Imágenes de páginas
PDF
EPUB

ror es la educación que ha transformido milagrosamente á una gran parte de la especie humana. Comparad la España con dos mil años de ventaja, á la Grecia de los tiempos heroicos. La nacion católica por exelencia que es la España con el católico Brasil, son las ultimas naciones modernas que conservan la esclavatura. Y llenan hipócritas la boca, con la palabra caridad cristiana!

VI.

Del Objeto Del Milagro, Y De La En El Revelador.

¿Cual es segun los católicos, el objeto del milagro?

Atestiguar que tal hombre tiene mision divina y especial, para que su palabra sea creída como revelacion sobrenatural del mismo Dios.

Tal es el objeto.de todas las tituladas revelaciones y delos susodichos reveladores: Tenerla autoridad de la palabra, es decir, el poder dogmático, el poder legislativo, la decision de las dudas, y porconsiguientela mas terrible de las autocracias, pues me impone lo que debo creer sobre Dios, la creacion, sobre mi origen, mi deber, mi destino, mi conducta en esta y otra vida.

El objeto del milagro es autorizar la idealidad de la palabra de tal hombre con la palabra de Dios. Dios habla por medio del revelador.

¿Es esto necesario?—¿Lo que las revelaciones ensefian son aca'so descubrimientos de verdades necesarias?—¿Es la revelacion una novedad científica?—¿Es de necesidad absoluta que haya una revelacion para, que la moral sea conocida?

Antes de resolver estas cuestiones, es preciso hagamos observar á los creyeutes el círculo vicioso que describen. ¿Cómo es que no se hacen esta seucillísima pregunta?—¿por qué doy fé a la palabra de ese hombre?—¿Y si ese revelador me engañase como tantos ha habido, indicando el mismo Jesus que distingan entrefalsos y verdaderos profetas apesarde los milagros ó prodigios de unos y otros, deque regla me serviré para distinguir lo verdadero de lo falso, al falso ó verdadero revelador? Esta observacion es capital, y forma parte del tesoro de verdades conquistadas p jr la filosofia.

En éfecto: hé ahí el revelador A—que me dice: soy enviado, soy Mesias. Hé ahí el Revelador B. que me dice: soy enviado, soy Mesins. Ambos decimos que hay un Dios, (punto comun) pero el revelador A. dice que es uno, Monoíheismo; y el revelador B.*que es uno en tres y tres en uno catolicos y trinitarios. Ambos aparecen como santos y dispuestos á todos los martirios por sufé. ¿A quién debo creer? ¿Y si me decido, en virtud de qué principio me decido?— Pues si acepto la fé del uno, rechazo la del otro. Pero para hacer esta preferencia he necesitado juzgar. Para juzgar he sido libre, ha sido en virtud de la razon que encuentra ma9 razonable la fé A. que la de B.

Héaqul que desde el principio es necesario reconocer en todo espíritu que piensa, en todo hombre cuya fé se exige sea racional, la suprema autoridad de la razon.

Despues puede sucumbir en el desarrollo de la creencia que se impone, pero es de evidencia, que no hay creencia aceptada en un princiqio, que no reconozca la soberania de la razon del creyente.

La escepcion á esta regla, es la adhesion del que no piensa. Es el caso delas mayorias ignorantes, el ejemplo de la conversion de los bárbaros, el estado intelectual de las mujeres, la indiferencia de los perezosos ó egoistas. Creen porque asi les enseñaron, sin juicio, sin razon. Nosotros no escribimos para los que no piensan, pues seria lo mismo que arrojar las «perlas á los puercos»; pero sí escribimos para que un dialos convertidos, los racionalistas con su influencia, ó sea en el poder, revolucionen la educacion de las masas, entregada á nuestros enemigos, los delarazonsoberana.

Volvamos al asunto.

No puedo aceptar con conciencia una creencia, sin una adhesion masó menos luminosa de mi juicio individual.

Viene el revelador y medice: «hé aquí la verdad». Dos situaciones se presentan.

Si acepto esa palabra, no puede ser sino porque veo la verdad de loque se enseña, lo comprendo y lo acepto: trabajo racional. Ó creo que es una verdad, sin examen, por que creo que el revelador no me engaña y que en realidad Dios habla por su boca.

Respecto á la primera hipótesis, nada tenemos que decir. Es la lucha de la inteligencia, es el estudio, es el trabajo del pensamiento que quiere convencerse. Este queda b ijola autoridad de ía razon, aunque crea en la religion católica y el germen de la conversion está en él, viene en él y al fin dará sus frutos.

Respecto á la segunda, hé ahí, el hecho especial de que tratamos: lafé en el revelador. Discutamos este punto que es quizás el de mayor oportunidad é importancia.

—¿Porqué creo en el revelador? Tales la cuestion. Hoy creo, porque asi creyeron mispadres? ¿Y porqué crees lo que creyeron tus padres. Porque ellos no me han de engañar..

—¿Y si tus padres fuerou engañados por tus abuelos, y tus abuelos por sus padres, no es claro que hay un momento en que uno de tus antecesores escuchó y creyó al revelador?

—Es claro.

—¿Luego la fé en la creencia de tus padres, estriba en la fé que mereció el revelador, en los creyentes antepasados? Examinemos pues la fé que merece el revelador. ¿ Por qué se crée al revelador?

—Creo al revelador, por los milagros que atestiguaron Bu poder.

