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audiencia i la inquisicion promulgaran penas "para que ninguno hablase contra la guerra defensiva".;!

Sin embargo, no lo logró, i esto por una razon mui sencilla. Todos sus esfuerzos eran impotentes para conseguir que los araucanos se estuvieran quietos sin atacar.

El mal resultado de su sistema eTa el grande argumento que alentaba a sus adversarios.

XV.

Corrieron así diez años desde que el padre Valdivia habia tomado a su cargo la pacificacion de Arauco; i como los buenos efectos no se veian, la corte comenzó a desconfiar del éxito.

Para conjurar la tempestad que se estaba preparando, Luis de Valdivia formó la resolucion de ir a dar cuenta en persona al soberano de lo que habia sucedido.

Con este objeto se embarcó para España el año de 1621.

El implacable don Cristóbal de la Cerda, en el furibundo informe que por aquel tiempo' escribió contra el padre Valdivia, asegura que llevaba, no solo el intento mencionado, sino tambien otro mas egoísta. "Gomo deja aquello en el último trance, decia, no quiere correr el comun trabajo en que deja ;a todos, sino sacar gloria de cualquier desasare, i que se diga que si él estuviera presente, no sucediera."

-i! 'El padre fué mui bien recibido en la corte; pero sus indicaciones no fueron oídas con el mismo favor que ántos.

Se le ofreció un puesto en el consejo de Indias, i tambien un obispado, honores que el jesuita rehusó; el rei le obsequió una buena suma de dinero para que adquiriese una biblioteca; pero ya no se le habló de sostener a todo trance su plan de la guerra defensiva.

Luis de Valdivia comprendió la variacion que habia sobrevenido en las ideas i en las resoluciones, i se retiró al convento que su órden poseia en Valladolid.

Allí le visitó el padre Alonso de Ovalle poco ántes de su muerte, acaecida el 5 de noviembre de 1642.

"Aunque se veia tan dolorido, i impedido, que no podia dar un paso, refiere este historiador, le abrasaba el celo de las almas de aquellos indios de Chile, de manera que habia hecho voto de volver allá; i pidiéndome que le llevase conmigo, me facilitaba las dificultades del camino, de tal suerte que le parecia probable el emprenderlo, i ya se juzgaba en una de aquellas iglesias catequizando, como solia, aquellos jentiles".

"Se recreaba grandemente de'hablar de los progresos de aquellas misiones, agrega, i que le diesen nuevas de lo que los nuestros trabajaban; i tenia tan entera la memoria, que me admiraba de oírle cuán presentes tenia las cosas, los nombres, sitios, lugares i personas que concurrieron en tiempo que fundó aquellas misiones, que es señal del amor que siempre les tuvo por el que tenia a Nuestro Señor i celo de las almas" (1).

XVI.

Por cierto es altamente laudable el entusiasmo que el padre Luis de Valdivia moribundo mostra

(1) Orallc, Historial Relacion del reino de Chile, libro 8, capítulo 24.

ba por las misiones que habia fundado en Arauco; pero doloroso es confesar que, a lo que parece, sus resultados estuvieron mui léjos de corresponder al celo i a las esperanzas del ilustre misionero.

Hemos visto que las fuerzas de las armas i el empleo de la violencia no impusieron a los araucanos la sumision al rei de España.

Creo que esta es la ocasion de manifestar que el establecimiento de las misiones no produjo tampoco ningun efecto de mediana importancia.

Se habia aguardado que ellas dieran abundantes i sazonados frutos; pero por desgracia no sucedió así.

Por lo que puede colejirse, uno de los motivos que influyeron para ello fué la mala organizacion i calidad de la sagrada milicia, que, segun aparece, era tan indisciplinada como el ejército.

I esto lo dicen los contemporáneos mas caracterizados desde el monarca abajo.

Léamos sus testimonios.

