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simo inconveniente, especialmente la novela contemporánea. Ese inconveniente es la pequenez de las almas y pasiones;— las pasiones imitadas de romances europeos, como lo son los muebles, modas y costumbres, adoptadas ciegamente, sin personalidad, porque la personalidad es muy pequeña.—Si hay drama y pasiones en América, es en el pueblo. La señorita Ochagavia ha olvidado ese elemento. Hé ahi porque sus personages son frios; auuque las situaciones son dramáticas.

Querer reproducir á Balzac (no nosreferimosá nuestro autor) es querer aplicar el bistonri que destroza el cadáver del corazon de la vieja Europa, á nuestras sociedades infantiles.

El escepticismo y la indiferencia es un espectáculo horrible en Europa, pero en América es ridículo. Asi cuando vemos esos ensayos de personages parisienses, tomar los axiomas de la corrupcion, ostentar el desencanto de los jóvenes-viejos ó de los viejos-jóvenes, el respeto humanonos impide una sonrisa, porque vemos una comedia de ateismo.

Los elementos del drama en América están en el pueblo, están en la lucha de la religion de la edad-inedia con la filosofía, y mas que todo, en las aspiraciones de la inmortal juventud que busca el camino de la verdad.

Hemos tenido ejemplos del amor patrio. La guerra de la independencia en Colombia y en Chile, presenta mugeres tipos á ese respecto. Hemos tenido ejemplos del amor divino, Santa Rosa de Lima, pero yo no conozco todavia, personages en América que correspondan á la Falange de las heroinas del corazon como Heloisa.—Si se me dice, que se pueden crear, está bien, diria;—lanzaos pues á la peregrinacion y volved con las compañeras de la Julieta de Shakspeare, de la Lucia de WalterScott, de la Margarita de Goethe, de la fíachel de Edgard Quinet.

Las soledades de América, soledades solitarias aun, de esos seres sublimes, espíritus mediadores entre el cielo y la tierra, cuerpos impalpables que perseguimos en el desierto y que se pierden en las ráfagas de las tormentas de verano, como apariciones fantisticas de esos seres que se invocan para llenar una parte de las aspiraciones del alma, aun no existen en América. Buscad esos seres. Detened el rayo en su carrera, inmobilizad un momento sublime del corazon; y despues venid, mostradnos nuestras creaciones, hijas de vuestra sangre y vuestra carne, de vuestros sacrificios y tormentos. Dadles vida con vuestra vida, y vivirán. Lo demas es papel y tinta. Escribid con la sangre del alma y todos reconoceremos las aspiraciones de nuestras almas.

La Novela penetrando en los salones de las ciudades, de América, solo puede dar lugar áln comedia:—penetrando en la historia, en el foro, en la vida política del dia, presenta elementos de tragedia; pero penetrando en el corazon humano tal cual despierta en la joven América, arrastrando el bagage de la edad media en las dilatadas llanuras ó montañas encumbradas, con el recuerdo de la Independencia y con la aspiracion de la religion universal, nos presenta los elementos grandiosos del drama americano.

Tenemos estrofas, fragmentos épicos, idilios inagotables y rios de lágrimas de la escuela acongojada que parece sentada bajo sauces llorones al bordo de arroyos infatigables, de versos lastimosos y de endechas de ternura. Los écos se han fatigado de repetir dolores y quejidos en todo metro. La poesía americana ha eubierto el continente con una capa de hojas secas y nagostadas» en Europa, y que el tiempo, soplando pulveriza. Byron desleido por Espronceda, y este á su vez desleido en las aguas del Magdalena, del Guayas, del Rimac, del Mapocho y de' Plata, ha sido el colorido empleado, repetido, ensalzado, hasta quedar incolor.

Byron es el tipo mas sublime é ideal delos poetas y de la poesía moderna. Era una proyeccion del mundo antiguo y de la historia, estallando en una alma inmortal que se lanzó á la vida a pedirle el secreto de la vida. Reasumió y condensó toda aspiracion, y herido en la cima de la gloria que su génio conquistara, se despidió del muudo con los hechos del héroe, con el himno del martirio y con la profecía de la libertad y del amor del género humano. Dudó y combatió la duda. El llevaba en la grandiosidad de su alma destrozada la protesta de la afirmacion sagrada. Roido como Prometheo, amenazó al viejo Olimpo, y enlos mismos campos de la Grecia escribió con su sangre el último canto del pasado.

Los que siguen la tradicion de Byron, sin sus estudios, sin las circunstancias transitorias é historicas de su vida y de su siglo, cometen un anacronismo.

¿Qué diremos entonces delos que siguen á los imitadores de Byron?—A juicio nuestro, una de las pruebas literarias de nuestro alrazo, fué la popularidad de que gozó Zorrilla. Este sempiterno metriñcador de uno de los mas bellos idiomas, aturdió con su ruido, a la juventud americana. Olores, colores, piedras, brujos, duendes cuentos de viejos de una sociedad vieja, idealizacion de errores y de monstruosidades de la patria de la inquisicion, tal fué el fondo y la forma que tanto se aplaudió. Felizmente todo eso pasó y murió por si solo, muerte de inanicion. Aunque quedan vestiglos de esa orquesta de saudades que nos ha atosigador a la poesia americana se desprende de las incrustaciones del Escorial y de la Alhambra para iniciarse en el templo de la América.

