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«Excelentísima suprema corte. «Tengo el disgusto de anunciar a Vuestra Excelencia Suprema una desgracia alarmante. Ya se han recibido comunicaciones oficiales de la suble. vación de los discolos de Concepción con el gobernador intendente a su cabeza. ¡Nuestra patria va a padecer! i los laureles de doce años de revolución i de glorias van a mancharse con la sangre i estragos de una guerra civil. Esto es lo que verdaderamente siente mas mi corazón. El éxito no es dudoso i debe sernos favorable; mas, para asegurarlo firmemente, pido la mas enerjica cooperación de Vuestra Excelencia Suprema en la ejecución de mis planes.

«Vuestra Excelencia Suprema puede estar seguro de que mi espada, acostumbrada a vencer los enemigos esteriores, estará ahora también siempre a su lado para conservar el orden, las vidas, la seguridad i las propiedades de los ciudadanos pacíficos, i no se colgará, como he dicho otra vez, hasta que no deje ni enemigos ni ingratos.

«La independencia i la paz que, a trueque de tantos i tan heroicos sacrificios goza Chile, no debía ser turbada, i menos por sus hijos...... mas el orden será restablecido a todo trance; i la constitución que hemos jurado será sostenida.

«Facultado a este fin ampliamente por Vuestra Excelencia Suprema, al primer rumor de este desgraciado incidente, di órdenes; i todas las providencias necesarias están ya tomadas para poner en pie dos ejércitos. Una fuerza considerable está ya en marcha sobre el Maule. Nuevas van a seguirla; i espero que la razón o la fuerza destruirán en breve cl jermen de la anarquía.

«Para llevar adelante estas medidas, se necesitan fondos i recursos estraordinarios. No los hai; i debemos proporcionárnoslos necesariamente. La urjencia es suma i de momentos; i en este negocio no puede haber ni paliativos ni demoras. Yo dejo enteramente a la discreción de Vuestra Excelencia Suprema los medios mas adecuados; pero ha de conseguirse i realizarse el fin. El ministro secretario de hacienda instruirá a Vuestra Excelencia Suprema de las circunstancias que nos rodean i de las cantidades que indispensablemente se necesitan para salir de ellas.

«Dígnese Vuestra Excelencia Suprema fijar su alta consideración en lo relacionado, i aceptar los sentimientos de mi mayor aprecio.

«Palacio directorial en Santiago, 16 de diciem bre de 1822.

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<BERNARDO O'Higgins.

(José Antonio Rodríguez.

«A la excelentísima suprema corte de representantes).

¡Jactancia, palabrería, humo, nada! El 22 del mes i año citados, el cabildo i vecindario de la Serena segundaron el movimiento de los habitantes del sur.

Los dos ejércitos enviados para contener los progresos de los sublevados en las estremidades del país, en vez de hacerlo así, se pasaron a banderas desplegadas a las filas de los revolucionarios.

En tan graves circunstancias, la población de la capital se conmovió como las otras.

El 28 de enero de 1823, sus principales vecinos se reunieron en el salón del Consulado; i habiendo llamado al director para que discutiese con ellos, le manifestaron los males que podría acarrear su permanencia en el mando, i le pidieron que se retirase del gobierno.

O'Higgins accedió, entregando la dirección de la República a una junta compuesta de don Agustín de Eizaguirre, don José Miguel Infante i don Fernando Errázuriz.

No se puede luchar contra una nación entera.

El intrépido capitán no había podido desenvainar su espada.

El exdirector partió para Valparaíso, de donde se trasladó al Perú..

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El triunvirato formado de don Agustín de Eizaguirre, don José Miguel Infante i don Fernando

Errázuriz tenía todas las facultades necesarias para conservar el orden interior i la seguridad esterior.

Para su mejor acierto, se estableció un consejo compuesto de trece ciudadanos:

Don Manuel de Salas.

. José Santiago Portales.
II Martín Calvo Encalada.
1 Juan de Dios Vial del Río.
. Francisco Antonio Pérez.
II Camilo Henríquez.
II Francisco de la Lastra.
o Joaquín Prieto.
II José María Argandoña.
1 Pedro Nolasco Mena.

Francisco Javier de Errázuriz.
!! Juan Agustín Alcalde.
1 Juan de Dios Barnard.

Los vocales del consejo no tenían tratamiento ni sueldo.

La junta debía convocarlo para consultar con él los asuntos jenerales i arduos, el aumento o diminución del ejército, toda providencia relativa a la guerra contra España i cualquiera modificación que se introdujera en las leyes vijentes.

El consejo de los trece nombró presidente a don Manuel de Salas i secretario a Camilo Henríquez.

Las dos corporaciones tuvieron la gloria de haber dictado la lei de amnistía a que se refieren los siguientes documentos:

«Santiago, 10 de febrero de 1823. «El consejo opina que es mui digno de la justicia i honorables propensiones de Vuestra Excelencia señalar su instalación declarando que todos los chilenos i los casados con chilena que, por opiniones políticas o actos subversivos se hallen en detención o espatriación, gocen de libertad, i puedan volver al país sin necesidad de obtener para ello licencia alguna, no comprendiéndose en esta declaración los reos de asesinato, ni los del motín de Valparaíso i Juan Fernández.

«Lo pongo en noticia de Vuestra Excelencia en contestación a la consulta que le dirijió sobre esta materia. «Dios guarde a Vuestra Excelencia muchos años. «Manuel de Salas.

(Doctor Camilo Henríquez.

(A la excelentísima junta gubernativa).

Santiago, 11 de febrero de 1823. «La junta se conforma con el dictamen que propone el consejo de estado. Publiquese en el Boletín. - EIZAGUIRRE.—INFANTE.-Errázuriz.

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