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colejio de San Martin de Lima, se graduó de doctor en cánones i leyes.

Regresó en seguida a España, i el rei le nombró oidor de la audiencia de Quito, en la cual ciudad permaneció por ocho años.

Casado con doña Jerónima Roselde i Valenzuela, tuvo un hijo hombre, nacido en Quito, i llamado don Cristóbal. Este fué el yerno-del tesorero Pedro de Torres.

De Quito don Diego Mesía i Leon Garavito fué trasladado, como fiscal i mas tarde como oidor, a la audiencia de Lima. Desempeñó este último cargo por espacio de 26 años.

En el último tercio del siglo XVII habia sido nombrado presidente de la audiencia de Charcas (1).

El hijo político del tesorero Torres pertenecia, en consecuencia, a la mas alta aristocracia colonial.

Por desgracia, la carta de dote otorgada en Santiago de Chile por Pedro de Torres e Isabel de Olivares a favor de su hija, nos descubre en don Cristóbal Mesía i Valenzuela una codicia estraordinaria que lo rebaja al nivel de un negociante vulgar.

Es verdad que la exijencia de dote estaba autorizada por las costumbres de aquellos tiempos; pero en el caso de que se trata resaltan diversas circunstancias contrarias a la buena fama del novio.

La indicada carta, que llevaba la fecha de 30 de enero de 1686, i habia sido firmada despues del contrato de esponsales, pero antes dela ceremoniarelijiosa del matrimonio, espresaba que, a fin de realizar este enlace, los

(1) Diccionario histórico-biográfico del Perú, por Manuel de Mendiburu, tomo 5.0, Lima, 1885, pájs. 313 i 314.

futuros suegros habian prometido a don Cristóbal Mesía que dotarian a la que iba a ser su mujer en la cantidad de cien mil pesos (1).

Esta enorme dote debia serle enterada al novio en esta forma: 40,902 pesos vinculados por via de mayorazgo en las casas de la Plaza Mayor de Santiago, i en la hacienda de San José de la Sierra, a corta distancia de la capital; i 59,098 pesos, en especies, en créditos i en dinero efectivo.

El mayorazgo antedicho, que es el primero de los establecidos en nuestro pais, fué fundado, a virtud del permiso real de 4 de agosto de 1684, por escritura de 29 de octubre de 1693, otorgada en Santiago ante el escribano Gaspar Valdes, «con reserva de alterar i mudar lo que le pareciere conveniente» al fundador (2).

Esta reforma fué hecha por Torres en su testamento de 15 de febrero de 1716.

En esta fecha, el tesorero ya habia entregado a los hijos de su mujer, don José i don Benito de la Cruz, la hacienda de San José de la Sierra, a título de transaccion.

En cambio de esta propiedad, Torres declaraba vinculada la hacienda de San Miguel, en el partido de Melipilla, cerca del convento de San Francisco del Monte, la cual habia comprado a don Juan Rodulfo Lisper

(1) Apendice número 1.

(2) Apéndice número 4. Segun el instrumento de fundacion del mayorazgo, las propiedades raices vinculadas excedían en valor de los 40,902 pesos prometidos en la carta de dote; pero el tesorero Torres cuidaba de reservarse para sí el usufructo de los bienes en exceso por todos los días de su vida.

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guer i Solórzano, como tutor de su nieto Francisco Lisperguer, por la cantidad de 4,600 pesos (1).

A pesar de esta reforma, transacciones posteriores volvieron a establecer el vínculo en la hacienda de San José de la Sierra (2).

Por otra de sus cláusulas testamentarias, agregó Pedro de Torres al mayorazgo el oficio de tesorero jeneral de la Santa Cruzada en Chile, sin que el tal cargo se pudiera enajenar, vender, hipotecar o donar.

Alteró tambien Torres en su testamento el orden en que debian ser llamados los sucesores al mayorazgo a falta de descendientes lejítimos de su hija María, la cual, muerta ya en esta época, solo habia dejado un hijo hombre.

