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eobraron tanto ánimo los cristianos con el que su eaudillo les ponia, que con estar todos heridos, favoreciéndolos señor Santiago, que fueron los indios desbaratados^ i mataron dellos gran cantidad."

Sea de esto lo que se quiera, los compañeros do Valdivia adquirieron la convicción de que habian merecido una proteccion señalada, de la Vírjen María bajo la advocacion del Socorro, i lo trasmitieron así a sus descendientes.

El gobernador Valdivia, gran devoto suyo; le erijió una hermita o capilla, precisamente en el lugar donde al presente se levanta la iglesia de San Francisco, junto al hospital que habia fundado, i que existe hasta el dia.

Allí colocó una imájen que habia traído consigo' de Italia.

Aquella hermita, a la cual concurria de preferencia el vecindario, fué de historia.

Su servicio se confió desde luego a un padre mercenario.

Habiendo fallecido aquel sacerdote, la hermita pasó al cuidado de dos clérigos.

En este estado se encontraban las cosas, cuando cinco frailes- de San Francisco, que acababan de llegar al país, solicitaron del cabildo que se la entregase.

Los capitulares accedieron a la solicitud.

El cronista Carvallo, que tuvo a la vista la escritura de donacion fecha 17 de marzo de 1554, refiere que la cesion se hizo con condiciones^ "Se obligó la relijion de San Francisco a dedicar el convento que allí levantase a Nuestra Señora del Socorro; a no separar del altar mayor la milagrosa imájen, i colocarla en el tabernáculo cuando fabricasen templo; a mantener tumba con cuatro luces por tiempo de dos años, i rezar un responso por el alma de Pedro de Valdivia; i a perudj^ que cuando el ayuntamiento quisiese, o pudiese, o lo tuviese por conveniente, haga abrir en la pared del presbiterio un busto de Pedro de Valdivia con sus trofeos militares" (1).

A virtud de esta escritura, los franciscanos, dice Marino de Lovera, "pretendieron tomar la posesion de aqueste templo; i aunque los clérigos se lo defendieron, pudieron ellos mas por ser en mayor número, echándolos fuera a fuerza de bra

Los clérigos desposeídos sostuvieron que los capitulares que habian firmado la donacion eran unos perjuros, i habian quedado escomulgados.

Los vecinos de Santiago comenzaron por sü parte a susurrar que los clérigos i los frailes que habian venido a las manos dentro de la capilla habian incurrido en irregularidad.

Estas cuestiones se prolongaron hasta el 21 de marzo de 1556, dia en que el cabildo se reunió para tratar si: realmente estaban escomulgados los que habian firmado la donacion, i si habian incurrido en irregularidad los clérigos i los frailes de la pendencia.

Despues de haber oído sobre la materia a un teólogo i tres lejistas, probablemente todos los que a la'sazon habia en Santiago, "se concluyó, dice el acta, que se perjuraron en haber dado la dicha hermita, i quedó que se absuelvan del perjuro ante el visitador (don Rodrigo González Marmolejo); i si no tuviere poder, que los frailes absuelvan por el poder que para ello tienen de Su Santidad. I tambien se acordó que los curas se absuelvan de la

(1) Carvallo, Descripcion IRsiórica-jeográ/ica del reino de Chile, parte 1. * , libro 1. °, capítulo 34.

(2) Marino de Lovera, Crónica del reino de Chile, libro 1.9, capítulo 16.

irregularidad que están por lo que pasaron con los frailes cuando se les dio el monasterio."

En la misma sesion, seguramente por via de . favenimieOto, se determinó que dentro del hospital, se construyera otra capilla i altar a Nuestra Señora del Socorro, que tuvo así dos, inmediatas la una a la otra. ¡Tanta era la veneracion que se le profesaba! (i).

Cincuenta años despues del capitán Mariño de Lo vera, el jesuita Alonso de O valle consignó en su 'historia que "desde los principios de la fundacion del reino de Chile, mostró siempre la soberana reina del cielo que le tomaba debajo de su proteccion i amparo;' i cita, entre otras, como compro¡bacion, esta misma maravilla del caso de Nuestra Señora del Socorro, arrojando polvo a los ojos de los indios rebeldes, que dice haber oído contar a sus mayores."

