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de todas estas manifestaciones de sumision a la metrópoli, gran número de los honrados varones que tomaban parte en los negocios del gobierno habian concebido ya la idea de obrar una modificacion completa, que trajese por resultado la independencia de Chile i la fundacion de una república.

No se emitía esta idea sin usar de muchos disfraces hipócritas, porque los amigos de la libertad eran, o bastante prudentes para conocer que no podian obrar una revolucion radical, o bastante pusilánimes para someterse gustosos al lento i p-bado desarrollo de los acontecimientos, i para esperar de él únicamente el triunfo de su propósito. Ello es que mui paulatinamente se iban inculcando principios provechosos i haciendo tal cual conquista en el dominio de las preocupaciones que formaban la vida social de este pueblo creado i educado por el despotismo i para el despotismo. De todos modos, no puede menos de merecer la aprobacion de la posteridad esta conducta precavida i medrosa, i por lo mismo la mas a propósito para no hacer abortar una empresa que carecía de apoyos i de antecedentes, i cuyo triunfo no podía jamas ser el resultado de un choque abierto i franco con los elementos que aseguraban todavía el dominio de la metrópoli.

El primer gran paso que se dió en esta revolucion lenta, disimulada i parcial, fué la convocatoria a un Congreso del reino expedida por la Junta gubernativa en 15 de diciembre de 1810. Tan alta i trascendental medida fué sujerida por los pocos revolucionarios que aspiraban a la independencia i que se dieron bastante maña para obtenerla, a pesar de los temores i de la3 afecciones de uno que otro bondadoso señor de los que componian la Junta. Esta resolucion i algunas otras de seguridad que se dictaron para dar respetabilidad al nuevo gobierno, i de las cuales nos da cuenta la historia, pusieron mas en camino a los amigos de la independencia.

Sin embargo, la convocatoria para el Congreso ISTacional encontró serios inconvenientes en su realizacion, nacidos del empeño que desde entonces desplegaron los partidarios del orden antiguo para atajar el progreso de la revolucion i restablecer el gobierno colonial; empeño que trajo por resultados el ensayo militar de 1.° de abril de 1811 en que por primera vez se derramó la sangre que mas tarde habia de empapar el tricolor, i la disolucion dela Real Audiencia, que tan de veras servia los intereses de la metrópoli.

La convocatoria tuvo al fin su cumplimiento: el 2 de mayo de 1811 estaban ya en Santiago algunos de los diputados de las provincias, los cuales fueron incorporados a la Junta gubernativa; i el dia 6 se hizo la eleccion de los de Santiago por mas de quinientos vecinos que habian sÍdo invitados por el cabildo para aquel acto. Estos diputados se incorporaron tambien a la Junta, formando con ella un cuerpo superior de gobierno, que permaneció rijiendo el pais hasta dos meses despues, en que se instaló solemnemente el Congreso Nacional del reino. Nadie concebia, por cierto, en aquella época, que la unidad i enerjia de accion de que tanto necesitaba el gobierno revolucionario no podían alcanzarse en un directorio o consejo com. puesto de hombres que representaban intereses i principios diversos; pero era preciso imitar, i el único modelo que se presentaba era la copia desfigurada de la revolucion francesa que se dibujaba en los procedimientos de la de Buenos-Aires. Con todo, aquel cuerpo dictó algunas medidas de necesidad perentoria, organizó el poder judicial en un tribunal que llamó de apelaciones, reservándose la resolucion de los negocios de alta importancia, i reintegró el cabildo cou algunos rejidores i alcaldes, en reemplazo de los que habiau sido elejidos diputados.

