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derechos que a cada uno competan, pues, aunque éstos se controviertan, si es arreglado el modo, no deben trascender a perturbar los ánimos de los contendores. Dios guarde a Ud. muchos años.— Santiago, marzo 25 de 1786.—Ambrosio de Benavídes.—Al Señor Don Joaquin Duéñas."

Los mas encumbrados funcionarios de las colonias hispano-americanas, que no fijaban la atencion en los intereses vitales de la sociedad, se apresuraban, en su propósito de vijilarlo i gobernarlo todo, a entrometerse en las relaciones domésticas mas íntimas i personales.

Se olvidaban de mandar abrir un camino, o de fundar una escuela; pero se desvivían por perseguir un amancebamiento.

De este modo, en la vida colonial, los hechos de esta importancia, que en el dia no despiertan la curiosidad ni de las comadres de un barrio, eran acontecimientos que estamos obligados a considerar, si queremos formarnos una idea exacta de lo que entonces pasaba.

¿I cómo la historia podria desdeñarlos, cuando algunos, daban oríjen a conflictos entre las autoridades, i cuando tantos magnates, el consejo de Indias, el rei católico, en cuyos dominios no se ocultaba jamas el sol, se ocupaban detenidamente de ellos, i los estimaban asunto propio de una de esas santas cédulas que los virreyes, los presidentes, los oidores no leian sin primero besarlas i ponerlas sobre la cabeza en señal de rendido acamiento a la mui augusta firma que traían al pié?

El exámen de los hechos de esta especie nos enseña mas sobre la organizacion social de las colonias españolas, que muchas pajinas de reflexiones abstractas.

Allá por el año de 1712, vivian en Santiago en amistad ilícita Bernardo Coronel i Petronila de Espinosa.

Debian ser vecinos mui vulgares, puesto que sus nombres no iban precedidos del don i del doña.

Por el motivo mencionado, la mujer fué aprisionada i amonestada en dos ocasiones por los oidores don José Blanco Rejon i don Juan del Corral Calvo de la Torre.

A pesar de esto, segun una real cédula, que tengo a la vista, el Coronel i la Espinosa persistieron en su mal vivir.

"Noticioso de ello, a lo que refiere la misma real cédula, el oidor don Francisco Sánchez de la Barreda pasó una noche a aprehenderlos, i no pudo conseguirlo en la persona de Bernardo Coronel por haber escapado, dejando su capa, sombrero i alfanje; pero logró la prision de Petronila, a quien puso en la cárcel, i prosiguió la causa hasta el estado de sentencia."

El dia que la audiencia debia conocer de la causa, el presidente-gobernador don Juan Andres de Ustáriz dijo en el tribunal que se suspendiera, guardándose los autos en el archivo, por haber él dado providencia en el asunto.

Los oidores recibieron mui mal esta determinacion del presidente-gobernador.

Su enojo subió de punto cuando supieron que Ustáriz habia puesto en libertad a Petronila de Espinosa sin castigo ninguno.

Así, sin pérdida de tiempo, dieron cuenta al rei de todo lo sucedido.

Por su parte, Ustáriz informó al monarca que "estando para hacerse relacion ante la audiencia de la causa, habia mandado se cesase en ella respecto de tener compuesto el que Coronel i la Espinosa se casasen, como en efecto se hizo el casamiento, de que acompañó certificacion; pero que habiendo ofrecido el reo casarse con calidad de que se le volviese el capote que le aprendió el oidor Barreda, respondió este ministro haberlo dado a un familiar suyo, i se escusó a entregarlo."

El rei, despues de haber oído en aquel arduo negocio al fiscal i al consejo de Indias, dijo a la audiencia de Chile que habia escrito a su presidente Ustáriz, manifestándole estrañeza por el modo como habia obrado, "i diciéndole que ya que halló forma de componerlo, debió ponerlo en vuestra noticia para que por vos se diese libertad a la citada Petronila, e intervinieseis a que se casaran, porque mis virreyes i presidentes no pueden ni tienen jurisdiccion para entrometerse a deliberar en materias i cosas de justicia por tocantes privadamente a las audiencias, ordenándole guarde i mantenga con vos la union i buena correspondencia que os compete en conformidad de lo prevenido por las leyes (i segun se le ordenó por despacho de 22 de junio próximo pasado de este año) para semejantes casos, sin dar lugar a que se me participe otro igual."