"El Rei. Don Antonio de Isasi, caballero de la orden de Santiago, mi gobernador i capitan j eneral de las provincias de Chile, i presidente de mi audiencia de ellas (1). Don Juan Henríquez, vuestro antecesor en esos cargos, en capítulo de carta de 10 de febrero del año pasado de 1673, representó la falta grande que habia en ese reino de operarios evanjélicos para la enseñanza i doctrina de los indios, pues los mas que habian dado la obediencia desde que él entró a gobernarle, que pasarian de treinta i ocho mil quinientos i veinte i cuatro, repartidos en setenta provincias, estaban sin bautismo, ni quien los instruyese en losrnisterios de

(1) Este fué nn gobernador nombrado para Chile, a quien la muerte impidió llegar a su destino.

nuestra santa fe; i propuso que para ocurrir a esta necesidad, se enviase una mision numerosa de frailes i rclijiosos de la Compañía de Jesus. I ahora, don Juan de la Pena Salazar, oidor de la audiencia de esas provincias, en carta de 19 de noviembre del año pasado de 1677, con posdata del l9 de marzo de 1678, refiere, entre otras cosas, que es tan sobrado el número de relijiosos i clérigos que hai en ese reino, que le parece que aunque se redujesen todos los naturales dél, sobrarian ministros operarios evanjélicos respecto de los muchos conventos que hai, i ser tan copioso el número de relijiosos de ellos, que necesitan para mantenerse de andar en chácaras i estancias; i que si fuesen menester algunos para el efecto referido, sería de grande ahorro i conveniencia que se llevasen de las provincias del Perú por haber en ellas muchos relijiosos, que podrian ir sin hacer falta a sus conventos. I habiéndose visto en mi consejo de las Indias, con lo que pidió mi fiscal en él, i considerando cuán opuestos están estos dos informes, i lo mucho que conviene asistir con todo cuidado a la doctrina i enseñanza de esos naturales, ha parecido remitir esta materia al obispo de la iglesia catedral de esa ciudad de Santiago para que como quien la tiene presente, vea sí hai necesidad de enviar misioneros a esas provincias, o sí es cierto que los hai en ellas tan sobrados, como dice don Juan de la Peña, i que habiendo número suficiente, disponga con vuestra comunicacion que, así los clérigos seculares, como los regulares, acudan con mui particular cuidado a la enseñanza i doctrina de los indios, ejercitándose en la predicacion, i administrando los santos sacramentos, i que en caso que falten misioneros, los pida al virrei del Perú, de que se os da noticia para que por vuestra parte pongais todo vuestro desvelo i aplicacion en que se ejecute lo referido, cuidando mucho de la educacion i enseñanza de los naturales de esas provincias, i que sean instruidos en las cosas de nuestra sagrada relijion para que vivan con el verdadero conocimiento de ella, sobre que os encargo la conciencia, descargando la mia; i si para ello fuese necesario suplir algunos gastos de mis cajas reales, os doi todas las facultades necesarias para que os valgais de ellas en lo que fuere preciso para conseguir el fin que se desea del bien de las almas de esos naturales, que por cédula de la fecha de ésta, ordeno al virrei del Perú que si el dicho obispo le pidiese algunos misioneros, los haga renútir con toda brevedad, concediéndole tambien facultad para que pueda suplir de mis cajas reales el gasto que en esto se causare; i de lo que en virtud de este despacho se ejecutare, me dareis cuenta. Fecha en Madrid a 12 de julio de 1687.—Yo el Bei.—Por mandado del Rei Nuestro Señor, Francisco B. de Madrigal".

Resulta del informe del oidor don Juan de la Peña mencionado en la precedente real cédula, que habia en Chile gran número de eclesiásticos, pero que andaban mas por las estancias i chacras, de lo que se ocupaban en la conversion de los araucanos infieles.

Siendo así, no era de estrañar que las misiones fueran tan poco numerosas, como estériles.

Don Pablo Vásquez de Velasco, fiscal de la audiencia de Chile, elevó al rei con carta de 28 de setiembre de 1690 un informe del maestre de campo Jerónimo de Quiroga, en el cual, hablando de los araucanos, aseveraba éste: "que los que se decian cristianos de muchos años de bautizados se hallaban en la misma barbaridad, que si no lo estuviesen".

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