Primeramente reservó para sí, por todos los dias de su vida, los frutos del mayorazgo, i llamó despues a la sucesion del vínculo, en el caso antes previsto, a su hijo natural Diego de Torres, en seguida a su sobrino don Francisco Isidro de Torres, i en tercer lugar a los descendientes lejítimos de éstos, «conforme a lo dispuesto por las leyes de Castilla en los mayorazgos de España» (3).

(1) Escritura de compraventa otorgada en Santiago, ante el escribano Gaspar Valdes, en 22 de junio de 1693.

(2) Léase la esposicion de don Cristóbal Mesia i Munive, cuarto conde de Sierra Bella, sobre los bienes pertenecientes al mayorazgo, firmada en la ciudad de los Reyes, a 15 de octubre de 1779. Apéndice, número 4.

(3) En el instrumento de fundacion del mayorazgo, Torres había ordenado que si llegaban a concluirse todas las lineas de sucesores al vinculo los frutos del mayorazgo se destinaran al establecimiento de una capellanía de misas, con una renta de 300 pesos de a ocho reales, en el convento de Santo Domingo de Santiago, i, con el sobrante delas entradas, al remedio de doncellas pobres i virtuosas, para ¡que se casaran o profesaran en un monasterio, i a la dotacion de misas por las benditas ánimas del purgatorio.

Ademas del mayorazgo, recibió don Cristóbal Mesía i Valenzuela por dote de su mujer la cantidad de 20,000 pesos en dinero, la de 30,000 en créditos existentes en Lima a favor de su suegro, i el resto en utensilios de plata labrada i en una docena de esclavos, negros i mulatos, hombres i mujeres.

El matrimonio concertado se celebró en la capital de Chile, indudablemente con gran pompa; pero sin otra circunstancia estraordinaria que la ya apuntada de la fabulosa dote de los cien mil pesos.

La maledicencia pública inventó, sin embargo, una conseja que perjudicó considerablemente los intereses pecuniarios del tesorero.

Era en aquel tiempo costumbre que en los cuatro pilares del tálamo se atara una cinta de seda. La imajinacion del pueblo inventó que esta modesta cinta habia sido reemplazada en la fiesta nupcial de María de Torres por una cadena maciza de oro.

Al dia siguiente de la realizacion de todos sus sueños de grandeza, cuando vió a su hija del alma emparentada con la primera aristocracia del Perú, empezó para Pedro de Torres una via-crucis de persecuciones judiciales que amargaron el fin de su vida.

VI

El matrimonio de la hija del tesorero de la Santa Cruzada con el hijo del presidente de la audiencia de Chárcas exacerbó las malas pasiones de los frailes enemigos de Pedro de Torres.

La riqueza de la dote que llevó la novia a las manos de su esposo constituia, a juicio de ellos, una prueba palmaria de la gran fortuna efectiva que habia pertenecido al portugues Francisco de Pasos i que Torres habia estado ocultando hasta entonces.

Por lo demas, era creencia jeneral que el tesorero habia enviado a Lima mucha parte del oro reunido por el clérigo López i su compañero de comercio; i con este motivo se referia que en un navio llamado Santo Cristo de Lezo, de propiedad de don Blas de los Reyes, mui cercano pariente de la mujer de Torres, habia éste embar cado con destino al Perú un cajon que contenia 30 o 50 mil pesos de oro; i que, interrogado don Blas de los Reyes sobre el dueño de esta gran fortuna por el presbítero José García, le habia respondido que era de cuenta de don Pedro de Torres, añadiendo las palabras: de aquel oro de Pasos (1).

Aunque mas tarde, i bajo juramento, negó el presbítero García la veracidad de tal anécdota, ella quedó como cierta en el ánimo de muchos.

Como se recordará, frai Juan de Pasos consintió en regresar a Chile con el aliciente de una capellanía instituida en su favor por Pedro de Torres; pero es el caso que, una vez en Santiago, sus superiores le prohibieron decir misa, i no pudo, por lo tanto, gozar de las rentas de capellan (2).

De este fraile, irritado por la burla de que habia sido objeto, se valió como instrumento el padre carmelita

(1) Alegato del licenciado Juan Rosillo de Lara ante el real Consejo de Indias.

(2) Carta citada por Medina del fiscal Vásquez de Velasco.

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