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dose la hija mayor i su linea a la menor i a la suya, i asf sucesivamente sucedan las demas sus hijas i descendientes lejitimos hasta ser acabados todos los descendientes, varones i hembras, que despues de la dicha nuestra hija quedaren, prefiriendo siempre los mayores i sus1líneas a los menores i a las suyas, i los varones i sus líneas a las hembras i a las suyas, aunque las hembras sean mayores; i con que, habiendo sucedido en este mayorazgo el hijo mayor varon, i en falta de varones de la hija mayor, no retroceda este mayorazgo al hermano o hermana segunda, hasta ser fenecida la línea i descendencia del que primero sucedió, i con que, si el poseedor de este mayorazgo tuviere dos hijos o mas, i el mayor falleciere en vida del poseedor su padre dejando hijo o hija, el tal hijo varon i sus descendientes, [i a falta de varones i sus descendientes, la hija i los suyos i sus descendientes, se preferirán al hijo o hija segundos del dicho poseedor i a los descendientes de ellos, porque nuestra intencion i voluntad es que siempre en la sucesion de este mayorazgo los hijos i sus descendientes representen las personas de sus padres que sucedieren en este mayorazgo, si fueren vivos a el tiempo que falleció el último poseedor, i esta misma orden se tenga así en los descendientes como en los trasversales perpetuamente para siempre jamas. I, si de la dicha doña Maríajde Torres, nuestra hija, faltare totalmente la sucesion de sus descendientes, en la forma i manera que de suso van llamados, para en este caso llamamos a la sucesion del dicho mayorazgo a don Diego de Torres, hijo natural de mí, el dicho capitan don Pedro de Torres, i de mujer soltera i principal, de mui grandes obligaciones, que le hubimos i procreamos siendo ámbos solteros i hábiles para poder contraer matrimonio, sin impedimento alguno, i desde que nació lo reconocí i reconozco por mi hijo natural, i como a tal lo he tratado, criado i alimentado, i en esa posesion ha estado i está tenido i comunmente reputado, el cual, llegado el caso de que se haya apurado, fenecido la descendencia de la dicha doña María de Torres, nuestra hija, i que no haya persona alguna de la dicha descendencia llamada por esta institucion, entre a suceder el dicho mayorazgo el dicho don Diego de Torres, i le goce por todos los dias de su vida, i despues de ella sucedan en el dicho mayorazgo sus hijos, nietos i demas descendientes lejitimos, segun i en la forma que son llamados por esta escritura los hijos lejitimos i descendientes de la dicha doña María de Torres, nuestra hija, en todo i por todo, sin diferencia alguna; i es nuestra voluntad que, apurada, fenecida i acabada la descendencia

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del dicho don Diego de Torres, i para en caso que él i sus des-
cendientes llamados por esta institucion totalmente ifalten, que
suceda en el dicho mayorazgo el capitan don José de la Cruz,
hijo lejítimo de la dicha doña Isabel de Olivares i del capitan Benito
de la Cruz, difunto, su primer marido, i llamamos al dicho capitan
don José de la Cruz, en el caso i por el órden referido, a la sucesion
del dicho mayorazgo, al dicho don José de la Cruz i a sus hijos, nie-
tos i demas descendientes, segun i en la forma que son llamados por
esta institucion los hijos i demas descendientes de la dicha doña
María de Torres, nuestra hija, como de suso se contiene en esta
escritura, sin diferencia alguna; i para en caso que falten todos
los que hasta aquí son llamados i sus descendientes a la sucesion
del dicho mayorazgo, por el órden referido i nó de otra manera, lle-
gado el caso de que todos falten i esten estinguidas i acabadas sus
descendencias lejítimas, llamamos a la sucesion del dicho mayorazgo
al capitan Jerónimo de Torres i Miranda, vecino de la ciudad de la
Serena, hermano lejítimo de mí, el dicho don Pedro de Torres, i
queremos que suceda en el dicho mayorazgo él i sus hijos i demas
descendientes, si el caso llegare de faltar todos los demas llamados por
su órden, i que los dichos sus descendientes lejítimos sucedan en la
forma i modo que son llamados los hijos lejítimos i descendientes
de la dicha doña María de Torres, nuestra hija, cuya forma, calidad
i condiciones de los llamamientos hechos de los descendientes de la
dicha nuestra hija, los habemos por repetidos así en los descendien-
tes de don Diego de Torres como en los descendientes de don José
de la Cruz i en los del dicho Jerónimo de Torres, i queremos que se
