Imágenes de páginas
PDF
EPUB

CAPITULO VIL

EL AISLAMIENTO DE LOS DOMINIOS HISPANO-
AMERICANOS.

Prohibicion a los subditos del rei de entrar a los dominios hispnno-americanos, o salir de ellos sin licencia espresa.—Prohibicion a los estranjeros de entrar a la América Española i de establecerse en ella.—La composicion.—Espulsion de los estranjeros que se habían introducido en Chile.—Negativa a la solicitud de los estranjeros para permanecer en Chile, aun cuando hubieran prestado servicios.—La convencion de San Lorenzo.—El presidente O'Higgins de Vallenar.—La pesca de la ballena.—Precauciones de O'Higgins para impedir la entrada de jente sospechosa por los boquetes de la cordillera.—Ordenes del presidente Carrasco para hacer salir de Chile a los estranjeros.—Falsificaciones de licencias a los estranjeros para comerciar en los dominios hispano-americanos.—Plan de Ward.—Los españoles enumeran entre las principales .g&ngag.. do .1» revolución americana la permanencia dé los pocos estranjeros a quienes permitieron residir en sus dominios cléTnuevo mundo.

I.

La metrópoli, como era lójico, queria conservar invariables las opiniones i los hábitos que a fuerza de desvelos i de constancia habia impuesto a sus súbditos de ultramar; queria mantener inmaculada la veneracion profunda que éstos profesaban al soberano, el semi-dios coronado, el vicario temporal de Jesucristo en la tierra.

Para conseguirlo, habia imajinado aislar del resto de la tierra las posesiones americanas.

Era aquella la repeticion del sistema hebraico o chinesco de incomunicacion.

Persona viviente podia venir de España a América, o ir de América a España, sin una licencia especial, otorgada en el primer caso por el rei, o la casa de contratacion de Sevilla, cuando estaba autorizada para ello; i en el segundo respectivamente por los virreyes, presidentes i gobernadores.

Estas licencias no se concedian sin que previamente se hubieran rendido las necesarias informaciones.

En las de los que se dirijian de América a España,se habian de espresar con mucha especificacion las causas i negocios a que iban los pasajeros, sí era para volver o quedarse, o compelidos a hacer vida 'con sus mujeres, o llevarlas, o por algun delito, o por motivo de comercio.

Ni siquiera los clérigos i frailes estaban esentos de esta traba.

Los americanos tampoco eran libres de pasar de una seccion del continente a otra.

Los contraventores de estas disposiciones, i sus cómplices o favorecedores, eran castigados con penas severas, amenudo fuertes multas, con frecuencia la confiscacion de los bienes, una porcion de los cuales estaba asignada al denunciador para poner el cumplimiento de las leyes bajo la vijilancia de la codicia particular (1).

I no se crea que estas reglas cayeron con el tiempo en desuso.

Hé aquí un documento del último período de la época colonial que prueba lo contrario.

(1) Recopilacion de Indias, libro 9, título 16.

"Ha resuelto el Rei que siempre que en los navíos de guerra, o de particulares, que vayan de estos reinos a esos dominios, se encuentre algun individuo sin asiento formal en las listas o roles de matrícula, o que no lleve real licencia espedida en virtud de orden dada por esta via reservada, o por el consejo de Indias, se remita indispensablemente a España bajo partida de rejistro en la misma embarcacion que lo haya conducido sin permitirle saltar en tierra; i de orden de Su Majestad se lo participo a V. S. para el debido cumplimiento. Dios guarde a V. S. muchos años.—El Pardo, 25 de marzo de 1778.—José de Gálvez.—Señor Presidente de Chile."

Recibido este despacho, don Agustin de Jáuregui, que gobernaba entonces en Chile, dispuso con fecha l9 de octubre de 1778 que se pasaran copias autorizadas a los gobernadores de los puertos de Valparaíso i Concepcion, que eran los únicos que estaban abiertos al comercio, a fin de que se ejecutara puntualmente lo que en él se resolvia.

