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clavitud que existe autorizada en los Estados del Sud. Espues, necesario quitar ese pretesto, única nube que empaña el pabellon de las estrellas flameando en el soberbio capitolio como fanal del Nuevo Mundo.

Sigue tu marcha, pueblo libre, pueblo unido. Tus hermanos del Sud cargados con el peso de las pasiones y tradiciones, vucl- ven los ojos hácia tí como al Palladium de la libertad moderna. Dia llegará, en que desde Panamá hasta Magallanes, los Estados del Sur tiendan su mano para estrechar al coloso que asentado entre los oceanos que domina, presenta al mundo el arca de la alianza salvada del diluvio de la historia. Dia llegará en que el continente formará dos Naciones. Ese dia serán las nupcias de la huinanidad. En esa mesa todas las razas, todas las ideas tendrán asiento, y los cánticos victoriosos de la union dirán al mundo; Las profecias están cumplidas. La Jerusalem celeste ha bajado de los cielos. La verdad impera.

Buenos Aires 1858.

SOBRE LA REVELACION DEL PORVENIR.

EN HOMENAJE AL 18 DE SETIEMBRE DE 1810 ANIVERSARIO DE

LA REVOLUCION DE CHILE.

Los momeutos trascendentales del hombre y de los pueblos, pueden reducirse á tres: El momento de la conciencia de la vida, el momento de la conciencia de la libertad, el momento de la conciencia de la ley.

El primer momento que puede ser llamado el de la revelacion primitiva, o inocencia, contiene en su sintesis confusa la conciencia de la ley y de la libertad; pero las nociones no se desprenden de la razon, sino que viven armónicas en la totalidad de la vida, y el hombre puede decirse que en presencia del universo que contempla, del mundo suprasensible o de las causas

que se ilumina en su pesamiento y del inmenso amor que por la creacion y su autor, en su alma se dispierta, el hombre es un himno de fuerza, de luz, de amor, concentrado en un movimiento heróico de alegria.

Himno por la posesion de la vida, por la concepcion de la omnipotente fuerza que lo lanza y por la repercusion de todos los radios de la creacion. Su ser toma posesion del espacio y del tiempo que conquist: por la esperanza indarrable de la vida inmortal que desborda de sus potencias exaltadas. Ilé ahí los rudimientos del primer himno qne contiene las futuras creencias, de donde saldrán las futuras religiones.

Es el momento de la revelacion primitiva, universal, inmanente en todo hombre,---verdadero bautismo de la criatura, como ciudadano de los cielos y la tierra.

Escuchemos en nosotros mismos, y apesar de la distancia de los tiempos y de la distancia mas grande aun en que nos encontramos de nosotros mismos como hijos de la divinidad, escuchemos los testamentos primitivos de los pueblos, consultemos el testamento vivo de las lenguas antiguas y modernas y sentiremos los resplandores de la revelacion estallando en la conciencia con toda la fuerza y esplendor del fiat lux.

Es el paraiso en la tierra no manchado aun por la planta del crimen,-es el cielo en el a'ma no mancillada aun por el error del egoismo, por el terror de sacerdocios, por la fuerza de los opresores;— Es la paz, la paz viva y fecunda, la armonía de las facultades humanas, reproduciendo en su marcha de inocencia la armonía de los mundos pulsada en la lira del universo por la mano del geometra supremo. Es la iluminacion de la verdad, que identifica la alegria y el deber y que en su inocencia entraña la virtud futura para reemplazar con heroismo el eqailibrio quebrantado de los seres. Hymno primitivo, en ti se refugia el alına de la historia fatigada para rejuvenecer las fuerzas. Sus estrofas despiertan los dias de la gloria, como si escuchisemos la marsellesa del Eden. Hé ahí el primer momento.

¿Como ha cesado ese momento? ¿Cómo esplicar el advenimiento del mal, el olvido de la verdad entrevista, de la vida completa palpitando ? -- El hombre ha CAIDO - Pero esa caida es olvido, es egoismo, es enervacion. La inteligencia se perturba, y la verdad al pasar por ese prisma trastornado, divide o quiebra los rayos de la luz divina, y solo vemos fragmentos de la verdad. La gran fraternidad primitiva desechada, el egoismo rompe la mesa del banquete comun y quiebra en el cráneo de los pueblos la copa ó cáliz del antiguo sacrificio. La voluntad dominada por el organismo, pierde su fuerza y se convierte en la palanca del despotismo ó de la orgía. Los siglos de decadencia se suceden y la vida y la humanidad se convierte en su PASION;—todas las tiranías imperan, y coaligadas en la solidaridad del mal, el rey y el sátrapa, la casta y el sacerdocio cla van la palabra divina, con Prometheo en el Caucaso. Símbolo colosal que representa la protesta de la libertad contra la fuerza ó destino, elevado a concepcion religiosa por el error de los interesados en la servidumbre humana.

