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Las dos teolójicas eran las que siguen:

Primera. ¿Sí podrian los obispos castigar a los oidores que delinquiesen en matrimonios clandestinos; i sí los podrian desposar sin embargo de la prohibicion del rei?

Segunda. ¿Sí un mismo matrimonio se puede repetir habiendo sido válido; i sí atreviéndose un oidor a reiterarlo, podria castigarle el obispo*

El mismo obispo Villarroel espone en abstracto la cuestion civil.

"Es caso de gran peligro, i en que la conciencia puede perjudicarse mucho, dice, tener contra sí un oidor una lei real en que le privan del oficio i del salario desde que trató el casamiento; i habiéndose casado ocultamente,, gozar seis u ocho años del salario, i que en virtud de un rescripto o indulto lleno de obrepcion i subrepcion, le quite treinta mil ducados al rei."

El señor Villarroel, que era la mansedumbre i la conciliacion con mitra, contento con haber visto a todo un oidor humildemente arrodillado a las plantas de un obispo, se Mmitó a escribir en su obra dos capítulos o artículos acerca de los dos puntos teolójicos.

"Pórteme en las dos causas de este oidor fla del matrimonio clandestino, i la de la repetición del mismo matrimonio), tan templado, dice él mismo, que en tres años, no he sentenciado la una,, ni proseguido la otra."

La solucion teórica que da a las dos cuestiones es tambien sumamente benigna.

"El obispo i todo juez eclesiástico, dice respecto de la primera, podrán castigar al oidor que se atrevió a casar sin denunciaciones, pero en el modo del castigo i en las circunstancias se debe atender mucho a su dignidad."'

"¿Qué decir de un oidor, agrega respecto de la segunda, que en dispendio de la hacienda real, por solo hacer sombra a una maraña, con la que ya lo estaba, se vuelve a casar segunda vez? Es este un pecado gravísimo, i un sacrilejio claro. Pero sin embargo, el prelado debe atender mucho en su castigo la autoridad i la necesidad del reo."

La audiencia, por su parte, no se mostró tan indulgente por lo que toca a la cuestion civil.

El bondadoso obispo, que, segun se ha visto, consideraba en teoría el punto gravísimo, buscaba como eludir en la aplicacion la dificultad, recurriendo al arbitrio de suponer falso el rumor de la celebracion del primer matrimonio. "Historia que tengo por novela, decia aludiendo a esto, porque como los oidores por cada pleito ganan un enemigo,, i éste de que hablo es juez entero, ha ganado, muchos."

Así, sabiendo que la audiencia estaba redactando para el consejo de Indias; un informe de todo lo sucedido, aprovechó la oportunidad de un sermon que en la fiesta de San Pedro predicaba delante de los miembros del tribunal para recomendarles la compasion que los unos debian usar con los otros, i el deber en que estaban de disculparse sus flaquezas.

Pero la exhortacion del prelado fué vana, porque los oidores,, convencidos de la importancia que el gobierno español atribuia a la incomunicacion en que los majistrados debian mantenerse con los subditos, persistieron en lo que juzgaban el cumplimiento de una obligacion imprescindible.

Sucedió mas todavía que el gobernador de Chile don Francisco López de Zúñiga, marques de Báides, por la vindicta pública, i acallar las murmuraciones, suspendió al oidor, sin aguardar la resolucion del rei.

Habiendo apelado el agraviado para ante el virrei del Perú, fué repuesto en su empleo (1).

V.

En los dos casos que he mencionado, los oidores contraventores quedaron al fin casados, i en sus cargos; pero despues ¡de cuántas incomodidades, de cuántos perjuicios, de cuántas vejaciones!

En compensacion, son mui conocidos los ejemplos de los dos gobernadores don Alonso de Rivera i don Francisco de Menéses, caídos en desgracia, i destituidos de sus puestos por haberse casado en secreto i sin licencia.

Pero el gobierno peninsular estaba tan penetrado de lo que aquello convenia a sus intereses, que a pesar de las dificultades i angustias que una prohibicion tan dura habia provocado, en vez de suavizarla, la reiteraba i la reagravaba.

