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Por lo comun, los doctores a quienes, el consejo cometia el exámen de las obras sometidas a su aprobacion, reducian su dictámen a espresar si ellas contenian máximas contrarias a los preceptos de la moral, a las leyes de la nacion, i a las regalías de la corona; pero IMipeJV, que bien merece el apodo de jmbécil coik que le califica Prescott, dispuso que se'tuviera "particular cuidado i atencion en no dejar que se imprimieran libros no necesarios o convenientes, ni de materias que deban o puedan escusarse, o no importe su lectura; pues ya hai demasiada abundancia de ellos, i es bien que se detenga la mano, i que no salga ni ocupe lo superfiluo i de que no se espere fruto i provecho comun." Ordenó tambien que no se pudieran imprimir ni relaciones, ni cartas, ni apolojías, ni panejíricos, ni gacetas, ni noticias, ni sermones, ni discursos o papeles sobre gobierno u otro sunto, ni coplas, ni diálogos, "ni otras cosas, aunque fuesen mui menudas i de pocos renglones," sin obtener en la corte la aprobacion de un miembro del consejo nombrado al efecto, del presidente de las audiencias en las ciudades donde las hubiese, i de las justicias en los demas lugares del reino. Mandaba observar todas las leyes precedentes, i fulminaba severas penas contra los impresores, encuadernadores i libreros que imprimiesen, encuadernasen o vendiesen los libros a que faltaban este u otros requisitos que se designaban (1).

"Habiendo reconocido, diee Cárlo's II, que resultan muchos i mui graves inconvenientes al buen gobierno i conservacion de mis dominios de que se impriman libros, memoriales, i papeles en que se trate o discurra de ellos, o cosa que toque a su

(1) Novísima Becoyüacion, libro 8, título 16, lei 9.

constitucion universal ni particular por via de historia, relacion, pretension, representacion o advertencia, sin que preceda un exacto exámen con el inmediato conocimiento e intelijencia que requiere la importancia de las materias que suelen incluir semejantes escritos, he resuelto se prohiba jeneral- mente la impresion de ellos, sin que primero se haya visto por el consejo a quien tocase el que se hubiere de tratar, i pasado por su censura" (1).

En dos ocasiones diversas, ordenó Felip_e_V que no se imprimiese papel alguno, por corto que fuese, sin las aprobaciones i licencias que prevenian las leyes, dictando nuevas providencias para que no se eludiesen estas disposiciones (2).

Los monarcas castellanos daban tanta importancia a la censura, que no se cansaban de decretar sobre este punto, aun cuando sus mandatos fueran verdaderos pleonasmos lejislativos.

FjrajaiLdjQ_. VI volvió a disponer, como si no hubiese ya suficientes leyes sobre el particular, que "ningun impresor pudiese imprimir libros, memorial u otro algun papel suelto de cualquier calidad o tamaño, aunque fuese de pocos renglones, a escepcion de las esquelas de convites i otras- semejantes, lin que le constara i tuviese licencia del consejo para ello, o del juez5 privativo i superintendente jeneral de imprcnta,b'pena de dos mil ducados i seis .años de destierro" (3).

Durante el reinado de Carlos III, se creó un juez especial de imprentas i librerías con inhibicion del consejo i demas tribunales que hasta entonces conocian de esta materia, el cual debia proceder en conformidad a un reglamento que no bri

1) Novísima Recopilacion, libro 8, título 16, leí 10.

2) Novísima Recopilacion, libro 8, título 10 , leyes 11 i 14. (3) Novísima Recopilacion, libro 8, título 16, lei 22.

liaba por su sabiduría, i mucho menos por su liberalidad (1).

Carlos IV fué todavía mas lejos, pues, para libertarse de la fatiga de leer i prohibir, resolvió que "con motivo de advertirse en los diarios i papeles públicos que salian periódicamente haber muchas especies perjudiciales, cesasen de todo punto, quedando solamente el Diario de Madrid de pérdidas i hallazgos, ciñéndose a los hechos, i sin que en él se pudiesen poner versos ni otras especies políticas de cualquiera clase" (2).

El mismo monarca renovó la prohibicion de introducir en España libros estranjeros sin licencia previa, amenazando tratar "con todo rigor a los infractores hasta el término que sirviese de escarmiento a los que quisieran imitarlos" (3).

