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ber i gozar durante los dias de la vida de mí, el dicho capitan don Pedro de Torres, como está declarado, i para despues de los dichos dias apoderamos i entregamos en el dicho mayorazgo i usufructo de los bienes i rentas de él a la dicha doña María de Torres, nuestra hija, i despues de ella a los demas sucesores i llamados a este mayorazgo, para que los gocen i posean durante los dias de sus vi" das. con los cargos i condiciones en esta escritura contenidas, quedando siempre la propiedad i directo dominio de los dichos bienes i rentas en el dicho mayorazgo perpetuamente para siempre jamas, i para que la dicha nuestra hija i los demas sucesores que despues de ella sucedieren en este dicho mayorazgo, cada uno en su tiempo, 0 quien su poder o causa hubiere, puedan pedir i demandar, recibir 1 cobrar todos los frutos i rentas de los dichos bienes que adjudicamos a este dicho mayorazgo, i que adelante de nuevo se compraren o subrogaren a él despues de los dichos dias de nuestra vida, i en adelante, a los plazos i segun que se debieren pagar de los inquilinos i arrendadores, i otras personas obligadas a su paga, i de sus bienes i de quien con derecho deba i de lo que recibieren i cobraren, otorgar cartas de pago, finiquito i lasto, poderes i cesiones, i los demas recaudos que convengan, i siendo necesario contienda de juicio, puedan parecer ante cualesquier justicias que con derecho deban, i hacer todos los actos i dilijencias judiciales i estrajudiciales que convengan, que para todo ello les damos todo nuestro poder, cumplido i bastante, cuanto de derecho se requiere i es necesario con jeneral administracion, i les renunciamos, cedemos i traspasamos nuestros derechos i acciones para que hayan i gocen el dicho usufructo de los dichos bienes i nó mas, i les damos i otorgamos poder cumplido i bastante para que puedan tomar i continuar la tenencia i posesion de los dichos bienes i rentas, corporal i ocularmente, de la forma i manera que mejor a su derecho convenga, i en el ínterin nos constituimos por sus inquilinos, i en señal de ella les entregamos esta escritura, para que en virtud de ella o de su traslado se les de, adquieran i gocen la dicha posesion, sin otro auto alguno de aprehension, i les insinuamos esta donacion ante el presente escribano público, i si otra insinuacion les conviniere, la puedan pedir ante cualesquier jueces i justicias, a los cuales pedimos i suplicamos se la insinuen i hayan por insinuada i lejítimamente manifestada, e interpongan en esta donacion su autoridad i decreto judicial, i renunciamos el derecho de la insinuacion i los demas que en razon de ello hablan, como en ella se contiene, i nos obligamos de haber por firme esta escritura i lo en ella contenido, en todo tiempo, para cuya firmeza obligamos nuestras personas i bienes habidos i por haber, i damos poder a cualesquier justicias ante quien esta carta pareciere, para que nos apremien a su cumplimiento por todo rigor de derecho i como por sentencia difinitiva pasada en cosa juzgada, i renunciamos las leyes i derechos de nuestro favor i la jeneral renunciacion, i para mayor validacion i firmeza de lo aquí contenido yo, el dicho don Pedro de Torres, por lo que me toca, en nombre de la dicha doña Isabel de Olivares, mi mujer difunta, i en virtud de su poder de suso inserto juramos i prometemos por Dios, nuestro señor, i por la señal de la Cruz, en forma de derecho, de haber por firme esta escritura i lo en ella contenido, i no ir ni venir contra ella por ninguna causa ni razon que sea, i obligamos a los hijos i herederos de la dicha doña Isabel de Olivares i a sus bienes a que por razon de su dote i arras ni bienes heredados ni multiplicados ni parafernales ni por otro derecho alguno no diran ni alegaran contra esta escritura, i de este juramento no pediremos ni pediran nuestros herederos ni sucesores absolucion ni relajacion a ningun juez ni prelado que nos la pueda i deba conceder, i si nos fuere concedida por haberla pedido o de proprio motu o en otra manera, no usaremos ni usaran de ella. I, como dicho es, la dicha doña María de Torres, nuestra hija, hade ser obligada a aceptar