Fué pues la época terrible de la caida. Pero la verdad eclip sada ó enlutada, no ha desamparado á la tierra. Si Astrea re montó a los cielos, sus balanzas como la constelacion de la esperanza, brillan en el firmamento y en la conciencia de los fuertes que saben tributarle culto á despecho de los triunfos del ma). Epocas de redempcion aparecen para ciertos pueblos y el hombre entonces, vuelve a sentir las emociones de una nueva creacion. Las guerras de la libertad, como un nuevo génesis bautizan a la humanidad con el dolor del esfuerzo y las alegrias de la victoria. Es el momento heróico por esencia; ruedan las castas, tronos se hunden, desaparecen sacerdocios con sus altares y sus Dioses; y los pobres, los esclavos, los siervos, los colonos, los degradados y aterrados por los dogmas de obediencia ciega y del espanto, naceu á una nueva vida, se levantan de su postracion al amanecer del nuevo dia, y se presentan en la historia mutilados y sangrientos, pero con los derechos conquistados.

Tales son las guerras de la Reforma, de la Revolucion francesa y de la Independencia Americana.

He ahí el segundo momento que apareciendo en diferentes épocas para diversos pueblos, puede ser llamado, la epopeya de la libertad.

III.

La libertad debe ser considerada como la potencia del derecho. El hombre emancipado, sintiendo esa fuerza vencedora, busca por una ley de la creacion, la forma o direccion de esa fuerza. La conciencia de la libertad es la base del edificio social, la condicion de la moralidad y de la gloria, el elemento creador encargado de formar la ciudad de la justicia.-Si la libertad es potencia, la potencia tiene una ley, sin lo cual seria una fuerza tan fatal como los elementos ciegos de la naturaleza sin conciencia. La ley de la libertad es la identidad de su esencia en todo ser humano, de donde nace este axioma : No hay libertad contra la libertad.

La libertad es idéntica á si misma en todo hombre y como tal es universal.

Hé ahí el carácter negativo; veamos su carácter positivo.

El hombre como ser libre está encargado de su destino. Bajo este aspecto es creador, cooperador de la obra de Dios, y no hay atributo mas glorioso ni gloria mas grande, ni responsabilidad mas inmensa. ¿Pero cuál será la funcion, el objeto y fin de tan grandioso poder? El fin de la creacion: la perfeccion. Todo lo creado aspira a unirse con su creador, tal es la ley. Esa marcha de ascencion inmortal, se encamina à poseer mas ser, mas inteligencia, mas fuerza, mas amor, en solidaridad con los seres. Es la penetracion del derecho de todos en cada uno y vice-versa. Es la fecundacion del ideal en todo hombre para reproducir el ideal en todo hombre. Es la justicia, garantia de todos los derechos, es el sacrificio en homenage al derecho, es la fraternidad envolviendo a la especie humana en la sinfonia del amor y de la libertad para acercarse á la mansion eterna y omnipresente del ser absoluto. El hombre ó pueblo que llega á esa concepcion de la vida, ha encontrado la forma de su fuerza, la direccion de su libertad, el movimiento fecundo en la campaña de su peregrinacion a través del tiempo y del espacio.

Y he ahi, que cuando el hombre ó los pueblos, llegan á tener conciencia de la ley, se verifica en ellos el tercer momento sagrado de la historia: El entusiasmo por la evidencia, la exaltacion por la regla, el amor á la creencia, la religion de la En efecto, la fuerza sin forma, el movimiento sin direccion, la potencia sin organizacion, la voluntad sin ley,-serian el suicidio de la humanidad. Asi, cuando llega para el hombre el momento de la vision suprema, cuando conoce el fin que le es asignado en el orden general, cuando siente que se vé unido solidariamente á la creacion, y particularmente a sus semejantes, cuando llega a penetrarse de su glorioso destino, y com prende que lleva en sí mismo un mundo de justicia, entonces, desde la altura de ese Sinay Universal, donde ba permanecido en sililoquio con el Grande Espíritu, baja á la tierra con las tablas de la ley, sublimado por la libertad y la conciencia del deber.

ley.

Si el primer momento fué el himno puro de la alegria de la vida;-si el segundo fué el entusiasmo del heroismo por la libertad, el tercer momento contiene la inocencia del primero convertido en ciencia, el entusiasmo del segundo, complementado por la conciencia de la ley.

TV

Podemos afirmar que tenemos reminiscencias del primer bim no, que conocemos el segundo momento, y que esperamos el tercero.

La Independencia Americana, de cuyos destellos aun vivimos, como única religion del Nuevo Mundo, debe ser clasificada en el segundo momento de la vida.

El mundo entero espera y debate hoy dia, (como en los dias precursores de los grandes cataclismos,) la revelacion de la ley, que sea dogma y política, moral y sociabilidad, culto é industria, creencia y práctica de la libertad, como esencia idéntica en todo hombre, y como potencia de la perfeccion para alcanzar la plenitud de amor y de justicia.

V

Ya se desvanecen en lejania las ideas y se pierden los recuerdos de la epopeya de la independencia en la América del Sud. Si algo de grande conservamos, si algo de fecundo desarrollamos, es la revelacion de esa época. Aun mas, si nos hemos salvado, lo debemos tan solo á una palabra : La República.

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