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ordenanzas reales, terminó i dirijió el sermon a satirizar con imprudente claridad a todos los señores ministros, procurando impresionar en sus oyentes mui mal concepto, no tanto de las particulares, cuanto de las comunes operaciones de esta real audiencia, con conocido ánimo de que se despreciasen por no justificadas sus determinaciones, segun consta con bastante individualidad de cierto testimonia i otras dilij encias que para efecto de informar a Su Majestad, se han mandado guardar en el real archivo. I aunque esta real audiencia, como en quien está delegada la potestad económica i gubernativa de la Suprema i Real Persona, pudo luego incontinenti tomar resolucion que diese condigna satisfaccion a tan público i pernicioso desafuero, i mantenerla hasta que noticiado Su Majestad del escandaloso suceso, deliberase lo que se debia ejecutar con el dicho don Melchor de Jáuregui, no obstante, con maduro acuerdo,, se suspendió aquella determinacion por entonces con la bien fundada confianza de que el dicho ilustrísimo señor obispo, así por lo sagrado de su oficio, como por vasallo de Su Majestad, no permitiria que el tribunal de su soberana i real representacion quedase desairado i espuesto a otros semejantes i mayores desacatos, de que se seguiria el decaer de aquel buen concepto con que de todos umversalmente debe ser mirado, respetado i reverenciado; i que por estos, cuando no por otros justificados motivos, castigaria con mucha severidad (aquella que por todos derechos corresponde) al desmedido exceso i atrevimiento del dicho predicador. I aunque pasados cuatro dias, reconociendo esta real audiencia cuán poco habia impresionado en el dicho ilustrisimo señor obispo el desacatado arrojo que vió i esperimentó en el dicho don Melchor de Jáuregui, su cau

datario, por no haber en tantos dias ejecutado demostracion alguna que mirase a la correccion de tamaño delito, tomó el medio i temperamento, que para la paz i quietud pareció mas conveniente, de que dos de los señores ministros pasaran, como lo ejecutaron, i diesen a entender al dicho ilustrísimo señor obispo el desaire que esta real audiencia estaba padeciendo por las no castigadas injurias que se le dijeron en el dicho citado sermon predicado por el dicho don Melchor de Jáuregui, su familiar, i que esperaba, como era justo, se le daria la pena condigna i satisfactoria a la intrépida i poco considerada audacia del dicho predicador. I por cuanto son pasados nueve dias sin que por parte del dicho ilustrísimo señor obispo se haya tomado resolucion alguna que demuestre ser castigo o correccion, antes sí, segun consta del'testimonio dado por el capitan don Rodrigo Henríquez, escribano público i de provincia, se halla el dicho don Melchor de Jáuregui en su hacienda de campo, una legua poco mas o ménos de esta ciudad, i segun ciertos i continuados informes, celebrando con varios divertimientos i aplausos la vanagloria del dicho su sermon, repitiéndolo a los de esta ciudad, i a los labradores sus circunvecinos, que van ávisitarle, en que el dicho ilustrísimo señor obispo parece que da ocacion a que el vulgo con su acostumbrado desenfrenamiento publique, por ser de su familia, i su caudatario el dicho don Melchor de Jáuregui, no hallarse esta real audiencia en buena correspondencia con dicho señor obispo, i que puede orijinarse algunas rencillas que perturben o desfiguren la atencion, respeto i veneracion con que siempre se atiende por este tribunal al dicho ilustrísimo señor obispo, i para que se dé entera i cumplida satisfaccion, así a los señores de esta real audiencia, como a toda la ciudad, por lo que mira a la urbanidad que encarga Su Majestad a los señores obispos con sus reales audiencias; —acordaron se despache real provision exhortatoria para que el dicho ilustrísimo señor obispo, usando de la facultad que en tal caso le es concedida, reprenda, corrija i castigue al dicho don Melchor de Jáuregui, su caudatario, por sus escandalosas, temerarias e inmaturas proposiciones prorrumpidas en el citado sermon del dia de pascua de Espíritu Santo, mandándole salir fuera de esta ciudad, en pena de su delito, al fuerte de Puren, por el tiempo que fuere la voluntad de Su Majestad, a quien se dará cuenta por esta real audiencia; i que en adelante el dicho ilustrísimo señor obispo tenga especial cuidado de encargar los sermones a que ha de acudir esta real audiencia a sujetos de letras, virtud, prudencia i madurez, que pide tan alto ministerio, en tan grave concurso, i no a niños, nada versados en la prudencial predicacion del santo evanjelio; i así lo acordaron i señalaron los señores licenciado don Ignacio Antonio del Castillo, doctor don Francisco Sánchez de Barreda i Vera i licenciado don Ignacio Gallégos, del consejo de Su Majestad, oidores de esta real audiencia, a que se halló presente el señor licenciado don Juan del Corral Calvo de la Torre, del consejo de Su Majestad, oidor de dicha real audiencia, que hace oficio de fiscal.—Ante mí, Don Antonio de Castro, escribano de cámara."