La repeticion de estas leyes está manifestando que debian ser infrinjidas mui ^menudo, porque no es cosa fácil sofocar completamente la vitalidad de un gran pueblo; i que los reyes por quienes la España fué desgraciadamente rejida desdo el descubrimiento de la América hasta su emancipacion tuvieron el propósito deliberado de amoldar el espíritu de sus vasallos, como en algunas tribus del nuevo mundo se da una forma especial al cerebro de los salvajes que las componen, comprimiéndoselo desde niños.

Ademas de la censura previa para todas las obras en jeneral, las que trataban de comercio, fábrica i metales necesitaban de un permiso especial de la junta de comercio i moneda; las obras de medicina, de un exámen o reconocimiento practicado por un médico nombrado por el presidente

(1) Novísima Recopilacion, libro 8, título 16, lei 41.

(2) Novísima Recopilacion, libro,8, título 17, lei 5. (8) Novísima Recopilacion, libro 3., título 16, lei 32. del protomedicato; los alegatos, manifiestos i defensas legales, de un informe del tribunal ante quien pendia el asunto; las obras que trataban de materias relijiosas, de una censura del ordinario eclesiástico (1).

No solo era la pérdida de tiempo la que tenia que sufrir un escritor, miéntras su obra pasaba por los varios i multiplicados trámites a que estaba sujeta (lo que hacía muchas veces que la impresion de un libro fuese una operacion mas larga que su redaccion), sino tambien la pérdida de su dinero. Los autores debian pagar un salario a los letrados nombrados para examinarla, i no podian venderla al precio que quisieran, sino al que se les fijaba, el cual debia estamparse al principio de cada ejemplar. La tasa de los libros no vino a suprimirse hasta el reinado de Cárlos III, esceptuando los de uso indispensable para la instruccion del pueblo, los cuales quedaron sujetos, como ántes, al avalúo del consejo. El mismo soberano abolió el honorario señalado a los censores, que califica de "exhorbitante i demasiado gravoso," i que habia sido establecido por Fernando e Isabel, si bien es justo confesar que estos monarcas habian ordenado que fuese "mui moderado" (2).

III.

Como se ve, las leyes de imprenta i librería destinadas a toda la monarquía española no pecaban por liberales; pero, lo que habria parecido difícil, todavía fueron reagravadas en sentido restrictivo para los países de ultramar.

(1) Novísima Recopilacion, libro 8, título 16, leyes 15, 19, 20,22 i 28.

(2) Novísima Recopilacion, libro 8, título 16, leyes 1.a, 23 i 24.

Cárlos V ordenó a los virreyes, audiencias i gobernadores de América que no consintieran que se imprimiesen, vendiesen i tuviesen en sus distritos, ni se llevasen a ellos, libros que tratasen de materias profanas i fabulosas, e historias finjidas; es decir, que los americanos no podian leer ni poesías, ni novelas, ni ninguna obra destinada al entretenimiento o diversion. Segun el testo espreso de esta lei, que no fué derogada, los colonos no habrian podido solazarse ni con el Quijote, ni con las comedias de Calderon o Lope de Vega. Esto no era de estrañarse de parte del poderoso emperador que, por brillantes que fueran sus prendas, no tenia, segun Prescott, ninguna aficion a la lectura (1).

A fin de que no se pasara gato por liebre, como se dice vulgarmente, Cárlos V mandó al presidente i jueces oficiales de la casa de contratacion de Sevilla, que cuando se hubieran de llevar a las Indias algunos libros de los permitidos, los hicieran rejistrar especialmente cada uno, declarando la materia de que trataban, sin que fuese lícito rejistrarlos por mayor (2).

No bastaba examinar los libros uno por uno a la salida; era menester hacer lo mismo a la entrada. Así Felipe II ordenó a los oficiales de la real hacienda, que en la visita de las naves que arribasen a la América reconociesen si traian libros prohibidos conforme a los espurgatorios de la inquisicion, e hiciesen entregar todos los que hallasen a las personas a quienes correspondiese con arreglo a los acuerdos del santo oficio (3); pero temiendo despues que el examen fuera blando o poco escrupuloso, re

(1) Recopilacion de Indias, libro 1,°, título 24, lei 4.

(2) Recopilacion de Indias, libro 1.°, título 24, lei 5.

(3) Recopilacion de Indias, libro 1, título 24, lei 7.

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