guarde i cumpla sin diferencia alguna, i que se conserve la forma dada
en la dicha sucesion, pasando el dicho mayorazgo de una persona
en otra i de una línea a otra, como está prevenido i dispuesto por
esta escritura; i, porque pudiera ser que, faltando la jeneracion i des-
cendencia lejítima de las personas llamadas a la sucesion de este
mayorazgo, hubiese algun hijo o hija natural de los llamados o desus descendientes i sucesores en este mayorazgo, segun la forma
dada por esta escritura, es nuestra voluntad i queremos que en
este caso suceda i entre al dicho mayorazgo el tal hijo o hija natu-
ral de los llamados a esta sucesion, prefiriendo el que fuere descen-
diente de la dicha doña María de Torres, nuestra hija, al hijo natu-
ral descendiente del dicho don Diego de Torres, en tal manera que
el hijo o hija natural de la descendencia de la dicha nuestra hija
doña María de Torres ha depreferir, aunque sea hembra, al hijo na-

J tural, varon o hembra, que fuere de la descendencia del dicho don Diego de Torres, i de allí adelante se ha de continuar la sucesion en los hijos lejítimos del tal hijo o hija natural que sucediere en el dicho mayorazgo, segun i en la forma dada para la sucesion de los hijos i descendientes lejítimos de la dicha doña María de Torres, nuestra hija, i por la misma orden que está dada en la sucesion de los hijos i descendientes naturales de la dicha doña María de Torres, nuestra hija, i del dicho don Diego de Torres, i del dicho don José de la Cruz, i del dicho don Jerónimo de Torres i Miranda, de manera que, apuradas, estintas, fenecidas i acabadas las descendencias lejitímas de todos los espresamente llamados jen esta institucion, entren por el mismo orden i forma a suceder los hijos e hijas i demas descendientes naturales i los hijos i descendientes lejítimos de los tales hijos naturales, hasta que totalmente se estingan i acaben las descendencias lejítimas de los tales hijos naturales i hubieren entrado a la sucesion de este mayorazgo pasando de una descendencia a otra i de una línea a otra con la preferencia i en la forma que de suso se contiene. I los dichos llamamientos para la sucesion del dicho mayorazgo hacemos con cargo i condicion que los que en dicho mayorazgo hubieren de suceder, así varones como hembras, hayan de ser i sean lejítimos, habidos i procreados de lejítimo matrimonio, constante él, o lejitimados por subsecuente matrimonio, i a falta de ellos los hijos i descendientes naturales, en la forma dicha i nó de otra manera, de tal suerte que ningun hijo ni nieto ni descendiente adoptivo abrogado o bastardo, de cualquiera ilijitimidad que sea, excepto la natural, no suceda ni pueda suceder en este mayorazgo i bienes i rentas de él, ni en cosa alguna ni en parte de ellos, aunque sean lejitimados por el papa o rei o príncipe, u otra cualquier persona que lo pueda lejitimar, de cualquier forma que fuere lejitimado i habido por lejítimo, así por disposicion de derecho como en otra cualquier manera, aunque la lejitimacion sea no obstantes o cláusulas, derogaciones especiales o jenerales, aunque se haga o se esprese con singular mencion de este mayorazgo o de su disposicion, de cierta ciencia o de proprio motu i poderio real absoluto, aunque se diga i esprese que pueda suceder en cualquier mayorazgo, jeneral o especialmente, i aunque sea restituido a los primeros naturales, i con otras cualquier cláusulas i palabras por donde se haga lejítimo i sea habido por tal, como si hubiera nacido de lejítimo matrimonio. I, porque en este mayorazgo ha de suceder una persona sola que ha de preferir a las demas, conforme a los llama

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mientos hechos, segun el grado i prelacion que está dada, i pudiera suceder que el llamamiento recayese en alguna persona que padeciese lesion en el entendimiento, o que fuese loco o dementado, o que la lesion fuese en sus sentidos corporales por ser ciego o mudo, es nuestra voluntad que el que padeciere alguna de las lesiones referidas ¡quede escluido de la dicha sucesion, como si hubiese muerto ántes que llegase a suceder en el dicho mayorazgo, i pase al siguiente llamado, con que el sucesor en dicho mayorazgo haya de dar i de los alimentos necesarios a éste que le habia de preferir en la sucesion del dicho mayorazgo si no padeciere la dicha lesion que le escluye, para que mientras viviere tenga con que poderse sustentar. I, si despues de haber sucedido en el dicho mayorazgo al poseedor de él, le sobreviniere alguna de las lesiones referidas, ha de gozar del dicho mayorazgo por todos los