Habiéndosele notificado la real provision determinada en el auto precedente, la cual habia sido estendida segun estilo a nombre del soberano reinante Felipe V, i como si hubiera sido espedida por él mismo, el señor Romero hizo que el escribano de cámara pusiera por dilijencia el dia de la fecha l9 de junio de 1714 lo siguiente:—"que la obedecia i obedeció como carta de Nuestro Señor i Rei (que Dios guarde), i en su cumplimiento dijo: que habiéndose predicado el dicho sermon el dia 20 de mayo, el dia siguiente 21 mandó Su Señoría Ilustrísima por auto a don Melchor de Jáuregui, saliese treinta leguas desterrado de esta ciudad, i que a los quince dias de su notificacion, remitiese testimonio del cura del paraje donde se hallase para con él dar cuenta a esta real audiencia de la demostracion que Su Señoría Ilustrísima habia hecho con el predicador por su- desacuerdo; que dicho auto se notificó el dia 26 respecto de hallarse el sujeto fuera de esta ciudad, i no haberse podido haber para dicha notificacion; que el dia 23 recibió dicho señor ilustrísimo recado de la real audiencia, con dos señores ministros, sobre que corrijiese dicho exceso, que es lo que manda la lei 19, título 12 del libro l9—allí:—Ordenamos a nuestras audiencias que si los predicadores excedieren en esto, lo procuren remediar, tratándolo con sus prelados, con la prudencia, suavidad i buenos medios que convienen;—i habiendo manifestado a dichos señores ministros dicho auto, i dícholes estaba esperando el referido testimonio del cura, i no habiendo habido tiempo para que se remita, no ha padecido novedad la materia, ni ha tenido dicho ilustrísimo señor omision en correjir a dicho clérigo, como todo lo tiene participado a esta real audiencia en consulta, a que acompañó testimonio de dicho auto i su dilijencia; i que en cuanto a poner al predicador en Puren, que dista ciento i cincuenta leguas de esta ciudad, en el tiempo mas incómodo del año, i presidio donde se destierran los delincuentes i forajidos del reino, tiene entendido es exhorbitante castigo a la inadvertencia i poco reparo, sin reincidencia ni incorrejibilidad, pues ha predicado ante la real audiencia repetidas veces con la veneracion que se debe, como cuántos clérigos han predicado en el tiempo que Su Señoría Ilustrísima gobierna, como les consta a los señores ministros; i que en lo que toca a que don Melchor de Jáuregui es familiar i caudatario de Su Señoría Ilustrísima, con que parece se le da a entender tuvo algun influjo en el desacato, dice que cuando las esperiencias de las atenciones que ha observado de obra i de palabra, privadamente i en el pulpito, con dichos señores, no acreditaran su atencion, es bastante la demostracion que tiene hecha para desvanecer sospechas tan sin fundamento; i que dicho clérigo no tiene título de caudatario, ni de familiar de Su Señoría Ilustrísima, porque estos ministerios los ejerce el primer sacerdote que se halla en mano en las funciones, porque así lo pide la dignidad, i la pobreza del obispado, que no da ensanchas para tener familia asalariada."

El oficio que el obispo habia dirijido dos dias antes a la audiencia, merece tambien tenerse a la vista.

"Señores presidente i oidores. Siendo el respeto de Vuestra Señoría mi mayor cuidado i veneracion, puede Vuestra Señoría estar cierto de la mortificacion en que me tendria el sermon el dia de pascua de Espíritu Santo. Luego mandé formar el auto, cuyo tanto es el adj/nto, en que mandé saliese el predicador desterrado treinta leguas de la ciudad, que, aunque el tiempo es tan rigoroso de frios i aguas, i el sujeto tan alcanzado de medios por hijo de familia, i tan atrasado, como es notorio, que el obispo será el multado en solicitárselos, todo me parece poco para demostracion en su desacierto. Cuando recibí el recado de Vuestra Señoría con la diputacion de dos señores ministros, providencia

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