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tos (que con el mas profundo respeto paso a sus reales manos), determinar lo que sea mas de su soberano agrado. Dios guarde a V. M. muchos años.—Santiago, 3 de setiembre de 1764.—Antonio Guill i Gonzaga."

Solo en vista de los autos, del dictamen de la audiencia i de la opinion acorde de tres presidentes, vino el rei a otorgar permiso por cédula de 4 de abril de 1767 al pobre portugues para que se quedara en Chile con su mujer i sus hijos, encargando que se estuviese mui a la mira de que "no se empleara en tratos ni negociaciones prohibidas."

V..

Paso ahora a citar otro hecho mui notable de la desconfianza suspicaz i estremada con que el go'bierno español miraba a los estranjeros que llegaban a introducirse en sus colonias, aunque se manifestaran mui dispuestos a servirle.

La pretension de reunir a los araucanos en poblaciones orijinó un alzamiento jeneral durante el gobierno de don Antonio Guill i Gonzaga, quien habia tomado mui a lo serio el consentimiento que para ello habían prestado los mismos indíjenas.. Disgustados éstos por la multitud de misioneros que se habian introducido en sus tierras con mas celo que discrecion, e irritados de que se les obligase a trabajar en la construccion de las aldeas que a su juicio debian servirles de cárcel mas bien que de alojamiento, se sublevaron, matando a todos los españoles que hubieron a las manos, i robando todos los ganados que pudieron.

Guill i Gonzaga murió dejando a sus sucesores el funesto legado de aquella guerra que habia estallado de improviso, cuando las fortalezas estaban arruinadas, desprovistas, desguarnecidas.

En medio de sus apuros, el oidor decano de la audiencia don Juan de Balmaceda, que le subrogó interinamente en el gobierno, hizo publicar un bando en que ofrecia a los estranjeros que con sus armas i caballos, i sin gravámen del erario, quisieran pelear contra los bárbaros, los recomendaria al rei para que les concediese carta de naturaleza.

Era aquella una composicion por servicios, i no por dinero.

Don Reinaldo Breton, frances, orijinario de San Maló, formó una compañía de sesenta i ocho individuos, que, fiados en esta promesa, se alistaron bajo sus órdenes, i a muchos de los cuales habilitó con uniforme, i suministró otros ausilios que la pobreza no les permitia proporcionarse.

Los nuevos soldados marcharon con toda diligencia a Concepcion; i apostados en la parte de la costa inmediata a la plaza de Arauco, sirvieron en la primera campaña contra los rebeldes, haciendo otro tanto en la segunda, hasta que celebradas las paces de Quedeco, en febrero de 1771, se restituyeron a la capital.

Don Jorje Lanz, holandes que ejercia en Chile la profesion de escultor i agrimensor, i que habia sido en varias ocasiones alarife, veedor jeneral i alcalde de minas de plata, levantó a su costa otra compañía de treinta hombres, que partieron al Sur bajo su mando, i combatieron con el mismo celo i decision que la jente de Breton.

Sin embargo, el monarca desaprobó el bando de que se ha hablado, ordenó que se disolviesen aquellas compañías, reprendió a los presidentes por que toleraban en Chile tantos estranjeros, mandó que "se enviaran a España los que no tuvieren licencia bajo partida de rejistro," i no concedió carta de naturaleza mas que a don Reinaldo Breton, que hacia mas de veinte i cinco años que residia en Chile, donde se habia casado i tenia cuatro hijos, i que habia emprendido viaje a la Península para implorar aquella gracia (1).

Si la metrópoli desplegaba tanto rigor con los estranjeros que le prestaban señalados servicios, no es de asombrar -que se mostrara igualmente severa con aquellos que solo se ocupaban de su negocio. Así es mui concebible que el gobierno que mandaba se le enviara bajo partida de rejistro a los que se habian espuesto a la fatiga i al peligro por combatir a los araucanos, persiguiera con el mismo encarnizamiento, tanto en el virreinato de Buenos Aires, como en Chile, a tres jenoveses, Francisco Moresco, Antonio Bonelo i Estévan Ferrari, por el crimen imperdonable de ser estranjeros, haber comprado toda la azúcar que condujo de la Coruña el correo marítimo, i tener la osadía de venderla públicamente en sus despachos. El rei se aprovechaba de la ocasion, para reiterar el mandato tantas veces impartido de que "se guardasen las reales órdenes espedidas para no permitir a los estranjeros la residencia i comercio en aquellas provincias para que por este medio consiguiesen los naturales este beneficio, i no se les privase de las utilidades que podían lograr i se' llevaban los estranjeros" (2).