dias de su vida i sus sucesores i descendientes, como estan llamados a la sucesion por esta escritura; pero si la lesion fuere del entendimiento, de manera que necesite de curador para la administracion de sus bienes, en tal caso es nuestra voluntad que al dicho poseedor de este mayorazgo se le acuda con lo necesario para su decente i congrua sustentacion, por todos los dias de su vida o mientras durare la dicha lesion, i lo demas que sobrare de las rentas i frutos del dicho mayorazgo se convierta en la compra de posesiones i rentas del dicho mayorazgo, como está prevenido para el caso en que el sucesor sea pupilo, i con las mismas calidades i condiciones que en este caso se refiere, i obligaciones que ha de tener el tutor o curador que fuere del dicho pupilo o del demente capto sucesor en este mayorazgo, como queda prevenido. I es nuestra voluntad i queremos que, si las líneas i descendencia de los llamados a este mayorazgo fueren totalmente estintas, fenecidas i acabadas, en tal manera que no haya persona alguna de las llamadas por esta escritura que deban i puedan suceder en el dicho mayorazgo, en tal caso, i nó de otra manera, los bienes i rentas del dicho mayorazgo los aplicamos en la manera siguiente. Que de las rentas desdicho mayorazgo, i de lo mejor i mas bien saneado de ellas i sus frutos se saquen trescientos pesos de a ocho reales para una memoria perpetua de misas i aniversario de legos, que ha de servir en la iglesia del convento de Santo Domingo de esta ciudad, en la capilla i altar de Nuestra Señora del Rosario, para siempre jamas, i para este etecto los patrones que fueren de esta obra pia han de nombrar un clérigo que sea sacerdote virtuoso i ajustado a las obligaciones de su estado, i pobre, que sirva el dicho aniversario i diga las dichas misas en la forma que iran espresadas, con obligacion de poner el dicho clérigo que así fuere nombrado, del estipendio que se le señala, el vino, cera i ornamentos, i lo demas necesario para la celebracion del santo sacrificio de la misa, con la decencia conveniente; i con tal condicion que el que así fuere nombrado para el dicho aniversario no se ha de poder ordenar a título de él ni convertirlo en capellanía colativa ni de ella pedir colacion ni canónica institucion, porque, como dicho es, ha de ser aniversario de legos, i en él no ha de tener intervencion alguna el juez eclesiástico ni el señor obispo ni otro cualquier prelado, de cualquier calidad i dignidad que sea, ni que se pueda impetrar por la curia romana, ni alterar esta disposicion en manera alguna, por cualquier causa que sea, pensada o no pensada i si lo tal sucediere i que no se pueda remediar por otro modo, es nuestra voluntad que los patrones de esta obra pia conviertan la renta de este aniversario en otras obras piadosas a su disposicion i arbitrio, como les pareciere que sea mas en servicio de Dios nuestro señor i en sufrajio de nuestras almas i de nuestros descendientes, i personas de nuestra obligacion, i jeneralmente de las benditas almas del purgatorio. I, sacados los dichos trescientos pesos de a ocho reales, el resto que quedare de los frutos i rentas del dicho mayorazgo es nuestra voluntad que alternativamente se convierta en un año del residuo de la dicha renta en el remedio i estado de doncellas pobres i virtuosas, para que puedan casarse o ser relijiosas, una o dos o mas de ellas, segun fueren los frutos i renta de dicho mayorazgo, dejando al arbitrio de los patrones la moderacion de las dotes i cantidad en que han de ser dotadas las dichas doncellas, con tal que no pase la cantidad de dicha dotacion de la que importare el residuo de la renta de aquel año como dicho es; i la renta de otro año siguiente alternativamente se convierta en decir misas por las benditas ánimas del purgatorio, para que Dios, nuestro señor, sea servido de librarlas de penas i llevarlas a la bienaventuranza de su eterna gloria, por los méritos de la pasion i muerte de nuestro señor Jesucristo, Dios i hombre verdadero, i de su santísima madre la Virjen Maria, nuestra señora, i de todos los santos de la corte celestial, i especialmente por aquellas que estuvieren mas necesitadas i fueren mas olvidadas de nuestros socorros i sufrajios, i queda a !a disposicion de los patrones la forma en que se han de hacer los dichos sufrajios i decir las misas, con el aparato conveniente, de manera que cause devocion i buen ejemplo, a honra i gloria de Dios, nuestro señor, i de su bendita madre, en la iglesia del convento

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