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“Nuestro Señor guarde a U. muchos años.-Serena i junio 17 de 1809.-Juan Nicolas Váras i Marin."

El alborozado Uriondo anunció al pueblo de la Serena, con una proclama, el arribo al puerto de la corbeta Bretaña, que conducia el precioso retrato.

“Nobles i leales coquimbanos:

“Ya teneis en el puerto el retrato de nuestro adorado soberano el señor don Fernando VII, que lo ha conducido de Lima la corbeta nacional la Bretaña, el mismo que tendreis la ocasion de ver el jueves 13 del presente, en que hará su entrada pública en esta noble ciudad. Recibidle como si fuera el precioso orijinal. Ofrecedle de nuevo vuestros votos i fiel vasallaje. Corred a postraros a sus reales piés, llenos del mas profundo respeto, de modo que se conozca en vosotros el amor que justamente le profesais; i que teneis el alto honor de ser vasallos del mejor, mas grande i mas amado de los monarcas, el incomparable Fernando VII. Cubrid vuestras paredes de tapices, i el suelo de flores, para que pase tan augusta persona, ídolo de nuestros corazones; e implorad al Dios de los ejér-citos lo restituya cuánto ántes a su real trono, i Fremaporan a confunda al perverso, pérfido e inicuo emperador mense de los franceses i sus secuaces.-Coquimbo 11 de aceea come julio de 1809.-Joaquin Pérez de Uriondo." lens when

the Como mi propósito es suministrar al lector datos para que pueda observar por sí mismo hasta qué grado llegaba la veneracion de los americanos a la majestad real, a fin de que no se atribuya a invenciones de la fantasía lo que yo pudiera referir sobre el particular, voi, en vez de ponerme a describir la entrada del retrato en la Serena, a dejar que lo hagan los dos escribanos del pueblo, los

cuales, por órden del subdelegado, redactaron una estensa narracion de todo lo ocurrido.

“A las tres de la tarde del 13 de julio de 1809, dicen, entre otras cosas, los escribanos de la Serena, se congregaron los señores capitulares del noble ayuntamiento con otros caballeros i oficiales en casa del señor subdelegado i comandante de armas, i montados en cuerpo, i con la mayor gala i decencia que acostumbran, se condujeron a la cercanía de la quebrada de Peñuelas, camino del puerto, a la última quinta de la Pampa Larga.

“Juan José Campino, notario de la curia eclesiástica de esta vicaría foránea, i que ha dado las mas evidentes pruebas de su fidelidad i amor a nuestro soberano entablando a su costa desde que se confirmó la infausta noticia de su detencion en Francia un devoto trisajio en la iglesia matriz, con grande aparato de música i cera, que concluye con una tierna oracion pidiendo a Dios por aquella tan deseada libertad i restitucion de su real persona. a nuestra España, costeó un magnífico carro montado en cuatro ruedas, i compuesto ricamente con los adornos de ropas de seda i flores de plata, poniendo en el centro, i a nuestra vista libre, el gran retrato del rei con el almohadon de terciopelo, flecadura i borlas de oro, i encima una corona i cetro, que al descubierto de la carroza, anunciaban como insignias precisas el mui alto i distinguido carácter sin comparacion del dueño que la ocupaba; i tirado por doce soldados de artillería, empezó desde aquel punto la solemne entrada.

"Desde esta distancia a la ciudad, que consta de legua i media, hubo dos cosas que admirar. Primero, que habiendo varias puentes en las acequias que atraviesan, i que jamas cuidan de ellas, a pesar de serles tan convenientes a los vecinos del trán

sito, a una corta insinuacion del procurador jeneral, las compusieron i afirmaron, de suerte que pudieran haber pasado por ellas sin el menor riesgo muchísimos carruajes, si los hubiera en esta ciudad; i el mismo procurador que hizo terraplenar con tierra picada los pantanos i lagunas que habia dejado el aguacero de los dias anteriores. Segundo, que todos aquellos pobres chacareros, cada uno en sus pertenencias, pusieron arcos con demasiado adorno, haciendo a la pasada de la carroza grandes salvas, con que manifestaron su reconocimiento i amor al soberano; i que cuando ellos hacen poco aprecio de su comodidad, o que se esponen a los riegos de un mal camino, lo adere. zan i componen a costa de sus personales fatigas i pobres arbitrios para que jire la carroza de un retrato que adoran, veneran i celebran con las mismas demostraciones que sus miserables posibles hicieran con el orijinal.

