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efecto señalado, se agregaba que; segun los privilejios que le habia concedido la Santa Sede, era el único dispensador en la iglesia americana de todos los cargos, honores i beneficios.

Era él quien nombraba directa o indirectamente los arzobispos, los obispos, los canónigos, los curas, los capellanes.

Era él quien les asignaba dotaciones, i quien proveia largamente a las necesidades del culto.

Era él quien les dismunia, o les suspendia todas estas asignaciones.

Era él, en fin, quien mandaba secuestrar las temporalidades de los obispos, i quien los estrañaba de sus diócesis, si incurrian en el real desagrado por algun hecho grave.

Todo esto, como se comprenderá, contribuia sobre manera a que ambos cleros, el regular i el secular, con sus prelados al frente, fueran enteramente adictos al monarca católico de padre a hijo, i cada año bendecido por el papa; al monarca, de quien todo lo habian recibido, i de quien todo lo esperaban o temian.

El rei, por su parte, estaba tan penetrado de este que llamaré su carácter eclesiástico, que habia reglamentado por sí solo todo lo relativo a preeminencias i etiquetas dentro i fuera del templo entre los funcionarios i los sacerdotes.

Para ello no habia tenido reparo en revocar las disposiciones del ceremonial romano, como, verbigracia, en la prohibicion de recibir a los obispos bajo palio, cuando fueran a tomar posesion de sus iglesias, por ser aquella una demostracion propia solo de la real persona (1).

Habia estatuido aun respecto de las ceremo

(1) Real Cédula espedida en Valladolid a 29 de agosto de 1603.

nias de la misa en las funciones solemnes a que asistian las corporaciones (1).

Aun mas: habia ordenado que los mestizos pudiesen ser sacerdotes, i las mestizas, relijiosas; i que se admitiera a los indios que tuvieran capacidad para ello, al sacramento de la eucaristía (2).

I miéntras tanto, ni una sola voz se habia levantado para protestar contra esta injerencia del rei en la disciplina eclesiástica.

Léjos de reclamar, los obispos, no solo acataban estas resoluciones, sino que se apresuraban a reconocerse vasallos del católico monarca.

"La obligacion en que los obispos de España están a su rei por la presentacion i por el beneficio singular de querernos elejir, dice el ilustrísimo señor don frai Gaspar de Villarroel, induce en los prelados una justa sujecion, que podria atreverme a llamarla vasallaje. I en virtud de ese reconocimiento, deben los obispos, ántes de salir para sus obispados, besar a su rei la mano, i hacerle especial reverencia por la especial obligacion en que de nuevo le están" (3).

"Nuestros reyes católicos, en señal de que estiman mucho a los obispos, agrega el señor Villarroel en otra parte de su obra, cuando van a besársela ellos, nunca les dan la mano..... Yo hice instancia con Su Majestad, cuando me venía a mi iglesia, suplicándole que me diese su real mano para que habiéndosela besado, viniese a reinos tan apartados con algun consuelo. Retirómela sin responderme palabra; e instando yo, fuera de lo que se acostumbra, a vista de tanta soberanía, me

(1) Recopilación de Indias, libro 3, título 15.

(2) Recopilación de Indias, libro 1.°, titilo 7, lei 7; i título 1.°, leí 19.

(3) Villarroel, Gobierno Eclesiástico Pacífico, parte 1. *, cuestion 1.a, artículo 8.

dijo, ablandando el semblante, como dándose por servido de mi porfía: Nunca doi la mano a los obispos; id con Dios''' (1).

Puede estarse cierto de que todos los prelados de las Indias, sea de hecho, sea de intencion, se Hallaban como el señor Villarroel dispuestos a besar la mano del rei en señal de vasallaje, i a obrar en consecuencia para acatarle i sostener sus prerrogativas.

II.

El doble papel que asumia el soberano de príncipe temporal i eclesiástico que atendia al bien de sus súbditos, tanto en la tierra, como en el cielo, daba a la administracion, particularmente de la América Española, un carácter mui especial, pero que contribuia a afianzar en las conciencias el respeto a la majestad real.

