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"I para que llegue a noticia de todos, i ninguno pueda alegar ignorancia, mando se publique este orden en forma de loando en las calles públicas i acostumbradas.

"Que es fecho en la ciudad de Santiago de Chile en diez i siete de abril de mil setecientos i sesenta años.—Don Manuel de Amat.—Por mandado de Su Señoría, Luis Luque Moreno, escribano público, i de gobierno, interino."

"Santiago i abril 17 de 1760.—Doi fe haberse publicado este orden en forma de bando en la plaza mayor, i calles desde el rio hasta la Cañada, a son de caja i en forma de guerra, autorizado con el piquete de la bandola; i para que conste, doi la presente. Fecha ut supra.Justo del Aguila, escribano receptor."

Aunque, como aparece, el presidente Amat se mostraba bastante solícito para hacer ejecutar las leyes relativas a la espulsion de los estranjeros, esto no le libertó de una severa reprimenda que recibió a los pocos meses por haber tolerado que prolongase su mansion en Chile cierto portugues, don Juan Albano Pereira, el cual, sin embargo, habia sido autorizado por el virrei del Perú para permanecer algun tiempo en dicho país a fin de que pudiese cobrar una deuda.

Antes hemos visto que el gobierno español dirijia una persecucion especial contra cada libro cuya lectura estimaba perjudicial a sus intereses. Pues lo mismo hacia contra cada estranjero, por oscuro i desvalido que fuese, segun habrá podida colejirse por lo que queda referido, i se colejirá por lo que seguiré mencionando. Es difícil imajinar un despotismo mas minucioso. De aquí resulta que los casos personales que cstoi consignando tienen una verdadera importancia histórica.

"El Rei. Presidente de mi real audiencia de Santiago de Chile. Por parte de don Juan Albano Pereira, natural de la colonia del Sacramento, se me ha hecho presente haber pasado a ese reino con licencia de mi virrei del Perú en solicitud de lai cobranza de varias cantidades que prestó a diferentes sujetos españoles que transitaron por el Rio Janeiro, i que a este fin se mantiene en esa ciudad con el encargo tambien de entender en la recaudacion de los efectos de don Feliciano Bello Oldemberg, que están aplicados a la confiscacion de lo que debe a la real hacienda; i acompañando el informe que hicisteis a su favor en 5 de mayo de 1759, ha suplicado me digne concederle carta de naturaleza de estos reinos en la forma ordinaria; i visto en mi consejo de cámara de las Indias, con lo que dijo mi fiscal, no solo no he venido en concedérsela, sino que se me ha hecho mui reparable vuestra condescendencia en dejarle residir tanto tiempo há en esos dominios, i no menos el que hayais informado a su favor, no debiendo ignorar que no se puede deferir a su pretension sin contravenir a las leyes; por lo que me ha causado igual estrañeza se persuadiera con tanta facilidad el fiscal a que se le dispensarla la espresada gracia al referido Pereira, lo que en mi real nombre le dareis a entender. I respecto de que este cstranjero ha tenido sobrado tiempo para recaudar sus dependencias, que es el paliado protesto con que se le ha disimulado, aunque indebidamente, su permanencia en esc reino, le hareis salir de mis dominios, apercibiéndole que de no ejecutarlo dentro del brevísimo término que para ello os mando le señaleis, será preso i conducido a estos reinos en partida do rejistro con embargo de todos sus bienes, dilijencia que debereis poner en práctica en el territorio de vuestra jurisdiccion, i aun fuera de él en caso necesario, librando las requisitorias o despachos que correspondan; i me dareis puntualmente aviso con justificacion del cumplimiento de esta orden.— Dada en Buen Retiro a 27 de junio de 1760.—Yo el Rei.—Por mandado del Rei Nuestro Señor, Don Juan Manuel Crespo."

Tan luego como se recibió esta cédula, el presidente i los oidores, reunidos en real acuerdo, proveyeron que don Juan Albano Pereira, so pena de incurrir en el castigo mencionado en ella, saliera dentro de ocho dias para Mendoza, i de allí para Buenos Aires, a fin de que se fuera al Sacramento.

Esto sucedia en pleno invierno el 11 de agosto de 1761.