esta escritura en todo i por todo como en ella se contiene, con todos los cargos, vínculos i gravámenes i prohibiciones que en ella se declaran, obligándose i a los demas sus descendientes i sucesores en este mayorazgo de las guardar i cumplir i pasar por ellas i no las reclamar, ni contradecir, ni venir contra ellas, so las penas en ellas i en cada una de ellas contenidas; i yo, el dicho Don Pedro de Torres, reservo en mí el poder añadir, quitar, alterar i reformar las calidades, condiciones i gravámenes, llamamientos i disposiciones de este mayorazgo i de las obras pias i demas cosas contenidas en esta escritura por todos los dias de mi vida, como me pareciere i cuando i todas las veces que quisiere, por contratos entre vivos o por última voluntad, como sea por escritura pública i nó de otra manera, en testamento o en codicilo, si fuere por última voluntad, i si por contrato entre vivos o en otra cualquier escritura pública i auténtica, ante escribano, o ante juez por falta de escribano, con la solemnidad acostumbrada, i con esta reserva quiero que se entienda todo lo contenido en esta escritura, como por condicion espresa de que han de estar dependientes todas i cada una de las disposiciones en ella contenidas, mientras yo viviere, i despues de mi muerte han de quedar purificadas las dichas disposiciones, así las que no se hubieren alterado, reconocido, correjido i enmendado como las que de nuevo hiciere i ordenare por todo el discurso de mi vida i por todas- las veces que me pareciere; i consiento por mí i la dicha mi mujer que de esta escritura se saquen cualquier traslado libremente, sin mandamiento de juez ni citacion de parte. Fecha la carta en la ciudad de Santiago de Chile, en veintinueve dias del mes de octubre de mil i seiscientos i noventa i tres años, i el otorgante, a quien yo, el escribano público, doi fe que conozco, lo firmó de su nombre, siendo presentes por testigos los capitanes don Sebastian Pavon, Domingo de Ascárate, don Andres de Vera, don Pedro de Torres. Ante mí, Gaspar Valdes, escribano público. Concuerda con su orijinal que queda en mi rejistro de escrituras públicas, a que en lo necesario me refiero, i a su otorgamiento fui presente, i en fe de ello hago mi signo i firmo.—En testimonio de verdad, Gaspar Valdes, escribano público. —Damos fe que Gaspar Valdes, de quien este instrumento parece va signado i firmado, es escribano público del número de esta ciudad, como se nombra, i a todos los autos, escrituras, testimonios i demas recaudos que ante el susodicho han pasado i pasan, se les ha dado i da entera fe i crédito en juicio i fuera de él; i para que conste damos la presente en la ciudad de Santiago de Chile, en cinco dias del mes de noviembre de mil seiscientos i noventa i tres años. —En testimonio de verdad, José de Morales, escribano de Su Majestad.—En testimonio de verdad, Manuel de Cabezon, escribano público.—En testimonio de verdad, don Francisco^ Velez, escribano público.—Concuerda este traslado con el testimonio de suso trasuntado, que para efecto de sacar esta copia exhibió ante mí el señor conde de Sierra Bella, maestre de campo don Diego Mesía de Torres, a quien le volví el dicho instrumento, i para que conste, de su pedimento, doi la presente en la ciudad de Santiago del reino de Chile, en cinco dias del mes de noviembre de mil setecientos i treinta i cinco años. En fe de ello, lo signó i firmó. En testimonio de verdad, Juan de Morales Narvaez, escribano público i real.—Damos fe que don Juan de Morales Narvaez de quien este instrumento parece signado i firmado, es escribano de Su Majestad i público del número de esta ciudad, fiel, legal i de toda confianza, i que a sus semejantes i despachos i ante el susodicho han pasado i pasan, se les ha dado i da entera fe i crédito, judicial i estrajudicialmente, i para que conste damos el presente en la ciudad de Santiago de Chile, en cinco de noviembre de mil setecientos treinta i cinco años. —En testimonio de verdad, fosé Alvarez de Henestrosa, escribano público i real.—En testimonio de verdad, Gregorio Javier de Qoicochea, escribano público i de provincia.—En testimonio de verdad, Juan de Morales, escribano público.