Confundiéndose lo humano con lo divino, los funcionarios i los sacerdotes invadian recíprocamente las esferas tan diferentes del derecho i de la moral.

Era cosa mui frecuente el ver a un majistrado desempeñar las funciones propias, sea de un prelado, sea de un párroco, o vice-versa.

Por este medio, el soberano procuraba unir aquellos dos famosos i terribles cuchillos del obispo Villarroel, el rejio i el pontificio, ad vindictam malefactor um; laudan vero bonorum, quia sic est voluntas Dei, segun unas palabras del apóstol San Pablo aplicadas al caso por el doctor Solórzano; esto es, traduciéndolas libre, pero oportunamente, para el

(1) Villarroel, Gobierno Eclesiástico Pacífico, parte 2, cuestion 12, articulo 3.

mejor sostenimiento de los derechos e intereses de la corona (1).

El presidente i el obispo debian proceder acordes para formar de la espada i el báculo un doble cayado con que dirijir el rebaño de los colonos conforme a las reales disposiciones.

La cédula que paso a copiar comprueba lo que acabo de decir. ¡

"El Rei. Don Juan Henríquez, caballero del orden de Santiago, mi gobernador i capitan jeneral de las provincias de Chile, i presidente de mi audiencia real de ellas. Siendo el medio mas seguro para que se consigan las felicidades comunes recurrrir a Nuestro Señor implorando su divino ausilio, particularmente cuando tanto lo hemos menester, como en el tiempo presente; i el camino mas cierto de lograrlo, el escusar escándalos i pecados públicos, ejercitando la rectitud de la justitia en la distribucion del premio i el castigo, i cultivando el ejercicio de las virtudes con el establecimiento de las buenas costumbres, detestacion de los vicios i enmienda de los perjudiciales abusos que se han introducido, he resuelto ordenaros i mandaros (como por la presente os ordeno i mando) que, dandoos la mano con los obispos de las iglesias catedrales de esas provincias, pongais sumo cuidado en el remedio de los daños públicos, atendiendo por todos los medios posibles a la correccion de los pecados, i a que se administre justicia en el distrito de vuestro gobierno sin escepcion de personas, inclinando al amparo de los pobres en resguardo de la opresion de los poderosos para solicitar los efectos de la Divina Misericordia a beneficio de mis reinos i dominios en la tra

(I) Solórzano Pereira, Ajrrobacion del Gobierno Eclesiástico Pacífico. bajosa constitucion en que se hallan; en todo lo cual os encargo la conciencia, pues aunque debeis hacerlo así por vuestras indispensables obligaciones, se recrece a ellas la circunstancia de satisfacer yo a la mia, difiriendo a la confianza con que fuisteis elejido en esos cargos, i haciendoos esta prevencion, en que os la acuerdo, i en esta conformidad se escribe a los dichos obispos, i se les encarga que para este fin envíen sacerdotes, así regulares, como seculares, de doctrina i ejemplo, a hacer misiones en sus diócesis, predicando penitencia a los pueblos, i de lo que por vuestra parte obráredes, me dareis cuenta.—Fecha en Madrid a 30 de marzo de 1677.—Yo el Bei.—Por mandado del Rei Nuestro Señor, Francisco B. de Madrigal."

La precedente cédula, mas parecida a pastoral que a mandato gubernativo, manifiesta que en el réjimen de los establecimientos hispano-americanos, no habia una línea divisoria bien marcada entre la accion del estado i la de la iglesia. Los aj entes políticos i los sacerdotes se usurpaban reciprocamente sus tareas, metiendo con frecuencia la hoz en mies ajena.

La corte daba tanta importancia a esta intervencion del gobierno en los asuntos morales, que tengo a la vista otras dos cédulas, una fecha en Madrid a 13 de octubre de 1679, i otra fecha en la misma ciudad a 7 de noviembre de 1682, en las cuales vuelve a recomendarse el cumplimiento de la misma obligacion.

III.

Estas órdenes tan reiteradas, i el espíritu que dominaba a toda la administracion de entonces,

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