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ta real audiencia, i mandaron se abstenga de no usarlo de manera alguna, hasta tanto que Su Majestad otra cosa provea i mande; i que se notifique a los oficiales reales de esta ciudad de hoi mas no se le atienda con el salario que por razon del dicho oficio le pertenece; i lo firmaron el licenciado Fernando Talaverano Gallegos, i el licenciado Juan Cajal. Los señores presidente i oidores de esta real audiencia que firman el auto de suso lo proveyeron estando en acuerdo de justicia el dia, mes i año en él contenido.—Bartolomé Maldonado, escribano de cámara."

Solórzano, despues de haber agotado en Chile los recursos legales, apeló de este fallo para ante el rei i su consejo de Indias.

El mismo se puso en camino para España; pero en Portobelo del reino de Tierra Firme, se encontró con don Francisco de Borja, príncipe de Esquiladle, que venía de virrei al Perú, i a quien el soberano, a causa del aviso que habia recibido de la audiencia de Santiago, habia encargado por una real cédula que entendiera i resolviera en el asunto del casamiento de la hija del oidor Solórzano.

Como mi plan es suministrar al lector documentos auténticos que le permitan formar por sí mismo concepto en la materia de que estoi tratando, voi a copiar íntegra esa real cédula, que dice así:

"El Rei etc.—Príncipe de Esquiladle, primo a quien he proveído por mi virrei, gobernador i capitan jeneral de las provincias del Perú. Mi audiencia real de la ciudad de Santiago de Chile, en carta de doce de marzo de este año, dice que el licenciado Pedro Alvarez de Solórzano, oidor de ella, dió querella ante el licenciado Juan Cajal, así mismo oidor de la dicha audiencia, contra don, Pedro Lisperguer, vecino i eti comendero de aquella ciudad, en que habia quebrantado su casa i estraído a doña Florencia de Solórzano, su hija, i que mediante la dicha querella fué preso el espresado don Pedro; i pendiente la causa en aquella audiencia, pidió ante el juez eclesiástico a la dicha doña Florencia por su mujer por tenerle dada palabra de casamiento; i habiendo declarado que el espresado don Pedro era su marido, i que le tenia dada palabra de casamiento, proveyó auto para que luego se desposasen por palabras de presente; i el dicho Pedro Alvarez de Solórzano se apartó de la dicha querella; i así mesmo la dicha audiencia avisa que el dicho licenciado. Pedro Alvarez de Solórzano no procede ni vive con la decencia i autoridad que se requiere al oñcio, sin embargo de habérselo advertido; i coma quiera que esta es la relacion que do ello se hace, parque se puede presumir que el dicho Pedro Alvarez de Solórzano hubiere sido sabedor i consentidor en el dicho casamiento, i que se haya vali lo i usado de esta traza para evadirse de la pena que está establecida por leyes i cédulas mias contra los quo conceden en semejantes casamientos, os mando hagais hacer en el caso la averiguacion que convenga por el modo i medio de la persona que os pareciere;, i hecha la dicha averiguacion, mediante lo. que de ella resultare, vos hareis justicia en la causa conforme a las leyes i cédulas que prohiben el casarse los dichos oidores, i sus hijos, i hijas, en sus distritos; i de lo que en ello se hiciere i resultare, me dareis aviso en mi consejo de las Indias.—Fecha en Madrid a postrero de diciembre de mil i seiscientos i catorce años.— Yo el liei.—Por mandado del Rei Nuestro Señor, Pedro de Ledesma."

El príncipe de Esquiladle ordenó a Solórzano que volviendo camino, fuera a esperar en Lima la resolucion del asunto.

Apénas el principe habia tomado las riendas de su gobierno, cuando el atribulado oidor le suplicó que proveyera a la mayor brevedad sobre su suerte, pues estaba pasando muchos trabajos i necesidades, i se le habia comunicado de Chile que su mujer doña Antonia de Velazco habia fallecido, i que sus hijos e hijas habian quedado en la soledad i el desamparo.

