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el amor de la Venas Astarté de las religiones de Asiria y de Chaldea, con la personalidad que se desprende en los risueños y militantes campos de la Grecia, para empuñar el cetro de fierro de la Antigua Roma; recogiendo todas las palabras de los pueblos, sus aspiraciones y dolores, sus lecciones y profecias, aparece en fin en el mundo moderno con el grito infinito del cristianismo, esa sintésis flotante del amor divino, que procura encarnarse en las instituciones y costumbres de la humanidad libertada del pantheismo, de las castas, de las ciudades exclusivas y delas revelaciones falaces.

Ha seguido la evolucion del caos primitivo, cuando desde las alturas del Himalaya, la primera tribu entona el primer himno á los primeros rayos de la luz que revelan el universo, palpitante aun por las caricias del Creador. Sigue la marcha de esa luz que funda imperios, y que desde el Himalaya incendia las alturas del Tauro en Pérsia, del Sinay en Judea, del Olimpo en Grecia, del Capitolio en Italia, y últimamente de la montana en Francia, que reasume y eleva el trabajo de los siglos, para derramar so bre el mundo los resplandores de la libertad. No son los circuios concentricos de Vico; no es la falsa unidad de Bossuet, queriendo arrodillar a la historia ante el taberuáculo de David; no es la fatalidad de Hegel consagrando los hechos, y encarnando el porvenir en la monarquia constitucional de Prusia; ni su pálido reflejo el doctrinarismo francés, justificando todo lo pasado, para aplaudir todo oprobio:—No, es el trabajo universal y variado del alma humana, al través de los tiempos y de las razas, verdadera peregrinacion de Ahasverus en busca del cielo de todo lo bello, de la patria, de toda libertad, del paraiso, de todo amor; en busca de la armonia de todo elemento sagrado de la personalidad y de los pueblos, protestando aquí, triunfando allá, profetizando hoy las sintésis y la religion universal,—la nacion—humanidad, en la cual las nacionalidades serán tan solo los grandes municipios.

Como escritor, es hoy, á juicio mío, el primer prosador en lengua francesa. Como poeta, despues de Goethe en nuestro siglo, es la imaginacion cosmogónica mas grande que conozco, como puede juzgarse por sus poémas de Promethco y Ahasvérus— Como artista, quién, sino Michelet, puede comparársele, en la manifestacion del secreto de lo bello, y de las causas históricas, sociales, psycológicas, que han producido el Parthenon de Atenas, el Júpiter de Phidias, lacena de Leouardo, el juicio del estupendo Miguel-Angel, y la gracia inmortal de esa victoria sin fin, que derramaba en su carrera el Angélico Rafael, como si fuesen los dedos rosados de la Aurora que aparecian colorando las cabezas de sus virgenes.

Dedicando á su amigo el Sr. Michelet, la obra del Cristianismo y de la Revolucion francesa, espone en pocas líneas la sé« rie de sus trabajos: «En esta carrera, no interrumpida, he » tratado de la revelacion y de la naturaleza, de las tradiciones » del Asia Oriental y Occidental, de los Vedas y de las Castas, » de las religiones de la India, de la China, de la Pérsia, del » Ejipto. dela Fenicia, del Politheismo Griego. He seguido » al través de sus principales variaciones, al Mosaismo, al » Cristianismo de los Apóstoles, al Cisma Griego, al Islamismo, » al Papado de la edad-media, á la Sociedad de Jesus, a la » iglesia Galicana, á las relaciones de la revolucion francesa y » del Catolicismo; de modo, que estas obras diferentes de for. » ma, pero, semejantes por el fin, tienden á componer unahislo» ria universal de las revoluciones religiosas y sociales.»

Al través de esa peregrinacion entre los Dioses, Edgard Quiuet, esplicando y comprendiendo las causas delas revelaciones, siguiendo el desarrollo delos dogmas, atestiguando sus contradicciones, él conserva firmemente los resplandores de la revelacion universal, que domina atodas las otras, y que cada dia se estiende mas luminosa por el mundo.

Ha podido escapar de la atraccion terrible del Pantheismo, porque posee una personalidad incontrastable: no ha caidoen la fatalidad, porque la causa de la libertad moral, ha encontrado un corazon supremo que protesta á nombres de los sagradosdolores de los pueblos: y últimamente, siendo el Catolicismo el receptáculo de toda la tradicion despotizante, así como la Revolucion francesa es el resumen dela protesta inmortal y de la afirmacion que sustenta al nuevo mundo, esas dos corrientes de los siglos se encontraron en su inteligencia para producir las centellas de su admirable enseñanza, que comprende los dos elementos del drama de la civilizacion moderna, y que son bajo distintos nombre» una misma cosa: Theocrácia y Democracia.— Cosmopolitismo y nacionalidades,—Catolicismo y filosofia,—Monarquia,—privilegios,—Castas y República;—y en una palabra, todas las usurpaciones del derecho en la conciencia, en la patria, en la ciencia, en el arte, en la historia,—contra la libertad, la igualdad y fraternidad de los hombres y de los pueblos.

Tal es el fondo de su obra, tal la lógica inmanente que distribuye la série de sus obras, partiendo del mismo principio para llegar al mismo fin.

No ha olvidado ninguno de los rayos de la luz: tiene el instinto germánico para asimilarse el pensamiento de las cosas, la significacion de las manifestaciones del alma del mundo que circula en los astros y las plantas, en el Oceano y las montañas, en los imperios y las iglesias, en la filosofia y en el corazon de ese femenino eterno que Goelhe invoca al fin del misterio de su Fausto.

