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tierra y hacer que se desprendan las estrellas, que como clavos de oro sostienen la tienda del firmamento de Jehová. Y ese Dios, de entre todos los pueblos, ha elejido á los Judíos, para celebrar con ellos un •'.pacto de alianza", idea atrevida y sublime, de aquel tiempo. En medio del Oriente antiguo, rodeados de p leblos idólatras, sabeistas, pantheistns, el judio identificó su nacionalidad, con la idea religiosa, be ahí su fuerzn, su fé, su resistencia átoda prueba, su obstinacion hasta boy, su inmobilidad en medio del continuo movimiento.

La nacion reposaba en la idea de su Dios. Esa nocion de Dios era su genio, formaba su carácter y constituia su gobierno. La nacion era teocrática. No hay teocracia sin un templo y sacerdocio. Y no hay sacerdocio que no llegue á ser aristocracia.

La profunda desigualdad existia pues en el seno de esa sociedad; y con el tiempo, intereses y costumbres opuestos arraigándose, se vé la casta por un lado y la multitud ó pueblo por el otro. El templo venia á ser la ciudadela de la casta, al mismo tiempo que la gran tribuna de obediencia.

La sencillez del culto primitivo se ha perdido. La práctica, el rito, la ceremonia, las instituciones sacerdotales por una necesidad lógica tienen que acumularse para suplir el vacio moral que deja el olvido del sacerdocio universal en todo hombre. De ahí esa multitud de formas y fórmulas, esa casuística permanente, esa palabreria inagotable. La virtud desaparece, y la hipocrecia se convierte en sistema. Esta es la ley de todo culto y religion exterior:

De ahí nace, que todo hombre puro que quiere vivir segun la ley sepultada por las fórmulas, es revolucionario y condenado. Y la teocracia condenaba á la lapidacion sin ser oido, al que blasfemaba, es decir al que revelaba la verdad, ó negaba el viejo culto.

Tal era el enemigo que Jesus iba á embestir. ¿Quién no vé con claridad el desenlace?—Jesus se presentaba como hombre! Luego el Judio debia condenarlo. Jesus venía con la conciencia de la humanidad, una, indivisible y solidaria. El Judaismo debia condenarlo. El judaismo era el privilegio de una nacionalidad exepcional. Jesus proclamaba la igualdad de los hombres y las fronteras nacionales desaparecian en su doctrina. Antagonismo teológico, que remataba en antagonismo político.—Jesus abolia el templo, el sacerdote, el rito, la oracion. El sacerdocio tenia interés rital en perderlo. Emancipacion del espíritu que es «lo que vivifican porque la «letra mata.it Los que .vivian de la letra, debian matarlo con la letra.

Jesus esperaba sin embargo, con esa fé de las almas puras que creen que los hombres y gobiernos deben inclinarse ante la ver* dad que se revela, esperaba poder, precedido de su fama, con la conciencia de su alta "mision, y la demostracion del «reino de Dios,» que Jerusalem se convirtiese. El desengaño fué terrible. Tocó por vez primera la realidad; su contacto con ese mundo caduco estremeció su alma. El argumento, el sofisma, la perfidia, el hipócrita palabreo dela casta, sino desconcertaron su espiritu, al menos produjeron en él una notable reaccion.

El manso Profeta, y el suave Mesias, el alegre carpintero, es reemplazado por el tribuno terrible que sobre las desgracias de ese pueblo esclavizado lanza el amatema y la amenaza del juicio final que se aproxima. Jesus mismo precipita el desenlace, y seguro de su irremediable sacrificio, afronta la situacion con la serenidad del mártir bendecido. Acumula los esfuerzos, aglomera sus pruebas, el raciocinio y la invectiva se confunden. Es el lidiador que conoce el dia supremo de su gloria. Arranca la mascara á todas las faces de la mentira. Consuela y da esperanza a todos los infortunios. «Eleva á los humildes y abate á los soberbios.*—Y no pudiendo asaltar, ni sitiar, ni penetraren el templo que cobija el mundo antiguo, con la audacia de un titan, lo condena il que «no quede piedra sobre piedra.»