Como se ve, aquel grave conflicto entre el presidente i la audiencia por motivo del amancebamiento de Bernardo Coronel i de Petronila de Espinosa fué zanjado por el rei, en justicia i con una bondad paternal.

Los dos interesados, en Arez de seguir pecando, consagraron su amor con el matrimonio.

Hasta aquí todo habia sido resuelto a satisfaccion de todos, ménos probablemente de Ustariz, que habia recibido una reprimenda.

Pero faltaba que decidir acerca del capote.

¿Cree el lector que el solícito monarca echó en olvido este incidente?

Nó ciertamente.

"I por lo que mira al capote con que se quedó el oidor Barreda, concluia la real cédula, haga (la audiencia) que en caso de estar existente se le vuelva a la parte, sin perjuicio del derecho de costas que tuvieren los ministros i oficiales que intervinieron en la fulminacion i sustanciacion de la causa que se hizo, pues hubo justo motivo para proceder contra ellos" (1).

Este sistema de los gobernantes en la América Española de mezclarse en la direccion, no solo de los actos estrictamente privados i domésticos, sino aun en la de los afectos mas íntimos, se observó durante toda la época colonial desde los primeros tiempos de la conquista hasta el principio de la revolucion de la independencia, como lo atestigua aquel curioso bando fecha 17 de julio de 1810, en el cual don Mateo de Toro Zambrano, conde de la Conquista, ordenaba (copio al pié de la letra): "que siendo el principal escudo de la defensa de nuestros enemigos, i el principio del acierto i felicidad de los gobiernos, el santo temor de Dios i el ejercicio de las virtudes, se procuren éstas con todo esmero, evitándose los escándalos i pecados públicos, las enemistades i rencillas que con ocasion de cualesquiera ocurrencias se hubiesen podido provenir, lo que se olvidará enteramente, conservándose en todo el mas cristiano amor i la mas constante armonía observada hasta entonces entre españoles-europeos i criollos."

IV.

Si como acaba de verse, la autoridad civil ejer

(1) Keal Cédula espedida en el Pardo a 28 de junio de 1714.

cia a veces cura de almas, entrometiéndose en asuntos caseros o de conciencia, la autoridad eclesiástica, en compensacion, acostumbraba emplear por sí sola la fuerza coercitiva del brazo secular para poner por obra las resoluciones de su jurisdiccion moral.

Un obispo será quien nos haga conocer desde luego Ja existencia en Chile de una práctica que ahora nos pareee tan contraria a los buenos principios.

El obispo de Santiago don Luis Francisco Romero escribia al rei en carta de 3 de octubre de 1714: "que con motivo del edicto que se publicaba todos los años (segun derecho) para que los que supiesen del mal estado en que vivian los vecinos los denunciasen, sucedia ocurrir algunas personas, estimuladas de su conciencia, a delatar contra diferentes sujetos, i por varios motivos, en cuyos casos, i averiguado el delito, era de su obligacion evitar el eseándalo, i disponer que las mujeres que causaban el daño se las pusiese en reclusion i clausura de algun monasterio (por no haber casa de recojidas), sin formar autos por los graves inconvenientes que podian resultar de no hacerse con recato i sijilo, segun lo grave de la materia, o calidad de los cómplices, pues de formarse sería mayor el daño que orijinase el procesarlas, que provechoso el remedio, sobre la dificultad de hallar testigos que declarasen en juicio, i mas en materia grave, pues no habria testigos, ministros, tiempo, ni papel para esta formalidad, siendo esto mismo lo que observaron sus antecesores encerrando a todas las inquietas, i no bastando pedir ausilio ala justicia real; i por lo que tocaba a los hombres, se le daba cuenta para que los encarcelasen i desterrasen, cuya providencia se habia practicado sin ministros

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