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Hé aquí dos casos,

Habíase reunido en Peltacavi, lugar vecino a la .j£&<* Imperial, una gran junta de indios rebeldes, que habian preparado para su refujio una especie de fortaleza o sitio atrincherado.

Salió contra ellos Pedro de Villagra.

Habiéndolos sorprendido afuera, los arrolló, i los obligó a asilarse en la palizada, entrando en su seguimiento por la puerta con todos sus hombres a caballo i armados de lanzas i adargas.

Fácil es de imajinarse la suerte que correrian aquellos pobres indíjenas acorralados i espuestos al furor de la jente de un Pedro de Villagra.

Cuando, terminada la tarea, quisieron los españoles salir por la puerta por donde habian entrado, la hallaron tan estrecha, que apenas cabia por ella un hombre a pié, "lo cual, dice un cronista, se tuvo por manifiesto milagro de la Divina Providencia, que abrió capaz camino a su pueblo por medio del mar Bermejo, cerrándose luego para los contrarios."

En otra ocasion, el mismo protejido del cielo, Pedro de Villagra, fué a atacar a cinco mil indios de guerra que se habian establecido en una isleta ¿, situada en el medio de la laguna de Pirlauquen.

Villagra dividió su tropa en dos porciones, quedándose él con una mitad en la playa, i enviando la otra en canoas contra la isleta.

Cuando los de esta segunda se iban acercando al enemigo, saltó de una de las embarcaciones uno de los caballos, i echándose a nado, se entró por entre los escuadrones de los indíjenas, i los desbarató, lo que fué causa de que los españoles tuvieran muí poco que hacer para acabar de despedazarlos.

Gran número de los indios buscaron su salvacion fugando a nado por la laguna; pero por una maravillosa casualidad, fueron a abordar al sitio donde Pedro de Villagra habia quedado con su jente.

Los prodijios no concluyeron en etto todavía.

Trabóse allí una refriega mui reñida.

La laguna de Pirlauquen se halla mui vecina a la mar.

El combate tenia lugar precisamente en la playa.

"Sucedió entonces, dice un cronista, una cosa de grande espanto, que estando los indios con las espaldas a la mar, salió una ola de sus límites con tanto exceso, que arrebató dos mil dellos, i los tragó sin que alguno se escapase." (1)

'

No tenemos que alejarnos de la Imperial para seguir conociendo los milagros patentes con los cuales Dios, segun los cronistas nacionales, protejió en este país las armas del monarca español.

Para ello basta pasar del año de 1554 al de 1600.

Todo Arauco se habia alzado a consecuencia de la muerte que los indios por sorpresa dieron en Curalaba al amanecer del 22 de noviembre de 1598 al gobernador don Martin Garcia Oñez de Loyola i a los de su comitiva.

La Imperial, como las demas ciudades fundadas en territorio araucano, habia sido sucesivamente, o asaltada, o asediada por numerosas hordas de bárbaros, que la embestian con furor, i a las cuales la escasa i diezmada guarnicion podia resistir con trabajo.

Las fuerzas humanas habrian sido impotentes

(1) Marino de Lovera, Orónkadd reino de Ohüef libro!.8 capítulo 61. para lograrlo, pero la reina misma de los cielos vi

no al amparo de los acongojados habitantes. * f »4<k

Se tributaba culto en la Imperial a una imájen {V/^íi? de Nuestra Señora de las Nieves, que habia traído /¡^xjw*i*^ de España el primer obispo de aquella diócesis don !t^(uf'5~lv-)a frai Antonio de San Miguel, i que desde el princi» * pio se habia mostrado sumamente milagrosa.

Habiendo sido promovido este obispo a la igle* sia de Quito, quiso llevarse su imájen, a la cual profesaba particular devocion.

"Pero el pueblo, cuenta el padre Ovalle, que no í se la tenia menor, juntó cabildo, i en él resolvieron de ir a postrarse a los piés de su pastor a pedirle i que no los dejase desconsolados, llevándoles aquella prenda de tanto consuelo, i privándolos de un tesoro de tanta estima.