El virrei ordenó, por sentencia de 27 de enero de 1616, que el licenciado Pedro Alvarez de Solórzano fuese restituido a su plaza de oidor; i por provision de 16 de marzo del mismo año, que la audiencia de Santiago debia recibirle i reconocerle como tal, so pena de una multa de dos mil pesos,, si no lo hacia, que los oficiales reales debian retener a cada oidor, i del pago de todas las costas i perjuicios.

¡Tanto fué lo que costó a don Pedro Alvarez de Solórzano el casamiento de su hija con el brillante i acaudalado Lisperguer!

IV.

El obispo Villarroel refiere en su Gobierno Eclesiástico Pacifico, aunque callando discretamente los nombres de los personajes que intervenieron en él, otro caso parecido que ocurrió en Santiago pocos años despues que el anterior.

Comenzóse a susurrar que uno de los oidores se habia casado en secreto sin licencia.

Fuera verdad, o fuera calumnia, el hecho llegó a oídos del virrei del Perú, que mandó levantar la correspondiente sumaria.

Mientras tanto, una gran señora de Santiago, madre de la niña que figuraba como heroína en aquella historia o novela, imploró del rei la gracia especialísima de que una de sus hijas pudiera tomar por marido a cualquiera de los individuos de la audiencia.

Los méritos que la solicitante hacia valer debian ser mui esclarecidos, i sus padrinos en la corte mui influentes, porque obtuvo lo que pedia.

Apenas llegó a Chile la real cédula, el oidor, de quien se habia estado hablando, se exhibió como novio de la que las malas lenguas murmuraba que era ya su mujer.

Sus colégas de la audiencia pensaron que el asunto era grave, pues era de temerse que el real permiso se hubiera alcanzado ocultándose el antecedente que ya se ha mencionado, i entraron a deliberar sobre el particular.

El interesado se quejaba amargamente de que sus propios compañeros ostentasen contra él una semejante severidad; pero éstos se manifestaban inquebrantables, diciendo que ponian antes que todo su obligacion al rei.

El oidor novio, viendo esta disposicion de los ánimos, i temiendo que de un día a otro la audiencia resolviese que no se diera cumplimiento a la real cédula recibida, corrió a casa del obispo Villarroel para suplicarle que de permitiera casarse en el acto.

El prelado se negó a ello, miéntras no se hubieran corrido todas las amonestaciones; i el impaciente novio tuvo que someterse.

Apenas se habia publicado la primera amonestacion, cuando se puso en conocimiento del galante togado que sus compañeros estaban en acuerdo, i que trataban de impedir la ejecucion de la cédula a título de subrepcion, por suponerse haber callado una tan importante verdad como estar el casamiento hecho cuando se pidió el indulto.

Tan luego como el novio supo esto se precipitó a casa de su novia o mujer; i seguido de gran númerode deudos, amigos i servidores, llegó tumultuosamente con la dama hasta la presencia del obispoVillarroel.

El i ella se arrodillaron, i declararon que querrian casarse.

"Reprehendíles el casarse sin denunciaciones, dice el señor Villarroel, ponderéles el punto de la conciencia, i despues la indecencia grande de desposarse un ministro en la forma que los hombres ordinarios. Mandé depositar la señora; i con el oidor, respetando su dignidad, no hice demostracion alguna, sino remitirle a un clérigo la causa para que conociese del delito de haberse casado sin las solemnidades todas del derecho."

El ilustrísimo señor don frai Gaspar de Villarroel, que, como se sabe, es el autor de la curiosa obra titulada: Gobierno Eclesiástico Pacífico; o sea Union de los dos Cuchillos Pontificio i Rejio, practicaba en sus acciones lo que aconseja en sus escritos, esto es, la armonía de las dos potestades.

Mas por conciliador, por humilde que fuese, no pudo ocultar la satisfaccion de su orgullo al contemplar a todo un oidor postrado a los piés de un obispo.

Quien recuerde todas las pretensiones de primacía de los togados coloniales sobre la autoridad eclesiástica comprenderá sin dificultad lo que el oidor debió sufrir al verse forzado a tomar una actitud semejante; pero ¿a qué no obliga el amor? segun la clásica espresion del poeta.

Miéntras tanto, el suceso daba oríjen a tres cuestiones de suma gravedad: dos teolójicas, i una civil.

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