Pero Jesus en esta situacion hostil en sumo grado, por la incredulidad, la mofa, !a maldad de sus enemigos, y quizas tambien por la impotencia fisica de dominar la situacion, llegó al paroxismo de la exaltacion. El genio de los viejos profetas, las visiones terribles de los libros de Henoch y de Daniel, acumulaban en su serlas santas indignaciones del justo despreciado; y sus discípulos jadeantes, temblorosos, apenas podian seguir á ese espíritu que se transfiguraba á su vista, evocando las figuras de los libros apocalípticos, y la firmeza de la amenaza con la seguridad del castigo. En vez de hacer concesiones á la naturaleza, se empeña en negarla y pisotearla. Ni amistad, ni familia, ni patria, todo lo hunde bajo el peso de su planta profética, sobre la trípode del viejo templo que destruye. Esta situacion Do puede durar. Su desenlace se llama la «pasion.»

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Antes de morir, su idea dominante del «reino de Dios,»' adquiere mayor precision en su espíritu. Esa idea era muy complexa como concepcion, atractiva y terrible como sentimiento, magnífica como composicion fantislica. Presentaba pues muchos aspectos, muchos atractivos, muchos cuadros, y asi no es extrañe que tantas opiniones, a su respecto se formasen.

Rabia socialismo político, teologia, cosmogonia, sanción dela ley, teoria en.gérmen de una filosofia de la historia: de todo esto habia en la utopia del «reino de Dios,» ó ciudad de Dios,

Aceptaba las imagenes y profecias de los libros de Hénoch, de Daniel y Sibilinos, y asi envolvia en su movimiento á los creyeutes que esperaban las profecias anunciadas del Mesias, del hijo de Dios, del reyno de Dios, presentándose él como encargado de realizarlas. En esta parte, Jesus es tal como lo pinta Strnuss.

Habia socialismo, porque predicaba el advenimiento de los pobres, el castigo de los ricos, un comunismo sentimental y práctico. Habia política porque anunciabala caída de los poderosos de la tierra, «los últimos serán los primeros,» los «.poderosos los servidores.» Habia teologia, porque se fundaba su renovacion en la creencia de la divinidad en todos los que aspirasen y quisiesen ser perfectos, en la nocion del culto puro y directo, sin mediador. Y aquí es de observar que el mediador, predicaba la abolicion de toda mediacion entre Dios y el hombre. Habia cosmogonia, porque el mundo seria trastornado, volcado, el cielo se abriria, y mostraria al Hijo del hombre rodeado de sus ángeles. Habia penalidad porque el juicio va i venir, venia, los signos ya lo anuncian, y los buenos serán premiados y los malos castigados. Habia un germen de filosofía de la historia tomado de los libros de Daniel, pues hacia converger los acontecimientos al desenlace que profetizaba.

Desarrollad cada una, y muchas otras de las ideas contenidas, en la exprosion «Reino de Dios», y vereis qué inmenso campo de elucubraciones, de terrores y alegrias se desprenden. No todas esas ideas coexistian en la mente de los convertidos, pero cada cual tomaba la que mas llamaba su atencion, y asi se ex-' plica la fecundidad del movimiento. Por otra parte la profecia de ese juicio, predisponia.las almas al desprendimiento de las cosas de la tierra, y facilitaba el apostolado) el proselitismo y propaganda. Pero tambien esa idea falsa del prióxmo juicio, eaántos males no ha producido y aún produce! Daba una falsa sancion á la moral, y sin contar con el ano mil, en el que la cristiandad casi murió de hambre, por haberse suspendido los trabajos, esperando la aparicion del juez en las nubes, y locUpletó á la Iglesía que estando en el secreto, compraba a vil precio ó recibia en donacion las propiedades; hasta hoy existe ese terror en los pueblos católicos, que en cualquier cataclismo de la naturaleza esperan aterrados el juicio final. En el terremoto de Mendoza, cuando las victimas aplastadas ó medio sepultadas gritaban socorro, sacerdotes hubo, que en ese momento predicaban aterrando mas y mas á los sobrevivientes, coala idea de que Dios, en ese momento, oh blasfemia! señalaba su ira!—Y cuántas personas perecieron por la falta de socorro!—Hé ahí como un fantasia hebraica, aparecida hace siglos en Judea, ha venido a matar gente inocente, en í861 y en Mendoza!

