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para fundar mayorazgos sobre el tercio de sus bienes a favor de sus descendientes, o, a falta de ellos, en beneficio de sus ascendientes, i, si estos últimos faltaban, de sus colaterales.

Estas disposiciones, comentadas por notables doctores de la Península, argüia don Juan Antonio Caldera, le daban la razon contra la viuda de Toro Hidalgo.

I, en defensa de su tesis, agregaba un argumento de autoridad, pues hacia valer que don Andres de Toro Cimentes habia redactado su codicilo segnn las indicaciones del licenciado don Juan de la Cerda i Contreras, el primer abogado de su época i fundador él mismo de mayorazgo.

Caldera aceptaba, sin embargo, la hipótesis de que en este caso especial no hubiera habido derecho para instituir vínculo sobre el tercio de los bienes, i sostenia que no podia negarse a don Andres de Toro Cifuentes la facultad de establecer el mayorazgo sobre los bienes de libre disposicion.

Como Toro Hidalgo, en el inventario anexo a su testamento, habia tratado de comprobar que todo el quinto de los bienes de su padre se habia invertido en gastos de la sucesion, el doctor Caldera se ocupaba estensamente en rectificar tales cuentas, calificándolas de imajinarias.

En primer lugar, negaba que el inventario de los bienes de Toro Cifuentes presentado por su hijo fuera exacto, i se fundaba para ello en que ese inventario habia sido hecho cuarenta años despues de la muerte del testador.

Rectificaba, en seguida, prolijamente las diversas partidas de gastos que Toro Hidalgo imputaba al quinto de los bienes dejados por Toro Cifuentes; i, por fin, trataba de restablecer el verdadero estado de la fortuna de este último a la fecha de su muerte con la enumeracion de valiosos bienes preteridos en el inventario.

Segun el doctor Caldera, don Andres de Toro Cifuentes tenia en sus estancias de catorce a quince mil vacas, siendo así que en el inventario solo se contaban cinco mil.

Del mismo modo, el producto de la cosecha anual de sebo, grasa, cecina, cueros, jarcia, trigo, vino i almendras, podia estimarse en 15,000 pesos, i el testador solo tomaba en cuenta la suma de cinco mil.

Para manifestar la inexactitud de este último guaris-' mo, Caldera advertia que las matanzas nunca habian bajado de mil vacas al año; i que las cosechas de trigo producian comunmente 1,500 fanegas, a cuatro o cinco pesos la fanega; las de jarcia, 200 quintales, a veinticinco o treinta pesos el quintal, fuera del cáñamo que se gastaba en hilo de acarreto i pabilo; las de almendras, 8 a 10,000 libras, en un almendral de 1,500 plantas; i las de vino, 2.000 arrobas.de las viñas de Putaendo i Panquehue.

Este vino se vendia en pulperías o despachos establecidos por don Andres de Toro Cifuentes en diversos lugares.

La pulpería de Valparaiso le habia dado siempre, como era notorio, una ganancia líquida de 5,000 pesos.

Por último, observaba que en el inventario no se daba noticia de las dos encomiendas de indios de Toro Cifuentes, una en el partido de Aconcagua i otra allende la cordillera.

Al terminar su escrito, el doctor Caldera hacia presente que no podia deducirse el estado efectivo de la hacienda de Toro Cifuentes en el año de su muerte, esto es, en 1706, por el estado de sus propiedades cuarenta años mas tarde; pues era sabido que su hijo Toro Hidalgo habia descuidado por completo la administracion de aquellos bienes durante su segundo matrimonio (1).

Las aseveraciones del doctor Caldera podian ser exageradas en cuanto a los hechos; pero sus argumentos legales encerraban tal fuerza que obligaron a la parte contraria a admitir transaccion.

La señora Hidalgo consintió en entregar al doctor Caldera, como sucesor en el mayorazgo fundado por don Andres de Toro Cifuentes, la estancia de San Buenaventura de Panquehue, con todo su ganado menor, i diez esclavos, hombres o mujeres, elejidos por Caldera entre los esclavos de la hacienda; una casa en la cañada de Santiago, la de la esquina poniente de la calle Angosta, hoi de Serrano, con cuatro cuartos de alquiler, situados en esta última calle; i dos casitas accesorias en la calle de San Diego.

