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caciones de Valdivia, estuvieron por la afirmativa.

VIII.

Todas estas novedades habian alarmado sobre manera, como debe suponerse, a los encomenderos de Chile.

A esa fecha, habia ya fallecido el gobernador García Ramon, muerto en Concepcion el 19 de julio de 1610, cuando la fortuna se le estaba mostrando poco propicia en la guerra de Arauco.

Los jesuitas presentaron estos sucesos como signos manifiestos de lo que Dios desaprobaba la conducta de los gobernantes chilenos.

"Parece que ofendido Nuestro Señor de la remision del gobernador García Ramon, dice el cronista de la órden a quien ya he citado varias veces, quiso significar en el castigo que le dió su desagrado para el escarmiento de otros; porque habiendo sido este caballero mui dichoso i afortunado en los sucesos de la guerra con los araucanos en el tiempo que sirvió de maestre de campo jeneral del reino, tuvo ninguna suerte en este su segundo gobierno, ántes mui malos i adversos sucesos, pagando en la misma moneda en que delinquia, porque si por la guerra repugnaba quitar el servicio, le salió mui infeliz, i Dios tambien le cortó el hilo de la vida en el mayor fervor de sus pretensiones i premeditados ascensos, ántes de concluir su gobierno, pasando en lugar de la residencia de él a dar cuenta en el tribunal divino de su remision en este punto sustancialísimo i de los respetos porque sobreseyó en la ejecucion de la real voluntad, que estaba mui declarada" (1).

(1) Lozano, Historia de la Compañía de Jesús de la provincia del Paraguai, libro 6, capítulo 6.

Sin embargo, los encomenderos no querian darse por advertidos, i persistian en defender sus intereses.

Habiendo tenido noticia de que el soberano habla confiado, podia decirse, la resolucion final del asunto al virrei marques de Montes Claros, influyeron con todos los cabildos del reino para que elijiesen un procurador que fuera a manifestarle las razones que habia para no poner en ejecucion el plan apoyado por el padre Valdivia.

El nombramiento recayó en frai Jerónimo Hinojosa de la órden de Santo Domingo.

Este sujeto llegó a Lima cuando la junta de los veinte magnates convocada por el virrei habia decidido por unanimidad que se diera cumplimiento en todas sus partes a la real cédula de 8 de diciembre de 1610.

En vista de ello, el padre Hinojosa manifestó al marques que desistia de toda jestion.

No obstante, el virrei quiso que desempeñara su pbmision ante la junta, i al efecto volvió a reuniría.

Abierta de nuevo la discusion, frai Jerónimo Hinojosa espuso sus razones i oyó las contrarias; i no hallando qué responder, se declaró convencido.

—Si todos los de Chile se hallaran aquí, esclamó en conclusion, todos tendrian que obrar como yo.

IX.

A principios de 1612, llegaron a Chile, primero don Alonso de Rivera por tierra desde el Tucuman; i en seguida, Luis de Valdivia por mar desde Lima.

Despues de haberse detenido el presidente en Santiago el ménos tiempo que le fué posible para hacer los aprestos militares que el caso requeria; i de haber el padre visitador hecho algunas corre* rías por el territorio araucano para apreciar por sí mismo el estado de las cosas, se juntaron los dos en Concepcion.

La entrevista fué estremadamente cordial i amistosa.

El jesuita comenzó por mostrarse mui satisfecho por el resultado de la reciente visita a los araucanos.

El señor presidente, refiere Luis de Valdivia, "reconoció mucho el servicio que le hice en la corte en testificar sus méritos, i la merced que por mi causa le hizo Su Majestad de este gobierno i presidencia, i lo primero que me dijo fué que un punto no saldria de lo que Su Majestad mandaba, que era ayudarme, i que el efecto mostraba cuan acertado era este, camino; i que habia dicho a todos que en respetar i estimar este medio i mi persona, todos se habian de esmerar, i en castigar al que resollase en contra; i no ha admitido plática en contra; i que el señor virrei tiene en él un fiel servidor para ejecutar cuanto le mandare, i yo una mano real para cuanto intentare en servicio de Nuestro Señor i de Su Majestad" (1).

Sin embargo, el presidente Rivera, en carta dirijida al rei algunos meses mas tarde de esta entrevista, el 25 de diciembre de 1612, califica la guerra defensiva propuesta por el padre Valdivia de "guerra nunca vista, de la cual habian de resultar muchos daños".

El oidor don Cristóbal de la Cerda asevera tambien en un informe pasado al soberano en 1621,

(1) Luis do Valdivia, Carta al provincial Diego de Torres, fecha en Concepcion a 2 de junio de 1612.

que don Alonso de Rivera "juzgaba por no conveniente la guerra defensiva"; pero que reconocido al padre Valdivia, a quien era deudor de su vuelta a la presidencia de Chile, se convirtió en ajente de cuanto aquel determinaba, "perdiendo en mucho de su autoridad".

Pero sea de esto lo que se quiera, el hecho es que en junio de 1612 habia la mejor armonía entre el presidente i el padre visitador; i así convenia que fuese, porque la situacion era bien crítica.

Casi todo Arauco estaba levantado, o próximo a levantarse.

No era eso todo.

Los araucanos estaban en intelijencias para una tremenda insurreccion por lo ménos con los naturales sometidos que habitaban entre el Biobio i el Maule, i quién sabía sí tambien con los que vivian entre el Maule i el Mapocho.

Esta mala voluntad, disimulada, pero mui real i efectiva, de los indios de paz importaba un peligro serio para la dominacion española en Chile, que a causa de la heroica resistencia de los araucanos, estaba mui léjos a principios del siglo XVII de hallarse bien consolidada.

Tales eran las apuradas circunstancias en que el padre Valdivia emprendia aquietar con solo buenas palabras a los indómitos araucanos.

Los encomenderos habian asegurado que el jesuita no entraria a la tierra de Arauco.

Luis de Valdivia entró a ella ántes de su entrevista con el presidente, i en seguida volvió a entrar. .

Los encomenderos aseguraron entónces que no saldria con vida.

A pesar del funesto pronóstico, Valdivia se paseó casi siempre solo por todo el territorio, siendo perfectamente recibido de los indios, que se empeñaban por obsequiarle como mejor podian.

Solo una vez corrió su vida algun peligro.

Las campanas de todas las iglesias de Santiago, echadas a vuelo por órden del obispo don frai Juan Pérez de Espinosa, anunciaron a los encomenderos que sus tristes vaticinios estaban desmentidos por los acontecimientos.

El viaje de Valdivia a Arauco habia sido un paseo triunfal.

Los encomenderos no se dieron, sin embargo, por desengañados.

—Esperemos, dijeron, que los indios cosechen sus sementeras, i entónces verémos.

Miéntras tanto, el padre Valdivia determinó emplear el invierno de 1612 en practicar la visita de las poblaciones cristianas de la diócesis de la Imperial.

Estremada fué la severidad que desplegó para correjir a los encomenderos que inflijian malos tratamientos a los indíjenas, i esos eran todos.

El padre se mostró implacable, sin haber jénero de consideraciones que le contuviese.

Semejante manera de proceder causó asombro, porque, como dice un cronista, hasta entónces "los que ejercian la justicia, como eran por lo comun vecinos, no trataban de enmendar en otros lo que ellos mismo cometian sin escrúpulo".

Cierta noche, se presentó en la ciudad de Concepcion al padre visitador una india medio desnuda i jadeante; de sus espaldas chorreaba la sangre en abundancia.

La mujer del alcalde ordinario la habia manda

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