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Este habia sido el trájico resultado de la lucha. No faltaron quienes lo atribuyesen a castigo del cielo por la inhumana crueldad con que los conquistadores trataban a los indíjenas.

Entre otros, lo sostuvo así don Francisco Nxiñez de Pineda i Bascuñan en su Cautiverio Feliz (1).

Mas era tal la fe de los españoles i de los americanos en la proteccion directa i visible de Dios en favor de los progresos de las armaos del rei ca

una historia de Chile mui erudita en 1788, se-indigna contra la asercion de Bascuñan, que califica de audaz i temeraria.

"No queremos, dice, referir palabras tan desacatadas. Mas dirémos que estas destrucciones fueron mas castigo para los indios, que para los españoles; i que Dios, viendo que aquellos no aprovechaban de la relijion cristiana que se les enseñaba, les quitó los maestros, en que si para quitarlos, perdieron lo temporal, los indios perdieron lo eterno, haciendo un cambio mil veces peor, que el que Esau con Jacob, pues cedieron por recuperar la tierra, el cielo (2).

El terrible alzamiento de Arauco, que comenzó con la muerte del gobernador Oñez de Loyola, i

[1) Bascuñan, Cautiverio Feliz, discurso 4, capítulos 1. ° i 2.

(2) Alvarez de Toledo, Puren Indómito,,'cantos 11,13, 17 i 22.—OvaHe, Histórica Relacion del reino de Chile, libro 6, capítulos 12, 13 i 14. —Córdoba i Pigueroa, Historia de Chile, libro 3, capítulos 21 i 22.— Olivares, Historia Militar, Civil i Sagrada de Chile, libro 5, capítulos 3 i 4.—Gosme Bueno, Descripcion del obispado de la Concepcion.—Pérez García, Historia Natural, Militar, Civil i Sagrada de Chile, libro 7, capítulo 17.—Carvallo, Descripcion Histórica-jeográjica del reino de Chile, parte 1. *, libro 3, capítulo 16.

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Garcia, el cual escribió

VIII.

que contó entre sus numerosos i tristes episodios la despoblacion de la Imperial, duró mas de cuarenta años del mas porfiado e incansable batallar.

Segun los cronistas nacionales, fué todavía una patente intervencion divina, la que puso término a tan espantosa serie de horrores i calamidades, impulsando a los soberbios e indómitos indíjenas a que pidieran la paz al gobernador don Francisco López de Zúñiga, marques de Baides, quien la estipuló solemnemente el año de 1641 en el parlamento de Quillin.

Como mi propósito es mas bien que hacer disertaciones, presentar documentos por los cuales aparezcan las ideas de la época colonial sobre las materias de que trato, voi a dejar la palabra para referir estos nuevos milagros al jesuita Alonso de Ovalle, autor contemporáneo de aquellos sucesos.

"I comenzando esta relacion, dice, dé principio a ella lo que parece le dió de parte de Nuestro Señor a ablandar los duros corazones de aquellos rebeldes araucanos, i moverlos a rendir las armas, i tratar de las paces que ofrecieron. I fué el haber visto el año antecedente en sus tierras algunas señales i prodijios, que interpretados a su rústico modo de entender, les sirvieron de presajios i pronósticos de que queria el cielo se volviesen a sujetar a los españoles, i diesen la obediencia a su rei. El primero fué haberse visto águilas reales, las cuales tienen por tradicion, se vieron ántes que entrasen la primera vez los españoles en aquel reino,, i que despues acá no se han visto mas en él hasta el año de cuarenta, que dió principio a estas paces. La segunda señal fué la que por el mes de febrero del mismo año de cuarenta se vió i sintió en todas sus tierras, de que dan fe todos los indios, i los cautivos españoles lo testifican con toda aseveracion; i aun en nuestros presidios i tierra de paz resonó el eco, sin saber de dónde naciese, juzgan- , do en el campo de San Felipe cuando oyeron el , «— estruendo, que disparaban mosquetes o piezas de artillería en los demas fuertes vecinos a él; i en éstos, juzgando lo mismo del de San Felipe, hasta que nuestros reconocedores lo fueron tambien del desengaño, averiguando el caso. I fué así: que en la tierra i jurisdiccion del cacique Aliante, reventó (JJ^u~^t¿ un volcan, i -comenzó a arder con tanta fuerza, que arrojaba de dentro peñascos i grandes montes en- »^rr^ cendidos, con tan formidable estruendo, que del ^ t¿ etifr'-t espanto i pavor afirman malparieron todas las . mujeres que en todo aquel contorno habia preñadas.

