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da, que es el Espinar, por un par de meses, a lo mas largo, que como se han estampado catecismos i novenas, podrá esta obra semejantemente imprimirse en cuartillas, pues hai moldes i letras suficientes para eso" (1).

En 1789, el cabildo de Santiago de Chile recabó del soberano el competente permiso para el establetablecimiento de una imprenta.

Con este motivo, el monarca hizo dirijir a la audiencia la real orden que sigue:

"El ayuntamiento de esa ciudad ha recurrido a el Rei con fecha de 4 de agosto del año anterior, manifestando la falta que hace en ella una imprenta, por cuyo medio puedan sus habitantes dar al público las tareas literarias de sus diferentes ocupaciones sin el gravámen de acudir a otras poblaciones mui distantes donde las hai; i solicitando le conceda Su Majestad facultad i licencia para pretender se establezca en esa ciudad a costa de los propios de la misma, i que reintegrado el costo que ocasione de los productos que rinda, queden éstos a favor de los citados propios por el término de diez años, o el que sea del real agrado. En su vista, ha resuelto Su Majestad que el nominado ayuntamiento ocurra a esa audiencia a instaurar i formalizar su solicitud (como se lo prevengo en esta fecha), i que V. S. S. tomen en eltasunto la providencia que estimen justa, i den cuenta para su aprobacion; lo que participo a V. S. S. de su real orden para su intelijencia i cumplimiento. Dios guarde a V. S. S. muchos años.—Madrid, 26 de enero de 1790.— Antonio Porlier.—Señor Presidente, Rejente i Oidores de la audiencia de Chile."

(1) Vergara i Vergara, Histeria de la Literatura en Nueva Granada capítulo 7.

¿Qué resultado tuvo la larga tramitacion a que el gobierno español sometia el negocio?

No he logrado descubrirlo.

Bien pudiera haber sucedido que los capitulares, desanimados con tantas dilaciones, hubieran desistido de su patriótico propósito.

De todos modos, lo cierto fué que en Santiago tyv sele-vino a haber imprenta, que mereciese siquiera en algo este nombre, hasta que estalló la revolucion de la independencia.

Poco mas o ménos, sucedió lo mismo en Cará-cas, en Quito, i en las otras ciudades principales -de la América Española, donde únicamente se fundaron imprentas en visperas, o despues de la revolucion.

Las imprentas establecidas en los dominios hispano-americanos antes de aquel memorable acontecimiento -carecian, sobre ser tan pocas, de los materiales necesarios, aun las mejor provistas, como la de Lima.

Tengo a la vista las Ordenanzas del Perú recopiladas por el licenciado don Tomas de Ballestéros, e impresas en aquella ciudad el año de 1752, -en cuyo prólogo el autor, despues de mencionar las dificultades que ha tenido que vencer para preparar la obra, añade: "se opuso otra dificultad que era el carecer de letras la oficina de la imprenta, con que parecia frustrarse el trabajo, no pudiendo darse la obra a la estampa; pero despues de muchas dilijencias, se hallaron mui proporcionadas a la impresion que se solicitaba, que se ha ido haciendo con tardanza por no ser bastantes las letras, con trabajo por la puntualidad que se observaba con las planas que salian de la prensa, i a mucho precio."

En cuanto a los excesivos costos de la impresion a que aluden las xiltimas palabras del trozo copiado, abundan los testimonios; i la razon que habia para ello es mui fácil de comprender sin que sea menester esplicarla.

"En el Perú no se hacía con mil pesos de a ocho lo que en Madrid con ciento," segun el padre Meléndez, autor del Tesoro Verdadero de Indias, hablando de este mismo asunto.

"Si muchos de los excelentes frutes del injenio americano han quedado sepultados en el olvido, sin lograr por la impresion la recompensa de la fama, dice el 'Mercurio Peruano, fué efecto en los pasados tiempos de la imposibilidad de costearla, i el riesgo que habia en remitirlos a Europa" (1).

