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IDEA DEL LIBRO

Las nueras generaciones de América no tienen libro.

La idea de la justicia, su historia, la esposicion de la vtrdadprincipio, su caida, su encarnacion en el Nuevo-Mundo. con los atributos propios del progreso de la razon emancipada, con la originalidad que reviste en la vida americana, con la conciencia magna de sus nuevos destinos inmortales que fundan la civilizacion americana, hé ahi ideas que debe contenerla Biblia americana, el libro americano, el Koran ó lectura Americana.

Nuestra obra es un ensayo.—Tengan otros, con mas ciencia y conciencia del Momento Histórico de América, que el campo es vasto, y numerosa la mies. ,

En este libro creo haber expuesto la filosofia popular del derecho, la filosofia de la historia americana, y la indicacion del deber y del ideal.

EL EVANGELIO AMERICANO.

PRIMERA PARTE.

LA VERDAD-PRINCIPIO

x.

El Mensage.
I.

Al pretender escribir un libro para el pueblo, humilde me inclino ante tí, luz soberana,—humilde te invoco, palabra divina!—Oh quien pudiera reunir todo lo bello, todo lo grande que agita al corazon, purificarnos de la historia, del peso de la tradicion traidora de los siglos, desenterrar el génio, el espíritu, el nlma, la persona humana sepultada por la cobardia de cada uno y la fuerza social embrutecida, para revelar al hombre en toda la grandeza vía fuerza de su destino sublime y creador del bien! Quién pudiera convocar al concilio de mi libro, todos los presentimientos inmortales, todos los dolores sagrados del hombre y de los pueblos, todas las alegrias del alma humana en posesion de la integridad de sus facultades! Fortificar la afirmacion de la verdad-principio, respirar las armonias de la creaccion, comunicar directamente con el Eterno, en luz, en fuerza, en amor;—presentarte, ó pueblo, todas las virtudes, todos los heroismos, todos los sacrificios de los hombres libres, para queseas libre; y en fin emitir del fondo de nuestro ser in • cendiado por la pasion del bien universal, la palabra dela enseñanza, la palabra de verdad que debe encarnar el pueblo soberano!—hé ahí mi deseo, mas no realizado.

Yo pido al hombre ante todo, que me siga con el espíritu al desierto.—No hay revelacion, ni verdad regeneradora, que no exija del lector, del oyente, un momento al menos de absoluta soledad é independencia.—Olvidemos por un momento el movimiento del dia, desatendamos por un momento la rutina diaria, olvidemos el murmullo del pasado que nos acosa como enemigo inexorable. Sepamos en nombre de Dios, os conjuro hermanos mios, escucharnos nosotros mismos. Tengamos audacia para conocernos, audacia para atravesar las tinieblas. Rompamos la piedra que impide nuestra resurreccion, y libres en nosotros mismos, transfigurados sobre las ruinas del mundo envejecido, recibamos directamente, sin intermediarios ó mediadores fementidos, e1 testamento puro, la palabra viva dela eterna vida, la centella de la fuerza y el inmenso amor. Mi libro es evocacion de esa palabra, hermano mio.

II.

i

Revele pues el hombre la palabra del hombre. Esa palabra, en virtud dela esencia dela humanidad, brilla desde el principio en la conciencia y en la inteligencia de cada uno. La primera palabra del hombre es la conciencia de su yo, de su persona: es la revelacion de la soberanía del hombre.

A todos sedirige. Sea recibida por todos como el gérmen de luz lanzado por la Potencia-Suprema, para encarnar en todos el esplendor de la verdad.. •

Sea trasmitida por cada uno con su palabra y con sus actos. Resuene en los clubs permanentes de los pueblos. Sea procla-. mada en los grandes metlingt de la democracia. Que se enseñe en las escuelas; que tome las alas de la prensa, y sea la inspiracion y la ley de todo magistrado.

Que el artesano en su taller, el njercader en su tienda, el peon en su faena, campesino en su soledad, le presten un momente diario de atencion. Permita el cielo que la filantropia de las Repúblicas y el interés de todos los gobiernos, haga llegar esa palabra al salvage en el desierto, al bárbaro en su tribu, al proletario en el seno de su prole desgraciada. El letrado y el roto tenebroso, el rico y el pobre, eí sano y el enfermo, el feliz y el desgraciado, vean en ella la unidad de esencia, la fraternidad de la especie, la identidad del derecho y la gloria del deber.

Sea recibida y aceptada esa palabra, y prometo remunerar la hospitalidad que reciba, dando inteligencia al lerdo, ideas al ignorante, corazon al rico, y bendicion del Soberano á la conciencia de todo hombre soberano.

Porque esa palabra no es mia, sino de todos, y no solo de todos, sino del todo, del gran Dios que presencia el desarrollo dela creacion. No es de hoy, ni de ayer, sino eterna. Ella resplandecia en el principio, porque es la virtud inteligente de la potencia divina iluminando el yo, la personalidad del hombre.

Y es de luz, no de tinieblas. Es la palabra que funda la distincion del bien y del mal, del amor y del odio. Es la palabra que hace de la fraternidad humana el egoismo de cada- uno. No es solo la palabra del derecho heróico, sino tambien la del deber,—santificante.

III.

Tú, que vives, sin mas horizonte que el desierto de la pampa, ó la inmovilidad de la montaña, y que no es peras el bien, ni el bien-estar, ni la justicia de los hombres;

Tú, que te ves rodeado de tus hijos y que al besar sus frentes infantiles, invocas al Padre con angustia, per la garantia de su vida y de sus almas;

Tú, que al contemplar á la virgen, ó 4 la muger sin mancha, quisieras cambiar con el aliénto de tu pecho la atmósfera enviciada que la envuelve;

Tú, que al contemplar a tu patria, la ves, como la túnica de Jesus, disputada y destrozada porlos traficantes y soldados;

Tú, que amas la justicia, y ves a la injusticia especialmente cargando sobre el débil, sobre el pobre, sobre el iguorante, y á la maldad triunfante ostentar su impudor, y arrastrar su carro sobre la ley burlada;

Tú, que amasante todo la verdad, y tienes que vivir presenciando el reinado de los fariseos hipócritas, y escuchar la mas escandalosa prostitucion de la palabra, yo espero que aunque indirectamente, ha de llegar la buena nueva para todos.

Tú, que amas la gloria, y solo ves el sacrificio como digno;—y vosotros todos los que quereis y trabajais porque el hombre tenga su pan, su hogar, su honor y su. derecho garantidos;—vosotros los que amais, manteneis al Sol vivificante á despecho de los indiferentes, de los indolentes, de los egoistas que cifran

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