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mui propia del juicio de Vuestra Señoría, i arreglada a la lei i a la intencion de Su Majestad (Dios le guarde), no manifesté esta dilijencia, que tenia hecha, por reservarla para cuando estuviese ejecutada, i tuviese certificacion de hallarse el sujeto cumpliendo el destierro; pero el deseo de que Vuestra Señoría conozca no hai omision en materia tan privilcjiada como esta, me hace adelantar esta dilijencia, aunque informe suplicando a Vuestra Señoría perdone la poca reflexion del sujeto, que nunca pudo llegar su ignoracia a lo soberano del

laá estimaciones i respetos. Guarde Dios a Vuestra Señoría muchos años de posada,, i Santiago, mayo 29 de 1714.—Luis Francisco, obispo de Santiago."

Estas sumisas esplicaciones no satisficieron a la real audiencia, que ordenó se devolviese al obispo ~f p~i ¿ij el oficio precedente por dar en él al supremo tribunal solo el tratamiento de Señoría, cuando en lafv *. « ^4.

cabeza del escrito debia, segun la lei, haberle dado' _

el de Mui Poderoso Señor, i en el cuerpo, el de Alteza.

Tan pronto como el señor Romero supo esta resolucion, hizo notar que hacia siete años, que estaba en comunicaciones con la audiencia, i que jamas le habia dado otro tratamiento, que el de Señoría, sin que nadie reclamara.

Pero ¿por qué la audiencia no se tenia por desagraviada con la atenta i rendida satisfaccion del prelado?

El motivo do tanta severidad era el haberse señalado al presbítero Jáuregui para cumplir el castigo el puerto de Valparaíso.

Aquello habia parecido a la audiencia un escarnio de su dignidad.

Segun una informacion que hizo levantar para

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permite a

dar al monarca prolija cuenta de todo, Valparaíso era un sitio de salud i de recreo, a donde los enfermos del ánimo o del cuerpo se dirijian en busca de la alegría o del recobramiento de fuerzas, i a donde todos iban para gozar del buen temperamento, del baño de mar, del esquisito pescado, de la vista de las naves que entraban i salian, de las diversiones que allí nunca faltaban.

Una permanencia en Valparaíso era, no un destierro, sino un paseo delicioso.

El clérigo Jáuregui tenia aun costumbre de ir allá con su familia.

La audiencia, mui irritada, ordenó que se sobrecartase al obispo la real provision para que por "no ser suficiente castigo a la gravedad del delito el destierro de las treinta leguas que son al puerto de Valparaíso, recreo i divertimiento de' Santiago," hiciera que el procaz presbítero Jáuregui, su caudatario i familiar, saliera desterrado al presidio de Puren por el tiempo que Su Majestad, informado de tamaño desacato i de todo lp ocurrido, tuviera a bien.

El señor Romero, a su turno, se exaltó sobre manera con semejante insistencia.

Segun los oidores, fué hasta decir al escribano de cámara, cuando le notificó la segunda provision, que luego i sin tardanza iba a hacer venir de Valparaíso a don Melchor de Jáuregui para que delante de la audiencia le volviese a cargar la cauda.

Por supuesto, se negó redondamente a llevar a cabo lo que el tribunal le mandaba, sin tener ningun derecho para ello, segun decia.

Entre tanto, el promotor eclesiástico se presentó pidiendo copia de todo lo obrado, a fin de defender las prerrogativas del prelado, tanto en la cuestion del tratamiento, como en la del castigo del predicador.

El fiscal interino don Juan del Corral Calvo de la Torre, separándose de sus colegas, apoyó abiertamente la causa del obispo.

No por esto desistieron los otros tres oidores del firme propósito que habian formado de hacer esperimentar un duro i ejemplar escarmiento al clérigo que habia osado faltarles al respeto; i viendo que estaban agotados los recursos pacificos, pidieron al presidente el ausilio de la tropa para hacer que Jáuregui fuese llevado por la fuerza al presidio de Puren.

Pero el gobernador don Juan Andres de TTstáriz se opuso terminantemente a que se pasara mas adelante, miéntras no se conociera la resolucion del soberano, a quien iba a darse cuenta de todo, pues estos asuntos de inmunidades eclesiásticas eran delicados, i podian ser oríjen de escomuniones, entredichos i suspensiones a divinis, que traian fatales i mui serias consecuencias, produciendo inquietudes i alborotos.