"Son los chilenos jeneralmente dotados de buen injenio, dice por último el historiador Molina, i tienen buen éxito en todas las facultades a las cuales se aplican. Harian progresos notables en las ciencias útiles, como los han hecho en la metaiísica que se les enseñaba, si tuviesen aquellos estímulos i aquellos medios que se encuentran en Europa. No se reconoce en ellos algun particular apego a las preocupaciones; i si alguna vez las tienen, se despojan de ellas fácilmente, luego que advierten lo bueno i lo útil. Pero los libros instructivos i los instrumentos científicos son allí poco comunes, o se venden a un precio exhorbitante. Así aquellos talentos, o no se ilustran, o se emplean en cosas frívolas. Los gastos de la imprenta son tambien excesivos, por lo cual pocos quieren aspirar a la fama de escritores" (2).

En vista de los datos precedentes, mui fidedignos, pues consisten en fechas i en testimonios de

(1) Mercurio Peruano, tomo 2, número 56, fecha 27 <3e junio de 1791.

(2) Molina, Ccmpcndio de la Historia Civil del reino <te Chile, libro 4, capitulo 11.

contemporáneos, puede colejirse cuán excesivamente previsor se mostraba el gobierno español en la cédula de 19 de marzo de 1647 al dictar tantas precauciones para impedir la aparicion de libros peligrosos en América, donde las impresiones podian ser tan poco numerosas por la escasez de las imprentas i la carestía de los precios.

Esa cédula o lei dió lugar a una incidencia mui curiosa que manifiesta la vijilancia estremada i asustadiza que la metrópoli procuraba ejercer en las colonias, aun esponiéndose en ocasiones a incurrir en chistosas ridiculeces.

Pasaron los meses, pasaron los años; i Chile, que enviaba corrientemente su plata i su oro, no remitia sus producciones literarias. Se supuso entonces en el consejo que habia habido descuido en los mandatarios de este reino; i Carlos II se apresuró a espedir la real cédula que sigue:

"El Rei. Maestre de campo don José de Garro, caballero de la orden de Santiago, gobernador i capitan jeneral de las provincias de Chile i presidente de mi real audiencia de ellas. Por la lei 15 del libro 1°, título 24 de la Recopilacion de las Indias está dispuesto lo que se sigue:...,, (aquí se copiaba la lei de 19 de marzo de 1647). I por que se ha entendido en el dicho mi consejo que sin embargo de lo referido se han impreso muchos libros de que no se tiene noticia particular por haber faltado a lo que contiene dicha lei, ha parecido ordenaros i mandaros (como por la presente lo hago) que en su conformidad remitais al dicho mi consejo los libros i tratados de todas facultades i ciencias (aunque sean de historia) que se hubieren escrito e impreso, que han de ser veinte tomos de cada uno, reconociendo para este efecto con todo cuidado las obras que se han impreso para que se envíen al dicho mi consejo en la forma que va referida, sin omitir alguna, ni faltar a ello por ningun caso ni pretesto. I este mismo orden observareis en lo de adelante con mas puntualidad, enviando los libros referidos a España en las primeras ocasiones que se ofrecieren, dirijidos al secretario que es, o fuere, del dicho mi consejo de la negociacion del Peni, i me avisareis del recibo de este despacho, i de lo que en su cumplimiento ejecutáredes.— Fecha en Madrid a 8 de agosto de 1686.—Yo el Rel—Por orden del Rei Nuestro Señor, Francisco de Arana"

El bueno de Carlos II, o mas bien, sus consejeros se habian olvidado de que el gobernador i capitan jeneral de Chile don Juan Henríquez, cuando se le habian notificado las licencias i requisitos que en América debian preceder a toda impresion, habia contestado por carta, fechada el 23 de setiembre de 1672, que estaba libre de esos cuidados, porque en Chile no habia imprenta; i de que con fecha 5 de diciembre de 1675, se habia acusado recibo de la carta mencionada. No se les habia ocurrido que si no se les habia remitido ningun libro, era simplemente porque no se habia publicado, ni podia publicarse ninguno. De todos modos, en caso do duda, debieron querer cerciorarse de lo que habia, por temor de que en la apartada estremidad de la América Española, hubiera podido publicarse alguna obra sobre la cual hubiera algo que observar.

V.

Pero si la España debia estar esenta de temor por esa parte, no podia estarlo por otra. En Chile no podia imprimirse nada, pero podia leerse

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