. "Viéronse en este tiempo en el aire formados dos ejércitos i escuadrones dejente armada puestos en campo i orden de pelea: el uno, a la banda de nuestras tierras, donde sobresalia i se señalaba un valiente capitan en un caballo blanco, armado con todas armas, i con espada ancha en la mano desenvainada, mostrando tanto valor i gallardía, que daba alientos i ánimo a todo su ejército, i le quitaba al campo contrario, el cual se vio plantado a la parte de las tierras del enemigo; i acometiéndole el nuestro, le dejó desbaratado en todos los encuentros que tuvieron; representacion que les duró por tiempo de tres meses, para que hubiese ménos que dudar, particularmente en los leídos i noticiosos de las historias romanas i del segundo libro de los Macabeos, donde se ven casos i prodijios semejantes, i que así se hiciese mas persuasible lo que afirman testigos de tanta calidad como son, entre otros, don Pedro de Sotomayor, doña Catalina de Santander i Espinosa i doña María de Sotomayor, españoles cautivos, que entonces lo eran del enemigo, todos los cuales i los demas, así cautivos, como naturales de aquella tierra, añaden que fué en tanta cantidad la piedra que arrojó el volcan, i tan encendida, i tanta la multitud de ceniza ardiendo que cayó en el rio de Alipen, que ardian las aguas de manera que cocieron cuánto pescado habia en él; i corriendo su raudal hasta juntarse con el rio de Tolten, que es mui grande, le calentaron, i hicieron hervir sus corrientes, causando los mismos efectos desde que se juntaron los dos rios hasta la mar; de suerte que por tiempo de cuatrogmeses, ni se pudieron beber sus aguas, ni probar el pescado, que muerto dió en sus playas, i marjenó sus riberas, por el mal olor i sabor que el azufre les daba; i lo que no ménos espanta, con la abundancia de ceniza i piedras que el volcan arrojaba, rebalsaron estos rios, i rebozaron sus corrientes tanto, que llegaron sus aguas espesas como argamasa, a innundarles sus campos, hasta entrárseles por las puertas de sus casas, con tenerlas situadas en lomas, laderas i sitios/ eminentes.

"Prosiguió el fuego del volcan con tal teson i violencia, que partió por medio el cerro, por donde abrió boca cuando reventó, dejándole dividido en dos pedazos, el uno que cayó a la parte del oriente, i el otro a la del occidente; i la laguna dela Villarrica creció hasta derramarse por los campos, inundando las tierras i pueblos de los indios, que huyendo de la furia con que se les entraban por sus casas, no paraban hasta ganar las cumbres de los montes, donde aun se hallaban mal seguros de tanto peligros. Ni aumentó poco su pavor i miedo la espantosa vista de un árbol que vieron correr sobre las aguas tan sesgo i derecho, que no lo estuviera mas asido de sus raíces a la tierra que le produjo. Iba todo él ardiendo, i en su seguimiento una bestia fiera, llena de hastas retorcidas la cabeza, dando espantosos bramidos i lamentables voces, vision que dió motivo a la contemplacion piadosa a interpretar por ella aquel monstruoso animal que vió San Juan en su Apocalisi, en quien reconocen los escritores sagrados a la jentilidad, idolatría i deshonestidad, que tan arrraigada está entre estos indios. Con que parece podemos esperar en la Divina Misericordia se ha llegado ya el tiempo en que por medio de predicadores apostólicos, por quien clama ya este jentilismo, quiere que sea desterrada a despecho suyo esta bestia, que ha tenido tiranizada a su Dios i a su Rei esta tierra; i dando voces por verse desalojada i lanzada de su antigua posesion, abriendo el abismo su boca, la trague i consuma despedazada entre los diente» de sus furiosas olas i encendidas corrientes.

"Estas son las señales que parece ha dado el cielo (i así lo interpretan los indios refiriéndolas con tan gran pavor, temblor i conmocion de sus ánimos, que mudan semblantes, alteran la voz, i tiemblan de admiracion i espanto) de que quiere Nuestro Señor rindan ya su cuello al suave yugo de su cruz i lei evanjelica por medio de la obediencia i sujecion a nuestro católico rei" (1).

IX,

El precedente bosquejo de la leyenda de la conquista de Chile está apoyado, como puede haberse observado, en la autoridad de cronistas nacionales, militares i eclesiásticos, pertenecientes a diversas épocas, los cuales a su turno se refieren al testimo

(1) Ovalle Histórica Relación del reino de Ohüe, libro 7, capitulo 9,

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