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que no los matarian, dice al rei el presidente Rivera, fué el estar acá las mujeres i hijas de Ancanamon, que por esta razon le pareció que el mayor daño sería tener ellos en empeño hasta rescatarlas" (1).

Despreciando todas las previsiones funestas, los padres Vechi, Aranda i Montalban entraron valerosamente en el territorio araucano para principiar la predicacion.

No trascurrió mucho tiempo sin que esperimentasen el furor del implacable Ancanamon, que los estaba aguardando para satisfacer en ellos su sed de venganza.

El 14 de diciembre de 1612, los tres misioneros fueron martirizados con crudelísima muerte en el lugar de Elicura por una horda de bárbaros a quienes acaudillaba el iracundo i agraviado cacique.

Luis de Valdivia i otros escritores jesuitas han aseverado que la determinacion de hacer penetrar en Arauco, a lo» padres Vechi, Aranda i Montalban fué tomada de acuerdo con el presidente i todos los jefes militares, i mereciendo su completa aprobacion.

Don Alonso de Rivera lo ha desmentido formalmente.

Hé aquí lo que escribió al rei sobre el particular.

"Señor. Entendido he por cosa cierta de algunas personas fidedignas que han venido de la ciudad de Santiago a ésta, i otras que lo han escrito, que en la congregacion que se hace de la Compañía de Jesus de aquella ciudad, se leyó un informe de mi viaje en la Araucanía con el padre Val

(1) Alonso de Rivera. Carta a Felipe III, fecha 17 de abril de 1613.

divia, i que dijeron que iba firmado de mi mano. Yo no lo creo; pero en esta duda, porque algunas personas lo afirman, i por si acaso hubiere ido a ese real consejo, como por cierto me dicen lo han enviado, me ha parecido informar de lo que pasó, que es como sigue:

"El padre Luis de Valdivia hizo el dicho papel, i no lo quise firmar por causas que a ello me movieron de algunos encarecimientos que lleva, i aun circunstancias demasiadas, que no habia para qué escribirlas, ni convenia al servicio de Vuestra Majestad; i como pasó todo en mi presencia, vi el poco fundamento que habia para hacerlo, i por esto nadie lo firmó, ni dió parecer, ni se pidió para que los padres fuesen, si no es a mí; i como ya yo estaba enterado de la determinacion del padre, i convencido de sus muchas razones i de sus cartas, que son las que Vuestra Majestad puede ver por las copias que envío con ésta, no le dije mas de que me parecia que no matarian los padres, pero que temia por cierto que los prenderian i que los desbalejarian. A esto me respondió el padre Luis de Valdivia que a eso habian venido acá, i que presos harian mucho fruto dando a entender a los indios la voluntad de Vuestra Majestad, i confesando a los cautivos, i haciendo otros frutos espirituales entre aquellos bárbaros. I despues que supo que eran muertos, anduvo su secretario pidiendo firmas en el campo a algunas personas; i segun fué público, i a mí me dijeron algunos de los que firmaron, les decia que yo mandaba que lo firmasen, i que lo tenia firmado, i no lo dejaba leer a nadie. De esto, no supe cosa ninguna hasta despues de hecho; i con esta cautela firmaron diez o doce; i despues que supieron que yo no lo habia firmado, ni mandado firmar, se quejaron del engaño que les habian hecho, i pidieron que querian ver lo que habian firmado; i así se les leyó el papel en público; i aunque algunos quisieron que se quitasen sus firmas, no se hizo, porque ya estaba en poder del padre. Despues se dijo que este papel se habia leído, como digo, en la congregacion para dar a entender que el haber enviado los padres a tierra de guerra no fué por parecer solo del padre Luis de Valdivia, sino que yo i todos los que lo habian firmado fuimos del propio; i certifico a Vuestra Majestad que todos a una voz decian, al tiempo que los padres fueron, lo que sucedió, i yo lo que arriba digo, i esta es la verdad puntual. He querido avisar a Vuestra Majestad de ello por si acaso hubiera ido otra relacion contraria de esta. Nuestro Señor la real persona de Vuestra Majestad guarde con el aumento de mayores reinos i señoríos, como la cristiandad lo ha menester. Concepcion de Chile, Octubre 25 de 1613.—Afonso de Rivera".