Don Juan Albano Pereira solicitó, en atencion a estar cerrada la cordillera, i no permitir la nieve paso por ella, que se le ampliase el término hasta noviembre o diciembre; pero el presidente i oidores, que no se atrevian a correr el riesgo de una nueva reprimenda, modificaron su auto solo en cuanto a conceder a Albano que fuera a aguardar en la villa de Aconcagua que estuviera espedito el camino de los Andes, pero debiendo alejarse de Santiago dentro de tercero dia.

El presidente Amat, por su parte, a fin de no esponerse a que el rei, su señor i amo, volviera a tener motivo para censurarle por falta de celo, habia inmediatamente comisionado al oidor don Domingo Martínez de Aldunate para que con toda prolijidad indagara los estranjeros que sin los requisitos legales estuvieran comerciando i traficando en Chile; i si habia algunos, los espulsara sin remision, para lo cual puso a su disposicion la tropa de dragones.

Despues de prolijas informaciones i averiguaciones, solo se descubrieron ocho individuos acusados de residir en Chile sin permiso a pesar de ser portugueses; seis, a pesar de ser franceses; i uno, a pesar de ser italiano.

Uno de los franceses no pudo descubrirse dónde estaba.

Uno de los que se decia eran portugueses probó ser catalan.

Otros tres, de los cuales dos franceses i uno portugues, tenian los requisitos para residir en el país.

Otros nueve, de los cuales cinco portugueses, tres franceses i uno italiano, estaban casados con chilenas, i eran padres de familia, por lo que la audiencia, en auto de 17 de octubre de 1761, les concedió "tres años para que dentro de ellos ocurriesen por sí o sus apoderados a impetrar de Su Majestad (que Dios guardase) su real carta de naturaleza con apercibimiento que, cumplido dicho término, se procederia contra ellos," se entiende, caso de no haber obtenido la real gracia.

Así solo hubo que espulsar a un portugues, comerciante al menudeo.

Parecia que el presidente Amat podia darse por descargado de la tremenda responsabilidad de tolerar la residencia de estranjeros que no estuviesen autorizados para ello.

Sin embargo, todavía le cayó encima una advertencia del gobierno sobre el particular.

Entre los estranjeros casados con chilenas de que se trató en la investigacion practicada por el oidor Aldunate, se encontraban aquel portugues don José Antúnez i aquel frances don José Denos, de quienes el presidente Amat decia en 1759 que estaban practicando las dilij encias necesarias para obtener carta de naturaleza.

Si este hecho harto insignificante en sí, pero mui propio para hacer conocer el sistema colonial, se ha olvidado al lector a pesar de haber sido referido solo unas cuántas pájinas ántes, no sucedió del mismo modo a los consejeros del rei, a pesar de haber trascurrido algunos años desde que les habia sido comunicado, i de los graves i variados asuntos sometidos a su consideracion.

Efectivamente, como se creyera que no se habian dirijido tan luego las solicitudes anunciadas de cartas de naturaleza, el rei espidió en San Lorenzo en 18 de noviembre de 1763 una nueva cédula en que ordenaba a su presidente de Chile "que si los espresados don José Denos i don José Antúnez no presentaban carta de naturaleza, u otro equivalente real despacho, dentro del término que se les habia señalado, se les hiciera salir irremisiblemente de este reino, espidiendo los avisos i encargos que convinieran para que no se quedaran o establecieran en alguna otra parte de sus dominios."

La cédula anterior fué contestada, no ya por Amat, que habia ascendido a virrei del Perú, sino por su sucesor don Antonio Guill i Gonzaga.

"Señor. Luego que recibí la real cédula en que V. M. se digna mandarme salgan de este reino los estranjeros don José Denos i don José Antúnez, en caso de no presentar real despacho o carta de naturaleza, mandé se les notificase; pero habiendo exhibido el primero orijinal el permiso que consiguió de V. M. en 21 de setiembre de 1762, le dejé en libertad, i continué las respectivas dilijencias con Antúnez, que se halla pobre, cargado de familia i sin trato alguno en el retiro de una hacienda, por cuya causa, con dictamen de este real acuerdo, suspendí su espulsion hasta que V. M. se digne, en vista del testimonio adjunto de los au

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