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iniquidad. (1) La práctica del culto esterno no supone siempre la bondad en las costumbres, ni arguye el conocimiento i práctica del evanjelio; i la sencillez de vida que se alaba no es otra que la que produce en el hombre la esclavitud i el embrutecimiento. (2)

(1) S. Mat., cap. XXIII, v. 28.

(2) Muí ciertas i fundadas son las reflexiones del autor sobre el estado de desmoralizacion a que las vanidades del culto i de otro jénero habian arrastrado a los colonos. La relijion era una verdadera idolatría i sus fiestas, a falta de otras, eran el teatro del lujo i de la ostentacion mundana. En los mismos dias del celoso Villarroel, tronaba contra el lujo de los faldellines el sencillo jesuita Ovalle, cuando escribia en Roma su Historia de Chile, pues asegura que el lujo de las mujeres arruinaba las mas pingües fortunas. Esto sucedía a mediados del siglo xvn.

En la mitad del último, el insigne obispo Alday dictó en su Sínodo (const. VI, tít. XIV) varias medidas contra el lujo i la inmoralidad de las procesiones, i aun llegó a escribirse en esa época i por un fraile franciscano, cuyo nombre no se nos viene a la memoria en este instante, un grueso volumen sobre el uso de los vestidos con cauda.

En 1779 se constituyó en acuerdo la real audiencia de Santiagopara tomar medidas a fin de precaver la inmoralidad en las familias; i con fecha de 15 de marzo de ese año promulgó un auto por el cual, a fin de procurar "la conservacion del decoro, esplendor i limpieza de las familias ilustres de estos dominios, que aunque mas distantes del trono, por sus esmerados servicios i noble lealtad se han hecho dignos de su soberana clemencia, mandaba que se prohibiese el abominable exceso i bárbara costumbre que reina en las campañas de estraer las hijas del poder de sus padres, conduciéndolas a despoblado, donde las tienen algunos dias los que pretenden casarse con ellas..."

Por ese mismo auto se prohibia a las familias nobles el casamiento con mulatos, negros i coyotes, a no ser que tuviesen algunas de estas condiciones: 1 ? que fueran ricos (esto es, una fortuna mayor de doce mil pesos;) 2? que sirvieran en la milicia, i 3? que profesaran alguna de las tres bellas artes. (Papeles sueltos del archivo de Buenos Aires.)

Comparando tiempos, puede asegurarse con toda conciencia que en el dia hai mucha más moralidad social i doméstica que en los tiempos del coloniaje.— V. M. (Nota de la 3? edicion.)

Es cierto que las virtudes cristianas no son las que menos aprovechan a- un pueblo, por cuanto siempre son el oríjen i el fundamento mas sólido de su moralidad; pero sucede necesariamente que cuando no se mira la doctrina del Salvador como la Lase de la civilizacion i de la libertad, cuando en lugar de considerarla como la mas bella garantía de los derechos del hombre, se la hace servir de instrumento del despotismo, entonces aquellas virtudes no pueden neutralizar los vicios ni disminuir la influencia antisocial que ejercen los errores i las preocupaciones que enjendra i mantiene un poder opresor que esclaviza el espíritu, i que en su propio bien aniquila la sociedad, impidiendo su desarrollo. Tal era lo que su^edia precisamente entre nosotros, de manera que el fervor con que el colono se entregaba al culto esterno i a la práctica de sus supersticiones, no pue'le inducirnos a creer que éste poseia realmente las virtudes cristianas, sino que por el contrario viene a servirnos para esplicar su cordial adhesion al sistema que le oprimía, porque esas costumbres propendían a mantener siempre en aumento el poder teocrático i el rejio, i a fundar mas sólidamente su prestijio. Aquel fervor, siendo resultado natural de este sistema, era propiamente el fanatismo estúpido en que se apoyaba, era, mas claro, la ciega intolerancia contra todo lo nuevo, de la cual necesitaban esos poderes para mantener al pueblo estacionario e ignorante i dominarlo perpetuamente a su arbitrio. (1)

(1) La relijion no era otra cosa que una devocion fundada en supersticiones i fomentada por supercherías. El viajero Frezier, que estuvo en estos países a principios del siglo pasado, narra minucio

