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sidente del reino debia presentarse en los actos i fiestas a que concurria en compañía de la audiencia.

¿Debia ser en traje militar, o en traje civil?

Dió oríjen a tan espinosa i grave dificultad el haber asistido don Juan Andres Ustáriz en traje militar, i no con golilla, a la festividad de San Ignacio, a la cual tambien habia ido la audiencia.

El supremo tribunal, no desmintiendo aquella vez su celo para hacer respetar sus prerrogativas, reclamó por despacho de 8 de setiembre de 1710 ante el monarca, el cual declaró con fecha de 22 de diciembre de 1711 "ser su voluntad que el presidente pudiese ponerse su traje militar en todas las ocasiones de armarse las milicias i de guerra, i que en las demas estuviese a su discrecion, sin que por parte de la audiencia se le pusiese impedimento con pretesto alguno."

Los oidores, no conformándose con haber salido vencidos en aquella reñida e importante competencia, i no queriendo por este motivo comprender bien lo que el rei habia decidido mui claramente, acusaron en 22 de diciembre de 1711 recibo de la real cédula "dando a entender que la resolucion del soberano habia sido que estuviese en el arbitrio del presidente concurrir en traje militar en las fiestas que eran de convite (como lo era la de San Ignacio); pero que en las fiestas de tabla a que concurria la audiencia por tribunal, debia asistir el presidente con golilla, como tambien en la audiencia, segun práctica, diciendo que en el caso de asistir el mencionado presidente en las fiestas de convite con el traje militar convendria mandase no concurriesen los oidores de ella."

El rei, enfadado con semejante insistencia, dirijió al tribunal en 20 de noviembre de 1714 una cédula bastante áspera. "He resuelto ordenaros í mandaros (como lo hago), decia, os arregleis en todo i por todo a la cédula del año de 1710, pues, mi voluntad es declarar (como por la presente declaro nuevamente) que el presidente de esa audiencia puede asistir en traje militar en todas las funciones i demas concurrencias sin diferencia de ninguna; i que sin mas réplica se ejecute así, porque de lo contrario será de mi desagrado, i tomaré la mas severa resolucion contra quien lo impidiere."

IX.

A fin de no incurrir en demasiadas repeticiones de sucesos parecidos, trasladémonos al año de 1787 en que ocurrieron varias de estas ridiculas etiquetas que los hombres de la colonia elevaban a la categoría de graves negocios de estado en cuya resolucion intervenian los mas altos funcionarios de la monarquía, incluso el monarca mismo.

Habiendo fallecido en abril el presidente don Ambrosio de JJenavídes, tomó interinamente el mando del reino el rejente de la audiencia don Tomas Alvárez de Acevedo.

Era aquella la segunda vez que Alvárez de Acevedo desempeñaba el cargo de gobernador interino, que ya habia ejercido en 1780 por promocion a virrei del Perú del propietario don Agustin de Jáuregui.

En esa primera ocasion, el rejente no habia tenido ninguna dificultad con sus colegas del tribunal; pero no sucedió así en la segunda,

Parece que en 1787, dominaban en la audiencia el oidor don Francisco Tadeo Diez de Medina i el fiscal don Joaquin Pérez de Uriondo, a quienes Alvárez de Acevedo acusaba en una comunicacion al rei de proceder en todo "unidos con la mutua i nada regular deferencia de que usan en todos los asuntos" (1),.

Estos dos togados amotinaron a los oidores contra el rej ente-gobernador interino.

Los motivos o protestos de la desavenencia eran:

1? Que Alvárez de Acevedo se creia facultado para abrir por sí solo los despachos de la corte que venian rotulados al finado Benavides, i para darles cumplimiento de la misma manera;

2r Que se dirijia a la audiencia por cartas en que la trataba solamente de Señoría, i sin encabezarlas con el dictado de Mui Poderoso Señor.

La audiencia pretendia que debia darle cuenta verbalmente, i en el acuerdo, de todos los negocios públicos.

En cuanto al tratamiento, citaba la real cédula de 19 de enero de 1718, ya mencionada en otro capítulo de este libro, por la cual se ordenaba a los obispos que hablasen a las audiencias de Altezas, i pusieran a las comunicaciones que les dirijiesen el encabezamiento de Mui Poderoso Señor. Alvárez de Acevedo invocaba en apoyo de sus

gobierno interino de 1780.

