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ternacion, o se recojan las medallas, relojes i tabaqueras con la figura representativa de la libertad americana, i demas efectos de esta o semejante escandalosa alusion, como V. E. me previene en real orden de 18 de marzo próximo pasado. Santiago de Chile, 14 de noviembre de 1791.—Ambrosio O'Higgins Vallenar.—Excelentísimo Señor Conde de Lerena."

Sin embargo, O'Higgins, por mas que buscó, nada encontró.

XIII.

Dos años mas tarde, el mismo O'Higgins recibia la nota siguiente:

"El Rei, con noticia de que en el puerto i ciudad de Guayaquil se ha introducido i cojido un reloj con una inscripcion i pintura alusiva a la depravada libertad de la Francia, ha resuelto prevenga a V. S., como lo ejecuto, que encargue a los gobernadores del distrito de su mando, i personas a quienes competa, el que celen la introduccion de toda alhaja, ropas o estampas que tengan semejantes pinturas o inscripciones. Dios guarde a V. S. muchos años.—Madrid 20 de julio de 1793. —Gardoqui.—Señor Presidente de Chile."

O'Higgins proveyó i contestó en esta forma:

"Santiago, 6 de diciembre de 1793.—Cúmplase este real orden; comuniquese a los gobernadores que previene, i al administrador jeneral de aduana, para que por medio de ellos se encargue estrechamente a sus subalternos i resguardos, que si en los rejistros i reconocimientos de efectos que se introducen por el comercio, encuentran algunas piezas de las que se prohiben, las retengan i den cuenta, celándose lo mismo por los demas justicias. Hágase saber al señor fiscal; i acusado el recibo, archívese. Qlliggins"

"Excelentísimo Señor. Inmediatamente al recibo del real orden de 20 de julio próximo pasado, he trasladado su contenido a los gobernadores i resguardos de puertos i administraciones de aduana de este reino, encargándoles celen eficazmente la introduccion de alhajas, ropas o estampas con pinturas e inscripciones alusivas a la libertad de la Francia u otras semejantes, como en él se me previene; i quedo en vijilar por mí mismo i por los demas medios eficaces para atajar el depravado uso de tales piezas, como es justo. Dios guarde a V. E. muchos años.—Santiago de Chile, 8 de diciembre de 1793.—Amlrosio O'Higgins Vallenar. —Excelentísimo Señor Don Diego de Gardoqui."

XIV.

He insertado íntegros estos documentos para que se vea el triste estado a que habia llegado la metrópoli con su política restrictiva i tiránica. La señora de dos mundos estaba ocupada de un reloj que se habia introducido en Guayaquil, i enviaba un despacho al traves del océano para que sus leales servidores se empleasen en descubrir los otros que hubiera de la misma clase. Su dominacion en la América contaba siglos de existencia; i sin embargo, temblaba, no ya ante un libro, sino ante una inscripcion. La España tenia miedo a un reloj, una tabaquera, una cinta, un alfiler.

Los libros eran misioneros cuya voz nunca se fatigaba, i a los cuales no se acobardaba con el martirio. Por eso, como si fueran animales dañinos, se les perseguia sin descanso, en el mar, en la tierra, en la tienda del mercader, en la casa del particular. La autoridad eclesiástica se aunaba con la autoridad civil para la proscripcion, no solo de los escritos condenados por motivos relijiosos, sino tambien de los condenados por motivos políticos.

La lejislacion de Indias no era una letra muerta para Chile, sino que tenia aquí su debido cumplimiento, siendo pocas las obras que lograban escaparse de esa doble censura.

"Reservada.— Ilustrísimo Señor Obispo Don Francisco de Maran.