No niego por esto que la relijion cristiana tenga el mas poderoso influjo sobre la moralidad de las sociedades, que por fortuna la profesan; ni quiero decir que en cuanto pudo comprenderla el pueblo de Chile, dejase de influir benéficamente en su carácter i sus hábitos, para darles simplicidad, para alejar de los ánimos la corruptora desesperacion que la esclavitud produce, aun para templar hasta cierto punto los efectos funestos de las preocupaciones antisociales

samente en su Relation du voyage, etc., las prácticas relijiosas de los chilenos i peruanos, de "este pueblo no solamente crédulo hasta el último punto, como dice, sino tambien supersticioso." Otros muchos testimonios históricos podriamos citar en apoyo de esta verdad, si no bastara considerar lo que hoi pasa a nuestra vista. Entre muchas relaciones i observaciones de Frezier que parecen hechas hoi mismo, tienen toda su actualidad, despues de 155 años, las siguientes palabras de aquel sabio, escritas en la pajina 219 de su libro: "Sé bien que se cuidan do recitar muchos rosarios por día, pero por eso puede decirse que son verdaderos Fariseos i que creen que la oracion consiste en hablar mucho, aunque de la boca para afuera, i con tan poca atencion, que marmotean su rezo frecuentemente, conversando de cosas que casi no son compatibles con los ejercicios piadosos. Por otra parte, viven todos con una fuerte presuncion de su salud, fundada en la proteccion de la vírjen i de los santos, que creen asegurar por algunos ejercicios do cofradia, en los cuales los frailes los han asociado, sin hacerles observar que la primera devocion consiste en la reforma del corazon i en la práctica de las buenas costumbres. Al contrario, parece por las revelaciones i los milagros poco averiguados que les despachan en sus predicaciones, que quieren abusar de la facilidad sorprendente con que aquellos pueblos creen las cosas mas ridiculas i contrarias a la buena moral, lo que es sin duda mui pernicioso a la pureza de la relijion i mui prohibido por una constitucion de Leon X, dada en 1516. Yo podría de esto citar muchos ejemplos, si la grosería de tales ficciones no fuera capaz de hacer sospechar que exajero: de ahi viene que aquellas jentes no saben casi lo que es rogar a Dios, pues se dirijen solamente a la vírjen i a los santos, de modo que lo accesorio de la relijion ahoga en ellos lo principal."

que le hacian desgraciado. Al considerar sus costumbres privadas, solo atiendo a la parte que eti su oríjen i desenvolvimiento ha tenido el sistema colonial de la metrópoli basado en la posesion absoluta del individuo. Ko estoi distante, sin embargo, de establecer como consecuencia de mis investigaciones que el benigno imperio del cristianismo i la pureza de sus máximas han contribuido enérjicamente a despertar i a dar consistencia a los sentimientos de filantropía i hospitalidad, i juntamente al respeto por la lei i la autoridad, que tan radicado parece estar hoi en Chile, a causa de los hábitos formados por la necesidad de trabajo i la naturaleza de las industrias a que está consagrada la poblacion. No es estraño tampoco que estas virtudes privadas, que tanto figuran en los fastos de nuestras costumbres, tengan su oríjen en alguna feliz disposicion del carácter nacional i que deban su cultivo tambien a la influencia de las prendas personales de los majistrados, sacerdotes i demas españoles que ocuparon la colonia en los primeros tiempos. Mas como quiera que esto sea, no podemos dejar de reconocer el apoyo que la reiijion debe haber prestado a esas virtudes, bien que a mi juicio contribuyeron mucho en los primeros tiempos a hacer habitual el respeto por las leyes i la autoridad el poderoso influjo del despotismo por una parte i el réjimen militar por otra, a que mas o menos estuvieron sujetos los colonos eu Chile durante la prolongada guerra de la conquista.

Debo convenir aquí en que he llegado a tratar de una cuestion la mas difícil a mi ver, por la multitud i seriedad de las observaciones que exije. ¿Qué podré decir sobre el carácter nacional? ¿Es acaso el resultado de las costumbres o influye por el contrario en ellas imprimiéndoles su tipo i trazándoles su curso? Creo que es recíproca esta influencia, porque si bien no cabe dada en que el carácter de un pueblo modifica i aun determina mucbas veces fijamente sus cos„-tuinbres, tampoco la hai en qus éstas a su vez modifican el carácter,, "porque es evidente que un hábito que nos repugna i nos inspira horror al principio, puede llegar a sernos natural con el trascurso del tiempo." (1)

Reconociendo este principio, justificado por la historia, no puedo menos que establecer como inconcuso que al considerar nuestro carácter nacional hemos de reconocer como elementos influyentes en él, tanto las costumbres, i con ellas las leyes i preocupaciones de los conquistadores, cuanto las del pueblo iudíjena, en la intelijencia de que la mayoría de nuestra nacion se compone de la casta mista que deriva su existencia de la union de aquellas dos fuentes orijinarias. Los accidentes físicos de la localidad, por otra parte, tambien han debido modificar indudablemente las inclinaciones características de nuestro pueblo, porque es evidente que la latitud, la situacion orográfiea, i en fin, el aspecto físico de la naturaleza influyen poderosamente, no tan solo en la organizacion física del hombre, sino tambien en su moral. (2) En la estension que media entre los 27 i 46 grados de latitud, que

(1) D'orbigny, L'homme americain, prim. part. chap. III.

(2) Herder, Véase Idees philosophiqv.es sur Vhistoire de Diurnanité.

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