II.

Si tanto era el rigor que se desplegaba con los propios súbditos, con los nacidos en España o en América, fácil es de concebir el que se emplearia con los estranjeros.

Se sabe demasiado que el antiguo pueblo español no se distinguió nunca por el espíritu cosmo

A esto se añadia la fundada desconfianza que el gobierno peninsular abrigaba de que si permitia la entrada en el nuevo mundo de j ente estraña, esta propalara entre los colonos ideas i costumbres opuestas al sistema adoptado.

polita

Era preciso mantener a toda costa el candor político de los americanos.

La metrópoli temia que los estranjeros fuesen en sus dominios ultramarinos las manzanas podridas de la fábula, que era preciso apartar de la cesta, si no se queria que con su contacto inficionasen a fas que estaban buenas i lozanas.

Habria sido mui difícil que los americanos hubieran suministrado el modelo de los mas respetuosos i sumisos vasallos si los estranjeros hubieran traído el contajio de las malas doctrinas.

I no deja de ser curioso que fuera el insigne jeno ves Cristóbal Colon quien aconsejó esta esclusion de los estranjeros a Fernando e Isabel en. la primera carta que les escribió para comunicarles el resultado de su primer viaje. "I digo que Vuestras Altezas no deben consentir que aquí trate ni haga pié ningun estranjero, salvo católicos cristianos, pues esto fué el fin i el comienzo del propósito que fuese por acrecentamiento i gloria de la relijion cristiana, ni venir a estas partes ninguno que no sea buen cristiano" (1).

La indicacion era tan grata a los antiguos españoles, i correspondia tanto a sus antecedentes e inclinaciones, que el ilustrado don Martin Fernández de Navarrete no tuvo reparo en 1825 para poner el siguiente comentario a las palabras citadas del esclarecido almirante: "Véase con cuánto fundamento apoyaron nuestras leyes de Indias este consejo de Colon, tanto mas imparcial, cuanto que era dado por un estranjero, aunque ya naturalizado en España."

Pero miéntras tanto, si los reyes españoles hu

(1) Navarrcte, Coleccion de viajes i descubrimientos, tomo 1.°, pajina 71.

hieran seguido desde luego una indicacion que Navarrete juzga tan acertada, ni el mismo Colon habria descubierto bajo la bandera de Castilla el nuevo mundo; ni Américo Vespucio habria emprendido sus espediciones; ni Hernando de Magallánes, hallado el estrecho; ni Alfinger, Spira i Federman, ejecutado las correrías que sirvieron para esplorar la rejion de que ahora está formada la moderna república de Venezuela.

Mas Felipe II i sus sucesores atendieron el consejo de Colon, i lo pusieron por obra.

Los estranjeros fueron para la metrópoli la jente sospechosa, la jente non santa.

Ninguno podia pasar a las Indias, ni tratar en ellas, a no estar habilitado con licencia real i carta de naturaleza, pena de perdimiento de las mercaderías que contratase i de los demas bienes que tuviese, aplicado todo por tercias partes al fisco, juez i denunciador (1).

Esta pena estaba perfectamente concebida. Por ella, se interesaba a los habitantes en el descubrimiento de los estranjeros; i al juez en su castigo. Los delatores, bien pagados, debian ejercer la mas activa de las policías; los majistrados, que lucraban condenando, debian ser inexorables, terribles. Solo los pobres i desvalidos tenian probabilidades de escapar, lo que en efecto sucedia.

Posteriormente, se ordenó que los estranjeros a quienes se juzgase por contrabando u otros delitos debian ser castigados en América, o con pena capital, o con otra mas moderada que mereciesen, no debiendo remitírseles nunca a España para evitar la continj encia de que quedaran impunes en aten

(1) Recopilacion de Indias, libro 9, título 27, lei 1.»

« AnteriorContinuar »