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IV.

El monarca habia llegado a ser un verdadero ídolo que desde su trono rejia dos mundos.

I por cierto que los fundamentos en que se apoyaban los súbditos españoles en uno i otro hemisferio para persuadirse de que su rei i señor era un ser privilejiado que habia recibido un mandato especial de Dios para gobernarlos merecen llamar la atencion.

Los eruditos, ansiosos de enaltecer de todos modos la majestad real, habian escrito prolijas i sutiles disertaciones para demostrar que Isaías i otros profetas habian anunciado de antemano por inspiracion divina el descubrimiento, ocupacion i conversion al catolicismo de la América por doña Isabel i don Fernando i sus sucesores; i lo que todavía es más, particular, que ciertos vaticinios de la sibila de Cúmas versificados, por Virjilio en la cuarta de sus églogas predecian igual cosa.

Sin duda ninguna, que si Cristóbal Colon no hubiera tenido otros datos para concebir su atrevido proyecto, que las frases citadas de los profetas i del poeta latino, no habria intentado llevarlo a cabo.

Pero eso no impedia que ellas fueran consideradas un argumento decisivo e incontrovertible por personas que se proponian buscar, no la verdad, sino razones para probar un dogma previamente admitido.

El sabio Solórzano, haciéndose cargo de esta objeción, la resuelve con un candor admirable,

Suele Dios, dice, anunciar con mucha anticipacion lo que ha de acontecer, pero ocultándolo en la oscuridad de las palabras de sus profetas, que solo despues de los sucesos vienen a arrojar una luz imprevista.

Pero mas claros que las frases tenebrosas i ambiguas de los profetas i de la sibila de Cúmas eran los numerosos prodijios que en toda la estension de la América habian predicho la llegada de los españoles i todo lo que a ella siguió.

En efecto, los historiadores primitivos consignan las tradiciones de los indíjenas segun las cuales habian ocurrido sucesos portentosos i estraordinarios que vaticinaban su sometimiento a un Dios i a un rei superiores

En Europa, el Señor del cielo habia proclamado por la boca de sus profetas i de la sibila que los españoles subyugarian el nuevo mundo, i lo convertirian al catolicismo. En América, el demonio, por boca de los oráculos i de los hechiceros, habia anunciado igual noticia.

Portentos análogos habian tenido lugar en las Antillas, en Méjico, en el Perú, en todas partes.

Era eso lo que habia impedido a los indíjenas resistir con firmeza a los invasores.

Así puede leerse en Herrera, en Torquemada, en Acosta, en muchos de los otros autores que constituian la lectura comun i frecuente de las personas ilustradas en América.

¿Cómo dudar entonces de que Dios hubiera encargado especialmente la conversion i gobierno del nuevo mundo al rei de las Españas e Indias?

Dios, por el órgano de los profetas i de la sibila, con siglos de anticipacion; i el demonio, por el órgano de los oráculos i hechicerosi con años i aun solo con meses de anticipacion, habian predicho

especialmente las Españas e ne ia sibila,

que la América estaba destinada al soberano es

pañol.

VI.

· El Papa Alejandro VI, apenas descubierto el nuevo mundo, sin haberse fijado en las profecías, i ántes de conocer los prodijios que las confirmaban, i que mas tarde refirieron los indíjenas, concedió en su carácter de vicario de Jesucristo, i con toda la plenitud de su potestad apostólica, a don Fernando i a doña Isabel i a los que les sucediesen las islas i las tierras que Colon acababa de hallar en medio del océano, i que estuviesen situadas al occidente de una línea imajinaria trazada en el globo de polo a polo.

Dios ratificó patentemente la donacion de su representante. pues eras Español

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VII.

· Los escritores españoles observaron que el descubrimiento, ocupacion i conversion al catolicismo del nuevo mundo habian sido una serie de sucesos sobrenaturales que manifestaban la voluntad del Altísimo en favor de los reyes católicos i de sus caudillos.

Sostuvieron que debian reputarse verdaderos milagros: la bondad de don Fernando i doña Isabel para oír los planes de Colon en medio de los afanes de la guerra de Granada, i la liberalidad de los mismos para facilitar su ejecucion en medio de las escaseces del real erario; la constancia del almirante para superar todos los obstáculos; las divisiones intestinas entre los indíjenas, que hicieron más espedita la entrada de los españoles; la estraordinaria rapidez de la conquista, a pesar de la incomparable desproporcion entre las fuerzas de los que atacaban i de los que se defendian; las asombrosas hazañas de Balboa, Cortes, Magallanes, Pizarro i tantos otros.

I todavía debia considerarse mayor milagro que los precedentes, i mas significativo que ellos, el haber con frecuencia unos pocos misioneros, a veces uno solo, bautizado en brevísimo tiempo a centenares de indios. Un solo sacerdote habia bautizado a cien mil; un segundo, a trescientos mil; un tercero, a setecientos mil. De todo esto habia plena constancia en los archivos del emperador Cárlos V.

Pero habia mas aun.

El Atlántico, que la esperiencia, ántes de Colon, habia manifestado ser inavegable, se habia amansado, apenas habia sido surcado por la escuadrilla castellana.

Despues de la entrada de los españoles en el nuevo continente, se habian minorado notablemente los terremotos i las tempestades con que los demonios maltrataban a los indíjenas, i asolaban las comarcas del nuevo mundo.

Estos mismos demonios habian anunciado por conducto de sus oráculos que el Señor los arrojaba de aquella tierra, i que por lo tanto iban a callar. “En estas Indias Occidentales, enseña el grave Solórzano Pereira, tan luego como brilló la luz de la verdad evanjelica por la predicacion de los españoles, los demonios i los ídolos declararon que aquellos eran enviados de Dios; i abandonando al punto estas provincias, no dieron ya ningun oráculo, i suspendieron los espectros e ilusiones con que án

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tes engañaban i aterrorizaban a los infelices natu: rales. (1)

and VIII.

Pero todo lo referido es insignificante en comparacion de lo que voi a narrar.

El glorioso patron de España, el apostol Santiago, i la Vírjen María se habian dignado en los ca-. sos apurados tomar el mando de los tercios españoles i capitanearlos, contra la multitud de los indíjenas.

I este prodijio habia sucedido, no una vez, sino muchas; no en un solo lugar, sino en todos los puntos de América.

La conquista de cada una de las secciones del nuevo continente tiene una historia i una leyenda.

Los autores mas serios, i mas acreditados, los que andaban en manos de todos, referian que en las guerras de la conquista, los ánjeles i los santos habian combatido en mas de una ocasion al lado de los conquistadores.

Dados estos antecedentes, no tiene nada de estraño, que se creyera casi unánimemente que Dios habia adjudicado directa i especialmente al rei de España la dominacion del nuevo mundo.

(1) Solórzano, De Indiarum Jure, tomo 1. o, libro 2, capítulo 4, número 82 i siguientes.

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