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ranza de la posibilidad se mantienen a merced de los mismos indios sin atreverse a internar, en la forma que espuso el fiscal en su citado informe de 24 de noviembre; i todos convienen en que miéntras no se reduzcan a pueblos con alguna fuerza, será imposible que ellos quieran oír la palabra de Dios, o que haya quien se aplique a predicársela. Esto es lo que a una voz respondieron los padres misioneros, segun consta de los autos que van demostrados; i esto propio es lo que se espuso en dos proyectos impresos que en nombre del reino de Chile se presentaron a Su Majestad, quien los remitió para su exámen en cédula de 5 de abril de 1744; i esto es lo que el fiscal tiene promovido i

pedido en junta jeneral de poblaciones;

porque discurrir que miéntras los indios vivieran, como viven, derramados por familias en las campañas, son capaces de recibir la relijion, ni aun comedirse a escucharla, aunque es cierto que no la resisten, es aspirar a un imposible, aunque los misioneros tengan el celo de los apóstoles, que son las voces de que usa vuestro reverendo obispo don Salvador Bermúdez en su informe de 18 de enero de 1743".

Como se ve, todas las noticias que preceden, referentes a épocas diversas, i consignadas en documentos mui auténticos, testifican que el resultado de las misiones de Arauco era nulo, o casi nulo.

Los jesuitas mismos, los mas empeñosos para fundarlas, i los mas diestros para dirijirlas, corroboraban la opinion jeneral, o mas bien unánime, que habia sobre el particular.

Aun mas; declaraban quimérica la idea sostenida con tanto fervor por el padre Valdivia de que las misiones podian prosperar, i civilizar a los araucanos, sin el ausilio del ejército i del gobierno temporal.

Ya no se oponian como su ilustre antecesor a que la tropa pasara la raya del Biobio.

Ya no decian como él: los misioneros solos pueden pasearse con el crucifijo en la mano por entre todas las tribus infieles, i reducir con la predicacion la tierra de Arauco.

Por el contrario, acabamos de ver que pedian escoltas para defender sus personas; i que clamaban porque el gobierno reuniera en poblaciones a los indios para poder ellos catequizarlos con provecho.

La esperiencia de un siglo de tentativas infructuosas les habia manifestado que el plan primitivo concebido por Luis de Valdivia habia sido una utopia.

En 3 de setiembre de 1755, el gobernador de la plaza de Valdivia don Ambrosio Sáez de Bustamante informaba al rei, entre otras cosas, lo que sigue, que está enteramente acorde con los testimonios ya citados.

"Los padres misioneros (a quienes Vuestra Majestad da el sínodo de trescientos pesos a cada uno segun el nuevo reglamento) son en esta jurisdiccion (la de Valdivia) cuatro; dos en esta plaza, i dos a cuatro leguas de ella, en un paraje que llaman la Mariquina sobre el camino que viene de Chile, a donde habrá cinco o seis años que consiguieron pasarse, retirándose de Tolten, donde ántes residian, por no sé qué razones que alegaron. Desde que entré en este gobierno, he visto que salen una vez al año dos padres, el uno de esta plaza, que corre hacia donde fué ántes la ciudad de la Villarrica, i tarda un mes en volver; i el otro que desde la Mariquina sale a dar vuelta a la parte que le corresponde segun el repartimiento que entre sí observan; pero todo lo que consiguen es el baptizar los párvulos a costa de algun añil i cuentas de vidrio, agujas i otras bagatelas, que les dan a sus padres para obligarlos; pues de otro modo creo que no les fuera posible, aun cuando media la eficacia de algunos de los misioneros que saben el idioma; de todo lo que solo creo resulte el fruto de los que se mueren en edad inocente, pues loa demas no sé si empeoran de estado, porque como no los mueve a los padres mas que el corto interes dicho, siempre que éste se les proporcione por cualquier español que transite por sus tierras, hacen rebaptizar a sus hijos sin la menor mira de relijion, i sin que en esto haya la menor esperanza en lo natural, como me lo han dicho varias veces los mismos padres misioneros, asegurándome que no hallan otro medio para sujetarlos a la razon que la fuerza, pues entre poco mas de dos mil indios a que hoiestá en esta jurisdiccion reducido el gran número que habia ántes (que dicen pasaba de sesenta mil), apénas se hallarán dos o tres razonablemente cristianos".