"Pero no se puede ni debe omitir lo que aconteció con una pobre infeliz i anciana mujer, que saliendo de su triste i escasísimo rancho con una callana u olla quebrada llena de ascuas de fuego, la puso en el suelo; i al pasar la carroza, echó un puño de incienso para que al olor de tan sencillo holocausto, pasase la majestad retratada de su amabilísimo rei, desterrando los que la aridez i exhalaciones del campo, sus aguas i animales podrian turbar la serenidad i gusto de la persona que se le representaba. En la crítica de esta rara intrepidez, está libre la mujer de la calumnia lison. jera. Nadie le dijo que era precisa su concurrencia en aquel paseo, ni ella tuvo otra prevencion que la del impulso momentáneo de su amor i de su reconocimiento hacia el soberano que pasaba por su despreciable choza. A estar ella prevenida de algun desvanecimiento de amor propio o de otro superior motivo, no le faltaria dónde pedir prestado un sahumador, una joya mas decente en que ofrecer su humilde vasallaje.

"El escribano de cabildo, que es el último que de venida a la ciudad ocupa una de aquellas chacarillas, quiso ser el primero que rompió por otra clase de aparato mas suntuoso. Dispuso en la puerta de su casa un costoso i mui adornado arco toral, cerrado de una media naranja, que sostenia en el fondo una granada llena de flores para que al pasar el retrato se desatase i llenase la carroza i el suelo de sus olores; i en lo alto unas campanas pequeñas, que hizo repicar para anunciar la próxima entrada, i la alegría del pueblo, que en tropas esperaba desde allí el principio de su espectacion. Hizo detener la carroza; i rompiendo un golpe de música agradable, concluyó con una loa que dijo un muchacho mui decentemente vestido, i puesto en el alto de una mesa, dirijida a felicitar tan plausible como deseada venida a aquel que tuvo la dicha de venerar i hacerle aquel obsequio en su hermosa estatua, concluyendo con una salva mui dilatada de truenos i voladores.

“Desde aquí empezó el saludo de cañones por todos los baluartes de la ciudad, al cual, i al enarbolo de su bandera de plaza, correspondió la corbeta Bretaña, conductora del apreciabilísimo retrato, desde el puerto, donde se hallaba anclada.

“Un escuadron completo de caballería mandado por el cuarto comandante de su rejimiento de milicias disciplinadas hizo el recibimiento a la carroza i cabildo conductor; i cerrando la retaguardia, continuó la entrada por la portada, que teniendo en su fachada las armas del rei, fué vestida de banderas i gallardetes en señal de que entraba el adorado dueño de ellas, i que en estas i demas ocasiones que se les presenten, las batirán cuantos encierra esta ciudad i su provincia al honor de estar alistados bajo de ellas.

"Desde la misma portada hasta la iglesia matriz, que hai cerca de cinco cuadras, colgaron todos los vecinos sus fachadas, i pusieron cortinas en sus puertas i ventanas, i lo mismo toda la plaza mayor, sin que quedase ninguno, pop pobre que fuese, que no hubiese demostrado su particular regocijo; pero mas detuvo la admiracion, un arco de cuatro caras, mui lucido, que costeó el padre prior del convento hospital real del señor San Juan de Dios, con cuatxo tarjetas en cada una de sus columnas i poemas heroicos i alusivos a la entrada del retrato.

"A la media cuadra, presentó don Pedro Nolasco Miranda tres arcos unidos, que ocupaban toda la bocacalle, en los que demas de su ornato tan lucido, estaban en las cuatro columnas unas tarjetas que saludaban a la majestad, que debia pasar por el principal, quedando los otros dos colaterales para los señores del acompañamiento.

"A la otra media cuadra, puso un arco ricamente adornado, Juan Huerta, en. atravieso a la calle, donde suplicó hiciese alto la carroza; i habiéndose cantado unos mui célebres maotetes, concluyó con una loa dicha por un muchacho, cuya gracia, i conceptos del poeta, fueron demasiado agradables a todo el pueblo, sacudiéndose por último muchas flores de lo alto del arco, i repitiéndose Viva el Rei! por la multitud del pueblo que seguia, el acompañamiento.

“No menos espresivos se manifestaron el padre guardian i comunidad del convento del señor San Francisco, en cuya plazuela levantaron un arco de cuatro caras, con no ménos adornos que los ante

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