Tiene el instintode la personalidad para adivinar y comprender las manifestaciones del individualismo del medio-dia dela Europa,queencontrJadoseoprimido, se venga espléndidamente en los cielos del arte, y con las utópias de sus genios; y francés de raza, despertando en los campamentos de la revolucion, al lado de su padre combatiente, ha conservado en su palabra losacentos del clarin, que en Jemníappes precipitaba a los descendientes de Rolando y de Juana de Are, ü la vendimia de fecunda sangre de las campañas de la República.

Pero es en la causa delas nacionalidades en lo que él mismo hace consistir el principal mérito de su obra

Fué durante las terribles invasiones de los austriacos, prusianos y cosacos, que el dolor divino se encarnó en su ser, é imprimió a sus pensamientos el culto inmaculado de la patria.

La invasion y sus resultados fueron el criterio final.

La filosofia ecléctica y el doctrinarismo la aplaudieron, y como siempre, justificaron ese oprobio. Eso basta para juzgar a esos sistemas. El catolicismo, que se llama religion nacional, entonó el Te Dcum á los hereges vencedores. El catolicismo fué juzgado. Las sectas socialistas, el San-Simonismo, el Fonrrierismo, el Comunismo, pasaban sobre la personalidad y sobre la patria, como sobre elementos rebeldes que era necesario amoldar en sus lechos de Procusto, desencadenando el egoismo para realizar la felicidad del hombre despotizado ó animalizado; y esos sistemas fueron juzgados. El catolicismo, siguiendo el desarrollo de su principio theocrático, pasa por la faz del Uliramontanismo para llegará su última é inevitable consecuencia, que es el Jesuitismo, y tal es la lucha que continúa.

La invasion armada del estrangero, y la invasion envenenadora del Jesuitismo, es decir, la fuerza y el sofisma, ambos destructores de la personalidad, son en nuestros tiempos los enemigos capitales de las nacionalidades. La fuerza, la conquista, los imperios, arrebatan la soberania nacional, y la doctrina de la theoerncia, el Cosmospolitismo romano, fundado en los ejercicios de Loyola, como instrumento de servidumbre, y en el concilio de Trento, como dogma de servidumbre, arrebatando la soberania de la razon, falsean por la base la personalidad de las naciones.

Tales, son, pues, los dos grandes enemigos que combate.—

Todo derecho, toda nacionalidad forman parte integrante de la gran nacion y del derecho universal. El ha sentido mas que nadie las horas amargas de la invasion, esos siete puñales clavados en el corazon de la patria. Ese dolor ha sido para él una adivinacion de las leyes del pudor de las naciones porqueta nacionalidad debe ser una vestal.

Su gr. nde obra de las Revoluciones de Italia, que yo llamo el Evangelio del mundo latino, lleva esta dedicatoria:

« A los proscriptos Italianos, como expiacion del asesinato de la « Italia

por manos francesas. »

Edgard Quihet.

Ha defendido al Portugal contra la Francia y la Inglaterra; a la España contra si misma, y contra las preocupaciones de la Europa; a la Romania, contra los tres Imperios; á la Italia, contra el mundo conjurado; á la personalidad, en la historia, contra la Teutomania; a la personalidad sublime del Redemptor, contra la erudicion mística del doctor Strauss, siendo Quinet, quizás el único que haya refutado ese colosal sofisma, mientras que el clero y la iglesia, ocupados de Voltaire y de Ronsseau, no sabian, no podian, ó no comprendian que Strauss les arrebataba la persona misma, el sujeto, el verbo y el objeto de la religion Cristiana.

Bajo otro punto de vista, la enseñanza de Quinet es la purificacion del mundo, la critica del pasado, la afirmacion presente del vinculo universal que forma la verdadera iglesia del p.orv«n nir; y bajo este aspecto, su obra, es uno de los mejores libros que pueda leer el nuevo mundo.

Hé.ahi, amigos y cooperarios de la gran causa, esparcidos en las Repúblicas de la América del Sud, la recomendacion que os hago.

Buenos Aires, Agosto—1857.

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Un ángel y un demonio.

POR LA SEÑORITA DOÑA MARGARITA RUFINA OCHAGAVIA.

Lugar á crítica?—Quién lo duda. Es mas fácil criticar que crear. ¿Lugar á la esperanza?—Si, y mucho.

Joven de 17 años, ha osado subir a la montaña para desde allí dirijir el plan de su batalla. Pasa revista de sus tropas, mide el campo, observa la posicion del enemigo y dá la seííal. Se ponen en movimiento sus personages;—hace maniobrar á ambos sexos, en diferentes edades; penetra rápidamente en los salones de nuestra prosaica sociedad, donde solo se ve un reflejo sin originalidad de la civilizacion europea;—hace chocar los albores de la pasion en el drama del corazon humano, siempre el mismo, y las manifestaciones del egoismo corruptor que empaña la inocencia y plagia la corrupcion de las. clases ricas de la Europa; y con una inocencia admirable, esta ñiña, que levanta el velo del ídolo tremendo para contemplar la vida ansiosa de amor y de felicidad, termina su primer ensayo pisoteando la mentira y escarneciendo la corrupcion de hombres y mugeres «prostituidas, que por un » puñado de oro venden sus caricias y belleta sirviendo de ju» guete. »

Es loable su ensayo, digno de ser estimulado. Pero si nos es permitido una observacion, un juicio, sobre cosas que esa señorita debe comprender ó adivinar, mejor que nosotros, le diremos humildemente, cual es nuestra opinion á este respecto.

La novela en las sociedades americanas, presenta un grandf

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