La instalacion del Congreso se hizo al fin i cou ella se varió tambien la constitucion de aquel gobierno provisional: la Junta hizo su dimision, i el Congreso ejerciendo la plenitud de la soberanía, constituyó el supremo poder ejecutivo en un directorio de tres individuos, cada uno de los cuales representaba por cada una de las tres provincias que componian el reino, Coquimbo, Santiago i Concepcion. (1)

No obstante esta organizacion, el ejercicio de los poderes políticos que ella representaba no quedó bien deslindado, porque el Congreso no solo ejercía el lejislativo, deliberando i resolviendo los asuntos que tenían e-te carácter, sino que tambien se avocaba el conocimiento de las causas pendientes ante los tribunales, ejerciendo así verdadera jurisdiccion, i ademas administraba el Estado, entendiendo aun en las cuestiones i menesteres mas insignificantes de la administracion; de modo que el poder ejecutivo aparecía como anulado i sin mas incumbencia que la de cum

(1) Estos señores, que seelijeron el.10 de agosto, fueron don Martin Calvo Encalada, don Juan José Aldunate i don Francisco Javier Solar, i por renuncia del segundo entro" despues a reemplazarle don Gaspar Marin.

plir como subalterno las órdenes del soberano. (1) Este Congreso, empero, ejercía su vasta autoridad a nombre del rei de España, i sus resoluciones aparecían firmadas no solo por su presidente, cuya eleccion se bacia todos los meses, sino tambien por todos sas miembros i secretarios.

La revolucion no podia marcbar con esta organizacion tan beterojenea, que carecia de sistema i de unidad; de modo que los amigos de la independencia no podian hacer valer sus principios ni desarrollar sus miras sin disfraz. Un historiador ha dicho que en el Congreso habia individuos mui respetables por sus luces, por su ferviente patriotismo i por su enerjia para proponer medidas de suma importancia; pero que la mayoría era compuesta de hombres pacatos e ignorantes en la ciencia del gobierno i bastante débiles para constituirse en instrumentos de otros mas atrevidos i notoriamente afectos al réjimen colonial." (2) Por consiguiente, no es estraño que este orden fuese tan insubsistente i sobre todo tan débil como aparece en todas las vicisitudes i ocurrencias posteriores.

La primera modificacion practicada en la forma de

(1) Esta idea de la manera como quedó dividida la autoridad, fué tomada del Reglamento de la autoridad ejecutiva, que aprobó el Congreso en 8 de agosto de 1811, i que el señor Barros Arana supone olvidado por el autor del Bosquejo Histórico. Tal Reglamento no tuvo el carácter de una Constitucion política, ni determinó una organizacion propiamente dicha, que fuese practicada; i fué tan efímero, que el autor del Bosquejo creyó cumplir con su propósito, dando aquella noticia, sin estenderse a incertar en su obra tal Reglamento, como una institucion seria i de algun resultado, de aquellas que eran materia de su estudio constitucional.

(2) Benavente. Memorias sobre las primeras campañas.

este gobierno fué obra de un movimiento militar ejecutado el 4 de setiembre por el jeneral don José Miguel Carrera, ofreciendo como causa principal el descontento que suscitaban las medidas que el Congreso acababa de tomar para dar a la Junta gubernativa que se habia formado en Concepcion mayores atribuciones que las que correspondían a la junta de Santiago. El jeneral, en los momentos mismos en que tomó la direccion de la fuerza armada, se presentó personalmente al Congreso pidiéndole que accediese a la voluntad del pueblo soberano contenida en una representacion, la cual constaba de trece peticiones. De éstas las mas notables i que hacen a nuestro proprósito eran la relativa a la forma del gobierno, que en adelante debería componerse de cinco vocales i dos secretarios; (1) la terminacion de las funciones del congreso fijada para el dia en que cumpliese cuatro meses contados desde aquella fecha; la esclusion de siete diputados del Congreso por sospechosos, i la reduccion al número de seis de los doce que representaban por Santiago. El Congreso defirió a la voluntad que se le presentaba como popular, porque débil como era, no podia menos que respetar la fuerza militar de que disponía el representante del pueblo.

El gobierno, nuevamente organizado, se estableció el 10 de setiembre, i comenzó sus funciones ejerciendo una autoridad tan vasta como la del Congreso. La

(1) Para estos cargos fueron propuestos al Congreso los señores don Juan Enrique Rosales, don Juan Martinez de Rosas, don Martin Encalada, don Juan Mackena i don Gaspar Marin, i para reemplazar al último si no aceptaba, don Joaquín Echeverria. Para secretarios don José Gregorio Argomedo i don Agustin Vial.

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