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qne todo se reduce al desplegue ó manifestacion de mas fuerza

en los milagros de Aaron o de 3Ioisés.

.—Creo muy legitimas esas consecuencias.

—Queda la cuestion reducida á la cuestion de fuerza.

—Si. El que haga milagro mas fuerte, ese es el verdadero mensajero ó revelador.

—Entonces dos consecuencias importantes se deducen. 1." Que si en el trascurso del tiempo se presenta otro milagro mas fuerte, la autoridad cambia con la fuerza. 2. p Que la divinidad de una religion no depende de la verdad de sus dogmas, no de la pureza de su moral, no de la verdad de sus principios, sino de la fuerza milagrosa manifestada por el revelador.

La deduccion es lógica. ¿Pero adonde vais á parar con esas deducciones?

— Gran Dios! ¿No veis que si lo justo no lleva la prueba de su justicia en si mismo; que si la verdad no es verdad por ser la espresion de lo que es, como el hombre es libre, por ejemplo; que si la prueba de la existencia de Dios no es induccion ó intuicion de la necesidad del Ser;—y que si toda verdad para ser verdad necesita la garantía de un revelador que haga el milagro mas fuerte, exijís á la fuerza en criterio de verdad?—¿Imaginais las consecuencias de tal proposicion?

—¿ Los milagros que hace el sol todos los dias en todo el universo, milagros mucho mas fuertes que el de la produccion de ranas ó de piojos, me han de hacer reverenciar ni Sol ccmo al Ser Infinito?—Y si yo por mis calculos científicos he podido calcular el dia, (y lo anuncio a los mortales aterrados) en que ha de tragarse a los planetas, he de ser yo un revelador encargado de imponer con autoridad divina é infalible la creencia dogmática moral y política del género humano?

—Asi debia ser segun el principio asentado de la mayor fuerza del milagro, como testimonio de la mision divina.

— Luego ni el milagro es prueba de divinidad; ni la mayor fuerza del milagro es prueba de la verdad de la justicia, ó de los dogmas, principios ó axiomas de la ciencia. La verdad lleva su autoridad consigo. Suponed que diga un católico: Dios dijo a Moisés que dos y dos son cuatro. ¿Creereis que esa proposicion sea verdadera porque Moisés dijo (lo que no puede probar) que Dios asi se lo habia revelado, ó porque veis la verdad en toda su evidencia? Si creeis por Bloisés, tambien podreis •creer que si hubiese dicho a nombre de Dios que dos y dos eran cinco, cinco, y no cuatro seria la suma verdadera.

—Eso seria un absurdo, y Dios no puede ordenar el absurdo.

Perfectamente. Entonces estamos acordes, reconociendo en nuestra razon la soberania para juzgar de la verdad, y reconociendo en la verdad, en su evidencia, supropio criterio, independientemente de toda palabra de revelador. Luego el milagro ni es prueba de divinidad, ni es garantia de verdad. El milagro á mas de inútil, es como ya se ha demostrado anteriormente, una contradiccion divina y como tal es el absurdo.

Ií.

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Queda ahora la fé en el Revelador.

Si Dios no viola, ni puede violar ninguna de sus leyes, el milagro es imposible y todo revelador es un alucinado ó un falsario.

Todo hombre, cualquiera que sea, que afirme en una comunicacion exepcional, sobre natural y milagrosa, ó es victima de la alucinacion ó miente.

El revelador es loco ó mentiroso.