Estas propiedades reconocian tres mil cuatrocientos pesos de censos (2).

(1) Los escritos principales del doctor Guzman i del doctor Caldera se encuentran en el volumen segundo de manuscritos del antiguo archivo de nuestra Biblioteca Nacional.

(2) Escritura de transaccion otorgada en 9 de agosto de 1752 ante el escribano Juan Bautista de Borda.

Cuando en 1856 fueron esvinculadas las propiedades de este mayorazgo se mencionaron solamente la hacienda de Panquehue i las dos casitas situadas en la calle de San Diego. Seguramente de antemano se habian impuesto los censos sobre la casa de la Cañada, esquina de Serrano, i se habia apartado esta propiedad de la vinculacion del mayorazgo.

Don Juan Antonio Caldera pudo así gozar tranquilamente por los pocos años que aun le quedaban de vida la posesión de aquellos bienes que en justicia le correspondian.

El doctor Caldera habia contraido matrimonio con la señora doña Josefa de la Barrera, i habia formado un hogar respetable.

Una grave enfermedad le puso en peligro de muerte en el año de 1759, i otorgó entonces poder para testar ante el escribano don Miguel Gómez de Silva.

Le sucedió en el mayorazgo don Juan Antonio Caldera i Barrera, el cual casó con doña Ignacia Fonteci11a, hermana de don Francisco de Borja Fontecilla, miembro del Senado de 1818 (1).

Don Francisco de Paula Caldera i Fontecilla sucedió a su padre en el vínculo fundado por don Andres de Toro Cifuentes.

Consta en los libros de la Universidad de San Felipe que don Francisco de Paula se matriculó en este establecimiento en i.° de abril de 1793 i que rindió examen de primer año de filosofía en 15 de enero de 1794 (2).

A pesar de su alta situacion en la sociedad, el mayorazgo Caldera no tomó una parte principal en la revolucion de la independencia.

En cambio, su nombre resuena en un importante debate de la Convencion Preparatoria reunida por O'Higgins en 1822.

(1) D. Juan Antonio Caldera i Barrera, en 1782 i ante el escribano Bernardo de Bustinza, dio poder para testar a su mujer doña Ignacia Fontecilla.

(2) Indice de los libros de la real Universidad de San Felipe, pájina 92.

Caldera habia sido elejido diputado por Aconcagua.

En la sesion de 9 de agosto sostuvo enéticamente que la Convencion solo tenia facultad para organizar la representacion nacional i que en varios asuntos habia estralimitado sus poderes (1).

Esta era la primera voz que se levantaba en el seno de aquella corporacion contra la política de O'Higgins, el cual quiso convertir i convirtió la Convencion Preparatoria en una verdadera asamblea lejislativa.

El diputado por Aconcagua fué llamado al orden por la viveza de sus palabras; pero el efecto que ellas produjeron entre sus colegas no pudo ser desautorizado.

Desde entonces empezó para el supremo director la via crucis que en breve debia obligarlo a abdicar el mando.

Don Francisco de Paula Caldera habia contraido matrimonio en la villa de San Felipe, a 16 dias del mes de octubre de 1798, con doña Micaela Mascayano, hija de don José Santos Mascayano i de doña María Teresa Larrain.

Les habia dado la bendicion nupcial frai Joaquin Larrain, del orden de la Merced, quien tanto debia distinguirse en la revolucion de la independencia, i habian sido padrinos el presbítero don Vicente Larrain i la señora doña Mariana Vargas.

Una hija nacida de este matrimonio, doña Manuela Caldera i Mascayano, fué la esposa del jeneral Freire.

Don Máximo Caldera, hijo primojénito de don Francisco de Paula, heredó el mayorazgo; i en el año 1856

(t) Sesiones de los c1ietpjs lejislativos de la República de Chile, recopiladas por Valentín Letelier, tomo 6.0

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