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El obispo pretendia que el- alférez con el estandarte debia colocarse entre los miembros de la audiencia p del cabildo.

Talvez la reclamacion contra "laandecenoia" de la funcion se hacía para disponer eL ánimo del Soberano en favor de la relativa al lugar de preferencia que se habia. usurpado el alférez, sin que el; señor Romero acertara a esplicarse por qué razones sus antecesores no se habian opuesto-a ello.

El rei, por cédula espedida en Madrid, a 20 de octubre de 1709, previo dictamen del fiscal, i deacuerdo con el consejo de Indias, pidió a la audiencia: informe sobre aquellos dos graves' puntos..

Esta real cédula, no llegó a Chile hasta 1711.

El 3 de marzo de aquel año, se reunió para tratar de tan delicado asunto, la audiencia presidida por el gobernador don Juan Andrés de Ustáriz.

Es de presumir que todos aquellos señores estarian mui indignados contra el prelado que habia intentado hacerlos incurrir en el real desagrado.

El oidor don Juan, del Corral Calvo de la Torre, que habia tenido ocasión de encontrarse en funciones de esta especie celebradas en diversos lugares de las Indias, comenzó por testificar que en ninguna parte se ostentaba en, ellas mas solemnidad?, que en Chile.

En consecuencia, se determinó* rectificar el' dénuncio del obispo con una informacion de doce testigos ilustres, en la eual se detallara la forma suntuosa con que se ejecutaba aquella pública demostracion de acatamiento al símbolo de su amo i señor natural.

Segun la relacion de la audiencia, en Santiago, en la tarde del 24 de julio, los individuos del cabildo "en mui decentes caballos i jaeces^" i. escoltados por tres o cuatro compañías de caballería de mas de cincuenta hombres cada una, se dirijian a casa del alférez real, de donde salian con el estandarte para encaminarse al palacio presidencial.

Cuando llegaban a la puerta, uno de los alcaldes entraba a avisarlo al gobernador, que estaba aguardando con los oidores.

Inmediatamente, estos altos funcionarios, montados en caballos adornados de lujosas gualdrapas, se incorporaban en la comitiva del estandarte.

El alférez real tomaba la izquierda del presidente; i el oidor mas antiguo, la derecha.

Aquel acompañamiento así organizado recorria entonces las principales calles.

Al volver a entrar en la plaza el real estandarte, un batallon de infantería, que al efecto estaba allí colocado, hacía una descarga de honor.

En seguida, pasaban todos a la iglesia catedral a rezar unas solemnes vísperas cantadas, "sentándose el alférez real en la capilla mayor (presbiterio) con silla i cojin, al lado del evanjelio, por costumbre inmemorial en todas las Indias desde su conquista; de tal manera que aun en la audiencia de Lima, sin embargo de la asistencia de un señor virrei, se ha practicado i estila esta ceremonia, como afirmó en este real acuerdo de Santiago de Chile, el señor licenciado don Juan del Corral Calvo de la Torre haberlo visto muchos años, i el de seiscientos noventa i siete en que habiendo vuelto de los reinos de España con la plaza de esta audiencia, asistió en el cuerpo de la de Lima como ministro huésped en la funcion del estandarte en la santa pascua de Reyes, sin que ni el señor arzobispo de aquella iglesia, ni todos los señores obispos de ésta hayan hecho jamas novedad alguna en cuanto a esta preeminencia, estilando no con currir estos dias a la funcion, sin otra demostracion."

Concluidas las visperas, salia el acompañamiento a la plaza, donde seis u ocho caballeros (jeneralmente alcaldes i rejidores) ejecutaban carreras.

Despues iban a dejar en su palacio al presidente i a los oidores; i en su casa, al alférez real.

Al dia siguiente, 25 de julio, por la mañana, se repetian las mismas correrías i ceremonias para la asistencia a la misa i sermón.

Por la tarde, los caballeros ejecutaban carreras en la Cañada.

"Estas son demostraciones, dice con vanidad lugareña el documento del cual estoi tomando estos datos, que las mas no se estiian, ni pueden ejecutarse en otras ciudades de las Indias."