Tal era la idea, en substancia, que con Jesus hacia su entrada en Jerusalem, para vencer ó morir.

Fin De Jesús Y Conclusion.

Hé ahí pues el gran revolucionario que lleva en su idea las tempestades del cielo y de la tierra. Hé allí el manso galilco, el terrible profeta, que sacude las almas, los templos y los tronos. Hé allí el hombre-humanidad, que derriba las fronteras de su patria y de las nacionalidades con su cosmopolitismo sentimental. Hé ahiel hijo de Dios que sublima los espíritus acercándolos con el coraje del amor y de la verdad al seno de Nuestro Padre. Se acerca a Jerusalem. Siente su fin: Lo arrostra. Su fin es la muerte, pero las consecuencias de &u muerte como ondulaciones de un oceano luminoso, llegan aun hasta nosotros, y nosotros lo bendecimos desde lo alto de los siglos Hbertados.

En la apreciacion definitiva de este hombre, y de su obra, nos apartamos de las conclusiones del Sr. Renan.

Crée que la regeneracion del cristianismo no depande sino de volver al Evangelio. Que el «cristianismo puro se presenta aun con el carácter de una religion universal y eterna.»

Que hdja en efecto en el cristianismo elementos de la religion eterua, es una verdad, ¿y qué religion no tiene algun elemento, vision ó símbolo de la religion' una y universal, qne es anterior al cristianismo?

Pero contra la opinion del autor, no creemos al cristianismo de Jesus «'a religion definitiva,» sino en el sentido de que será la última que desaparecerá. Si es as!, aceptamos la idea. Pero el autor entiende que será la última de las religiones, la que no puede ser suplantada por ninguna.

Nosotros no creemos al cristianismo suficiente. Lo aceptamos como espirita de caridad, lo negamos como moral absoluta.

£1 cristianismo es el amor,—y la humanidad clama mas por el derecho. ¿Y qué entiende de derecho el cristianismo, ni Jesus, ni el Evangelio? El cristianismo es amor, pero no ha sabido fundar pueblos libres, ni crear hombres soberanos; y la humanidad quiere derecho, quiere libertad, quiere justicia, antes que amor, y que fé y que entusiasmo, y que fantashs de cielos mas ó menos esplendentes ó mas ó menos falsos. El cristianismo es el sentimiento puro, pero la humanidad moderna, quiere razon pura y sentimiento. El cristianismo impone, la filosofia convence. ¿Quién respeta mas la esencia sublime de los seres racionales? La doctrina que truena, deslumbra, y que necesita de un cortejo fant istico de leyendas, que aterra con la gehennaf ó regocija con su paraiso, que pisotea individualidad, familia, patria, humanidad, en virtud de la humildad preconizada, para seguir al profeta inspirado en su camino de amenazas y recompensas?—ó la filosotia pura del derecho, al alcance del último, y sin la cual no puede haber sociedad, ni paz, ni justicia? ¿Cómo puede compararse la sublimidad del estoicismo, con el desprecio de la individualidad tan propio del cristiano? ¿Cómo comparar la moral de Kant con la moral de Jesus? Y asi como Confucio fué superior á Jesus como moralista 600anos antes, asi Kant loba sido 1700 anos despues. , . ,.

Si necesitamos dogmas, el dogma del cristianismo puro, ya no basta para las necesidades científicas del espíritu humano en nuestros tiempos. El dogma futuro tiene que resolver la cuestion de la creacion, ó del pantheismo. Qué sabe de todo esto el cristianismo, sino repetir afirmaciones como el «.fiat lux» que

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