Papa Rey, en Buenos Aires, y rebelde ante la ley de la Nacion,) ha desterrado de tas cavernas sepulcrales de la historia, el rayo del ex-tonánte-Vaticano.

É intentando fulminar ese rayo, para pulverizar el libro titulado La America en Peligro, ha sido conjurado por el para-rayo de la civilizacion moderna: La Libertad Del Pensamiento.

Tres objetos parece haber querido conseguir el señor Obispo, en la citada Pastoral.

1. ° Refutarme.

2. ° IlUURlARME.

3. • Prohibir La Lectura De Mi Libro.

Estos tres objetos se reducen á uno: la condenacion de ln libertad del pensamiento.

LCD Y ALEGRIA.

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