En la ciudad de los Reyes del Perú, en quince de octubre de mil setecientos setenta i nueve años. El señor don Cristóbal Mesía i Munive, conde de Sierra Bella, oidor jubilado de esta real audiencia, poseedor actual del mayorazgo que fundó en la ciudad de Santiago de Chile el tesorero jeneral de la Santa Cruzada del dicho reino don Pedro de Torres, su bisabuelo materno, dijo que, por cuanto en el instrumento de la espresada fundacion, fecha en veintinueve de octubre de mil seiscientos noventa i tres, ante Gaspar Valdes, escribano público, dicho don Pedro de Torres vinculó las casas principales de su morada con otras accesorias, un portal de tiendas que cae a la Plaza Mayor de Santiago de aquel reino, la hacienda nombrada San José de la Sierra o la Dehesa, i despues en el testamento cerrado que otorgó en quince de febrero de mil setecientos diez i seis, i por su muerte se abrió con la solemnidad necesaria en veinticuatro de agosto de mil setecientos veintidos, i se protocolizó en el rejistro de Juan Morales, escribano público, por la cláusula veinte i seis agregó al mayorazgo el oficio de tesorero jeneral de la Santa Cruzada, i porque don José i don Benito de la Cruz, hijos lejítimos de primer matrimonio de doña Isabel de Olivares, que casó en segundas nupcias con don Pedro de Torres, le pusieron demanda por sus lejítimas, i para evitarla dicho don Pedro les cedió la hacienda la Dehesa, como lo declara en la cláusula diez i ocho del testamento, pero por no desfalcar nada del mayorazgo subrogó en su lugar la estancia de San Miguel, sita en el correjimiento de Melipilla, segun consta en la cláusula veinte i una i en la siguiente veintidos, añade que si doña Catalina de Soto, de quien la habia comprado, volviese el precio que dió por ella i el importe de las mejoras que habia hecho, se le entregara la estancia de San Miguel i entónces se comprase otra finca para agregarla al mayorazgo, que fué su ánimo mantener íntegro i sin el menor menoscabo, i, sin embargo, don Diego Mesía de Torres, conde de Sierra Bella, nieto lejítimo del tesorero don Pedro i su inmediato sucesor en el mayorazgo, i padre lejítimo del señor otorgante, por escritura otorgada en veintiocho de agosto de mil setecientos veinticuatro, ante José Alvarez de Henestrosa, escribano público, vendió la estancia de San Miguel a don Pedro de Ustáriz, de quien ha pasado a otros poseedores estraños, pero dos años despues, en catorce de marzo de mil setecientos veintiseis, por escritura otorgada ante Juan de Morales Narvaez, escribano público, se convino con don José de la Cruz, en quien recayó la herencia de su hermano don Benito, en que, dándole como efectivamente le dió cinco mil i quinientos pesos de contado i quinientos mas dentro de un año, le restituyese como le restituyó la hacienda de San José de la Sierra o de la Dehesa, que por este motivo i el de la venta de San Miguel debió volver a su primitivo destino de estar vinculada al mayorazgo, aunque no consta que hubiese hecho esta declaracion el referido don Diego Mesía de Torres, i con el motivo de haberla empeñado despues a don Martin de Echavarría, el señor otorgante como sucesor inmediato al mayorazgo, con ciencia i conocimiento de su padre, se presentó por su apoderado en la real audiencia de aquel reino para que, en conformidad de la fundacion del mayorazgo, se le devolviese la espresada finca, cuyo litijio no se determinó por la transaccion que hizo el conde don Diego con dicho don Martin, en virtud de la cual, i de la exhibicion de cantidad de pesos que el señor otorgante hizo de su peculio, la que se entregó i recibió el mencionado don Martin, desempeñó i retrajo la finca que siempre se ha considerado perteneciente al mayorazgo, i en esta conformidad por muerte de su padre entró el señor otorgante en posesion de ella, igualmente que de todas las demas vinculadas, consintiendo en ello todos sus hermanos, que por esta persuacion no pretendieron se computasen para sus lejitimas; en consecuencia de todo lo referido declara el señor otorgante por competente declaracion, como si fuera hecha en juicio i a pedimento de parte, que la hacienda de San José de la Sierra, álias la Dehesa, es i pertenece al mayorazgo fundado por el tesorero jeneral don Pedro de Torres, i que como tal debe conservarse con los demas bienes vinculados, sin que pueda ser vendida, enajenada, empeñada o hipotecada, como se previene en la fundacion, a cuyas cláusulas i disposiciones debe estar sujeta asimismo, en cumplimiento de la lei sesta, título septimo, libro quinto de las recopiladas de Castilla, i porque ésta ha sido su intencion declara que todo lo edificado, nuevamente plantado i otras mejoras que se han hecho en ella despues que el señor otor

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