El piadoso padre concluye su narracion con la siguiente oracion dirijida a la Vírjen: "\0 valerosa capitana de los ejércitos de Dios, que asististeis a los cristianos con vuestro favor i ayuda para que fuese vuestra la victoria de que dependía el logro ¡de la sangre de vuestro hijo en la salvacion de los predestinados que de aquel jentilismo han subido al paraíso! justo es que todos tengamos mui presente esta vuestra misericordia; i mas los que somos mas interesados en ella; i así para su eterna memoria i gloria vuestra, es bien que se esculpa en bronce, i se ofrezca por voto en el altar de vuestros beneficios, i quede rejistrada en este libro, en esta imájen, que en nombre del reino de Chile os presento en señal de agradecimiento i debido obsequio."

(1) Premer Libro Becerro de Santiago, cabildo de 21 demarzo de 1556.

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capitana de los españoles, i llevada sobre nubes, la Vírjen, que arroja puñados de polvoa los ojos de los indios asaltantes. En el; fondo se percibe una plaza fortificada i, torreada, que representa la ciudad amparada con tan prodijioso milagTO;.

Al pié de la estampa, se lee esta inscripcion latina:

Prceunte Deipwa hispmtorum exercitum, indi quz civitatem obsidebant, eam videntes in ipsorunv oculos pulverem conspergentem perterriti fugerimt m Chile (1).

El mas moderno de los antiguos cronistas nacionales, i juntamente, uno de los mas investigadores i de los mas compulsadores de archivos i papeles, don Vicente Carvallo i Goyen eche, agrega a* las ya mencionadas, algunas hotíciasTnuevasi' curiosassobre la imájen de Nuestra Señora del Sooorro, i laespecial proteccion que dispensó a Santiago) tan to en los peligros de la época de su fundacion, comoen todas sus grandes necesidades posteriores.

En la iglesia de San Francisco, dice: "se venera la milagrosa imájen de Nuestra Señora del Socorro, que es de media vara de alto, i la condujo desde Italia don Pedro de Valdivia, i la llevó siempre en todas sus peregrinaciones hasta que la colocó en su hermita de la ciudad capital de aquel reino. Tiene la sagrada imájen una piedrecilla en los dos primeros-dedos de la mano derecha; i es tradicion tenerla desde que los indios de Mapocho acometieron a los españoles, i cegó a los-enemigos con-puñados de arena. Nada hai de este prodijio en' los libros de la ciudad donde se habla de aquel hecho

{') Ovalle, Histórica Relacion del reino de Chile, libro 5, capítulo 15.

de armas, ni donde se trata de la fundacion de la hermita i de su donacion para convento de San Francisco, ni en la del hospital, ni en el archivo eclesiástico; i con Calancha, escritor de Chile, me inclino a creer lo ejecutó en el Perú la soberana reina de los ánjeles. La ciudad, en sus angustias i públicas necesidades, ocurre a su proteccion en cuerpo de ayuntamiento; i hasta ahora no se ha dado ejemplar de no haber sido bien despachadas sus humildes súplicas" (1).

*

(~-#-"W C -^^V«Vi,,.-6r,^í III.

La Vírjen i el apóstol Santiago, si hemos de creer lo que refieren los cronistas nacionales, siguieron favoreciendo señaladamente a los españoles para llevar adelante la conquista de Chile.

El 12 de marzo de 1550, el glorioso apóstol volvió a dar a los conquistadores en la recien fundada ciudad de Concepcion, una nueva i notable prueba de la proteccion que les dispensaba.

Aquel dia, los araucanos en multitud compacta i aguerrida embistieron la poblacion; pero fueron rechazados con la mayor presteza i facilidad.

Los españoles lo atribuyeron desde luego a milagro patente; i sus presunciones no tardaron, segun dijeron, en ser confirmada^ por las relaciones de los indios. /

"Parece nuestro Dios quererse servir de la perpetuacion desta tierra, escribia el gobernador

(1) Carvallo, Descripcion Histórica—jeográfica ckl reino de Ohüe, parte 2, capítulo 4.

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