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puesto que ocupa don José de Menéses, i el parentesco que tiene con vos don Blas Henríquez, era mayor la obligacion de no permitir semejantes excesos, ni dar lugar a que el obispo de la iglesia catedral de esa ciudad necesitase proceder contra los culpados para atajar los graves inconvenientes que de esto resultarian, en que faltasteis al cuidado i vijilancia que debeis tener para saber como proceden i viven los ministros de esa audiencia, i los demas súbditos de vuestro gobierno, para ocurrir al remedio, he resuelto, entre otras cosas, advertiros de todo lo referido para que teniéndolo entendido, obreis en lo de adelante con la atencion que pide la obligacion de vuestro puesto. I porque fio que lo hareis así, he suspendido por ahora el hacer con vos la demostracion que fuera justo por la omision que en ello habeis tenido. I solo he mandado a los oficiales de la real audiencia de esa ciudad por despacho de este dia os saquen mil pesos de multa, i se remitan a estos reinos en la conformidad que se les ordena.—Fecha en Madrid a 28 de diciembre de 1674.— Yo la Reina.—Por mandado de Su Majestad, Francisco B. de Madrigal"

Pocos años mas tarde (1684), don José de Garro, sucesor de Henríquez, castigó con privacion de empleos i destierro, en cumplimiento de real orden, espedida por reclamaciones del obispo de Santiago, a los dos oidores don Juan de la Cueva i Lugo i don Sancho García Salazar, que tambien se habian hecho culpables de vida relajada.

Todavía en 1704, el soberano creia conveniente reprender a sus ministros de Chile por lo vicioso de sus costumbres, recomendándoles la observancia del decoro a que su elevada posicion los obligaba.

"El Rei. Presidente i oidores de mi audiencia de la ciudad de Santiago en las provincias de Chile. Habiéndose entendido en mi consejo de las Indias que vuestras costumbres i modo de proceder no corresponde al carácter i ministerio en que os tengo constituidos, he querido advertiros de ello, i encargaros (como lo hago) atendais a vuestra obligacion, i no deis motivo para que llegue a mi noticia lo que pueda ser escandaloso i ajeno de vuestro estado i representacion.—De Madrid a 24 de febrero de 1704.—Yo el Rei.—Por mandado del Rei Nuestro señor, Don Domingo López de Calo Mondragon."

En tales excesos no podia menos de influir sobre manera la prohibicion del casamiento con mujer del distrito.

Sin embargo, i particularmente en los últimos tiempos de la dominacion española, se solia suavizar el rigor de la regla jeneral, permitiendo a algunos oidores que elijiesen sus esposas en el país que rejian.

Aun se recuerda el caso de los tres miembros de la audiencia de Santiago Plata, Blanco i Zerdan, que a fines del siglo anterior, previa la dispensa real, se casaron con tres señoras Encaladas; pero juntamente se recuerda que el gobierno español tuvo buen cuidado de irlos sacando de Chile, uno en pos de otro, para lo cual les encomendó destinos en diferentes puntos de América.

CAPITULO V.

EL GOBIERNO ECLESIASTICO DE LA COLONIA.

El soberano de las Indias era un príncipe, puede decirse, no solo secular, sino tambien eclesiástico.—Confusion del estado i de la iglesia en las colonias españolas.—Injerencia de la autoridad gubernativa en los asuntos morales i domésticos.—Usurpacion de las atribuciones gubernativas por la autoridad eclesiástica.—Competencias entre las autoridades civiles i las eclesiásticas.—Ejemplos de ellas.—Providencias reales para mantener la mas perfecta armonía entre las autoridades civiles i las eclesiásticas.—Vijilancia sobre los predicadores.— El caso del presbítero don Melchor de Jáuregui.—Los jesuítas.

I.

He tratado de suministrar a la lijera una idea de la injeniosa organizacion que los políticos españoles habian dado al gobierno civil en América durante la época colonial a fin de mantener el dogma de la majestad real, i garantir de cualquier riesgo los intereses de la corona, tomando las mas esquisitas precauciones para que los altos majistrados no contrajesen nunca relaciones estrechas con los súbditos, i para que las distintas ramas de la administracion se vijilasen continuamente las unas a las otras.

Pero esto no era todo todavía,

Junto a la autoridad civil, so levantaba la autoridad eclesiástica que predicaba el derecho divino del rei, defendiendo calorosamente todas las prerrogativas de su soberanía, i que ejercia la mas activa i esmerada inspeccion sobre los funcionarios seculares, los cuales a su turno le devolvían inspeccion por inspeccion; todo para la mayor honra i provecho del monarca.

Es este un rasgo mui característico e importante de la organizacion colonial que conviene detenerse a examinar.

El rei católico era en sus dominios del nuevo mundo, no solo un soberano temporal investido de toda la plenitud del poder mas absoluto, sino tambien, i con toda propiedad, un príncipe eclesiástico que desempeñaba una especie de cura de almas.

Se asemejaba bajo muchos aspectos (aunque si se le hubiera dicho esto, le habria horrorizado) a lo que fueron en Inglaterra Enrique VIII, Isabel i sus sucesores, ménos el respeto a la iglesia romana, i la sumision al pontífice en materias dogmáticas.

Reproducia el tipo de soberano cuyo modelo fué el emperador Constantino.

El principal objeto de sus desvelos se dirijia a la propagacion i defensa del catolicismo dentro i fuera de sus estados.

Encabezaba la Recopilacion de Indias "mandando.a los naturales i españoles i otros cualesquier cristianos de diferentes provincias o naciones, estantes o habitantes en los dominios de América, que'rejenerados por el santo sacramento del bautismo hubieren recibido la santa fe, que firmemente creyesen i simplemente confesasen el misterio de la Santísima Trinidad, Padre, Hijo i Espíritu Santo, tres personas distintas i un solo Dios verdadero, los artículos de la santa fe, i todo lo que tiene, enseña i predica la santa madre iglesia católica romana; i si con ánimo pertinaz i obstinado erraren, i fueren endurecidos en no tener i creer lo que la santa madre iglesia tiene i enseña, fuesen castigados con las penas impuestas por derecho, segun i en los casos que ert él se contiene" (1).

Prohibía por real cédula espedida en Lisboa a 10 de febrero de 1582 que cualquiera persona se pudiese embarcar en los navios de las armadas i flotas sin que constase primero que se habia confesado i comulgado; i como esta disposicion hubiera caído algo en desuso, recomendó su estricto cumplimiento por otra cédula dada en Madrid a 12 de noviembre de 1634.

Condenaba en una multa de la mitad de s-us bienes a todo fiel cristiano, su súbdito, que habiéndolo podido, hubiera muerto sin confesar devotamente sus pecados i sin recibir la eucaristía (2).

Así los papas casi no dejaban trascurrir un año sin ensalzar en algun instrumento pontificio el piadoso celo del monarca reinante en España i de sus gloriosos antecesores, sin enviarle la bendicion apostólica, sin desearle i prometerle todo linaje de prosperidades.

El soberano de las Españas i de las Indias era el hijo predilecto de la iglesia, i merecia serlo.

lío tenia, pues, nada de particular que contase con toda, la cooperacion i todas las simpatías' de las autoridades eclesiásticas.

A esto, que por sí solo habria bastado para el

(1) Recopilacion de Tndias, libro título 1.°, loi 1. s

(2) Recopilacion de Lküas, libro 1.° título 1.° lei 28.

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