—¿Has visto milagros? has creído que Moisés separó las aguas 'del Mar Rojo para sepultar un ejército de Ejipcios:—que Josué detuvo al Sol para acabar de exterminar á sus enemigos? —Si creo.

—¿No te imaginas que esa separacion de las aguns del Mar Rojo fuese un hecho natural que hoy mismo se repite, que el detenimiento del Sol de Josué no fuese sino un cálculo errado de tiempo que le hizo aparecer el dia ma6 largo, ó porque terminó mas pronto su matanza?

—No creo en esplicaciones naturales.

—Entonces crees que Dios, á la voz de Moisés ó de Josué pudo violar las leyes naturales?

— Si lo creo.

,t—¿Y por qué lo ereis?
—Porque así lo dijo Moisés.
—¿ Y si Moisés te engañó?
—No podia engañarme.

— ¿ Y por qué?

—Porque no puede mentir el revelador divino. —¿Pero quién te dice que es revelador divino? —Sus prodigios, sus milagros, sus leyes. .' .

—Sus leyes existian y se conocian. Sus prodigios y milagros no tienrn mas autoridad que su palabra.

— Y la autoridad de millares de individuos que los vieron.

—Pero el que dice que lo vieron millares de individuos es el mismo Moisés.

— Pues si es el historiador divino.

—¿ Pero no ves que es el mismo personaje quien dice hubo milagros, y que es él mismo quien afirma que las multitudes presenciaron; y que pone en boca del testimonio de las turbas, lo que quiere, para legitimar su autoridad y darse crédito? No es Lien salido además, que prodigios y milagros hubo segun el mismo Moisis efectur dos por magos, ó por sacerdotes enemigos para embaucar tambien por su parte a sus sectarios?

—Pero los milagros de Moisés eran superiores.

•—¿Entonces reconoces el poder de hacer milagros en tus enemigos?

— Así lo dice la Escritura, pues Satanás y sus hijos ó sectarios hacian milagros, pero los de Moisés eran superiores.

—¿La cuestion del milagro se reduce entonces á la superioridad de poder manifestado?

— Asi es. « La produccion de serpientes, sangre y ranas por «los Egipcios hechiceros y por Moisés, no podían aparecer

«como igualmente milagrosos a los espectadores Pero

« cuando las serpientes de Moisés comen á las otras, cuando « produce piojos y los otros no pudieron, la decision es clara » (a).

—Muy bien. La cuestion del milagro entonces ya no es puramente una manifestacion de la divinidad. Solo se conoce la mision divina en el grado de poder ó superioridad que manifiesta.

—Es claro.

—Asi es que vemos en el Exodo entrar a Dios en una lucha de milagros con los hechiceros de Egipto. « Estendió Anión la » mano sobre las aguas de Egipto, y subieron ranas y cubrieron » la tierra de Egipto. E hicieron tambien lo mismo los hechi» ceros por sus encantamientos, é hicieron subir ranas sobre la » tierra de Egipto, (b)» Qué tal espectáculo! Dios queriendo

(a) Locke. A Discourse of Mirades.

(b) Exodo. VU1. 6, 7.

probar su poder haciendo salir ranas, y los hechiceros haciendo lo mismo!

—Si, pero continúa el Exodo: « Y dijo el Señor á Moisés: « Di a Aaron: Estiende tu vara^y hiere el polvo de la tierra: « y haya cínifes en toda la tierra de Egipto. Y asi lo hicieron. « Y Aaron teniendo la vara, estendió la mano: é hirió el polvo « de la tierra, y hubo cinifes en los hombres y en las hostias. « Todo el polvo de la tierra se convirtió en cinifes por todo el K territorio de Egipto. »' (a) Los hechiceros intentaronlo mismo y no pudieron. Quedó pues Dios vencedor.

—La victoria de Dios consistió en producir piojos, y la der* rota de los hechiceros en no poder hacerlo. Obsérvese que habiéndose llenado de piojos la tierra de Egipto, y habiendose convertido en piojos iodo el polvo por lodo el Icrrilorioy como dice el Exodo, ¿qué mayor cantidad de piojos querian que los hechiceros produjeran? Se les hubia agotado la materia á esos infelices. Y además es el mismo Moisés el que da testimonio de todo y de sí mismo. No podemos pues garantizar la autenticidad de los prodigios;—pero la cuestion que aquí surge es ?a de presentar á Dios luchando con hechiceros, y atestiguando su poder, por la mayor fuerza ó número de milagros. De lo que resulta, que ya no es el milagro en «jpues los hechiceros milagreaban tambien, sino—la cantidad ó calidad de los milagros, lo que debia atestiguar la calidad de divino, ó la autenticidad de la mision divina del revelador.

—Asi es.

—¿Entónces Dios desciende á un palenque con juglares, para hacer sus pruebas y para que el hombre juzgue de la superioridad que tienen sus Enviados, sus Mesías, sus Cristos, sus Ungidos, sus Reveladores, sobre los demás hechiceros, brujos, magos, adivinos ó hijos de Satanás que tambien hacen milagros?

.—Asi es. Dando Dios mas poder a sus reveladores, atestigua la superioridad de la mision y la autenticidad de la palabra en sus enviados.

—Pero el caso es y no lo olvideis, que el revelador es un intermediario; que la may oría queda excluida de la comunicacion directa con su Dios; que el revelador una vez creido puede hacer creer lo que quiera; que el milagro no es prueba de divinidad, pues los enemigos del Dios de Moisés hacian milagros,—y

(a) Exodo. VID. 16, 17. .

« AnteriorContinuar »