"Ilustrísimo Señor. Siendo hoi mas necesario que nunca reducir a la mas estrecha observancia las leyes del título 24, libro 1? de la Recopilacion de estos dominios en la parte que tratan de precaver en ellos la introduccion i conocimiento de libros escandalosos i perjudiciales a la relijion i al estado, he creído oportuno ocurrir a V. S. I. para que espidiendo por su parte las órdenes convenientes a los vicarios de los puertos de Valparaíso i Coquimbo, a fin de que concurran con sus gobernadores a la investigacion i examen de cuántos libros i papeles se intente importar por ellos, me den cuenta incontinenti de cualquiera ocurrencia en esta línea, remitiendo a mis manos los que se aprehendan, con razon de los sujetos a quienes pertenezcan para que, reconocidos por V. S. 1., se les dé el destino que corresponda. Espero que V. S. I. tendrá la bondad de fiarme dichas órdenes para dirij irlas yo en derechura con la brevedad que exije esta importancia. Dios guarde a V. S. I. muchos años.—Santiago, 9 de abril de 1795.—Ambrosio O'Higgins VallenarP

Es claro que el obispo i el presidente impartieron las órdenes del caso a sus ajentes respectivos.

Pero el celo del activo presidente O'Higgins no se limitaba a estimular el del obispo Maran para hacer a las doctrinas i libros mas o ménos adversos a la autoridad real i a los intereses metropolitanos una guerra implacable, sino que, pasando harto mas allá iba hasta espiar la correspondencia privada, i hasta interceptar las cartas en que descubria cualquiera espresion que le pareciera mal sonante.

El siguiente documento puede instruirnos sobre el particular mucho mas que cien pajinas de reflexiones vagas i abstractas.

"Excelentísimo Señor. Desde que empezaron los alborotos de la Francia, tuve el mayor cuidado de pintarlos en todas ocasiones con el horror que merecian, i encubrir la noticia de las desventajas que la desgracia iba proporcionando a los autores de aquella revolucion. No contento de procurar con vijilancia suprimir las papeletas i cartas de partiticulares en que de esto se hablaba, dirijí a los gobernadores de los puertos del reino la orden que en copia acompaño al niimero l9 para que cuidasen de evitar la introduccion de los libros perjudiciales que recelaba pudiesen venir a bordo de los navios de comercio. Aunque no ha habido hasta ahora ocasion de que tuviese ejercicio aquella disposicion, en el presente correo he tenido el disgusto de haber visto venir varias copias del papel que igualmente acompaño al número 2, que por su estilo i asunto me ha parecido mas peligroso, que todos cuantos yo habia temido hasta aquí. Sin dar a entender que hacia el menor aprecio de él, he procurado recojer los ejemplares distintos que se dirijieron desde Buenos Aires, a mi parecer por lijereza i falta de reflexion de los correspondientes que celebraban en él mas la forma, que su asunto, e ideas que ea^en él se espresaban. I aunque por esto, i porque estando bien asegurado de la rectitud del juicio con que aquí se piensa acerca de esto, i de la verdadera i sólida afeccion que se tiene al justo, suave i ventajoso gobierno de nuestro monarca, no haya que recelar en toda la estension de este mando la mas lijera perjudicial impresion, sin embargo he creído no debo ocultar a V. E. este suceso por la relacion que pueda hacer al estado en jeneral i conocimiento sobre el principio i naturaleza del impulso con que de esas partes puede haberse arrojado este i semejantes papeles, i tome en consecuencia las providencias que estime convenientes. Nuestro Señor guarde la importante vida de V. E. muchos años. Santiago de Chile, 17 de setiembre de 1795.—El Baron de Ballinary.—Excelentísimo Señor Don Eujenio de Llaguno".

XV.

Las leyes españolas de imprenta i de librería no han menester de comentarios. El individuo ménos intelijente es capaz en el dia de apreciar sus funestas consecuencias. En vista de ellas, ¿qué tiene de raro el atraso intelectual de los americanos? Lo asombroso es que pensasen.

La simple lectura de las leyes que he citado, i la noticia de las curiosas i características persecuciones de libros que he mencionado bastan para hacernos colejir cuan poco debia leerse en América.

Tanto algunos lejistas i téologos acaudalados, como las comunidades relijiosas, particularmente en la segunda mitad del siglo XVIII, habian reunido colecciones de libros algo numerosas.

El bibliófilo mejicano Eguiara i Eguren refiere que, a lo que se decia, una de las bibliotecas conventuales de su país llegaba a doce mil volúmenes; pero él mismo cree que habia en esto exajera

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