Para completar esta reseña de los resultados que dieron las misiones en Arauco, voi a invocar el testimonio de un último documento, no ménos notable i fehaciente que los anteriores.

Es una voluminosa memoria que lleva por título: Informe Cronológico de las misiones del reino de Chile hasta 1789, i que fué presentado al presidente en 31 de octubre de dicho año por el superior de los misioneros franciscanos de Chillan.

Entre otras noticias mui curiosas que pueden leerse en este documento, se encuentran las que siguen:

"Si bien se mira, los jesuitas, o no ceñian sus misiones a limitados distritos, o se los señalaban mas dilatados de lo que convenia a su buen réjimen i

recta administracion Segun esto,

¿cómo sería posible que los indios concurriesen a la mision, o que el misionero los asistiese todo el tiempo necesario para su instruccion i aprovechamiento en el cristianismo? Por esta causa, la única tarea de su apostólica labor se reducia a salir una vez cada año el relijioso que hacía de misionero conversor (porque el superior poco o nada se ocupaba en este ministerio), i visitar las parcialidades de su mision, bautizando a cuantos párvulos le ofrecian, i casando por la iglesia a los que se le presentaban, desembarazándose en ménos de una hora de la instruccion, informacion, proclamas i casamientos. Cuando mas lograba una parcialidad era oír al año una misa i una breve plática, concluida con el rezo, sin poder conseguir otro alimento espiritual el indio mas bien inclinado i llamado a la relijion cristiana. Todo esto se practicaba tan a la lijera, que en poco mas de un mes se daba fin a la mision circular, llamada de ellos con toda propiedad la correría.

"Por eso, aunque se colije de los libros de rejistro en que se anotaban los frutos de sus espirituales expediciones, fuesen tantos a los que administraron el santísimo sacramento del bautismo, que apénas se hallará en los distritos de sus misiones indio o india de aquel tiempo que no esté bautizado, i no pocos los que se casaron por la iglesia; pero quedaron tan destituidos de luz, de instruccion i de noticia aun de las verdades fundamentales del cristianismo, i tan de asiento en las tinieblas de sus errores, supersticiones i bárbaras costumbres, como las demas naciones de jentiles que jamas conocieron misionero, con sola esta diferencia: que suelen usar en sus eltunes o enterramientos, a que dan nombre de iglesia, cuatro o seis cruces medianas, i una grande en el coyagh o lugar destinado para las juntas solemnes, a la cual deshonran con las borracheras i excesos que en ellas cometen a presencia del sagrado instrumento de nuestra redencion; que tienen alguna noticia de que hai un Dios criador de todo i remunerador, pero tan confusa que puede fundarse bastante duda de sí tienen o nó verdadera fe; i que parece creen la necesidad del bautismo, pues suelen pedir con instancia a los pasajeros que les bauticen sus hijos, pero igualmente confusa i apreciada que las demas verdades católicas. De manera que mas bien que el nombre de cristianos, cuadra a todos ellos el de bárbaros bautizados, que da a los tales la sagrada congregacion del Santo Oficio en un decreto de 3 de mayo de 1703, citado a este mismo intento por la Santidad del santo Benedicto XIV en su bula que empieza: Postremo mente, espedida a 27 de febrero de 1747, siendo tan jeneral esta ignorancia i barbarie, que aun en la mision de la plaza de Valdivia, la mas floreciente de todas, no se halló un solo indio que supiese lo necesario, necesítate precepti, i no llegaron a ocho personas las que estaban medianamente instruidas en lo necesario, necesitate medii, para salvarse".

Los jesuitas i sus amigos atribuyeron el mal éxito de las misiones que Luis de Valdivia habia fundado en Arauco, i que la Compañía administró por mas de un siglo, al cruel tratamiento que los españoles daban a los indios, a las encomiendas, a las mitas, al servicio personal, a los tributos.

Véase como se espresaba en 22 de diciembre de 1752 don Joaquin de Villarreal en un largo informe pasado al rei, esponiéndole su dictámen so

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