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dispensable que a causa de la distancia de éstos a aquellos mis dominios, se hagan en dichos dias de nuestros gloriosos nombres algunas demostraciones públicas en que los vasallos comprendan o recuerden lo respetable de mi real soberanía."

Se ve que el monarca, conociendo lo que le importaba hacerse venerar, no se descuidaba en dictar las providencias necesarias para conseguirlo,

"Su Majestad, escribia de real orden el ministro don José de Gálvez en 15 de setiembre de 1776 al presidente i oidores de Chile, ha mejorado tan considerablemente la condicion de sus ministros togados con el aumento de sueldos, que sin necesidad de otros recursos pueden vivir con la decencia correspondiente a su carácter, i la comodidad que merece su elevado i escrupuloso ejercicio. I como estos soberanos beneficios exijen que los agraciados, poseídos de un digno reconocimiento, apliquen todos sus cuidados i desvelos a mantener con su rectitud i ejemplo la observancia de las leyes, el respeto a la justicia, la pureza de las costumbres, la mas profunda veneracion a ambas majestades, i el amor a todas las virtudes políticas i cristianas que hacen la felicidad de un gobierno bien arreglado, confía el Rei que no olvidará V. S. jamas sus benéficas providencias i justas intenciones, dedicará enteramente sus celosos individuos a promover i conseguir estos santos fines, no perdonando para su logro cuántos esfuerzos i dilij encias quepan en la prudencia humana, i asegurándose de que la ulterior fortuna de los ministros que componen ese tribunal penderá solo del ventajoso desempeño de sus empleos i estrechas obligaciones, porque Su Majestad premiará a cada uno segun su verdadero mérito, advirtiendo a V. S. de orden especial del Rei que si contra su bien fundada esperanza, incurriere alguno en omision, descuido o neglijencía culpable, tenga entendido desde ahora que entonces sufrirá todos los efectos de su real indignacion, i será tratado como ingrato i delincuente con la última severidad de las leyes, pues ni las mayores distancias, ni los mas astutos artificios podrán hacer que se oculten ala vijilanciade Su Majestad las menores contravenciones de las justicias i el buen orden que ha de reinar en sus mas remotos dominios."

Las fiestas de la proclamacion de cada nuevo soberano i del juramento de fidelidad, las, fiestas reales, como se las llamaba vulgarmente, hacian época, i servian de punto de partida para computar el tiempo.

Omito entrar en pormenores sobre ellas, por lo mui conocidas que son.

IV.

La idolatría de la gran mayoría de la nacio» chilena a la majestad real no se fué debilitando con el trascurso de los años.

A la víspera de la revolucion de la independencia, era todavía viva i fervorosa, como lo prueba un hecho ocurrido en 1809, que voi a referir.

El sarjento mayor don Joaquin Pérez de Uriondo, subdelegado a la sazon de la provincia de Coquimbo, habia practicado las mas solícitas dilijencias para obtener un retrato de Fernando VIL

Al fin tuvo la dicha de conseguir uno que habia traído del Callao a Valparaíso el maestre de la corbeta Bretaña, i que habia venido de España en la cámara del capitan del navio San Fulgencio.

Semejante oríjen persuadía al leal Unondo queno podia caber la menor duda de que aquel retrato fuese "lejítima copia del precioso orijinal."

Tan luego como el subdelegado de Coquimbo estuvo seguro de su buena fortuna, se dispuso a solemnizar espléndidamente la entrada del retrato en la Serena.

Al efecto invitó para ello, entre otros, al cura i vicario foráneo, que, a lo que parece, era un vasallo tan entusiasta, como el subdelegado, segun puede colejirse de la siguiente contestacion:

"Con oficio de ayer, 16 de junio, pasó U. a mis ma,nos en testimonio el auto dirijido a noticiarme la próxima llegada del retrato de nuestro amado rei i señor don Fernando VII, i el aparato, ornato i solemnidad con que debe recibirse, derramando U. los mas nobles sentimientos de respeto i amor a nuestro soberano con tan terminantes i precisas espresiones, que parece iba delineando la pluma los interiores afectos del vasallo mas fiel i amante a su rei. Yo, que me lisonjeo de contarme en este número, nada omitiré de cuanto juzgue conduzca a dar una idea nada equívoca del amor i respeto que debo tributar a mi soberano, recibiendo en mi iglesia su imájen con las señales mas vivas de mi respeto, veneracion i amor, que sirvan de estimulo para que el respetable cuerpo del clero secular i regular a una voz alaben al Dios Supremo, quien teniendo por suya la causa de nuestro rei i señor don Fernando VII, llegará aquel deseado dia en que terminada la tempestad que ha sido efecto del orgullo, ambicion i soberbia del emperador de los franceses, vea toda la nacion española resplandecer en su rejio trono el amor, justicia i benignidad del mejor, mas digno i mas amado de todos los monarcas el señor don Fernando VII, que Dios guarde.

"Nuestro Señor guarde a U. muchos años.—Serena i junio 17 de 1809.—Juan Nicolas Varas i Marín."

El alborozado Uriondo anunció al pueblo de la Serena, con una proclama, el arribo al puerto de la corbeta Bretaña, que conducia el precioso retrato.

"Nobles i leales coquimbanos:

"Ya teneis en el puerto el retrato de nuestro adorado soberano el señor don Fernando VII, que lo ha conducido de Lima la corbeta nacional la Bretaña, el mismo que tendreis la ocasion de ver el jueves 13 del presente, en que hará su entrada pública en esta noble ciudad. Recibidle como si fuera el precioso orijinal. Ofrecedle de nuevo vues- — tros votos i fiel vasallaje. Corred a postraros a sus reales piés, llenos del mas profundo respeto, de modo que se conozca en vosotros el amor que justamente le profesais; i que teneis el alto honor de ser vasallos del mejor, mas grande i mas amado de los monarcas, el incomparable Fernando VII. Cubrid vuestras paredes de tapices, i el suelo de flores, para que pase tan augusta persona, ídolo de nuestros corazones; e implorad al Dios de los ejér-"""" citos lo restituya cuánto ántes a su real trono, i

Confunda al perverso, pérfido e inicuo emperador ,r,y de los franceses i sus secuaces.—Coquimbo 11 de tZZk/n^J.*^ julio de 1809.—Joaquín Pérez de Uriondo" -4^ iC^. 2 ^/jtt< <

Como mi propósito es suministrar al lector datos para que pueda observar por sí mismo hasta qué grado llegaba la veneracion de los americanos a la majestad real, a fin de que no se atribuya a invenciones de la fantasía lo que yo pudiera referir sobre el particular, voi, en vez de ponerme a describir la entrada del retrato en la Serena, a dejar que lo hagan los dos escribanos del pueblo, los cuales, por orden del subdelegado, redactaron una estensa narracion de todo lo ocurrido.

"A las tres de la tarde del 13 de julio de 1809, dicen, entre otras cosas* los escribanos de la Serena, se congregaron los señores capitulares del noble ayuntamiento con otros caballeros i oficiales en casa del señor subdelegado i comandante de armas, i montados en cuerpo, i con la mayor gala i decencia que acostumbran, se condujeron a la cercanía de la quebrada de Peñuélas, camino del puerto, a la última quinta de la Pampa Larga.

"Juan José Campino, notario de la curia eclesiástica de esta vicaría foránea, i que ha dado las mas evidentes pruebas de su fidelidad i amor a nuestro soberano entablando a su costa desde que se confirmó la infausta noticia de su detencion en Francia un devoto trisajio en la iglesia matriz, con grande aparato de música i cera, que concluye con una tierna oracion pidiendo a Dios por aquella tan deseada libertad i restitucion de su real persona a nuestra España, costeó un magnífico carro montado en cuatro ruedas, i compuesto ricamente con los adornos de ropas de seda i flores de plata, poniendo en el centro,, i a nuestra vista Ubre, el gran retrato del rei con el almohadon de terciopelo, flecadura i borlas de oro, i encima una corona i ce-tro, que al descubierto de la carroza, anunciaban como insignias precisas el mui alto i distinguido carácter sin comparacion del dueño que la ocupaba; i tirado por doce soldados de artillería, empezó desde aquel punto la solemne entrada.

"Desde esta distancia a la ciudad, que consta de legua i media, hubo dos cosas que admirar. Primero, que habiendo varias puentes en las acequias que atraviesan, i que jamas cuidan de ellas, a pesar de serles tan convenientes a los vecinos del trán

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