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que la América estaba destinada al soberano español.

VI.

El Papa Alejandro VI, apenas descubierto el nuevo mundo, sin haberse fijado en las profecias, i ántes de conocer los prodijios que las confirmaban, i que mas tarde refirieron los indíjenas, concedió y en su carácter de vicario de Jesucristo, i con toda la plenitud de su potestad apostólica, a don Fernando i a doña Isabel i a los que les sucediesen las islas i las tierras que Colon acababa de hallar en medio del océano, i que estuviesen situadas al occidente de una línea imajinaria trazada en el globo de polo a polo.

Dios ratificó patentemente la donacion de su representante. .

VII.

Los escritores españoles observaron que el descubrimiento, ocupacion i conversion al catolicismo del nuevo mundo habian sido una serie de sucesos sobrenaturales que manifestaban la voluntad del Altísimo en favor de los reyes católicos i de sus caudillos.

Sostuvieron que debian reputarse verdaderos milagros: la bondad de don Fernando i doña Isabel para oír los planes de Colon en medio de los afanes de la guerra de Granada, i la liberalidad de los mismos para facilitar su ejecucion en medio de las escaseces del real erario; la constancia del almirante para superar todos los obstáculos; las divisiones intestinas entre los indíjenas, que hicieron mas espedita la entrada de los españoles; la estraordinaria rapidez de la conquista, a pesar de la incomparable desproporcion entre las fuerzas de los que atacaban i de los que se defendían; las asombrosas hazañas de Balboa, Cortes, Magallanes, Pizarro i tantos otros.

I todavía debia considerarse mayor milagro que los precedentes, i mas significativo que ellos, el haber con frecuencia unos pocos misioneros, a veces uno solo, bautizado en brevísimo tiempo a centenares de indios. Un solo sacerdote habia bautizado a cien mil; un segundo, a trescientos mil; un tercero, a setecientos mil. De todo esto habia plena constancia en los archivos del emperador Carlos V.

Pero habia mas aun.

El Atlántico, que la esperiencía, ántes de Colon, habia manifestado ser inavegable, se habia amansado, apenas habia sido surcado por la escuadrilla castellana.

Despues de la entrada de los españoles en el nuevo continente, se habian minorado notablemente los terremotos i las tempestades con que los demonios maltrataban a los indíjenas, i asolaban las comarcas del nuevo mundo.

Estos mismos demonios habian anunciado por conducto de sus oráculos que el Señor los arrojaba de aquella tierra, i que por lo tanto iban a callar. "En estas Indias Occidentales, enseña el grave Solórzano Pereira, tan luego como brilló la luz de la verdad evanjélica por la predicacion de los españoles, los demonios i los ídolos declararon que aquellos eran enviados de Dios; i abandonando al punto estas provincias, no dieron ya ningun oráculo, i suspendieron los espectros e ilusiones con que ántes engañaban i aterrorizaban a los infelices naturales." (X),

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Pero todo lo referido es insignificante en comparacion de lo que voi a narrar..

El glorioso patron de España, el apostol Santiago, i la Vírjen María, se habian dignado en los casos apurados tomar el mando de los terscios españoles i capitanearlos, contra la multitud de los indijenas..

I este prodijio habia sucedido, no una vez, sino muchas; no en un solo lugar, sino en todos los puntos de América.

La conquista de cada una de las secciones del nuevo continente tiene una historia i una leyenda.

Los autores mas serios, i mas acreditados, los que andaban en manos de todos, referian que en las guerras de la conquista, los ánjeles i los santos habian combatido en mas de una. ocasion al lado de los conquistadores.

Dados estos antecedentes, no tiene nadas de estraño.que se creyera casi unánimemente que Dios habia adjudicado directa i. especialmente al rei de España la dominacion del nuevo mundo.

Solórzano, De Indiarum Jure, tomo 1.°, libro 2, capítulo 4, número 82 i siguientes.

CAPITULO II,

LA CRONICA MILAGROSA PE CHILE.

El apóstol Santiago protejo a los españoles en el valle del Mapocho.— El mismo apóstol i Nuestra Señora del Socorro rechazan de la ciudad de Santiago a una multitud de lindios que la asaltaban.—La Vírjen i el apóstol Santiago defienden contra los araucanos la ciudad de Concepcion.—Prodyios .con que Dios impide que sea asaltada la Imperial.—Espantosas hambre i peste con que los araucanos son castigados por su rebelion i la muerte del gobernador Valdivia.—Portentos que favorecen las persecuciones de Pedro de Villagra contra los indios rebelados.—Nuestra Señora de las Nieves en la Imperial.—Un gran número de prodijios obliga a los araucanos a solicitar del marques de Baides la paa.—Influencia de estos hechos en favor de la autoridad real.

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Segun parece reclamarlo el argumento de este libro, procuraré en esta materia, como en las que tenga que tratar mas adelante, escojer de preferencia los ejemplos en nuestra tradicciones nacionales, pues sería demasiado minucioso el citar todos los que fácilmente pueden encontrarse en las historias de las otras comarcas hispano-americanas.

El verdadero fundador de la capital de Chile puede decirse que fué, no don Pedro de Valdivia,

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