XII.

Segun el informe que el oidor don Cristóbal de la Cerda pasó al rei en 1621, el primer movimiento de Luis de Valdivia al recibir la infausta nueva del asesinato de los tres jesuitas fué el de la mas furiosa indignacion contra los feroces indíjenas que habian cometido tan sangriento e injustificable atentado.

Hé aquí sus palabras:

"Habiendo llegado la nueva al ejército de Vuestra Majestad de la muerte que en Elicura habian dado a los tres padres de la Compañía el dia siguiente al en que los entregó i publicó haber asentado sus no ciertas paces, pidió con encarecimiento al gobernador que pues se hallaba con todas las fuerzas i ejército junto, revolviese sobre la regua de Elicura, i la talase, i les hiciese todo el castigo posible, i edificase una casa fuerte en el lugar del martirio de los tres padres muertos, que así llamaba i llama él a los que rogaron con muchas i vivas lágrimas que no los matasen, representando a los indios la poca gloria que ganaban en dar muerte a tres hombres rendidos i desarmados, i que por bien de ellos habian ido a ponerse en sus manos. Por ventura debe ser esta gloria particular de los mártires de la Compañía. Habiendo el gobernador oído el pedimento del padre Valdivia, i la instancia que hacía sobre ello, mandó llamar a consejo de guerra, i propuso el intento, alentándolo el padre Valdivia con el calor de su cólera

I ventilada la causa en la junta de guerra, pareció al gobernador i demas ministros que conforme a las nuevas órdenes de Vuestra Majestad, no se podia hacer nada de todo lo que el padre Valdivia pedia i queria en venganza de la muerte de sus padres".

líe copiado el precedente documento, tanto para que el lector pueda formar juicio por sí mismo sobre aquellos sucesos con pleno conocimiento de causa, como para que se vea hasta dónde llegó la exaltacion de muchos contra Luis de Valdivia i los demas individuos de la Compañía.

Mas por respetable que sea el testimonio de un personaje tan caracterizado como don Cristóbal de la Cerda, forzoso es reconocer que se halla desmentido por los hechos i documentos de que tenemos noticia.

El padre Valdivia persistió siempre en el sistema de procurar la pacificacion de los araucanos por los medios persuasivos i la predicacion.

En cuanto a Alonso de Rivera, ha espresado claramente en un documento auténtico que no deja lugar a duda, una opinion distinta a la que el oidor Cerda le supone: tal es, el informe que dirijió al rei en 17 de abril de 1613.

En él se manifiesta dispuesto a sostener la guerra defensiva como le estaba mandado; pero entiende que ella no le prohibe hacer correrías en el territorio de Arauco para desbaratar las juntas de indios, o evitar que hicieran preparativos hostiles.

"Conviene que la guerra se les meta en su casa de estos enemigos, dice, para que se alarguen de nuestra tierra; i que cuando sepamos que se juntan en alguna parte de las suyas, podamos entrar a deshacerlos i a quitarles las comodidades que tienen para hacernos la guerra, que todo esto cabe en guerra defensiva; i si esto no se hace, no será toda la jente que tiene Vuestra Majestad en este reino, parte para impedir las entradas que estos hacen a la tierra de paz, i aunque fuera mucha mas".

Segun Alonso de Rivera, los indios "no habian de dar jamas la paz si no era sujetándolos con fuerza de armas".

Es menester, agregaba, que vean "por una parte el bien que se les sigue de recibir la paz, i por otra el mal que les viene de no aceptarla" para que se desengañen "de una opinion mui comun entre ellos, ansí en los de paz, como en los de guerra, que dicen que la paz que se les ofrece es por temor i falta de fuerzas".

Pero si estimaba utópico i aun perjudicial el plan del padre Valdivia para aquietar a los araucanos solo por la predicacion i los buenos ejem

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