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reales; i no solo a ellos, sino tambien a sus mujeres e hijos (1).

No podian tampoco casarse con parientas de sus compañeros, ni permitir que los parientes de unos i otros se enlazasen entre sí (2).

Ademas, no podian casarse sin previo permiso con mujer nacida en el distrito de su destino (3).

Todas estas prohibiciones eran incomparablemente mas rigorosas por lo que toca a los virreyes, presidentes-gobernadores i oidores.

A estos altos funcionarios les estaba vedado, no solo el negociar en cualquier forma que fuese, i el dar o tomar dinero a usura, i hasta el sembrar trigo o maíz, sino el poseer casas, huertas, chacras o estancias»

Debian sustentarse con sus haciendas i sueldos, sin valerse de otros recursos, que no debian buscar ni ellos, ni sus mujeres, ni sus hijos.

Habian de escusar las dádivas, las comunicaciones, correspondencias i amistades estrechas, fuese con seglares, fuese con eclesiásticos; i debian prohibírselas a los individuos de su familia.

No podian visitar, ni asistir a casamientos o entierros, ni ir como particulares a fiestas de iglesia.

No podian ser padrinos de matrimonio o de bautizo, ni permitir que los vecinos del lugar lo fuesen suyos.

Ni ellos, ni sus hijos podian casarse en sus distritos sin una licencia especial del rei.

En una palabra, debian vivir completamente aislados en medio de la sociedad que estaban en

(1) Recopilacion de Indias, libro 8, título 4, leí 45 i siguientes.

(2) Recopilacion de Indias, libro 8, título 4, lei 62.

(3) Iieal Cédula d« 9 de agosto de 1779.

cargados de gobernar, sin tener con sus subordinados otras relaciones que las oficiales (1).

Estas estrañas disposiciones se proponian un triple objeto: garantir la pureza e imparcialidad en los procedimientos de los majistrados; rodearlos del misterioso prestijio que podian darles a los ojos del vulgo el aparato i el alejamiento; asegurar su absoluta consagracion a los intereses de la corona, desligándolos de todo vínculo con los subordinados.

El dogma de la majestad real estaba apoyado en profecías i en milagros. ¿Por qué asombrarnos de que tuviera a su servicio un sacerdocio sujeto a las reglas mas estrictas?

II.

La situacion creada a los altos funcionarios de la América Española por estas rigorosas constituciones era tan violenta, que naturalmente tendian a libertarse de ella, imajinando arbitrios mas o ménos injeniosos para eludir los preceptos de la lei.

Pero el gobierno peninsular no se manifestó dispuesto a dejar burlar ordenanzas a cuyo cumplimiento atribuia la mayor importancia; i es a la verdad notable la persistencia que puso en hacerlas cumplir.

Parece que los oidores de la recien instalada audiencia de Santiago, arrastrados por la flaqueza humana, comenzaron a hacer algunos negocios.

Talvez se lisonjearon con que a causa de la excesiva distancia, aquello habia de ser ignorado en la corte.

(1) Recopilación de Indias, libro 2, título 16, lei 48 i siguientes.

Pero el gobierno peninsular tenia ojos mui penetrantes i oidos mui finos para percibir, aunque fuera de continente a continente, i al traves del océano, lo que le interesaba saber.

La audiencia de Santiago no tardó en recibir la correspondiente amonestacion.