No hablamos aquí de los hombres sublimes, inspirados, que ven y sienten a Diosen la fuerza de su razon, en el entusiasmo de su amor, en las maravillas que descubren, en la exalacion mística o heroica por lo justo y lo sublime. Ved á Lineo que en medio de sus asombrosos descubrimientos, decia:«/¿e sentido pasar á Dios.» Ved a Keplero enviando su libro á Galileo y diciéndole: Dios ha esperado 6,000 anos para tener un contemplador de sus obras. Qué importa que mi libro no sea leido por ahora?—Escuchad las últimas palabras de Herder moribundo: "Transportado á nuevas regiones, arrojo en torno

« mio una mirada inspirada. Veo el mundo reflejando el es« plendor del ser sublime que lo ha creado; forma el cielo co« mo el taberuáculo del Eterno mi débil inteligencia,

agoviada, no puede sostener el espectaculo de estas augustas ('^..maravillas; se inmoviliza en el silencio "(a) ¿No decia toda la antigüedad por boca de Virgilio: «Est Deus tn nobis»?

{») « Cuando H¡rdcr murio, sus amigos encontraron, al acercarse a su ca«.ma, su mano fría fija sobre algunas lineas qne acababa de trazar. Leyeron * loquesigue:i E.Quinet. (Introduccion ala lilosoüadela historia de la humanidad).

Y Aquel antiguo: «Callemos, escuchemos el murmullo de los « dios ís. »

¿No dijo el mismo Jesus refiriéndose á iodos los hombres: Dii estis. Dioses sois?

¿No dijo que todos debiamos ser unos para ser uno con Dios? Todos, pues, somos lumen de tumi/ie, hijos del verbo, reveladores del Ser. Todos tenemos la autoridad del sacerdocio, del Pontificado y del Espíritu.

Si, todo hombre que se concentra en su esencia que es el pensamiento, ha desentir, ver y vivir las leyes inmutables, ha de sentir la agitacion de la substancia divina en su eterna y perpétua creacion; y en la vision de esas leyes de la armonia de todas las cosas, en medio de ese entusiasmo producido por la revelacion incesante del pensamiento que penetra cada vez mas en el misterio del Ser y delos seres, cómo no sentir alteren nuestro 9er, áDios en nuestra alma, á la luz eu nuestra luz, lumen detumlrie! Como no repetir las palabras de Keplero: "lubet indulgere saco furore" dejarse llevar del furor sagrado.

Tal es el verdadero saLio, el gran poeta, el filósofo, en una palabra. Hé ahí el revelador, el sacerdote, el pontífice de la verdad. Tal es el filósofo para el mundo moderno. Tales el legislador de los espíritus. Hé ahí el redentor. Prometheo arranca el fuego divino y enciende la inteligencia de todo hombre.

El sabio, el filósofo! ellos nos inician en el alfabeto de la creacion Ellos, aunque sea amontonando siglos procuran no perder una sílaba dela gran palabra escrita por la mano divina en lafrentede todo lo existeate. Los hechos nos agovian con el peso de la incomprensibilidad Mi enemigo es lo incomprensible! Los hechos nos esclavizan por la ignorancia de sus leyes. Pero viene un Newton, y con la palabra Atiuccic» nos afirma el firmamento con sus soles; y el hombre como el Atlas de la fábula, sacude un tanto el peso de sus hombros agoviados por el mundo.

Hé ahí pues, á los hijos predilectos del Grande Espíritu que no visten de brujo, ni tocan la trompeta, ni suben A otro Sinai que el de su genio. Ellos no vienen á aumentar las capas superpuestas de la materia bruta que pesan sobre el fuego animador del planeta. No vienen á remachar el peso de la corona de tinieblas que aun oprime la frente de la humanidad. No aglomeran la mentira sobre el misterio, ni la supersticion sobre la ignorancia, niel miedo sobre la debilidad. No forjan las cadenas del engaño en las fraguas de la inquisicion y d¿l terror. Reveladores de tocios los Sinai, cuyo primer objeto es dejarnos de Dios interponiéndose como cuerpos opacos para eclipsar la luz en nuestras almas.

Silencio! que me impedís escuchar la voz de la verdad en mi razon.