"En cuanto a la disposicion del aderezo de la santa iglesia, informaba al réi la audiencia en represalias del denuncio del señor Romero, se compone con aquella decencia que puede dar 4a pobreza de este país i cortas rentas de esta ciudad, sin que por los señores obispos ni prebendados se concurra con cosa alguna, siendo así mismo interesados en el bien espiritual i temporal de la conquista de este reino."

Por último, la audiencia esponia que solo en ciertos años, en los cuales lo lluvioso i ríjido del invierno había impedido salir a caballo, se habia efectuado el paseo en coche i calesas; pero que en tiempo del actual presidente don Juan Andres de Ustáriz, "porque se observase este paseo con la solemnidad que va referida, se mandó trasferir a la primavera en los años que por las aguas no pudiese ejecutarse en los dias veinte i cuatro i veinte i cinco de julio, que son los en .que celebra la santa madre iglesia la festividad del glorioso apóstol" (1).

Miéntras tanto, el señor Romero seguia sosteniendo impertérrito la opinion de que ningun secular podia tener asiento en el presbiterio, lugar esclusivamente destinado para los ministros del altar; i citaba en su apoyo el caso del emperador Teodosio, a quien el obispo de Milan San Ambrosio habia impedido el recibir la comunion en el presbiterio de su catedral, i que con toda reverencia habia aceptado la determinacion del santo prelado. - . '.,).:- --"!

Pero el rei católico de las Españas i de las Indias, a quien su alférez i su pendon real parecian mas respetables que el emperador del imperio romano, declaró por cédula de 1715 que se continuara observando en la materia lo que habia sido costumbre. ..

Sin embargo, a pesar de esta real resolución, unos setenta años mas tarde, ocurrió una competencia análoga entre el obispo i el cabildo secular de Concepcion.,

En aquella ciudad, se celebraban el 7 i 8 de diciembre el paseo del estandarte i las funciones anexas.

El año de 1783, el obispo don Francisco José Maran, no conformándose con que el alférez real tomase asiento "en el presbiterio, al lado del evanjelio, i en el sitio destinado por el ritual romano i ceremonial de obispos para solo éstos, i reflexionando que esta costumbre, aunque antigua, no debia permitirse como irrazonable, pasó por su secretario oficio verbal a todo el ayuntamiento, signifi

(1) Real Cédula fecha en Madrid a 20 de diciembre de 17Q9.—Dilienciade su obedecimiento fecha en Santiago a 23 de marzo de 1711.

candole no podia permitir que el alférez real ocupase aquel asiento, sin embargo de la posesion de mas de ciento veinte años, patrocinada de una lei de las recopiladas de Indias, para cuya resolucion tenia los sólidos fundamentos de decisiones apostólicas, reales decretos i concordato, que ofrecia hacerlas presentes; i que en caso de que no se allanasen, tomaria el medio de celebrar de pontifical, i colocar el asiento del alférez real en el mismo presbiterio, pero al lado de la epístola, frente de su dosel, segun se practicaba en la iglesia metropolitana de Lima."

La lei de Indias a que aludia el señor Maran, era la 56, título 15, Libro 3 de la Becopilacion, por la cual se ordenaba que "en cuanto al lugar que el alférez real habia de tener en la iglesia, se guardase la costumbre,"

Los miembros del cabildo, para quienes el pendon real era poco ménos sacrosanto que cualquiera de las insignias de la relijion, o quién sabe aun si tan sacrosanto como ellas mismas, rechazaron con indignacion la propuesta del prelado.

El señor Maran, no obstante, se lisonjeó con que el término medio que habia indicado podria salvarlo todo, i mantener la concordia entre las autoridades, miéntras el soberano resolvia en tan delicada materia.

Manifestó, pues, que estaba dispuesto a pontificar en la fiesta, mandando que el asiento del alférez real se colocara en el presbiterio, pero aliado de la epístola, i frente a su dosel.

Los miembros del cabildo supieron con sumo disgusto todos aquellos insólitos preparativos, que reputaban desdorosos a la autoridad real.

El 7 de diciembre, hicieron en la forma de costumbre el paseo del estandarte por la plaza i calles.

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