"Presidente i oidores de mi audiencia real de la ciudad de Santiago de las provincias de Chile. He sido informado que sin embargo de estar prohibido por diversas cédulas, leyes i ordenanzas reales que dichos oidores, fiscales ni otros, ministros mios de las Indias tengan granjerias, estancias ni indios de los otros, contraviniendo a ello, teneis estancias i ocupais en ellas los indios sin pagarles sus jornales, a que no se debia dar lugar, mayormente teniendo tan suficientes salarios para sustentaros en tierra tan acomodada; i porque quiero saber lo que hai i pasa acerca de lo susodicho, i si es asi que teneis estancias i granjerias, no las pudiendo ni debiendo tener, i qué indios se han ocupado i ocupan en ellas, i si les han pagado sus jornales, o han recibido alguna vejacion, os mando me envieis relacion particular i puntual de lo que en esto hubiere, i que guardeis i cumplais precisamente lo que está proveido por las cédulas de que con ésta se os envia copia en que se os prohibe el poder tener las dichas estancias i granjerias, que así es mi voluntad.—Fecha en Madrid a l9 de junio de 1612 años.—Yo el Rei.—Por mandado del Hei Nuestro Señor, Pedro de Ledesma."

No sé la contestacion que los amonestados dieron al monarca; pero en la Recopilacion de Indias, viene una disposicion de Felipe III, promulgada en Madrid el 24 de diciembre de 1615, en la cual se manifiestan uno de los arbitrios que los presidentes i los oidores empleaban para adquirir propiedades con violacion de la lei, i el remedio bastante duro que el gobierno español ideó para reprimir el abuso.

"Porque sin embargo de lo proveído por los señores emperador i rei, nuestro abuelo i padre, dice aquella lei, los dichos ministros interponen terceras personas en cuyas cabezas tienen casas i granjerías, siendo ellos los verdaderos dueños; i a nuestro servicio conviene que se castiguen los excesos cometidos, sin aguardar a tiempo de visitas, mandamos que, demas de las dichas penas, constando en cualquier tiempo que hubieren comprado, o compraren, o puesto, o pusieren en cabeza ajena, alguna de las cosas sobredichas, aunque las hayan vendido i pasado con efecto a otro poseedor, hayan perdido el precio en que se hubieren vendido, i demas de lo susodicho, la persona en cuya cabeza hubieren estado puestas en confianza, incurra en pena de otro tanto como montó el precio en "que se hubieren vendido las huertas, casas, tierras o estancias" (1).

Bien pudo suceder que los altos funcionarios de la colonia, impulsados por el poderoso estímulo de la codicia, lograran burlar en ocasiones estos severísimos preceptos; pero no puede desconocerse que estas órdenes suspicaces, constantemente mandadas observar por la corte, establecieron entre los majistrados i el resto de la poblacion una notable incomunicacion, que a veces se pretendió llevar hasta la puerilidad ridicula.

r- El gobernador don Francisco Laso de la Vega quiso un dia obsequiar a los señores de la real audiencia eon un paseo de campo que les propor

(1) Recopilacion de Indias, libro 2, título 16, lei 66.

cionase algun solaz en medio de sus fatigosas ocupaciones.

Para no faltar a las reglas fijadas por el soberano, buscó de propósito una huerta o quinta cuyos dueños estuvieran ausentes.

Ademas, el previsor Laso cuidó de hacer llevar de su casa hasta el agua, segun lo refiere un autor contemporáneo.

Al convite no asistieron mas que el gobernador i los oidores, i algunos otros funcionarios de mui elevada categoría.

Al cabo de algun tiempo, se suscitó un pleito en que fué parte el dueño de la dichosa quinta.

Pues este se consideró motivo suficiente para . que fuesen recusados todos los oidores, ménos uno, que por estar enfermo no habia asistido, a la fiesta (1).

Ya se verá por este caso, que no se podia ser mas exijente en la materia.

ÍÍL

Los reyes católicos, segun una espresion mui corriente en la América, querian que sus maji^itrados fuesen mui recoletos.

Por lo ménos estaban interesados en ello, i hacian cuanto podian para lograrlo.

Los negocios no son por cierto los únicos lazos que ligan a los hombres entre sí. Los afectos establecen entre ellos vínculos mas fuertes i mas estrechos. Así el gobierno peninsular los habia prohibido tambien a sus altos funcionarios, a los cuales les estaban vedados la amistad i el amor.

(1) ViUarroel, Gobierno Eclesiástico Pacífico, parto 1.15, cuestion 3, artículo 7.

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