"El Rei. Presidente i oidores de mi audiencia real de la ciudad de Santiago de las provincias de Chile. Como lo teneis entendido por diferentes cédulas i órdenes, está prohibido el casaros en vuestros distritos, ni vuestros hijos, i hermanos, ni otros deudos, por los inconvenientes que de ello resultan; i porque he sido informado que se ha contravenido a las dichas órdenes, os mando las veais, guardeis i cumplais, sin ir contra lo en ellas dispuesto en manera alguna, con apercibimiento que demas que se ejecutarán las penas contenidas, mandaré hacer particular demostracion contra los tras

(]) Villarroel, Gobierno Eclesiástico Pacífico, parte 2, cuestion 16. artículos l. °. i siguientes.

grosores.—Fecha en San Lorenzo a dos de noviembre de mil i seiscientos i treinta i ocho años. —Yo el Rei.—Por mandado del Ilei Nuestro Señor, Don Fernando Muiz de Contréras"

Esta tenaz severidad para no permitir los casamientos producia una consecuencia que habria debido preverse. Los altos funcionarios solian contraer relaciones ilícitas con menoscabo de su dignidad i escándalo del pueblo.

El obispo Villarroel que, como se ha visto, tenia la costumbre de dilucidar las doctrinas aplicables a los casos prácticos que ocurrian, ha dedicado uno de los capítulos de su obra a tratar estensamente la cuestion de sí los obispos podian usar con los oidores de la facultad que les da el derecho en las causas de los amancebados (1).

Pero el gobierno peninsular, deseoso de conservar incólume, no solo el decoro de los majistrados, sino tambien el principio de la incomunicacion con los subordinados, perseguia desde Madrid con un teson inquebrantable todas estas frajilidades.

La crónica de Chile conserva mas de un ejemplo de esto que digo.

Voi a dejar a la autorizada palabra de una reina, doña María Ana de Austria, el cuidado de narrar uno de los sucesos aludidos.

"La Reina Gobernadora. Maestre de campo don Juan Henríquez, caballero del orden de Santiago, gobernador i capitan jeneral de las provincias de Chile, i presidente de la audiencia real dellas. Háse entendido que con ocasion de ser público W escándalo i mal ejemplo que causaba en esa ciudad don José de Menéses, oidor de la di

- (1) Villarroel, Gobierno Eclesiástico Pacifico, parte 2, cuestion 14 artículo 5.

cha audiencia, teniendo amistad ilicita con una mujer soltera nombrada doña Elvira Tello, ordenó el obispo de esa ciudad que su secretario de cámara amonestase a doña Beatriz de la Barrera, abuela de la dicha doña Elvira, en cuya casa vivia, la tuviese con recojimiento. I no habiendo sido bastante para el remedio de esto el haberse repetido la misma dilijencia, con doña Aldonza Tello, su tia, relijiosa en el convento fie Santa Clara, recibió el obispo informacion sobre ello, comprobándose con la declaracion de cinco testigos, que tambien depusieron: habian oído decir tenia en ella don José una hija; con que la puso en un convento, de que resultó el descomedirse con él, i pedir el abuelo de doña Elvira fuese depositada en poder de unos tios suyos que vivian en una estancia veinte leguas de esa dicha ciudad, para cuyo efecto dió licencia el obispo con algunas circunstancias de seguridad. I estando en el camino, despues de haberla hablado a solas don Lorenzo Laso de la Vega, la cojieron diferentes personas encubiertas que iban con espadas desnudas, i la volvieron ciudad en

un caballo, averiguando el obispo habian salido de casa de don José de Menéses, i ejecutádolo por su disposicion. I habiéndose visto , en el consejo real de las Indias, i consultadóseme sobre ello, reconociendo que no podíades dejar de tener noticia del escándalo con que han vivido, así el dicho don José de Menéses, como don Blas Henríquez, vuestro hermano, teniendo éste una hija en doña Ines de Astorga, a quien hablaba don Francisco de Cárdenas, fiscal de esta audiencia, habiendo ganado por este medio tan ilícito vuestra amistad; i considerando así mismo la omision que habeis tenido en no haber castigado i remediado pecados tan públicos i de tan mal ejemplo, i que por el

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