Probablemente Ustáriz tenia presente lo ocurrido cuando el conflicto con el obispo don frai Juan Pérez de Espinosa.

Los oidores recibieron mui a mal esta contestatacion del presidente, a quien amenazaron, para hacerle variar de opinion, con "lo que diria el mundo en los presentes i venideros tiempos," pero sin conseguirlo.

Al fin, aunque les pesara, i mucho, tuvieron que conformarse; i el negocio fué sometido al monarca, quien por cédula de 19 de enero de 1718 aprobó la conducta de Ustáriz, i declaró que el obispo debia dar a la audiencia el tratamiento de Mui Poderoso Señor i de Alteza.

Al mismo tiempo, dirijió a la audiencia la siguiente cédula:

"El Rei. Oidores de mi audiencia de la ciudad de Santiago en las provincias de Chile. En carta de 6 de diciembre de 1714, dais cuenta de lo que sucedió con el obispo de esa iglesia don Luis Francisco Romero con motivo del sermon que predicó en ella, el dia 20 de mayo, don Melchor de Jáuregui, en la fiesta del Espiritu Santo, que se celebró en concurrencia vuestra, del obispo i cabildos eclesiástico i secular, ponderando el indecoro con que os trató dicho predicador, segun se contiene en los autos que remitis, en que se incluye el referido sermon. I habiéndose visto en mi consejo de las Indias, con lo que en razon de ello, me han informado el presidente i obispo de esa ciudad, i lo que sobre todo dijo i pidió mi fiscal en él, se ha reconocido que, no obstante que en la formacion de autos i exhortes que despachasteis al obispo para que corrijiese al referido don Melchor de Jáuregui, procedisteis arreglados a la lei 19, título 12, libro de la Recopilacion, en que está concedida a mi audiencia la potestad gubernativa, política i económica para que se corrija a los predicadores que injurien en sns sermones a los ministros de justicia, tratándolo con sus superiores por los mejores medios, i que si no bastasen, i los casos fuesen graves, envíen a estos reinos a dichos predicadores, excedisteis en el auto que proveisteis para que a este predicador se le desterrase al fuerte de Puren, i en los que ejecutasteis subsiguientes, i ausilio que pedisteis al presidente de esa audiencia, por no permitirlo la citada lei, ni el derecho; porque contemplando el empeño i resistencia que encontrasteis en el obispo sobre este punto, debisteis portaros con mas templanza, procurando la union i mejor correspondencia con él para escusar los escándalos c inconvenientes que resultan de la desunion entre ambas jurisdicciones, i darme cuenta para que tomase yo la providencia mas conveniente. I así se ha estrañado, i debido estrañar, lo que en esta parte excedisteis, de que os prevengo, para que en adelante tengais la mejor correspondencia con los prelados eclesiásticos, i en los casos que se ofrezcan semejantes a éste, observeis lo que se previene por la referida lei, escusando los escándalos que resultan de la desunion entre ambas jurisdicciones; i así lo tendreis entendido, i que en la primera ocasion, me habeis de dar cuenta de quedar en esta intelijencia.—De Madrid a 19 de enero de 1718.— Yo el Rei.—Por mandado del Rei Nuestro Señor, Don Francisco de Arana."

El suceso que acabo de referir es una manifestacion práctica de la estremada vijilancia que se ejercia sobre los predicadores, i de la excesiva severidad con que se les castigaba, cuando se hacian culpables de un pecado venial que fuese, como el del impremeditado don Melchor de Jáuregui, a quien una imprudencia juvenil casi valió la confinacion en un presidio.

Por no cortar la relacion precedente, he reservado para este lugar la de un incidente mui propio de la época colonial, a que todavía dio oríjen aquel desacordado sermon.

Esta desavenencia, que, como acaba de leerse, se habia ido agriando de dia en dia, habia acalorado sobre manera unos contra otros a los allegados del obispo i a los de los oidores.

En medio de todo el ardimiento, llegó el 13 de junio, dia de San Antonio de Padua, en que la audiencia debia asistir a una fiesta rclijiosa que se celebraba en la catedral.

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