Asi pues, á la Novelale diremos:—cuidado con Balzac, ese sepulturero anatómico;—Cuidado con Diunas, que es la charla encantada;—prestemos oido a lo que nos viene de la América del Norte. Es allí que se forma la literatura del Nuevo Mundo

El desierto, lasrazas primitivas, la gran naturaleza, los puritanos, la raza de los Washingtons; hé ahí asuntos que ocupan A los Yankees.

Pequeñas ciudades, pequeña sociedad, hábitos de educacion injertados, poca personalidad, escepto para los crímenes, abdicacion en ideas, costumbres, hábitos sociales, modas, palabras y vestidos, plagio de pasiones,—no son elementos de porvenir y de drama futuro.

Si quereis novela, hacedla cómica. Es necesario que la risa de Voltaircaparezca un momento en América para estremecer a las sociedades inertes que resisten á la filosofia y para sacudir á las creencias muertas que se mantienen en pié porque han faltado dos cosas: el barretero y la carcajada.

Y si á nosotros, humildes peripatéticos que nos paseamos bajq los bosques de la Academia, procurando descifrar el universo con el eterno nosce-te ipsum, micrócosmo que responde al macrocosmo, nos es permitido elevar nuestras miradas ú los hijos predilectos que apacienta Apolo con su lira, les diriamos:

El Parnaso ha crecido, hoy se llama Cordillera.

Las aguas del Pindo que regaban esa miniatura de la belleza de la tierra, hov se llaman Mississipi, Amazonas, Plata.—El clarin de Caliope, no amotina á los Griegos y Trovanos, y hoy su voz ha pasado á las locomotivas con su pendon flameante que amotina los espacios para tragarse la. distancia. El vapor ha ahuyentado las sirenas en los rios y en los mares; La libertad ha sepultado los demonios en sus catedrales, y la dansade los tMMrf0xis0lo.se repite en la memoria delos que aun lloran por los castillos y torneos.

Pero en lugar de la Musa antigua, de la epopeya antigua, en lugar de la virgen de Sion que invocaba Milton, en vez de las crusadas y de las Beatrices, se levanta sangrienta aun con las heridas del Gólgota la divinidad de la democrácia en la tierra que conquista para restablecer los pueblos, regenerar las razas, iluminar las masas y dar espacio y patria al alma universal de la libertad del hombre.—Y para esa„ epopeya, teneis, por campo el continente, por escritura nuestros rios, por monumentos á los Andes y por esperanza la religion futura que debeis profetizar, porque si no sois profetas, no sois poetas, sino gotas de rocio en el desierto.

Ya el manuscrito no basta, ja la imprenta es lenta, ya no nos satisface el foro de una plaza. La electricidad y el vapor como la montaña de Eolo levantada, ha desencadenado la tempestad del perpétuo movimiento y la aspiracion por un foro y un auditorio omnipresente. Elévese pues vuestro verbo a la altura de la tribuna, del siglo XIX.

Penosa y lentamente la carreta se arrastra, con bueyes, en la pampa. Se oye un silvido. Pendon de fuego se aproxima, pasa, pasó, desaparece. Los que van en el tren al ver esa carreta se preguntan ¡ de qué siglo es esc objeto! Y no hay mas tiempo. La carreta parece empantanada, y ya no se vé,—Asi se nos antoja debe ser la poesía moderna. En las ajas del rayo, pasa sobre los recuerdos; y ya no tiene tiempo, sino, para preguntar, 1 qué es ese resto antidiluviano que parece plantado en el camino?

El adelante, es pues la voz de mando que recorre las líneas de todas las divisiones de la humanidad moderna. Adelante en industria, en comercio, en literatura, en la política, en la ciencia. Y ese adelante, es libertad y elevacion del alma por abrasar los cielos y la tierra libertados de las fantasmas de la edad-media que aun subsisten, de las cadenas del despotismo, de la ignorancia, de la miseria y de las pequeñas pasiones que disminuyen las proporciones de la personalidad del hombre. Debemos poblar el espacio y nos concentramos en miserias;—debemos conquistar el tiempo y lo malgastamos en.rcncillas, precursoras, de sangre.—Atrás á todo ese bagaje de pueblos pequeños. La dimension de las naciones está en el thermómetro de su corazon. —La literatura moderna de la América es muy poco audaz. Sus horizontes son sublimes y misteriosos. Adonde esti el Colon que los cucare?

(Con motivo del suceso de Aspromonte, bajo la impresion de creerse mortal la herida de Garibaldi.)

Ifature might stand up, and say to all (he ivorld, This Was A

MAS. Sharspeake.

La naturaleza puede levantarse y decir al mundo: este fué un hombrp.

¿Garibaldi preso, Garibaldi herido, Garibaldi vencido y acu sado de rebelde?

¿El genio del buen sentido, el corazon de todos los dolores, el espíritu encarnado de la democrácia universal, herido en su cuerpo, atacado en su carácter?

¿El libertador aherrojado, el victorioso vencido, la justicia de su causa pisoteada?

¿Las esperanzas de Italia y del mundo postergadas? y el satá nico concierto de todos los despotismos, dominando con su salvagecoro, la armonia de todas las libertades enlutadas?

¿Es esto cierto?

Si, lo dice el presentimiento fúnebre de nuestro corazon apu fi aleado.

¿Es esto posible?

Si, nos dice la historia, mostrándonos el continuado é interminable martirologio de los hombres libres.

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