Ademas, hacía notar que la cédula de 19 de enero de 1718 estatuia respecto del obispo, pero no respecto del rej ente-gobernador por ministerio de la lei.

Por último, recordaba que otra real cédula de 8 de julio de 1723 declaraba "que escribiendo el prelado a la audiencia carta o papel sin que interviniese acto de jurisdiccion, venía bien darle trata

procedimientos la práctica

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(1) Alvárez de Aceyedo, Caria al rei, fecha 3 de abril de 1T88.

miento de Señoría, lo cual debia reputarse mas propio de los presidentes como cabezas i superiores de ella, i puramente correspondientes al real servicio los negocios que trataban en sus oficios."

Esta controversia acaloró los ánimos hasta el último grado.

Miéntras tanto, llegó la época de la novena de Mercédes, que se celebraba en el mes de setiembre.

Era aquella una festividad relijiosa que se hacía con mucho aparato, i que tenia una significacion histórica, como puede verse por el siguiente auto que espidió la audiencia de Santiago el mismo dia de su instalacion:

"En la ciudad de Santiago del reino de Chile, en ocho dias del mes de setiembre de mil i seiscientos i nueve años, los señores presidente i oidores de la real audiencia i cnancillería que por mandado del Rei Nuestro Señor está fundada en esta dicha ciudad i reino; es a saber, la señoría del señor presidente Alonso García Ramon, doctor Luis Merlo de la Fuente, licenciados Fernando Talaverano Gallégos i Juan Cajal, doctor Gabriel de Zelada, oidores, dijeron: que en agradecimiento de gracias a Nuestro Señor por la señalada merced que a este reino ha hecho en haber ordenado i tenido por bien de que se haya fundado esta dicha real audiencia por los buenos efectos que siendo Nuestro Señor servido de ello se han de seguir en grande servicio suyo i del Rei Nuestro Señor, i por haber sido en dia tan señalado como el del nacimiento de la Madre de Dios, los dichos señores presidente i oidores dijeron que votaron i votaban, prometian i prometieron a Dios Nuestro Señor i a su bendita Madre por sí i en nombre de los señores presidentes i oidores que les sucedieren que todos los dias de la natividad de la Madre de Dios irán a oír los divinos oficios a el monasterio de Nuestra Señora de la Merced de esta ciudad, donde de ordinario se celebra la dicha fiesta con grande solemnidad, i asistirán la víspera de dicha fiesta a vísperas; i el dia, a la. misa i sermon i procesion; i lo guardarán i cumplirán como dia de tabla, i lo firmaron.—Alonso García Ramon.Doctor Luis Merlo de la Fuente.Fernando Talaverano.El licenciado Juan Cajal.Doctor Gabriel de Zelada.—Ante mí, Melchor Hernández de la Serna, secretario de cámara."

Desde 1610 hasta 1810, esto es, por dos siglos consecutivos, los presidentes i oidores de Chile hicieron año por año aquello a que se habian comprometido.

En 1787, se encaminaban en coches a la iglesia de la Merced, el rejente don Tomas Alvárez de Acevedo, los miembros de la audiencia i los de las otras corporaciones para asistir a la mencionada novena, cuando el fiscal don Joaquin Pérez de Uriondo procuró inferir al presidente interino el desaire que éste mismo va a referirnos en una nota pasada al rei con fecha l9 de abril de 1788.

Hé aquí lo que sobre el particular, decia Alvárez de Acevedo al rei: "Con el fin de desairar i rebajar la representacion de mi ministerio, innovando i alterando la costumbre de asistir al presidente capitan jeneral dos soldados dragones montados con espada en mano adelante, i otros dos atras de su coche de ceremonia; cuando concurre con el cabildo i real audiencia a fiestas de tabla, intentó el fiscal don Joaquin Pérez de Uriondo hacerlos retirar en uno de estos actos públicos, en circunstancias de ir por la plaza caminando para la iglesia del convento de Nuestra Señora de la Merced, un dia de su novenario, por el mes de

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