Reveladores—esclavizadores! patriarcas de siervos imbéciles, fundadores de todos los odios y de todas las tinieblas, de todas las castas, de todos los egoismos, de todas las cobardías, de todas las corrupciones y mentiras, a medida que suba el crepúsculo y aumente la esfera de su influencia, la razon, vuestros nombres con vuestras religiones, sacerdocios y templos, vendrán á ser el grande holocausto al Revelador eterno, cuyo nombre calumniábais.

ID.

Y las dificultades aumentan si á la historia y á la critica, pedis la autoridad que debe exijirse á toda historia ó tradicion.

Afirmais tales hechos, por que asi los espuso Moisés en un libro escrito en una lengua bárbara, no se sabe cuando, ni en donde, sin que Nadie pueda garantiros ni la legitimidad de la leyenda, ni la autenticidad de esos autores, ni los trabajos posteriores de los sacerdocios, para traducir, cercenar, aumentar interpolar, falsificar y atribuir á otros lo que no Ies pertenece.

Bien sé que dicen los católicos: eso es negar toda historia. i Por qué no hemos de creer que C>ro,AIejandro, César y >'eion han existido?

En efecto: creemos en los historiadores, en sus hechos, en los personajes.

¿Por qué no ereis á Moisés? porqué negais la autenticidad de sus libros?

Fácil es contestar: Creemos en los historiadores, inclusive Moisés y el padre Loriquet, (a) pero no A ojos cerrados. Asi cuando Tito Livio ó Plutarco me digan que Rómulo desapareja) Cleripo que se ha hecho eílebre y sinónimo su nombre de mentira, qtie escribio una historia borbónica en Belgica, citandose como muestra de la obra la afirmaáon que hacia de que Napoleon era general de los Borbones.

ció en rma tempestad y fué arrebatado al cielo, que Castor y Poliix aparecieron á. caballo un dia, como para dar noticia de una gran victoria del pueblo Romano; aunque Quinto-Curcio me asegure con el testimonio del ejército, que en la batalla de Arbelas, vino un apuila a cernirse sobre la cabeza de Alejandro dxirante el entrevero; aunque todos los historiadores me digan, cuenten y escriban y apelen altestimouio de las turbas presentes que «.Vespasiano, bajo la inspirucion del dios Serapis, » volvió la vista a una mujer ciega con un poco de saliva, » ereis, católicos que debemos creer á la letra esas afirmaciones? Pío, me direis—Y entrtnces ¿por qué quereis que crea y que no juzgue del mismo modo las historias atribuidas á Moisés y compañia?

Porque los unos mienten y los otros nó.

Y quién me asegura que no miente Moisós?

Y no teneis contestacion. Porque todo lo que digais para probar que Moisés debe ser creido, se aplica exactamente á Brahma, á Budha, á Zoroastro, á Moisés y Tito Livio.

El testimonio de las turbas, ni de nadie, es testimonio, para la existencia de hechos, cuando esos hechos son contrarios á las leyes nntürales.

No hay que olvidar la influencia de la imaginacion ó el falso testimonio de nuestros sentidos en todos los casos que la razon no rectifica. Ha habido y hay fantasmagorias que la imagiuacion convierte en realidades. ¿Quémayor fantasmagoria y que mejor ejemplo de absurdo, de milagro, en una palabra, que la diaria evolucion del Sol al rededor de lá:tierra? Imaginad por un momento que con vuestra Biblia, y con todos los historiadores y cen el testimonio de toda la humanidad, fuereis á probar á los habitantes del Sol,que la tierra es el astro ininobil, centro de la revolucion del sistema planetario ó estelario. Vos mismo sin abrir los labios arrojariais al abismo esc testimonio tan autorizado de la ignorancia humana, al contemplar tan solo el espectáculo sublime de todos los planetas girando al. rededor del Sol.

L>el mismo módo en historia. Es necesario, primero: saber si los hechos son posible», porque si son imposibles, no les dareis vuestra acquiescencia cualesquiera que sea la autoridad del testimonio, ó del^ historiador, y segundo, ver lo que bQr¡., de imaginacion, la parte que toma • la disposicion -del ánimo

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