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habrian podido menos de hacer conocer, a los americanos.

Hemos visto la persecucion implacable que la metrópoli dirijia contra los estranjeros colectiva e individualmente.

Pues todavía sus defensores enumeraron entre las principales causas de la emancipacion de los dominios hispano-americanos la permanencia de los pocos que se toleraron.

"La sagrada escritura nos dice que Dios prohibió al pueblo israelita los enlaces con mujeres idólatras, i da la razon, escribia frai Melchor Martínez, lamentando aquella perjudicial i deplorable induljencia de la España; porque sabía ciertísimamente que su compañía i trato los arrastraria a la idolatría; i este precepto no escluye a los sabios, pues Salomon, el mas sabio de los mortales, que quebrantó el precepto, incurrió i abrazó el error de la idolatría, seducido por sus mujeres, i con la circunstancia de estar advertido del peligro" (1).

(1) Martínez, Memoria Histórica sobre la revolucion de Chile, pajina 13. CAPITULO VIII.

LAS PEQUEÑECES DE LA COLONIA.

Frivolidad de la vida colonial.—Juicio del doctor Solórzano sobre el obispo Villarroel.—Las guedejas de los eclesiásticos.—La grasa" de vaca en los dias de abstinencia.—El número de los ánjeles.—Bandos relativos a remedios.—El monopolio del pescado por los frailes.—El traje del presidente.—Etiquetas de Alvárez de Accvedo con la audiencia.—La visita de la rejenta a la presidenta.—Las ocupaciones -del cabildo.—Un tumulto universitario.—Conclusion.

I.

Me parece haber manifestado en los capítulos precedentes, con abundante copia de documentos i de hechos, que los caractéres distintivos de la sociedad hispano-americana bajo la dominacion de la metrópoli fueron una ignorancia supina, una segregacion casi completa del resto de los pueblos civilizados, i una coaccion constante i minuciosa de la autoridad hasta en los menores incidentes de la vida pública i privada.

El resultado de un réjimen semejante fué el que debia esperarse: ^degradacion de los individuos;.

Por lo jeneral, en las colonias de América, no se pensaba, ni se escribia, ni se hablaba sobre nada que fuera serio i grande; i por lo tanto no se ejecutaba tampoco nada que mereciera el aplauso de los contemporáneos, o la gratitud de las jeneraciones venideras.

Todo allí era mas o menos pequeño: los pensamientos, los escritos, las palabras, las acciones.

La evocacion de tanta miseria acongoja verdaderamente el corazon.

Un espectáculo de esta especie produce una tristeza mas amarga de la que causaria la vista de ruinas colosales, amontonadas por la accion destructora del tiempo.

Es mucho poder decir:

—Aquí fué Troya, aquí fué Palmira, aquí fué Itálica, aquí fué la silla de un pujante imperio. Estos arcos i estos mármoles destrozados fueron magníficos templos; estos escombros cubiertos de malezas, i guarida de reptiles, fueron termas, teatros, palacios; estos pantanos fueron jardines deliciosos. Aquí floreció un pueblo opulento i poderoso, respetado de sus aliados i temido de sus enemigos, cuyas naves trasportaban las mas variadas producciones hasta las mas remotas comarcas, i cuyo idioma era la lengua de las letras i de las ciencias. Aquí nació Priamo, Héctor, Eneas, Zenobia, Eonjino, Trajano. Tanta grandeza ha tenido una duracion que puede considerarse solo como una hora en la larga serie de los siglos; pero ha existido, ha brillado. Aquí el hombre ha reinado solo un dia; pero siquiera ha reinado, ha ostentado poder, ha alcanzado gloria. A este punto del globo se encuentra ligado un recuerdo que nos entristece, representándonos lo efímero de las obras humanas; pero que al mismo tiempo exalta nuestro lejítimo orgullo, dándonos a conocer cuánto es lo que el hombre ha podido realizar.

Nada semejante puede endulzar el sentimiento que causa la contemplacion de la historia colonial de la América Española.

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Allí el hombre no parece grande ni al principio, ni al fin.

Allí no se descubren columnas, i chapiteles, ni siquiera derribados i cubiertos de amarillo jaramago.

Rioja no habria tenido vo^para cantar delante  de tanta mezquindad; Volney no habria podido filosofar delante de tanta miseria.

A fuerza de intrepidez i de heroísmo, algunos millares de conquistadores castellanos se apoderan de un mundo tan vasto, como privilejiado, que parecia dispuesto para servir de asiento a la mayor de las civilizaciones; i miéntras tanto, no fundan en él mas que una especie de aldea grande, donde no se produce nada notable ni bajo el aspecto intelectual, ni bajo el industrial.

La América durante la dominacion de la metrópoli es una soberbia cuna de imperio, en la cual dormía, no un niño que anunciara la virilidad de Hércules, sino un aborto deforme i raquítico que inspiraba lástima.

El apocamiento de espíritu a que estoi refiriéndome, consecuencia natural i precisa del réjimen establecido, era el mejor fundamento del absurdo dogma de la majestad real"

¿Cómo hacer que los hispano-americanos dejasen de ocuparse en asuntos pequeños para fijar la consideracion en otros mas elevados i dignos?

La cosa era, por cierto, harto difícil.

La ignorancia i los malos hábitos los impulsaban a no dar importancia mas que a los asuntos mas frivolos i aun ridículos.

Las cuestiones serias parecian superiores a sus alcances.

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Por esto, era tarea demasiado ardua el hacerlos reflexionar acerca de los errores crasos en que estaba basado el orden político existente.

Esta enorme dificultad no sería comprensible para nosotros, si no procuráramos palpar, por decirlo así, la realidad de los hechos.

Voi a intentar poner al lector por medio de ejemplos prácticos en aptitud de esperimentarlo por sí mismo.

n.

El principio relijioso, o mejor dicho, católico, inspiraba i dominaba todos los actos de la sociedad colonial.

Pues bien, pregunto yo: ¿cuál de las grandes -cuestiones teolójicas i morales ha sido dilucidada con brillo en la América Española durante ese largo período de tres siglos mas o ménos?

Ahí está para responder la voluminosa i célebre obra del obispo de Santiago don frai Gaspar de Villarroel, el Gobierno Eclesiástico Pacífico;

Esta obra i el De Jure Indiarum de Solórzano Pereira son los dos grandes libros jurídico-teolójicos de la América colonial.

Ya ántes he dicho quién era el insigne doctor en leyes don Juan Solórzano Pereira.

Ahora, agregaré, que segun el obispo Villarroel, "era un varon tan docto, que en todas letras era un admirable prodijio; i cuya elocuencia era tanta, que se despoblaba Lima, i se tupian las escuelas por oírle hablar en romance i en latin, sin que el mas presumido pudiese graduar los dos idiomas, ni alcanzar en cuál lengua hablaba con mayor elegancia."

El digno prelado de Santiago ha cuidado de

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