(1) Oficios del presidente don Francisco Javier de Moráles, fechas 16 de abril, 30 di octubre i 19 de diciembre de 1771, al bailío frei don Julian de Arriaga.—Reales Cédulas de 12 de junio de 1772, de 22 de junio de 1773 i de 1." de junio de 1783.—Relacion de los méritos i servicios de don Reinaldo lie Breton, capitan de la compañía de San Carlos de estranjeros de i a ciudad do Santiago del reino de Chile, fecha 21 de octubre de 1772.

(2) Real Cédula espedida en San Lorenzo a 25 do noviembre de 1776.

¡Tres vendedores de aziícar elevados a la categoría de reos de estado, i perseguidos al traves del océano, de las pampas i de las cordilleras! ¿No es verdad que pasma tanta violencia para sostener tanta absurdidad?

VI.

El propósito fijo que tuvo el gobierno'español de mantener a toda costa aislados del resto del mundo sus dominios americanos a fin de impedir que los estranjeros, tan codiciosos, como heréticos, sacaron d^ ellos las riquezas de que solo debían aprovecharse los nacidos en la Península, i de que introdujeran doctrinas perversas i costumbres malas, le llevó hasta elevar la singular pretension de que el vasto océano Pacifico se considerase una especie de lago interior, por el cual no era lícito a ninguna nave el navegar sin el beneplácito de su dueño el señor de las Indias.

Ese permiso no era otorgado a las mismas embarcaciones españolas, si no con muchas precauciones.

Tan luego como alguna de ellas arribaba a Chile se remitía al presidente una razon del carga* mento i una lista de los oficiales, marineros i pasajeros; i se ponia especial cuidado en no dejar des* embarcar a ningun individuo que no trajese licencia para ello.

Por lo que toca a las naves estranjeras; eran todas reputadas enemigas, i no debian navegar por las aguas del Pacifico, ni mucho ménos acercarse a las costas de la América,

He mencionado en otro capítulo que los jurisconsultos españoles enumeraban entre los prodigios por los cuales segun ellos se manifestaba haber Dios destinado el nuevo continente a la corona de Castilla, el hecho maravilloso de que el océano antes innavegable se habia amansado desde que fué surcado por la escuadrilla de Colon.

Pero si, como lo deseaba uno de sus antiguos reyes, Dios hubiese querido que esos jurisconsultos hubieran asistido a sus consejos al tiempo de la creacion, habrian propuesto que las cosas se arreglaran todavía mas satisfactoriamente, haciendo que todo el mar, i en particular el Pacífico, hubiera abierto camino para la América, no a las embarcaciones de todos los pueblos, sino solo a las de la monarquía española.

Mas desgraciadamente, sin duda por alguna inadvertencia, el negocio se habia combinado de otra manera.

I lo que aun era peor: la metrópoli, de ruina en ruina, habia ido a parar a tan triste estado de decadencia, que no tenia recursos para sostener sus soberbias pretensiones de dominacion esclusiva; i que para no verse espuesta a arriesgarlo todo, tuvo que principiar a ceder, consintiendo por bien en lo que podia imponérsele por mal.

Para dar término a varias cuestiones desagradables que tenia con la Inglaterra, se vio obligada a ajusfar en 28 de octubre de 1790 la convencion de San Lorenzo.

Por uno de los artículos de aquel pacto, se estipuló que los subditos de las dos partes contratantes no serian perturbados, ya fuese cuando navegaran o pescaran en el Pacífico; ya fuese cuando desembarcaran en las costas situadas al sur de las últimas colonias españolas, a fin de comerciar con los naturales, o formar establecimientos.

En compensacion, el gobierno británico se comprometia a emplear los medios mas eficaces para

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