"Fué toda la ciudad con esta embajada al señor obispo (a quien miraban todos como a padre, i estimaban por su gran virtud); i con el mayor afecto que pudieron, le rogaron que ya que los dejaba, no' los dejase desamparados, llevándoles de aquella tierra aquel único patrocinio de ella.

"El señor obispo, enternecido de ver la gran piedad del pueblo, bañados los ojos en lágrimas, les dijo: que aunque le pedian la joya de su mayor estima, i un pedazo de su corazon, no se atrevia a negárselo, porque aquella imájen entendia que habia de ser el amparo de todo el reino; i que así tuviesen por cierto que la habian de hallar mui propicia i favorable en todos sus trabajos i peligros; i con esto se despidió, llorando de dolor de apartar de sí lo que tanto amaba, i de consuelo por ver la piedad del pueblo, que volvió mas contento con su imájen, que con el mayor tesoro del mundo, i la colocaron de nuevo en su lugar, donde hizo grandes milagros."

El obispo San Miguel anunció a los imperia» lenses la verdad, porque aquella imájen fué su salvacion.

Los indios habian dado» repetidos i vigorosos íJr.fcuttB**- asaltos a la ciudad, i habian puesto fuego a los edificios, el cual los españoles habian apagado con suma dificultad.

Ademas, de antemano les habian cortado el agua, desviando el curso de un rio de donde la sacaban.

Los españoles agotaron para estinguir el incendio toda la provision que a prevencion habian

*T bAir~ -acopiado*

Como los araucanos lo supiesen, cercaron desde 'V lejos la ciudad, i aguardaron confiados que la terrible sed produjera su efecto*

Los sitiados esperimentaron pronto todas las angustias de tan desesperante situacion. /.JU^ En sus congojas, imploraron el favor de Nuestra Señora de las Nieves, cuya bendita imájen sa» ^ K caron en solemne procesion por las calles i plazas.

Todo el vecindario acompañaba las andas, com« x ^ punjido i lloroso.

Miéntras tanto, el cielo aparecia limpio i se* i reno.

Pero ántes de que la procesion volviera a entrar en la iglesia, se levantó de repente en el ho* (u'ío rizonte, una nube, que fué cubriendo rápidamente el firmamento, i que descargó una copiosa i larga lluvia.

El agua principió a caer tan a torrentes, i tan de improviso, que los vecinos para que la santa imájen no se mojase, tuvieron que cubrirla con sus capas.

Esta lluvia fué tan benéfica para los cristianos, como perjudicial para los indíjenas, cuyas turbas desbarató obligándolos a ir a buscar a lo léjos un, refujio contra el furor de los elementos.

Sin embargo, el enemigo no tardó en. tornar a sus puestos, i en restablecer el estrecho sitio de la ciudad.

Habiendo los españoles vuelto a soportar las congojas de la sed, imploraron por segunda vea. el socorro de Nuestra Señora de las Nieves, i por segunda vez se renovó el prodijio que queda mencionado.

Todavía faltó el agua en una tercera ocasion.

Los imperialenses pasaron tres dias, completos sin tener que beber.

"En este riguroso, aprieto, cuenta el padre Ovalie, no tuvieron otro remedio que volver los ojos a la que tiene siempre los suyos sobre los aflijidos que invocan su favor; corrieron todos a su santa imájen; i la lengua seca, hablando - mas i persuadiendo mejor con su manifiesta, necesidad, que con sus palabras (porque apénas podian rodearla dentro de la boca para articularlas) se arrojaron a sus piés, sacáronla en procesion, i cantándola sus letanías en voz alta, si bien ronca i seca, i mas como, de quien está espirando, que de quien pide, i procura el remedio de su vida, acompañando su canto, ,en vez de instrumentos músicos, los clamores i llantos de las mujeres i niños, que, como ménos sufridos hacian mas lástima, i manifestaban mas vivo su trabajo i aprieto, llegaron con la santa imájen a un pozo (que solo, tenia la figura de haberlo sido), seco i.cubierto de tierra,.i pusiéronla sobre el brocal pidiéndola misericordia..

"Clamaban todos; i con sus ojos hechos fuentes de lágrimas, enternecieron a la que lo es de piedad i amor a convertir aquel duro suelo en otros tantos manantiales, cuantos fueron los caños de agua

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